Sismos en Venezuela, ¿qué viene para el chavismo?

Por Carlos Gutiérrez Bracho | CONNECTAS

Cuando la tierra se movió con furia dos veces seguidas el 24 de junio, no solo dejó una gran devastación en Venezuela. También asestó un duro golpe al ya fallido Estado chavista y al protectorado de los Estados Unidos. Y en medio de todo, dejó en una gran incertidumbre a la ciudadanía, que vive una situación profundamente compleja.  

Mientras muchos de los sobrevivientes comienzan a migrar a otras zonas del país, las cifras de fallecidos, así como la tensión social y política aumentan cada día. Al cierre de este artículo, la cifra oficial de muertos ya rebasaba los 3.300, aunque de acuerdo con reportes periodísticos, hay más de 31.000 desaparecidos y más de 16.000 personas se quedaron sin vivienda.

Mientras tanto, las acciones de rescate comenzaban a menguar a medida que bajaba la esperanza de encontrar personas con vida bajo los escombros de los más de 400 edificios derrumbados y los más de 1.300 fuertemente afectados por ese doblete sísmico. Algunas estimaciones extraoficiales reportan que más de 58.000 inmuebles sufrieron daños.

¿Por qué hicieron tanto daño estos sismos? Las respuestas no están solo en la insólita magnitud de los movimientos telúricos, sino en los muchos años de corrupción del régimen. Algunos analistas, incluso, se preguntan cuántas de estas obras se realizaron sin cumplir con la normatividad existente desde hace más de medio siglo.

En Venezuela, en realidad la devastación comenzó años atrás, al tiempo con el relajamiento de las normas. Investigaciones periodísticas publicadas bajo el acompañamiento editorial de CONNECTAS demostraron que los hospitales públicos carecen de servicios mínimos y los pacientes son atendidos en condiciones sumamente precarias o tienen que pagar sumas exorbitantes para acceder a uno de los pocos quirófanos que hay en el país.

También, otro trabajo editorial mostró que debido a decisiones políticas, la producción científica en Venezuela se convirtió en la más rezagada del continente, con investigadores que sobreviven con un sueldo inferior a los cuatro dólares al mes. Varias industrias, como la de aluminio que alcanzó en 1998 un récord de producción superior a las 210.000 toneladas métricas, para 2020 ya no existían más. El gobierno remató como chatarra los restos de cientos de naves industriales y la maquinaria.

Antes de los sismos, 7,9 millones de personas ya “habían huido del país en busca de protección y una vida mejor”, informa la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Es “una de las mayores crisis de desplazados en el mundo. Personas que huían de la violencia, la inseguridad, las amenazas, la falta de alimentos y medicinas y se enfrentaban a graves peligros en su camino de huida”, describe el organismo.

En un análisis para eldiario.es, Jesús A. Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, coincide en que el actual escenario de destrucción “se explica tanto por los errores del chavismo como por el efecto de las sanciones internacionales y del intervencionismo militar de Washington”. El Producto Interno Bruto (PIB) cayó 80% en los últimos 15 años. Es “un Estado fallido, con una inflación desbocada, incapaz de garantizar el bienestar de la mayoría de su población, con una generalizada corrupción en todos los niveles de poder”, apunta el analista.

A partir del 3 de enero, cuando el gobierno de Donald Trump capturó a Nicolás Maduro, Venezuela entró en “una situación fáctica”, con autoridades carentes de legitimidad, como la define Óscar Murillo, coordinador general del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea).

Desde ese día, aunque Estados Unidos dejó a Delcy Rodríguez al frente del país y estableció una especie de tutelaje, Venezuela acentuó su posición de Estado “ineficaz con pocos recursos”, agrega Katrin Bennhold en The New York Times. Se volvió “vasallo” de la administración estadounidense, que “controla la mayor parte de los ingresos por exportaciones del país desde una cuenta de Citibank en Nueva York”, apunta la periodista.

