La propuesta del ministro de Educación, Héctor Rodríguez, sobre la posible eliminación de las tareas escolares con el objetivo de “reducir la carga de estrés en los estudiantes y sus familias”, ha generado debate entre grupos de educadores y comunidades de representantes.
En el marco del inicio del nuevo año escolar 2025-2026, Rodríguez afirmó que las tareas representan un “factor de violencia en el hogar, de gritos, es una hora de maltrato, de castigo”, por lo que propuso abrir un debate nacional para llegar a una solución.
Diversas voces del gremio educativo se han pronunciado a favor y en contra, cuestionando si la medida es una solución efectiva sin que se comprometa el reforzamiento del aprendizaje en el hogar, que es la función principal de las asignaciones.
“Yo he estado tentado a eliminar las tareas. Hay quienes dicen: ‘Ya va, Héctor, porque es un conector entre la escuela y el representante’. Bueno, busquemos otras alternativas. No lo quiero hacer a lo loco, quiero que lo reflexionemos, que hagamos un estudio sobre ese tema”, dijo Rodríguez el pasado 13 de septiembre en una alocución con el sector educativo.
¿Son las tareas una fuente de estrés?
Las tareas escolares han sido una práctica que se aplica desde el siglo XIX como herramienta pedagógica para reforzar la disciplina, el aprendizaje, la memoria y las técnicas de estudio.
A juicio de la psicopedagoga Jessica Ochoa (@psicointeligencia) las tareas en sí no generan estrés. Señaló que lo que puede generar angustia o agotamiento tanto para los estudiantes como para sus familiares es el exceso de las mismas y más aún cuando estas sobrepasan las capacidades del alumno en cuanto a cantidad y habilidades.
La psicopedagoga explicó que si bien las tareas son un recurso educativo de aprendizaje útil, cuando estas se envían en grandes cantidades, con poco tiempo para la entrega y con requerimientos altamente exigentes, se desvirtúa el propósito porque el estudiante se enfoca en cumplir con el deber escolar y no realmente en aprender.
Lila Vega, pediatra y miembro de la Red de Madres, Padres y Representantes sostiene que las tareas son una herramienta pedagógica importante en el proceso de aprendizaje y que satanizarla es “inapropiado”.
La pediatra aseguró que actualmente en Venezuela se está produciendo una “deformación de las tareas” y en esto citó a Abel Saraiba, psicólogo de los Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap) quien señaló a propósito de todo el debate que “hay cierto narcisismo escolar” en algunas instituciones educativas porque envían gran cantidad de tareas complejas y tienen la creencia de que mientras más difíciles o elaboradas sean, el colegio tiene más prestigio.
“No puede ser que un niño estudie desde que llega a su casa hasta que se acuesta a dormir. Eso no debe ser así, eso también es una deformación de las tareas. Los niños tienen que tener espacio para crecer, para jugar, para socializar, para descansar, para aburrirse, para inventar cosas. Las tareas tienen un lugar, lo que pasa es que no pueden ocupar todo el lugar, y tienen que ser para practicar lo que aprendiste, esencialmente”, explicó Vega.
Eliminarlas no, reformularlas sí
El proceso de aprendizaje no ocurre solamente en las aulas, inherentemente se extiende al hogar porque el sistema educativo está diseñado para que las estrategias que aplican los docentes sean reforzadas con el trabajo individual que debe realizar cada estudiante.
Ese proceso que debe incluir lectura, investigación, análisis, reflexión y práctica no puede quedarse a un lado o rezagado, pues son de gran importancia para la consolidación del conocimiento.
Para Carlos Calatrava, exdirector de la Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), las tareas “siempre son necesarias”, pero considera que deben replantearlas o reformularlas para favorecer el aprendizaje.
Calatrava señala que no hay ninguna investigación ni teoría que correlacione la eliminación de las tareas con un desarrollo óptimo de aprendizaje, por el contrario, las actividades potencia el desarrollo y desempeño de los estudiantes. “Lo que sí podemos debatir, discutir, ahondar y profundizar es el cambio del tipo de tarea”.
Lila Vega, coincide con Carlos Calatrava en que las tareas no deben eliminarse y señala que pueden ser altamente creativas sin abarrotar a los estudiantes ni a sus padres. Sobre todo “no deben ser una fuente de castigo”.
Cristina Rojas, docente de primaria con más de 15 años de experiencia, no está de acuerdo con que se eliminen las tareas, pero sí con que se reformulen.
Apunta a que con una eventual eliminación de las responsabilidades escolares el niño va a ocupar ese espacio en otras actividades que quizás no sean tan productivas.
Rojas propone disminuir la cantidad de tareas, pero que en cambio, la poca que se asigne sea “significativa”. La docente considera necesario retomar las visitas guiadas a lugares históricos, parques, museos y hacer actividades que los motiven a investigar y querer saber más sobre determinado tema.
La psicopedagoga Jessica Ochoa sumó que la investigación, los debates, reescribir la información, ver videos sobre determinado tema, incluso métodos como el aula invertida favorecen el aprendizaje, sin necesidad de saturar.
Calatrava prevé que con una eventual eliminación de las tareas el aprendizaje de millones de estudiantes podría verse afectado y en esto Jessica Ochoa lo secunda y agrega que eliminar del todo las tareas “debe manejarse con cautela” y de llegar a ocurrir, el tiempo libre debería canalizarse de manera efectiva con actividades deportivas o artísticas.
Érika Milano, madre de un niño que estudia quinto grado, no está de acuerdo con que se eliminen las tareas, pero sí pide que se reflexione un poco sobre las maquetas y tareas que prácticamente le mandan a los padres. “A mi hijo le mandan a hacer muchas cosas que termina haciendo su papá y eso no está bien porque un niño de 10 años no puede hacer un robot con movimiento, por ejemplo”, dijo.
Mariana Campos afirma que a su hija de 6 años que cursaba primer grado “le mandaban a hacer demasiadas cosas innecesarias como a realizar disfraces cuando lo importante en ese grado es que sepa leer y escribir”.
El tema de la eliminación de las tareas no es algo nuevo. Países con excelentes sistemas educativos como Finlandia, Francia, Bélgica y Chile han eliminado de forma drástica o parcial las asignaciones para el hogar con la finalidad de reducir el estrés, mejorar el bienestar estudiantil y evitar las desigualdades entre estudiantes con y sin apoyo familiar.
Problemas de fondo
Con una posible eliminación de las tareas escolares surgen también otros cuestionamientos que están directamente relacionados con la situación del sector educativo.
La docente Cristina Rojas recordó que desde hace varios años los docentes venezolanos están mal remunerados, con salarios que no satisfacen las necesidades más básicas, las escuelas presentan graves deterioros a nivel estructural sin servicios básicos eficientes y los estudiantes no cuentan con un programa de alimentación de calidad.
Rojas recordó que la necesidad de actualizar el currículo escolar (algunos no se actualizan desde el año 1986) es un tema importante al que también hay que prestarle atención.



