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Lo que cayó del cielo el 3E provocó miedo e incertidumbre  

Helena estaba chateando con sus excompañeros del colegio cuando sintió el primer estruendo. Inmediatamente, se asomó a la ventana y vio el cielo iluminado. Cerca de las dos de la mañana, despertó a su tía y le dijo “algo está pasando”. Su tía todavía con el sueño entero se incorporó como pudo y, con el corazón acelerado, empezó a ver como su teléfono se iba llenando de mensajes. Cada quien empezó a relatar lo que acontecía en Caracas la madrugada de ese sábado 3 de enero, cada historia era diferente, pero parecida a la vez, lo común era el miedo y la incertidumbre.  

A cientos de kilómetros de distancia, el padre de Helena dormía plácidamente. La joven le escribió, pero su teléfono estaba en silencio. Venía de pasarla bien y festejar con familiares la llegada del año nuevo. Había hecho lo habitual: viajar a visitar a su anciana madre en la provincia ¿Qué se iba imaginar que en la capital venezolana se estaba librando una batalla de fuego y caos?.    

Cerca de Fuerte Tiuna, a José también lo levantó un ruido extraño.  Después de escuchar un par de detonaciones y negarse a salir de la cama, pensó: “Qué va, estos no son cohetes”. No despertó a su esposa, sino que se dirigió al balcón. La visual le impedía ver lo que estaba pasando, su hijo menor estaba despierto viendo el capítulo final de Stranger Things y confundía la realidad con el outside down del universo creado por los hermanos Duffer.

Ambos salieron del apartamento a un espacio colectivo del edificio donde viven, en el cual veían llamas y escuchaban un ruido de aviones. “Papá, suena como en Dunkerque”, le dijo a José su hijo, refiriéndose a la película de Christopher Nolan que narra la llamada “Operación Dinamo” en el marco de la segunda guerra mundial, donde una acción militar del Reino Unido logró la evacuación de soldados en Francia luego de la ocupación nazi. 

Lo que no sabían José y el resto de su familia era que, a partir de ese momento, iban a pasar 30 horas sin luz, porque en el bombardeo llevado a cabo por las fuerzas armadas estadounidenses fue afectada una de las subestaciones que nutre de electricidad al suroeste de Caracas.

Pese a que, cuando hablaron cerca de las 7 de la mañana, Helena le dijo a su papá que todo estaba tranquilo y no se preocupara, este notó algo inusual en su tono de voz. ¿Era miedo, cansancio, o una mezcla de los dos?.

“Ella estaba muy nerviosa y preguntaba mucho por ti”, le dijo la tía al padre de la adolescente. “Esa niña no durmió porque nos pusimos a ver las redes y las noticias, creo que durmió un poco en el sofá, pero debe estar destruida”.

Y así como el loop (bucle) sonoro que producen los aviones en Dunkerque, hay una incontable cifra de historias parecidas a las de Helena y José. Unas más aterradoras que otras, pero signadas por sentimientos comunes de pánico, incertidumbre y zozobra.

Sube y baja emocional 

Como en una montaña rusa emocional, los venezolanos, tanto dentro como fuera del país, pasaron del miedo de esa madrugada a la algarabía de un posible cambio político a un actual estado de desasosiego e, incluso, de pesimismo en torno a lo que podría ser este 2026.

Como en la cinta animada de Pixar, Intensamente, el pueblo venezolano se ha paseado tan solo en los primeros 15 días del mes de enero por tonalidades de ansiedad, miedo, tristeza, alegría e ira.

“Yo he atendido emergencias, en especia,l con personas que estuvieron en la primera línea, gente que vive en El Valle, en Santa Mónica, en el mismo Fuerte Tiuna, que presenciaron directamente los hechos y están afectados porque vivieron una evacuación, fueron testigos de disparos, heridos, niños corriendo y caos. No tenemos un plan de evacuación ni de emergencia ante esas situaciones, fue algo inédito”, dijo Yorelis Acosta, psicóloga clínica y social y coordinadora de investigaciones del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela (Cendes-UCV)

Acosta expuso que el episodio del pasado 3 de enero sirvió para aterrizar a la colectividad de que no hay herramientas ni recursos adecuados para enfrentar psicológicamente ese tipo de situaciones.

