El chavismo tiene este Halloween su propio desfile de espantos. Algunos perdieron el palacio, otros el micrófono, la escolta o el despacho desde el que repartían órdenes y amenazas. Hay quienes terminaron tras las rejas, quienes fueron apartados por sus antiguos compañeros y quienes todavía deambulan por las redes sociales, repitiendo consignas como almas en pena que no terminan de enterarse de que la fiesta se acabó.
La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, el 3 de enero de 2026, alteró el mapa de poder y dejó a varios de sus antiguos protagonistas en una suerte de cementerio político. No todos corrieron la misma suerte ni desaparecieron por las mismas razones, pero comparten una escena: ya no ocupan el centro del tablero que alguna vez controlaron. En este recorrido, los fantasmas no necesitan sábanas blancas. Algunos llevan uniforme de prisión, otros conservan la tiza, el micrófono pero salen cuando todo está oscuro, o vagan como La Llorona, llorando no por un hijo sino por el poder que se les escurrió entre los dedos.
El último baile de Pennywise

Durante años, Nicolás Maduro se presentó como heredero de Hugo Chávez y dueño de un poder que parecía no tener fecha de vencimiento. Bailaba en las tarimas, convertía sus discursos en remixes y hacía de cada acto público un espectáculo. Como Pennywise, el payaso de IT, parecía disfrutar de sus apariciones: sonreía, bailaba y lanzaba amenazas mientras intentaba mantener a todo un país atrapado en su función. Incluso cuando desafiaba a Donald Trump y hablaba de amenazas de guerra, lo hacía con la seguridad de quien se creía protegido por un Estado puesto a su servicio.
Pero el 3 de enero, aquella puesta en escena se vino abajo. Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses y trasladado a Nueva York. El hombre de los trajes elegantes, los relojes costosos, los banquetes y las fotografías con chefs de celebridades como Salt Bae apareció convertido en otro personaje: un detenido con conjunto deportivo y cholas grises sobre medias blancas.
La comparación es de película de terror: el hombre que se creyó invencible y que encabezó un aparato de represión señalado por la muerte de cientos de manifestantes desde 2014 y por la detención de miles de personas ya no decide quién entra a Miraflores o quién ocupa una celda. Pasó de los salones presidenciales al MDC Brooklyn. De los platos exquisitos a la dieta de prisión. De miles de escoltas a una celda de la que no puede salir a voluntad.
El heredero político de Chávez terminó convertido en la reliquia más incómoda del chavismo: un expresidente detenido, sin tarima, sin cadena y sin la posibilidad de ordenar que vuelva a sonar la música. Un Pennywise que no pone a bailar a sus víctimas, sino que es el protagonista de su propia pesadilla.
El silencio de la primera combatiente
De la cima a pedir clemencia. Hubo una época, no muy lejana, en la que la llamada primera combatiente, Cilia Flores, movía los hilos del poder en Venezuela. Sin embargo, hoy su aura de omnipotencia no es más que humo. Su anulación política no fue una jubilación dorada, sino un apagón fulminante luego de que el 3 de enero fuerzas estadounidenses la capturaran, junto a su marido Nicolás Maduro, para trasladarla a una cárcel de Nueva York.
Y en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn no hay magistrados ni diputados que respondan a sus guiños, no hay micrófonos donde resuene su voz ni tarimas para bailar junto a Maduro. Alejada de los pasillos de Miraflores y confinada a los tribunales de Nueva York, su capacidad de influencia se va desvaneciendo como el típico efecto de edición que ponen al final de cualquier video en redes sociales. La Presidencia interina, con el aval de Washington, ha ido retirando a sus aliados del tablero y las estructuras que alguna vez controló Flores, con puño de hierro, simplemente siguieron su curso.