Estados Unidos maneja a su antojo el flujo de caja de la venta de petróleo en Venezuela, acusa Brian Naranjo, quien fuera alto funcionario del Servicio Exterior estadounidense. “No sabemos cuánto están ganando, cómo pasa ese dinero, cómo lo utilizan dentro del país”, agrega. Se critica a la administración Trump de que, aunque donó a Venezuela más de 300 millones de dólares para la emergencia, esa cantidad resulta insignificante, comparada con lo que se ha apropiado y con lo que seguirá extrayendo en los próximos meses.  Un estudio del Council on Foreign Relations estima que durante los primeros cuatro meses, Estados Unidos se llevó casi cien millones de barriles de crudo, con un valor aproximado de 8.000 millones de dólares.

Aunque la administración de Trump ha presentado reiteradamente este control como una medida beneficiosa para ambos países, no ha revelado públicamente cuánto petróleo venezolano ha vendido, cuántos ingresos ha recaudado ni cómo ha utilizado esos fondos, señala la investigación realizada por Roxanna Vigil. La recuperación del daño provocado por los sismos requerirá, según cálculos de The New York Times, al menos unos 10.000 millones de dólares.

Para el gobierno de Estados Unidos resulta prioritario que esta tragedia no provoque caos ni anarquía. Requiere que el proceso de recuperación de cuerpos y de reubicación de víctimas “salga bien”, advierte Murillo. A la administración Trump le interesa que las industrias petrolera o gasífera no resulten afectadas, ya que “necesitan seguir sacando petróleo y seguir ampliando las capacidades de producción”, afirma el funcionario de Provea.

@cnnee

En su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente Donald #Trump habló sobre la importancia de #Venezuela y del petróleo para la economía de EE.UU. #cnnenespañol #EstadosUnidos

♬ sonido original – CNN en Español – CNN en Español

Lo anterior resulta impredecible, porque este tipo de fenómenos naturales de gran impacto suelen provocar cambios sociales, como explica la periodista June Carolyn Erlick, autora del libro Desastres naturales en América Latina. Y aunque aún es pronto para saber con precisión qué pasará en Venezuela, Erlick plantea tres escenarios hipotéticos.

El primero es que el gobierno de Rodríguez opte por reprimir aún más a la sociedad civil y a los periodistas. El segundo, que haya una cierta apertura hacia la sociedad civil, “aunque sea por necesidad” y que eso derive en una reorganización social, así como en elecciones libres y honestas. El tercero depende de que Estados Unidos inyecte el dinero suficiente para que la gente se conforme con que su vida sea un poco mejor. Ello permitiría la continuidad del régimen chavista en un plazo relativamente largo.

El carácter autoritario del régimen se hizo presente a pocas horas de ocurrido el doblete sísmico y se expresó de diferentes maneras. Murillo pone como ejemplo que, recién ocurrida la tragedia, el gobierno de Rodríguez prohibió a los periodistas extranjeros y nacionales acercarse a la zona afectada por un lapso de 48 horas.

Naranjo critica que el gobierno, en vez de enviar rescatistas a la zona de desastre, mandó soldados para dominar los accesos. Lo que quería, asegura, era “controlar la narrativa para que no saliera información tan fea o difícil para ellos”. Sin más explicación, poco después llegó una contraorden para levantar la restricción a las 24 horas de establecida.

En una rueda de prensa, el 3 de julio, Delcy Rodríguez buscó defenderse y afirmó que era “miserable, desalmado y desconsiderado” hacer críticas a su administración cuando el pueblo está “bajo angustia”. Para ella solo se trata de un intento por “perturbar y generar caos” y exigió a los periodistas “decir la verdad”.  

Es que el principal reto para el gobierno venezolano será sobrevivir. Para lograrlo, la presencia de Estados Unidos tiene “una preponderancia suprema”, añade Murillo. Piensa que, si el Gobierno estadounidense “le quita la mascarilla de oxígeno al Gobierno [venezolano], este se caerá”. Ello debido a que “no tiene capacidades autónomas para preservar el poder y mucho menos para responder al tamaño de la emergencia”. Para él, en este escenario, las “tensiones preexistentes escalarán”.