“Hay empresas que me han llamado para proteger a su personal en ese sentido ¿Qué le podemos decir a la colectividad para que mantenga la calma? Es el gran reto que tenemos ¿Cómo mantengo la cordura en momentos como estos y cómo sigo viviendo en este contexto?”, amplió.

Acosta sentenció que es necesario documentarse, tomando como ejemplo a otras naciones que han atravesado por situaciones similares: “Estoy muy ocupada leyendo psicología de la guerra, Ucrania desarrolló todo un sistema de salud mental precisamente para proteger a su gente”.

Aunque no hay cifras oficiales de cómo está la salud mental en Venezuela, salvo algunos estudios independientes de casas de estudio superior como la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Acosta considera que Venezuela vive una emergencia psicológica.

“como psicóloga clínica, veo que la gente se siente nerviosa y con miedo. Es la emoción que, diría, predomina en muchas personas”. 

La profesional indicó que, en psicología, no se puede generalizar: “No podemos decir que toda la gente está ansiosa, pero quienes trabajamos en clínicas y desde el servicio de psicología hemos percibido que aumentaron las solicitudes de consulta, se incrementaron los niveles de ansiedad y hemos tenido emergencias”.

Acosta recordó que el venezolano ya venía con una elevada incertidumbre.

“Eso te quiebra emocionalmente, la gente hoy en día no se siente bien, está pidiendo ayuda, hay emergencias y miedo al dormir. Perdimos la racionalidad. El hecho de que la gente haya salido a hacer compras nerviosas y que asociemos cualquier ruido con las explosiones de esa noche son indicadores”, precisó-

La profesional acotó que ha evidenciado un aumento de las solicitudes de atención en su consulta psicológica: “En diciembre del año pasado, atendimos cerca de 10 000 casos, donde los principales motivos de consulta son altos niveles de ansiedad, trastornos del sueño y problemas familiares”.

El contexto nacional genera un desgaste emocional e igualmente físico. La situación económica sigue siendo una importante causa de angustia.

“Nuestra salud mental está vinculada a los problemas económicos. Cuando existen problemas financieros, hay inconvenientes de salud mental también. Cuando hay volatilidad se generan conflictos, hay una relación directa entre los conflictos y la salud mental”, amplió la especialista.

Y en el país, si bien hay opciones gratuitas de consulta psicológica ofrecidas por universidades y hospitales públicos, estas se encuentran colapsadas y la mayoría de la gente no tiene para pagar entre 20 y 30 dólares por sesión. Los precios suelen ser más elevados en muchos casos.

“Nosotros venimos con una sobrecarga emocional y poco autocuidado, escasa conciencia de que en contextos de conflicto nos tenemos que cuidar, que tenemos que vigilar lo físico y cuidar lo mental también”, manifestó Acosta.

Bombardeo por todos lados

De acuerdo al estudio Psicodata hecho por la UCAB en 2025, solo 9,6% de los venezolanos busca ayuda psicológica por iniciativa propia.

Entre los principales motivos de consulta destacan: depresión, duelo, ansiedad y problemas de ansiedad.

En su mayoría, quienes asisten a terapia son jóvenes entre 19 y 24 años, seguidos por mayores de 25 y luego adultos contemporáneos.  

“Objetivamente, no tenemos indicadores que nos digan si la salud mental ha mejorado o no. Colombia, por ejemplo, tiene grandes estudios y cuenta con un observatorio de salud mental, nosotros no lo tenemos”, refirió Acosta. Indicó que la salud mental colectiva se mide con reportes de ansiedad en la población.