De “Cilita, la bonita”, como le solía decir Maduro en sus actos públicos, no queda ni la sombra del poder que acumuló durante décadas. Actualmente sus días transcurren enfrentando audiencias y solicitando indulgencias, con el anhelo de que al menos le otorguen casa por cárcel. La “muerte en vida” política no requiere de ataúdes ni lápidas, sino de un completo y aterrador olvido.
Las ánimas compañeras
El nepotismo en Venezuela se remonta a la época de José Tadeo y José Gregorio Monagas, quienes gobernaron al país por más de una década de manera alternada entre 1847 y 1858.
Con la llegada del chavismo al poder, esa vieja práctica se retomó, pero inclusive peor porque al menos José Gregorio Monagas abolió la esclavitud, mientras que los precursores de la V Republica han hecho que el venezolano deba trabajar el triple para apenas adquirir algunos productos de la cesta básica.
Como el refrán que dice “muerto el perro se acabó la rabia”, una vez fuera del tablero Maduro y Flores, sus familiares que ostentaban cargos en la administración pública rodaron, cual calabazas de Halloween.
Laura Guerra, hermana de Adriana Guerra, exesposa de Maduro, fue designada presidenta del Banco Central de Venezuela (BCV) en abril de 2025 y un año después renunció; Magaly Gutiérrez, exnuera de Cilia Flores, fue ministra del Poder Popular para la Salud desde 2022 y reemplazada en enero de 2026 por Nuramy Gutiérrez González y Walter Gavidia, exesposo de Flores, quien fue designado presidente de la Fundación Juntos Todos es Posible en mayo de 2025 fue destituido en marzo de 2026.
El poeta “mortuorio” de la revolución
Su palidez (o el exceso de panqué) siempre le ha dado un aura mortuoria y ahora, cuando ya no es defensor del Pueblo ni fiscal general de la República, realmente es un muerto viviente. Aunque hoy es jefe de la “Gran Misión Viva Venezuela, mi patria querida” —un instrumento burocrático que supuestamente promueve los valores esenciales del venezolano y está adscrito a la Presidencia— Tarek William Saab ya no pinta nada dentro del aparato gubernamental ni de justicia, aquel en donde hasta febrero de este 2026 se desempeñó como la máxima autoridad del Ministerio Público, aunque la mala fama se encargó de apodarlo como el “verdugo” de Maduro.

Su papel en la Fiscalía, donde fue asignado desde 2017 por aquella Asamblea Nacional Constituyente y chavista en su totalidad, lo convirtió en el rostro de la (in)justicia en la era Maduro. A lo largo de casi una década, se le apuntó de aprobar acciones que daban más miedo que un nuevo mega apagón, como el encarcelamiento sistemático de opositores, a quienes señalaba como terroristas, y las ejecuciones extrajudiciales, abusos sexuales, torturas y tratos crueles y degradantes que jamás investigó. Por todo esto, diversas instituciones internacionales lo denunciaron por presuntas violaciones a los derechos humanos y por instrumentalizar el Poder Judicial.
Pero el trabajo sucio de Saab no se quedó allí. “El Poeta de la Revolución”, como alguna vez lo bautizó Hugo Chávez, solía utilizar palabras como “aberrado”, “abominable” y “monstruo” en sus redes sociales, no para referirse a personajes terroríficos de la ficción o de sus obras sino a presuntos victimarios a los que acababa de imputar. Casi una década después, Saab renunció al Ministerio Público y hubo quien dijo que, días antes de anunciarlo, puso a su personal a destruir las pruebas documentales de sus supuestas canalladas.
El fantasma del overol naranja
Antes de que saltara a la fama como el gran contratista del Estado venezolano (desde alimentación, pasando por petróleo y construcción, hasta turismo) y presunto principal testaferro de Nicolás Maduro, la presencia de Álex Saab era espectral. Aunque acumulaba dinero y poder, nadie lo conocía y el gobierno se desentendía por completo de él cuando su nombre comenzó a aparecer en los reportajes de investigación de Armando.info.
Pero cuando aquella sombra fantasmagórica fue atrapada en Cabo Verde y, meses después, enviada a Estados Unidos para enfrentar cargos de corrupción, sobornos y lavado de dinero, el Ejecutivo nacional lo convirtió en un héroe diplomático de carne y hueso y organizó actos para exigir su liberación. Saab volvió a Venezuela tras un canje de prisioneros entre Caracas y Washington y recibió su primer cargo público no inventado: presidente del Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP), en enero de 2024. Meses más tarde, ese mismo año, se convirtió en ministro de Industria y Producción Nacional.