El gobierno de Rodríguez enfrenta una presión más: el 3 de julio se cumplió el plazo de 180 días de ausencia del jefe del Estado, por lo que ella como presidenta sustituta debe convocar a un proceso electoral. “Estamos en un momento transicional. No sabemos si esto derivará en un modelo tecnocrático, en una tecnocracia autoritaria o en un autoritarismo a conveniencia de los Estados Unidos” o si se van “a tomar medidas concretas para establecer una ruta creíble hacia una democratización institucional del país”, señala Murillo. Pero duda que se vaya a convocar a un proceso electoral, porque a Estados Unidos no le conviene.

https://www.facebook.com/dw.espanol/videos/a-100-d%C3%ADas-de-delcy-rodr%C3%ADguez-en-el-poder-la-oposici%C3%B3n-venezolana-exige-eleccion/2821363944877699/

La crisis también significa un desafío tremendo para la oposición, y en particular para la Premio Nobel María Corina Machado. Su intento por regresar ha sido calificado como oportunismo político hasta por el propio Trump. Asimismo, como avaló el proceso de intervención de Estados Unidos, se encuentra en “una situación de incomodidad” y tiene dificultades para representar un verdadero proceso político en Venezuela, afirma Murillo.

Además, Machado cometió “un error estratégico gravísimo” al salir de Venezuela, analiza Naranjo. Este exdiplomático tampoco mira con buenos ojos el que haya entregado su Nobel a Trump y que haya realizado el anuncio de su regreso al país en Fox Morning, un domingo a las 9:45 de la mañana. “¿Quién está mirando Fox News en ese horario? Nadie. Ese es el mismo show donde antes estaba el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Fue un mensaje dirigido a una sola persona: Trump. Porque se sabe que él tiene prendido Fox News todo el tiempo”.

Por otro lado, en medio del drama, la administración Trump prefirió convocar a otra figura de la oposición, Dinorah Figuera, para regresar de su exilio en España e iniciar un proceso de negociación con Rodríguez. Según dijo la propia Figuera a la prensa, busca conformar una “autoridad electoral creíble”. Su llegada “fue un revés para María Corina que a toda luz parece haber perdido apoyo de la administración estadounidense”, interpreta Murillo.

Pero nada de lo anterior garantiza que haya un camino hacia la democracia. De acuerdo con este analista, Estados Unidos ha cambiado su plan original a partir de la tragedia, porque ahora prioriza la estabilización del país. Ello significaría “garantizar un actor político en el terreno que tenga control de las instituciones”, así como evitar la anarquía y el caos social, “producto del descontento profundo que tienen con las autoridades” y la crisis de legitimidad que se vive en Venezuela. Por ello, Murillo no descarta que Washington decida quitar las fuertes sanciones al régimen para que Venezuela se pueda incorporar a los mercados globales.

De ese modo, Donald Trump buscaría recuperar la industria petrolera, y llamar la atención de inversionistas extranjeros para aumentar las capacidades productivas y aprovecharse de las bondades geográficas de Venezuela. Pero todo hay que tomarlo con cautela porque el presidente estadounidense “es muy transaccional”, advierte Erlick. Podría ser que le brinde ayuda a Venezuela sólo si ve “que le va a producir riquezas para él y su familia, porque de eso se trata”.

Ahora todo está en el terreno de las especulaciones y las tensiones políticas, mientras miles de personas luchan por sobrevivir en el campo del desastre. Las próximas semanas serán decisivas para este país sudamericano, que vive suspendido en uno de los tiempos más oscuros de su historia.

Cada semana, la plataforma latinoamericana de periodismo CONNECTAS publica análisis sobre hechos de coyuntura de las Américas. Si le interesa leer más información como esta puede ingresar a este enlace.