“Cuando hay problemas sociales, el consumo de alcohol y sustancias aumenta, hay rupturas de vínculos sociales y aislamiento”, deSCRIBIÓ.

La profesional recomendó a quienes vivieron de cerca los bombardeos del 3E buscar alternativas de relajación.

“Caminar y hacer ejercicios de respiración ayuda. Muchas personas tienen vivos sonidos e imágenes de ese día, pero si hay sobreexposición de información y redes sociales, es complicado mejorar. Hay que reponerse a los pensamientos intrusivos, la hipervigilancia y la permanente sensación de que algo malo va a pasar”, sugiere.

A raíz de las preocupaciones, las personas pueden empezar a ver comprometida su salud física. No es extraño que aparezcan síntomas como taquicardias, problemas respiratorios y dolor en las mandíbulas.

Acosta aseguró que la solución está en la capacidad de organización, apoyo social y de generar tranquilidad a través de la edificación de redes de apoyo reales.

“¿Cómo hago para mantener la calma ante una situación de emergencia?,  ¿Dónde podemos construir un espacio seguro?, son preguntas que debemos hacernos. A veces, solo abrazar a alguien en momentos de tensión alivia las penas. Son comportamientos que debemos desarrollar”, expresó.

A 15 días de la extracción de Maduro y Flores, a José lo embarga una mezcla de escepticismo y desesperanza porque tiene casi 30 años esperando un cambio político en Venezuela, Helena se estremece cada vez que escucha un cohete estallar en la calle, su padre no se quiere separar de ella por temor a que suceda nuevamente un ataque y el hijo de José no ha terminado de ver el final de Stranger Things, espera hacerlo antes de que se le vuelva a ir la luz.

 *El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

Desde la madrugada del pasado 3 de enero, cuando se produjeron los ataques para extraer a Maduro y a Flores, la montaña rusa emocional por la que atraviesan los venezolanos pisó el acelerador. La psicóloga clínica Yorelis Acosta aseguró que las solicitudes de consultas se han disparado y los principales trastornos son miedo y ansiedad
De acuerdo al estudio Psicodata hecho por la UCAB en 2025, solo 9,6% de los venezolanos busca ayuda psicológica
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redacción runrunes
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Helena estaba chateando con sus excompañeros del colegio cuando sintió el primer estruendo. Inmediatamente, se asomó a la ventana y vio el cielo iluminado. Cerca de las dos de la mañana, despertó a su tía y le dijo “algo está pasando”. Su tía todavía con el sueño entero se incorporó como pudo y, con el corazón acelerado, empezó a ver como su teléfono se iba llenando de mensajes. Cada quien empezó a relatar lo que acontecía en Caracas la madrugada de ese sábado 3 de enero, cada historia era diferente, pero parecida a la vez, lo común era el miedo y la incertidumbre.  

A cientos de kilómetros de distancia, el padre de Helena dormía plácidamente. La joven le escribió, pero su teléfono estaba en silencio. Venía de pasarla bien y festejar con familiares la llegada del año nuevo. Había hecho lo habitual: viajar a visitar a su anciana madre en la provincia ¿Qué se iba imaginar que en la capital venezolana se estaba librando una batalla de fuego y caos?.    

Cerca de Fuerte Tiuna, a José también lo levantó un ruido extraño.  Después de escuchar un par de detonaciones y negarse a salir de la cama, pensó: “Qué va, estos no son cohetes”. No despertó a su esposa, sino que se dirigió al balcón. La visual le impedía ver lo que estaba pasando, su hijo menor estaba despierto viendo el capítulo final de Stranger Things y confundía la realidad con el outside down del universo creado por los hermanos Duffer.

