El Instituto Casla, dedicado a monitorear y defender la democracia en América Latina, hizo un llamado a preservar los centros de reclusión utilizados para la comisión de detenciones arbitrarias, actos de tortura, violencia sexual, desapariciones forzadas y otras graves violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad en Venezuela, como lugares de memoria, evidencia histórica y potenciales escenarios de investigación judicial.
Casla argumentó en un comunicado difundido en redes sociales que la preservación de estos espacios no responde a un interés simbólico únicamente, “constituye una obligación moral con las víctimas y una herramienta esencial para la búsqueda de la verdad, la justicia y las garantías de no repetición”.
“Las instalaciones, estructuras físicas, registros y características de estos centros pueden aportar información relevante para la reconstrucción de los hechos y la determinación de responsabilidades”, señaló Casla como primer motivo de preservación.
Casla también argumentó que preservar estos lugares “representa un acto de reconocimiento hacia las víctimas y sus familiares. La memoria constituye una forma de reparación moral que permite dignificar a quienes sufrieron persecución, prisión arbitraria, tortura o desaparición forzada”.
Además, el instituto señaló que la destrucción, modificación o desaparición de estos espacios puede favorecer el olvido, dificultar la rendición de cuentas y debilitar los esfuerzos destinados a evitar que hechos similares vuelvan a ocurrir.
La petición del Instituto Casla también se basa en múltiples experiencias históricas; por ejemplo, los campos de concentración y exterminio del régimen nazi, entre ellos Auschwitz-Birkenau, que fueron preservados para recordar a millones de víctimas del Holocausto y para documentar los crímenes cometidos.
Del mismo modo, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Argentina, Villa Grimaldi en Chile, Robben Island en Sudáfrica, el Ghetto-campo de Theresienstadt en República Checa, y el antiguo centro de detención Tuol Sleng en Camboya, se han convertido en espacios de memoria que permiten a las nuevas generaciones comprender los horrores del pasado y fortalecer el compromiso con la defensa de los derechos humanos.
Llamado a la comunidad internacional
Casla hizo un llamado a la comunidad internacional, a los organismos regionales y universales de protección, denuncia y justicia, a los organismos de derechos humanos, a las futuras autoridades democráticas venezolanas para que se adopten las medidas necesarias destinadas a identificar, preservar, documentar y proteger los centros de reclusión y detención donde se cometieron graves violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad.
“Los pueblos que olvidan su historia corren el riesgo de repetirla. Los pueblos que preservan la memoria fortalecen su democracia y honran a las víctimas”, concluye.
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