Mientras miles de personas luchan por sobrevivir en el campo del desastre, las próximas semanas serán decisivas para este país sudamericano, que vive suspendido en uno de los tiempos más oscuros de su historia.
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Por Carlos Gutiérrez Bracho | CONNECTAS

Cuando la tierra se movió con furia dos veces seguidas el 24 de junio, no solo dejó una gran devastación en Venezuela. También asestó un duro golpe al ya fallido Estado chavista y al protectorado de los Estados Unidos. Y en medio de todo, dejó en una gran incertidumbre a la ciudadanía, que vive una situación profundamente compleja.  

Mientras muchos de los sobrevivientes comienzan a migrar a otras zonas del país, las cifras de fallecidos, así como la tensión social y política aumentan cada día. Al cierre de este artículo, la cifra oficial de muertos ya rebasaba los 3.300, aunque de acuerdo con reportes periodísticos, hay más de 31.000 desaparecidos y más de 16.000 personas se quedaron sin vivienda.

Mientras tanto, las acciones de rescate comenzaban a menguar a medida que bajaba la esperanza de encontrar personas con vida bajo los escombros de los más de 400 edificios derrumbados y los más de 1.300 fuertemente afectados por ese doblete sísmico. Algunas estimaciones extraoficiales reportan que más de 58.000 inmuebles sufrieron daños.

¿Por qué hicieron tanto daño estos sismos? Las respuestas no están solo en la insólita magnitud de los movimientos telúricos, sino en los muchos años de corrupción del régimen. Algunos analistas, incluso, se preguntan cuántas de estas obras se realizaron sin cumplir con la normatividad existente desde hace más de medio siglo.

En Venezuela, en realidad la devastación comenzó años atrás, al tiempo con el relajamiento de las normas. Investigaciones periodísticas publicadas bajo el acompañamiento editorial de CONNECTAS demostraron que los hospitales públicos carecen de servicios mínimos y los pacientes son atendidos en condiciones sumamente precarias o tienen que pagar sumas exorbitantes para acceder a uno de los pocos quirófanos que hay en el país.

También, otro trabajo editorial mostró que debido a decisiones políticas, la producción científica en Venezuela se convirtió en la más rezagada del continente, con investigadores que sobreviven con un sueldo inferior a los cuatro dólares al mes. Varias industrias, como la de aluminio que alcanzó en 1998 un récord de producción superior a las 210.000 toneladas métricas, para 2020 ya no existían más. El gobierno remató como chatarra los restos de cientos de naves industriales y la maquinaria.

Antes de los sismos, 7,9 millones de personas ya “habían huido del país en busca de protección y una vida mejor”, informa la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Es “una de las mayores crisis de desplazados en el mundo. Personas que huían de la violencia, la inseguridad, las amenazas, la falta de alimentos y medicinas y se enfrentaban a graves peligros en su camino de huida”, describe el organismo.

En un análisis para eldiario.es, Jesús A. Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, coincide en que el actual escenario de destrucción “se explica tanto por los errores del chavismo como por el efecto de las sanciones internacionales y del intervencionismo militar de Washington”. El Producto Interno Bruto (PIB) cayó 80% en los últimos 15 años. Es “un Estado fallido, con una inflación desbocada, incapaz de garantizar el bienestar de la mayoría de su población, con una generalizada corrupción en todos los niveles de poder”, apunta el analista.

A partir del 3 de enero, cuando el gobierno de Donald Trump capturó a Nicolás Maduro, Venezuela entró en “una situación fáctica”, con autoridades carentes de legitimidad, como la define Óscar Murillo, coordinador general del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea).

Desde ese día, aunque Estados Unidos dejó a Delcy Rodríguez al frente del país y estableció una especie de tutelaje, Venezuela acentuó su posición de Estado “ineficaz con pocos recursos”, agrega Katrin Bennhold en The New York Times. Se volvió “vasallo” de la administración estadounidense, que “controla la mayor parte de los ingresos por exportaciones del país desde una cuenta de Citibank en Nueva York”, apunta la periodista.