Ambos salieron del apartamento a un espacio colectivo del edificio donde viven, en el cual veían llamas y escuchaban un ruido de aviones. “Papá, suena como en Dunkerque”, le dijo a José su hijo, refiriéndose a la película de Christopher Nolan que narra la llamada “Operación Dinamo” en el marco de la segunda guerra mundial, donde una acción militar del Reino Unido logró la evacuación de soldados en Francia luego de la ocupación nazi. 

Lo que no sabían José y el resto de su familia era que, a partir de ese momento, iban a pasar 30 horas sin luz, porque en el bombardeo llevado a cabo por las fuerzas armadas estadounidenses fue afectada una de las subestaciones que nutre de electricidad al suroeste de Caracas.

Pese a que, cuando hablaron cerca de las 7 de la mañana, Helena le dijo a su papá que todo estaba tranquilo y no se preocupara, este notó algo inusual en su tono de voz. ¿Era miedo, cansancio, o una mezcla de los dos?.

“Ella estaba muy nerviosa y preguntaba mucho por ti”, le dijo la tía al padre de la adolescente. “Esa niña no durmió porque nos pusimos a ver las redes y las noticias, creo que durmió un poco en el sofá, pero debe estar destruida”.

Y así como el loop (bucle) sonoro que producen los aviones en Dunkerque, hay una incontable cifra de historias parecidas a las de Helena y José. Unas más aterradoras que otras, pero signadas por sentimientos comunes de pánico, incertidumbre y zozobra.

Sube y baja emocional 

Como en una montaña rusa emocional, los venezolanos, tanto dentro como fuera del país, pasaron del miedo de esa madrugada a la algarabía de un posible cambio político a un actual estado de desasosiego e, incluso, de pesimismo en torno a lo que podría ser este 2026.

Como en la cinta animada de Pixar, Intensamente, el pueblo venezolano se ha paseado tan solo en los primeros 15 días del mes de enero por tonalidades de ansiedad, miedo, tristeza, alegría e ira.

“Yo he atendido emergencias, en especia,l con personas que estuvieron en la primera línea, gente que vive en El Valle, en Santa Mónica, en el mismo Fuerte Tiuna, que presenciaron directamente los hechos y están afectados porque vivieron una evacuación, fueron testigos de disparos, heridos, niños corriendo y caos. No tenemos un plan de evacuación ni de emergencia ante esas situaciones, fue algo inédito”, dijo Yorelis Acosta, psicóloga clínica y social y coordinadora de investigaciones del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela (Cendes-UCV)

Acosta expuso que el episodio del pasado 3 de enero sirvió para aterrizar a la colectividad de que no hay herramientas ni recursos adecuados para enfrentar psicológicamente ese tipo de situaciones.

“Hay empresas que me han llamado para proteger a su personal en ese sentido ¿Qué le podemos decir a la colectividad para que mantenga la calma? Es el gran reto que tenemos ¿Cómo mantengo la cordura en momentos como estos y cómo sigo viviendo en este contexto?”, amplió.

Acosta sentenció que es necesario documentarse, tomando como ejemplo a otras naciones que han atravesado por situaciones similares: “Estoy muy ocupada leyendo psicología de la guerra, Ucrania desarrolló todo un sistema de salud mental precisamente para proteger a su gente”.

Aunque no hay cifras oficiales de cómo está la salud mental en Venezuela, salvo algunos estudios independientes de casas de estudio superior como la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Acosta considera que Venezuela vive una emergencia psicológica.

“como psicóloga clínica, veo que la gente se siente nerviosa y con miedo. Es la emoción que, diría, predomina en muchas personas”. 

La profesional indicó que, en psicología, no se puede generalizar: “No podemos decir que toda la gente está ansiosa, pero quienes trabajamos en clínicas y desde el servicio de psicología hemos percibido que aumentaron las solicitudes de consulta, se incrementaron los niveles de ansiedad y hemos tenido emergencias”.

Acosta recordó que el venezolano ya venía con una elevada incertidumbre.

