Para el Ministro Héctor RodrÃguez, los que hemos tenido que partir, por una cosa u otra, somos un mito. Un producto de la imaginación colectiva sumergidos en una narración maravillosa y fantástica; una mentira que todo el mundo cree, porque las mentalidades hacen de ellas la explicación de fenómenos inexplicables. El sol sale porque Apolo cabalga su carroza por el este y atraviesa el cielo hasta el oeste, donde se mete para que salga Selene. Truena porque Zeus tiene gases. Los bichos que habitamos la tierra somos los que somos porque Noé metió una parejita de cada en un barco, y venga el diluvio universal. El Presidente habla con pájaros. El ex-presidente es un pájaro. Poseidón arremete con las aguas, en las que se ahogan los marineros. El mundo es mundo porque Amalivaca lo creó. Y nosotros nos fuimos del paÃs, pero no nos fuimos, porque en verdad no existimos.
Nada más perfecto para explicarlo que un mito. Nos hemos ido, sin tener la certeza de volver. Algunos a trabajar, otros a estudiar, a dejar el resto por un futuro que crees que será más promisorio, o porque te da la gana y ya está. A ser mucho más exitoso en lo tuyo, y obtener el reconocimiento que crees merecer, o a convertirte en algo totalmente diferente, que no mereces, que te frustra, pero que prefieres, o no prefieres, pero te toca. A fracasar también. Asumiendo la soledad, la añoranza y la melancolÃa como natural, y los menos cero grados centÃgrados, porque en el Olimpo hace frÃo del serio, o el mal de altura, o la humedad agobiante; climas de leyenda. Ser calificado de héroe mitológico por empezar de cero dónde nadie te conoce, o de traidor y apátrida por no luchar por tu paÃs. Eres ilusiones y eres escoria. No puedes opinar porque no estás allÃ, aunque lo de allà te duela y te afecte, y asà te lo hacen saber, muchas veces, los mismos que defienden la libertad o dicen hacerlo. Los que están allÃ, si pueden opinar sobre ti, que no estás, porque lo que es bueno para el pavo, no lo es para la pava. Y nada más perfecto para explicarlo que un mito, porque los mitos hace falta explicarlos. Los mitos como tú, son la historia que son y punto. Se creen o no se creen. No somos producto de la racionalidad sino del imaginario colectivo. Somos fantasÃa, pero todo el mundo cree (o una parte importante) que existimos.
No tienes que fundamentar tu existencia, ni el gobierno tiene que procurar entender lo que sucede. Porque tus viejos que te extrañan, tus amigos regados por el mundo, son todos el producto de una paja mental y de la irracionalidad que, en la búsqueda de una conexión con el mundo real, ha creado una estadÃstica que no existe. Porque como tu eres un mito, o tu hermano o tus primos, o tus amigos o todos los que dijeron me voy, también lo son, no hace falta dar explicaciones. De aquà no se ha ido nadie, porque esos que se fueron nunca existieron. Aunque sobren los crédulos. Y guardas la esperanza de que no dejen de creer que existes, porque son demasiadas las mañanas que despiertas queriendo volver. Y repasas a todos los mitos, Alexandra, Carlos, Mauricio, Leonardo, Valentina, Vanessa, Virginia, Vicente, Rafael, Melania, Juan Pablo, Mariana, Francisco, Rodolfo, Javier, Lanor, Andrés, José, Gabriela, Eduardo, MarÃa (varias), Antonio, Diana, Manuel, Maitane, Adriana, Angy, Carolina, Ana, Daniela, Jorge, Santiago, Gabriel, Sandra, Daniel, Vera, Diana, Ernesto, Elizabeth, Fabiana, Ander, Igor y aunque te faltan muchos, te preguntas ¿Cómo vuelve un mito?. Héctor, con todo lo mitológico de nombre que tiene, decretó que no existes y por lo tanto no tiene que explicar por qué te fuiste. Lo demás, es cuestión de fe.
Miguel E. Weil Di Miele