Estados Unidos maneja a su antojo el flujo de caja de la venta de petróleo en Venezuela, acusa Brian Naranjo, quien fuera alto funcionario del Servicio Exterior estadounidense. “No sabemos cuánto están ganando, cómo pasa ese dinero, cómo lo utilizan dentro del país”, agrega. Se critica a la administración Trump de que, aunque donó a Venezuela más de 300 millones de dólares para la emergencia, esa cantidad resulta insignificante, comparada con lo que se ha apropiado y con lo que seguirá extrayendo en los próximos meses.  Un estudio del Council on Foreign Relations estima que durante los primeros cuatro meses, Estados Unidos se llevó casi cien millones de barriles de crudo, con un valor aproximado de 8.000 millones de dólares.

Aunque la administración de Trump ha presentado reiteradamente este control como una medida beneficiosa para ambos países, no ha revelado públicamente cuánto petróleo venezolano ha vendido, cuántos ingresos ha recaudado ni cómo ha utilizado esos fondos, señala la investigación realizada por Roxanna Vigil. La recuperación del daño provocado por los sismos requerirá, según cálculos de The New York Times, al menos unos 10.000 millones de dólares.

Para el gobierno de Estados Unidos resulta prioritario que esta tragedia no provoque caos ni anarquía. Requiere que el proceso de recuperación de cuerpos y de reubicación de víctimas “salga bien”, advierte Murillo. A la administración Trump le interesa que las industrias petrolera o gasífera no resulten afectadas, ya que “necesitan seguir sacando petróleo y seguir ampliando las capacidades de producción”, afirma el funcionario de Provea.

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En su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente Donald #Trump habló sobre la importancia de #Venezuela y del petróleo para la economía de EE.UU. #cnnenespañol #EstadosUnidos

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Lo anterior resulta impredecible, porque este tipo de fenómenos naturales de gran impacto suelen provocar cambios sociales, como explica la periodista June Carolyn Erlick, autora del libro Desastres naturales en América Latina. Y aunque aún es pronto para saber con precisión qué pasará en Venezuela, Erlick plantea tres escenarios hipotéticos.

El primero es que el gobierno de Rodríguez opte por reprimir aún más a la sociedad civil y a los periodistas. El segundo, que haya una cierta apertura hacia la sociedad civil, “aunque sea por necesidad” y que eso derive en una reorganización social, así como en elecciones libres y honestas. El tercero depende de que Estados Unidos inyecte el dinero suficiente para que la gente se conforme con que su vida sea un poco mejor. Ello permitiría la continuidad del régimen chavista en un plazo relativamente largo.

El carácter autoritario del régimen se hizo presente a pocas horas de ocurrido el doblete sísmico y se expresó de diferentes maneras. Murillo pone como ejemplo que, recién ocurrida la tragedia, el gobierno de Rodríguez prohibió a los periodistas extranjeros y nacionales acercarse a la zona afectada por un lapso de 48 horas.

Naranjo critica que el gobierno, en vez de enviar rescatistas a la zona de desastre, mandó soldados para dominar los accesos. Lo que quería, asegura, era “controlar la narrativa para que no saliera información tan fea o difícil para ellos”. Sin más explicación, poco después llegó una contraorden para levantar la restricción a las 24 horas de establecida.

En una rueda de prensa, el 3 de julio, Delcy Rodríguez buscó defenderse y afirmó que era “miserable, desalmado y desconsiderado” hacer críticas a su administración cuando el pueblo está “bajo angustia”. Para ella solo se trata de un intento por “perturbar y generar caos” y exigió a los periodistas “decir la verdad”.  

Es que el principal reto para el gobierno venezolano será sobrevivir. Para lograrlo, la presencia de Estados Unidos tiene “una preponderancia suprema”, añade Murillo. Piensa que, si el Gobierno estadounidense “le quita la mascarilla de oxígeno al Gobierno [venezolano], este se caerá”. Ello debido a que “no tiene capacidades autónomas para preservar el poder y mucho menos para responder al tamaño de la emergencia”. Para él, en este escenario, las “tensiones preexistentes escalarán”.

