Desde las elecciones presidenciales del 28 julio de 2024 el miedo y el riesgo están condicionando el ejercicio del periodismo en Venezuela. El recrudecimiento de la represión, detenciones arbitrarias, ataques contra medios y el hostigamiento policial han servido para erosionar a la ya herida libertad de expresión.
El Instituto Prensa y Sociedad Venezuela (IPYS) encuestó a 80 periodistas de 18 estados, con el objetivo de explorar percepciones de miedo, medidas de protección y mecanismos de resiliencia que utilizan los comunicadores sociales para informar a pesar del contexto hostil.
El estudio se basó en respuestas de periodistas que estaban llamados a cubrir las elecciones del pasado 25 de mayo. La convocatoria se hizo bajo total garantía de reserva de identidad de las personas encuestadas, expertos consultados, entre ellos psicólogos, quienes solicitaron el anonimato por temor a represalias, lo que evidencia que el miedo y los riesgos asociados a la libertad de expresión no solo lo sufren los comunicadores sociales.
Según el estudio del Ipys, 63% de los periodistas consultados reportó haber sentido miedo entre un nivel medio y alto, mientras que 23% manifestó niveles bajos de miedo. Sin embargo, el estudio también demostró que el miedo, en la mayoría de los entrevistados, no implicó el freno, y que también sirvió como impulso para crear y fortalecer estrategias de resiliencia para cumplir con la labor informativa.
A continuación las claves más relevantes del estudio “Hacer periodismo con miedo” del Instituto Prensa y Sociedad Venezuela:
El miedo a ser detenido
Ipys señaló que el temor de los periodistas a desempeñar su labor en contextos electorales está suficientemente sustentado en lo que que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y su Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE) han denominado “prácticas de terrorismo de Estado”.
Según el estudio, la posibilidad de una detención arbitraria fue señalada por las personas encuestadas como una de las principales amenazas, pues aunque existan capacitaciones en materia de seguridad jurídica, la sensación de indefensión y la vulneración a todas las garantías del debido proceso aterran a cualquier comunicador social, debido a que luego de una detención arbitraria las posibilidades de librarse de la cárcel son casi nulas.
“Es un mecanismo de censura que, además, genera autocensura. Es un miedo que, razonablemente, obliga a los y las periodistas a detenerse; al menos, detenerse a pensar qué hacer para no convertirse en víctimas de la represión”, indicó el Ipys.
El Instituto Prensa y Sociedad alertó que las desapariciones forzadas y las detenciones arbitrarias están calando en la psique de los periodistas venezolanos. Esta situación está “inhibiendo la investigación, documentación y visibilización de las violaciones de derechos humanos”.
Los psicólogos y psicólogas consultados coincidieron en que el miedo expresado por los periodistas no es un síntoma patológico, sino una reacción lógica y funcional de los seres humanos frente a la inminencia del daño.
Datos del estudio también arrojaron que 25% de los periodistas que fueron atacados durante las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 decidió no informar en el proceso electoral del 25 de mayo de 2025, siendo el temor a represalias directas, la falta de garantías de seguridad por parte de sus empleadores y la preocupación por la integridad de sus familias, las razones más señaladas.
Sin embargo, 71% aseguró haber dado cobertura a las elecciones del 25 de mayo de 2025, a pesar del miedo que experimentaron y la certeza del peligro inminente. A simple vista, ello parece indicar una disposición mayoritaria a resistir y persistir en el ejercicio del periodismo, a pesar de las condiciones adversas.
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Percepción de riesgo
En cuanto a la percepción de riesgo, 70% de los y las periodistas consultados calificó el riesgo de cubrir los comicios como medio o alto.
Ipys explicó que si bien es cierto que los periodistas están entrenados para trabajar bajo presión y controlar el estrés, vivir sometido a una alarma constante conduce al distrés, el cual sobreviene cuando las personas afectadas no logran lidiar con la situación estresante y se sienten abrumadas.
“Los efectos del distrés derivados de sentirse en peligro permanentemente se manifiestan en la salud física y mental y, en términos profesionales, en la productividad y calidad del trabajo que se realiza”, se lee en el informe.
La frustración y la culpa también suelen manifestarse como consecuencias emocionales del distrés. Sobre esto, uno de los especialistas consultados advirtió que que la culpa no debe tener cabida cuando la persona en cuestión no ha proferido un daño intencionalmente, mientras que la frustración sí tiene asidero en la imposibilidad de ejercer la profesión con libertad.
La sensación de culpa también es otro sentimiento que se manifiesta en el estudio, así como el impacto y la exposición a situaciones de violencia, censura y hostigamiento que, inciden de manera diferenciada en cada individuo, manifestándose en en problemas de sueño, estrés postraumático, ansiedad, depresión, irritabilidad y deterioro de los hábitos de vida.
Otros hallazgos que reveló el estudio es que 45% sustituyó el trabajo en terreno por la cobertura remota cuando consideró que la situación era peligrosa, y la misma proporción evitó abordar temas que pudieran incomodar al poder. 41% evitó mencionar explícitamente a figuras públicas, y un 24 % dejó de firmar publicaciones que pudieran resultar incómodas para las autoridades.
El Ipys recalcó que aunque dichas medidas son comprensibles como formas de protección, “estas prácticas representan un retroceso para el derecho de la ciudadanía a estar informada”.
La resiliencia como respuesta
A pesar de que el estudio reveló que seis periodistas sufrieron agresiones físicas (empujones, detenciones breves), verbales (insultos, amenazas), restricciones al acceso a centros de votación y fuentes, y hostigamiento digital mediante campañas de descrédito y estigmatización en redes sociales, durante la cobertura periodística de las elecciones del 25 de mayo, 71% logró superar las barreras y agresiones para cumplir con su deber informativo.
No obstante, la mayoría considera que el costo emocional y profesional de estas estrategias es elevado, lo que subraya la urgente necesidad de fortalecer las medidas de protección, las acciones colectivas y las garantías institucionales para la prensa independiente en Venezuela.
Ante el panorama, la prensa venezolana buscó otras formas de hacer periodismo y fortalecer las capacidades de adaptabilidad a situaciones adversas como: la preeminencia de las alianzas entre colegas de distintos medios para informar con precisión y contundencia por encima de la idea de primicia o exclusividad.
El 58 % de las personas encuestadas afirmó formar parte de algún tipo de red de respaldo para realizar su trabajo periodístico, lo que muestra un grado importante de articulación previa, mientras que 80% destacó la importancia de pertenecer a una red de respaldo durante coberturas electorales.
El Instituto Prensa y Sociedad enfatizó que además de los riesgos de represión contra los periodistas, la cobertura de acontecimientos importantes se dificulta también por el desmantelamiento de los medios de comunicación tradicionales y los escollos para garantizar la sostenibilidad de los medios de comunicación emergentes.
Las deficiencias de personal y de equipos también son obstáculos adicionales, comentaron los periodistas encuestados.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país ejercicio del periodismo ejercicio del periodismo ejercicio del periodismo ejercicio del periodismo ejercicio del periodismo



