Los últimos días (y horas) han tenido un signo muy claro. El oficialismo le ha subido máximo volumen a la radicalización. Me refiero por supuesto al “Paquete” legislativo que se cocina en la Asamblea Nacional: Ley del Poder Popular, Ley Orgánica de Comunas, Ley de Economía Comunal, reformas a la Ley Resorte y a la Ley de Telecomunicaciones, Ley Habilitante, entre muchas otras. Si quiere mayor evidencia de radicalización, sólo considere la Reforma a la Ley de Partidos Políticos, que plantea que si un diputado se cambia de fracción será inhabilitado. No me gusta usar calificativos altisonantes, pero casi todos estos proyectos son unos adefesios… Que lamentablemente, se aprobarán por una Asamblea Nacional que usará su cuestionada “legalidad”.
Algunas de estas cosas –vale decir, no todas y menos en simultáneo– podían suponerse que venían y que ocurrirían precisamente en estos días decembrinos, que es cuando al chavismo le gusta actuar con mayor opacidad. Está en la naturaleza de esta élite dominante. Un gobierno que siendo electoralmente derrotado (2007), pretende seguir imponiendo su “Reforma” y que además no respeta la designación de funcionarios popularmente designados (2008) sin ningún rubor, ya tiene un prontuario conocido por todos y que sólo está dispuesto a engrosar. Por ello, a pesar de lo que ocurrió el 26-S, hace lo que hace. Ese factor no va a cambiar, al menos no en el corto plazo. Lo que sí se puede es intentar frenarlo. Me parece que pensar sólo en clave parlamentaria, es insuficiente.
Como ya había adelantado en el escenario de “Mayoría Ineficaz” (publicado el 16 de septiembre en este mismo espacio), lo clave en toda esta discusión es determinar qué puede hacer la Oposición, que aún sin haber asumido sus funciones en la próxima Asamblea Nacional, además se encuentra en una situación de minoría parlamentaria. Esa es la realidad y no nos engañemos. La Oposición podrá deliberar y ejercer presión, por supuesto, pero no tiene los votos para derogar ninguna de las cosas que se están aprobando en este momento. Propongo por ahora, que al menos se concentre en tres cosas: 1) Enseriar su comunicación, 2) Convocar decidida y contundentemente a movilizaciones de calle y 3) Proponer una agenda de contención, abrogatoria, por la vía popular.
1) Seriedad y Sinceridad en la Comunicación
Lo primero es que hay que ser responsable en lo que se dice. No pocos políticos dijeron durante todo este año que “el freno definitivo a este gobierno abusivo se le colocaría el 26 de septiembre”. Eso, a pesar de la victoria política, no ocurrió. Ahora, ingenuamente algunos comunican que “a partir del 5 de enero, frenaremos a este gobierno…” No. Es tampoco es verdad. Los 67 parlamentarios de Oposición (sumando al PPT) no tienen los votos para frenar al oficialismo. Habrá un rol estelar en las deliberaciones y en las comisiones, pero no hay una fracción suficientemente grande para aprobar una sola ley. Otros dicen que “el gobierno está débil y que con votos lo sacaremos en 2012”.
No puede pretenderse llegar a un 2012 electoral si no se libra una larga batalla durante todo el 2012 en todos los espacios. Es hasta notorio ver la cara de frustración de los periodistas que formulan interrogantes en las ruedas de prensa, cuando reciben este tipo de respuesta por parte de los diputados electos. La retórica vacía y las consignas de “Sr. Chávez…” no sirven para absolutamente nada, salvo que para desmovilizar a quienes aún quieren seguir luchando.