El gobierno de Rodríguez enfrenta una presión más: el 3 de julio se cumplió el plazo de 180 días de ausencia del jefe del Estado, por lo que ella como presidenta sustituta debe convocar a un proceso electoral. “Estamos en un momento transicional. No sabemos si esto derivará en un modelo tecnocrático, en una tecnocracia autoritaria o en un autoritarismo a conveniencia de los Estados Unidos” o si se van “a tomar medidas concretas para establecer una ruta creíble hacia una democratización institucional del país”, señala Murillo. Pero duda que se vaya a convocar a un proceso electoral, porque a Estados Unidos no le conviene.

https://www.facebook.com/dw.espanol/videos/a-100-d%C3%ADas-de-delcy-rodr%C3%ADguez-en-el-poder-la-oposici%C3%B3n-venezolana-exige-eleccion/2821363944877699/

La crisis también significa un desafío tremendo para la oposición, y en particular para la Premio Nobel María Corina Machado. Su intento por regresar ha sido calificado como oportunismo político hasta por el propio Trump. Asimismo, como avaló el proceso de intervención de Estados Unidos, se encuentra en “una situación de incomodidad” y tiene dificultades para representar un verdadero proceso político en Venezuela, afirma Murillo.

Además, Machado cometió “un error estratégico gravísimo” al salir de Venezuela, analiza Naranjo. Este exdiplomático tampoco mira con buenos ojos el que haya entregado su Nobel a Trump y que haya realizado el anuncio de su regreso al país en Fox Morning, un domingo a las 9:45 de la mañana. “¿Quién está mirando Fox News en ese horario? Nadie. Ese es el mismo show donde antes estaba el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Fue un mensaje dirigido a una sola persona: Trump. Porque se sabe que él tiene prendido Fox News todo el tiempo”.

Por otro lado, en medio del drama, la administración Trump prefirió convocar a otra figura de la oposición, Dinorah Figuera, para regresar de su exilio en España e iniciar un proceso de negociación con Rodríguez. Según dijo la propia Figuera a la prensa, busca conformar una “autoridad electoral creíble”. Su llegada “fue un revés para María Corina que a toda luz parece haber perdido apoyo de la administración estadounidense”, interpreta Murillo.

Pero nada de lo anterior garantiza que haya un camino hacia la democracia. De acuerdo con este analista, Estados Unidos ha cambiado su plan original a partir de la tragedia, porque ahora prioriza la estabilización del país. Ello significaría “garantizar un actor político en el terreno que tenga control de las instituciones”, así como evitar la anarquía y el caos social, “producto del descontento profundo que tienen con las autoridades” y la crisis de legitimidad que se vive en Venezuela. Por ello, Murillo no descarta que Washington decida quitar las fuertes sanciones al régimen para que Venezuela se pueda incorporar a los mercados globales.

De ese modo, Donald Trump buscaría recuperar la industria petrolera, y llamar la atención de inversionistas extranjeros para aumentar las capacidades productivas y aprovecharse de las bondades geográficas de Venezuela. Pero todo hay que tomarlo con cautela porque el presidente estadounidense “es muy transaccional”, advierte Erlick. Podría ser que le brinde ayuda a Venezuela sólo si ve “que le va a producir riquezas para él y su familia, porque de eso se trata”.

Ahora todo está en el terreno de las especulaciones y las tensiones políticas, mientras miles de personas luchan por sobrevivir en el campo del desastre. Las próximas semanas serán decisivas para este país sudamericano, que vive suspendido en uno de los tiempos más oscuros de su historia.

Cada semana, la plataforma latinoamericana de periodismo CONNECTAS publica análisis sobre hechos de coyuntura de las Américas. Si le interesa leer más información como esta puede ingresar a este enlace.

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