No obstante, de nada le sirvió su investidura cuando llegaron los Delta Force para llevarse a Maduro. Días después de los bombardeos, se convirtió en uno de los primeros funcionarios que Delcy Rodríguez despojó de su cargo. Su esposa, Camila Fabri, corrió con la misma suerte semanas después y dejó de ejercer las dos posiciones paralelas que tenía: viceministra de Comunicación Exterior de la Cancillería y jefa de la Gran Misión Vuelta a la Patria. Sus cuerpos comenzaron entonces a desaparecer de los reflectores de los medios. Ya no se les veía por ninguna parte.
Y lo peor vino después: en febrero de este año, comenzó a correr el rumor de que el FBI y el Sebin lo habían apresado. Pese a que sus abogados lo desmintieron casi de inmediato, en mayo abordó un avión para volver a Estados Unidos a vestir el overol naranja de reo que combina con los tonos de Halloween. Allá se declaró culpable de conspiración para cometer lavado de dinero y transacciones financieras ilícitas. En Venezuela, su presencia espectral vuelve cada vez que se recuerdan los contratos que firmó con el Estado para desnutrir a los venezolanos a través de los CLAP o para construir las viviendas prefabricadas que, durante los terremotos del 24 de junio, tapiaron y mataron a miles de personas en La Guaira.
El “jinete sin cabeza”
Antonio “Potro” Álvarez, el del número 56 en la espalda, ha sido el único pelotero en vestir las ocho camisetas de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (Lvbp). El Potro dejó de cantar el “Bla, bla, bla” con Chyno y Nacho para ocuparse del Ministerio del Deporte y el Instituto Nacional de Hipódromos, pero en abril de 2026 y luego de once años frente al INH, cayó en desgracia y fue destituido de su Junta Liquidadora a raíz de una investigación que condujo la actual presidenta encargada de Venezuela bajo la tutela de Estados Unidos, Delcy Rodriguez, por supuestos cobros irregulares a grupos de empresarios.

Un mes antes de la destitución de “El Potro” fue detenido Ángel Félix Pino Márquez, a quien se le acusa de hacer fortuna con la plataforma El Inmejorable.
Al parecer, el “Rodrigato” esperó que las fuerzas armadas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump se llevaran preso a Nicolás Maduro y a Cilia Flores para sacar de carrera al “Potro”, que ya venía trastabillando no solo en el INH, sino también en la dirección del Poliedro de Caracas. Actualmente se desconoce su paradero. Algunas versiones señalan que salió del país, otras que se encuentra bajo supervisión de las autoridades, “una vaina loca”, como diría su propia canción.
El espectro de la “guerrilla comunicacional”
Oswaldo Rivero ya estaba medio muerto políticamente, incluso antes del 3 de enero. Desde el año 2023, cuando fue despedido del canal del Estado Venezolana de Televisión (VTV) por criticar al gobierno que defendía con uñas y dientes, Cabeza e’ mango cayó del árbol como fruta descompuesta que se queda olvidada en el suelo.
Desde entonces Rivero se convirtió en un “mango fantasma”: ya no pesa, no ensucia, no apesta y, aunque sigue haciendo ruidos, nadie lo oye ni lo toma en cuenta porque quedó deambulando en el limbo del olvido del chavismo disidente.
Convertido ahora en un espectro de lo que fue uno de los guerrilleros comunicacionales más acérrimos del régimen de Nicolás Maduro, hoy el fantasma de Cabeza e’ mango deambula por las calles del 23 de enero y Bogotá, murmurando viejas consignas de Zurda Konducta y despotricando insultos en contra del Ministerio de Comunicación e Información, al que ha acusado en reiteradas oportunidades de financiar a “mercenarios digitales” por 400 dólares.
Sin el aval del gobierno, sin su trinchera en VTV y sin el amparo de los cuerpos de seguridad, la “furia bolivariana” de Oswaldo Rivero quedó reducida a la nada y sometido a la orfandad política porque en la nueva dinámica de poder no hay espacio para él.
La Hojilla que ya no corta y quedó penando
Desde su trinchera en La Hojilla, que trasmitía VTV, Mario Silva se creía intocable: con una tiza en la mano, un mapa de conspiraciones imaginarias y la venia para destrozar reputaciones y estigmatizar opositores, se explayaba con la arrogancia de quien se cree dueño de la verdad absoluta.
Las diferencias públicas con los nuevos líderes del chavismo post 3 de enero y una supuesta reorganización del canal del Estado, marcaron el ritmo de su caída en desgracia. De golpe, las luces del estudio se apagaron, los “patriotas cooperantes” se desvanecieron y Silva ahora pide donaciones para mantenerse hablando por sus cuentas personales en redes sociales.