El ciudadano venezolano, que ve con preocupación todo lo que ocurre puede frustrarse aún más ante este tipo de declaraciones. Necesita ver una ruta clara que tenga un corto plazo viable para poder albergar la esperanza de que el cambio político en el mediano plazo sí pudiera ser viable. Acá la psicología opera de manera determinante. Lo que muchos vieron el pasado septiembre como algo que estaba a la vuelta de la esquina (las elecciones presidenciales), hoy está más lejos. Necesario es construir puentes –con propuestas claras– para generar certidumbre, por difícil que suene. Comunicaciones serias, veraces, que den cuenta de la realidad y que no sigan colocando horizontes tan difusos, servirían para que al menos, los dirigentes opositores logren mayor credibilidad ante la Opinión Pública. La vocería debería ser eficientemente coordinada y administrada. No es algo difícil, si hay un mínimo de coordinación entre los parlamentarios electos.
2) Movilización de Calle Contundente
Puede sonar desgastado, pero es un recurso que en este momento es imperativo usar. No me refiero a las protestas callejeras violentas que el chavismo desearía. Todo lo contrario. Estoy sugiriendo enormes movilizaciones cívicas en todas las grandes ciudades de manera simultánea y orquestada. Es clave que miles de personas sean convocadas a las calles para expresar su rechazo a lo que ocurre y esta convocatoria debe ser hecha en el cortísimo plazo, aún cuando sea diciembre. No hacerlo en este momento es seguir alimentando la matriz de “que no hay nada que hacer”. Hay que ser arriesgados: aún cuando éstas sean fechas de fiestas, el país no puede quedarse de brazos cruzados y necesita urgentemente mandar impulsos eléctricos que demuestren signos vitales y que hay músculo para seguir resistiendo.
Creo que ya ha pasado demasiado tiempo sin este tipo de reacciones y a medida que sigan transcurriendo los días y no ocurran, el Gobierno seguirá avanzando. La movilización no sólo pasa por marchas, sino también por la realización de Asambleas en cada barrio, en cada pueblo, en cada urbanización. Preciso es producir materiales divulgativos que sean distribuidos en los principales puntos de tráfico social para que todos sean convocados, para que todos sean informados. Concentraciones en sitios públicos también son deseables.
Todo lo anterior debe ocurrir ante una cobertura de medios internacionales extensa y en profundidad. Es necesario que esa operación ocurra para que la protesta no se quede sólo en las calles de Venezuela, sino que golpee más allá de nuestras fronteras en la legitimidad que aún pueda tener este gobierno en el exterior. Se ha hecho antes y puede ensayarse nuevamente.
¿Lo anterior, impedirá o abrogará las leyes? No, es necesario ir más allá, es necesaria la organización social y política para vertir esa fuerza en una política con fines muy claros:
3) Una política electoral de “Contención”: Abrogar
¿Es iluso seguir pensando en el camino electoral? Yo creo que no.
Es el mejor camino pacífico que conozco para derrotar a un gobierno autoritario. No caigo en las provocaciones de los argumentos “desobedientes” que propugnan salirse de un camino estratégico que tanto sacrificio ha costado: materializar un cambio político por la vía de las urnas. Hay que seguir insistiendo. Si alguien quiere desconocer ese camino, que sea el Gobierno… y que se atenga a las consecuencias que ello le va a generar, nacional e internacionalmente. Los factores alternativos y democráticos deben seguir pensando en cómo organizar la voluntad de los ciudadanos de manera inteligente.
En mi cálculo, si de forma espuria se aprueban leyes, pues ahí están los mecanismos de participación popular para que en un referendo, estas terribles normativas sean parte de la historia y además, es una buena manera de encontrar una bandera de lucha y de movilización para generar victorias políticas –tan necesarias– en el corto plazo. Con un 1.7 millones de voluntades organizadas solicitando una abrogación, puede darse una gran batalla.
El caso de los referendos abrogatorios tiene unas consideraciones particulares que me gustaría abordar en otro momento. Creo que lo importante ahora es definir la política. Hay que usar los elementos en los que se tiene ventaja: si se es mayoría electoral, pues entonces hay que mantenerse es en esa cancha, con disciplina y con foco. Sin duda el oficialismo podría jugar a la abstención en esas consultas, pero eso tampoco es fácil de asumir. Habrá que ver, pero no hay que perder tiempo para asumir la ofensiva.
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