“Eso te quiebra emocionalmente, la gente hoy en día no se siente bien, está pidiendo ayuda, hay emergencias y miedo al dormir. Perdimos la racionalidad. El hecho de que la gente haya salido a hacer compras nerviosas y que asociemos cualquier ruido con las explosiones de esa noche son indicadores”, precisó-

La profesional acotó que ha evidenciado un aumento de las solicitudes de atención en su consulta psicológica: “En diciembre del año pasado, atendimos cerca de 10 000 casos, donde los principales motivos de consulta son altos niveles de ansiedad, trastornos del sueño y problemas familiares”.

El contexto nacional genera un desgaste emocional e igualmente físico. La situación económica sigue siendo una importante causa de angustia.

“Nuestra salud mental está vinculada a los problemas económicos. Cuando existen problemas financieros, hay inconvenientes de salud mental también. Cuando hay volatilidad se generan conflictos, hay una relación directa entre los conflictos y la salud mental”, amplió la especialista.

Y en el país, si bien hay opciones gratuitas de consulta psicológica ofrecidas por universidades y hospitales públicos, estas se encuentran colapsadas y la mayoría de la gente no tiene para pagar entre 20 y 30 dólares por sesión. Los precios suelen ser más elevados en muchos casos.

“Nosotros venimos con una sobrecarga emocional y poco autocuidado, escasa conciencia de que en contextos de conflicto nos tenemos que cuidar, que tenemos que vigilar lo físico y cuidar lo mental también”, manifestó Acosta.

Bombardeo por todos lados

De acuerdo al estudio Psicodata hecho por la UCAB en 2025, solo 9,6% de los venezolanos busca ayuda psicológica por iniciativa propia.

Entre los principales motivos de consulta destacan: depresión, duelo, ansiedad y problemas de ansiedad.

En su mayoría, quienes asisten a terapia son jóvenes entre 19 y 24 años, seguidos por mayores de 25 y luego adultos contemporáneos.  

“Objetivamente, no tenemos indicadores que nos digan si la salud mental ha mejorado o no. Colombia, por ejemplo, tiene grandes estudios y cuenta con un observatorio de salud mental, nosotros no lo tenemos”, refirió Acosta. Indicó que la salud mental colectiva se mide con reportes de ansiedad en la población.

“Cuando hay problemas sociales, el consumo de alcohol y sustancias aumenta, hay rupturas de vínculos sociales y aislamiento”, deSCRIBIÓ.

La profesional recomendó a quienes vivieron de cerca los bombardeos del 3E buscar alternativas de relajación.

“Caminar y hacer ejercicios de respiración ayuda. Muchas personas tienen vivos sonidos e imágenes de ese día, pero si hay sobreexposición de información y redes sociales, es complicado mejorar. Hay que reponerse a los pensamientos intrusivos, la hipervigilancia y la permanente sensación de que algo malo va a pasar”, sugiere.

A raíz de las preocupaciones, las personas pueden empezar a ver comprometida su salud física. No es extraño que aparezcan síntomas como taquicardias, problemas respiratorios y dolor en las mandíbulas.

Acosta aseguró que la solución está en la capacidad de organización, apoyo social y de generar tranquilidad a través de la edificación de redes de apoyo reales.

“¿Cómo hago para mantener la calma ante una situación de emergencia?,  ¿Dónde podemos construir un espacio seguro?, son preguntas que debemos hacernos. A veces, solo abrazar a alguien en momentos de tensión alivia las penas. Son comportamientos que debemos desarrollar”, expresó.

A 15 días de la extracción de Maduro y Flores, a José lo embarga una mezcla de escepticismo y desesperanza porque tiene casi 30 años esperando un cambio político en Venezuela, Helena se estremece cada vez que escucha un cohete estallar en la calle, su padre no se quiere separar de ella por temor a que suceda nuevamente un ataque y el hijo de José no ha terminado de ver el final de Stranger Things, espera hacerlo antes de que se le vuelva a ir la luz.

 *El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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