Hoy, el otrora dueño de la verdad, vaga por el purgatorio del olvido político. Ya nadie tiembla con sus editoriales ni le importa a qué hora transmite sus monólogos lúgubres. Atrapado en la irrelevancia, experimenta el peor castigo para un ególatra del micrófono: la indiferencia sepulcral.
El hombre sin sombra
Cuenta la leyenda que en Halloween los espantos vagan reflejando lo que fueron en vida: La Sayona llora desconsolada porque asesinó a sus hijos por celos, mientras que el Silbón castiga a los hombres mujeriegos y a los borrachos en los llanos. Pero el fantasma de Freddy Ñáñez es un muerto que intenta aterrorizar presentando sus credenciales como poeta, editor, político, escritor y hasta cantante.
Sin embargo, las apariciones fantasmas de “Luchaalmada” no asustan a nadie; por el contrario, provocan una profunda indiferencia. Aunque anda penando desde el año 2016 ejerciendo varios cargos asociados a las comunicaciones y a la cultura, terminó convirtiéndose en el espectro de la irrelevancia: nadie lee sus poemas ni cantan sus canciones.

Desde el pasado 26 de junio, “Luchaalmada” califica como fantasma de lo que queda del chavismo porque no logró entrar en el nuevo juego político. Anda por ahí, vagando en columnas en un medio oficialista y sin nadie que le prenda una vela.
“Irisjuice”
Al igual que el famoso e irreverente fantasma cinematográfico de Tim Burton, Iris Varela aparece de la nada haciendo ruidos estrambóticos, rompiendo las reglas del decoro político y sembrando la confusión general.
Después del 3 de enero, Valera se ha quedado en la crítica zombie. Invoca el caos defendiendo el “Rodrigato”, criticando el sobrevuelo de aviones de EE.UU. en Caracas y hasta tildando de “pedófilo” a Donald Trump. Le dice a Mario Silva que «dudar es traición», pero desaprueba la mesa de diálogo entre el PSUV y la delegación de la oposición, representada por Dinorah Figuera —ambos bajo el aval de Estados Unidos—.
Es un espíritu atrapado en sus propias contradicciones: jura que los centros de tortura señalados por la ONU son un invento, pero corre a levantar la mano para aprobar una Ley de Amnistía.

Sin embargo, el truco de este fantasma parlamentario tiene un límite. Si la “nombran tres veces” invocando los fantasmas del pranato, las torturas o las minas de la Amazonía, se desvanece de la escena sin dejar rastro. Y sobre la intervención de Washington en el Arco Minero o la presunta muerte del “Niño Guerrero”, “Irisjuice” prefiere guardar un silencio sepulcral.
Ni desde el más allá ni desde el más acá ha querido responder por el colapso de las cárceles o la creación de colectivos mixtos; temas oscuros donde la prensa independiente y la ONU siempre terminan invocando su nombre.
El “prendevelas” que le reza a los ausentes

Diego «Michello» Suárez pasó de tener el patronazgo del PSUV a criticar el interinato de los Rodríguez fuera de Venezuela. Después del 3 de enero de 2026, denunció que la cúpula del chavismo había entregado a Nicolás Maduro y a Cilia Flores a la justicia estadounidense.
A los hermanos Rodríguez los ha llamado «judas» y «malditos» y a Mario Silva le critica que «quieren borrar la memoria del comandante [Hugo Chávez]». Su discurso, sin embargo, también ha tenido sus giros de guion: al principio cuestionó la extracción de Maduro y Flores, pero en mayo publicó en sus redes sociales que Delcy Rodríguez no había entregado a la pareja expresidencial.
Sus declaraciones han alimentado una confusión que parece sacada de una película de suspenso. La contradicción entre sus mensajes llevó a algunos seguidores a especular que había sido detenido arbitrariamente por los cuerpos de seguridad del Estado, debido a sus críticas al gobierno interino. Una sospecha que evocaba el caso de la venezolana Adreína Rodríguez, a quien el propio Suárez señaló en uno de sus videos y que terminó detenida sin que se respetara el debido proceso judicial.
Por ahora, Michello sigue encendiendo la mecha desde el exterior: sus publicaciones mantienen las acusaciones contra el interinato de los Rodríguez y el respaldo a Maduro y Flores, a quienes les sigue prendiendo velas como se hace en memoria de los que ya no están. En este aquelarre chavista, su alma en pena de propagandista chavista aparece de vez en cuando para echarle más leña al fuego.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.






