A las 11:40 de la mañana el calor ya se siente insoportable dentro del Núcleo Humanístico de la Universidad del Zulia.
El aire no circula bien entre los pasillos. La sombra es insuficiente. Luisa Uzcategui, Pablo Albarrán y Daniel Soto comienzan a moverse antes del mediodía, no hacia la salida, sino en dirección contraria al edificio que tienen al frente.
Salen en grupo, con botellas de agua, termos o simplemente con las manos vacías. No van a sus casas.
Van a comer.
Cruzan el estacionamiento interno, atraviesan la avenida que divide los núcleos del campus y siguen caminando hacia el Núcleo Técnico.
El recorrido no es corto. Son entre diez y veinte minutos a pie bajo el sol de Maracaibo, aproximadamente un kilómetro —a veces más, según el punto de salida— dentro del mismo campus universitario.
Allí almuerzan todos los días.
Para ellos, el comedor del Núcleo Humanístico es un fantasma de concreto, visible pero sin funcionamiento.

El núcleo olvidado
El Núcleo Humanístico concentra algunas de las facultades más pobladas de la Universidad del Zulia. Por sus aulas transitan estudiantes de Humanidades y Educación, Ciencias Económicas y Sociales, Ciencias Jurídicas y Políticas, Agronomía y Ciencias Veterinarias. Históricamente ha sido uno de los espacios con mayor circulación estudiantil dentro del campus.
Hoy, al mediodía, el punto de alimentación activo más cercano está en el Núcleo Técnico. Hasta allí se desplazan los estudiantes del Humanístico, cruzando a pie buena parte del campus bajo el sol de Maracaibo.
El Núcleo Técnico agrupa principalmente carreras de Ingeniería, Arquitectura y áreas técnicas. Su comedor fue reactivado en octubre de 2023 y funciona con un sistema de control de acceso mediante carnet universitario: cada estudiante debe identificarse para poder ingresar y adquirir el menú subsidiado.
En horas pico, la fila avanza por tandas y el flujo de estudiantes se organiza entre clases y ventanas de tiempo cada vez más ajustadas al servicio.
“Aquí nunca es predecible. Hay días en los que la comida no alcanza y el comedor se queda corto mucho antes del cierre. Otras veces sí se logra completar el servicio, pero siempre bajo presión, con el espacio lleno desde temprano. Nosotros dependemos de lo que llegue ese día. Todo se organiza rápido, porque el volumen de estudiantes es alto y el control de entrada es estricto. A veces anunciamos el menú por redes, pero eso no garantiza que todo fluya como debería. Es un trabajo constante contra el tiempo y la demanda”, dice una trabajadora del servicio de alimentación del Núcleo Técnico de LUZ, que pidió mantener su identidad en reserva.
En ese mismo ritmo, el acceso al comedor no depende solo de la necesidad, sino del momento.
Fiorella Pérez, estudiante de Idiomas, se mueve dentro de esa lógica diaria de horarios cruzados y tiempos reducidos que determinan si alcanza o no a entrar antes de que el servicio cierre por tandas o reduzca su capacidad operativa.
El margen de tiempo es estrecho: cualquier retraso entre clases puede significar llegar cuando la fila ya avanzó, el acceso ya se cerró o el servicio ya entró en su último tramo del día.

Una obra que estaba “casi lista”
En 2014, el Consejo Legislativo del estado Zulia anunció una investigación sobre irregularidades vinculadas a varias obras inconclusas dentro de la Universidad del Zulia. Entre ellas figuraba el comedor del Núcleo Humanístico.
Dos años después, una inspección de diputados regionales lo describió como una obra con aproximadamente 80 % de ejecución física.
La estructura estaba allí, casi terminada. Nunca funcionó.
Durante esa visita, el entonces legislador José Luis Acosta afirmó que el proyecto había recibido financiamiento inicial del Gobierno nacional y que parte de los recursos posteriores no tenía trazabilidad clara. También señaló que la empresa contratista habría abandonado la obra.
Después de eso, el expediente se diluyó.
Hoy no hay registro público del proyecto en los canales institucionales de la universidad. Los documentos que antes aparecían en la página oficial de la Universidad del Zulia ya no están disponibles tras la caída del sitio web institucional.
En el Núcleo Humanístico, las consultas sobre su estado actual no obtienen respuesta. Tampoco fue posible establecer qué empresa estuvo a cargo de la construcción. Los intentos de consulta fueron remitidos a respuestas de “información no disponible” o de carácter confidencial.
Autoridades de la Facultad de Humanidades y Educación (FHE) señalan versiones sobre presuntas irregularidades en el uso de los recursos asignados, en contraste con la escala reducida de la obra y los años que tomó su ejecución y el caso no figura en la agenda de discusión pública, incluso entre sectores estudiantiles.
Para el abogado Carlos Pérez, el problema no es solo la obra inconclusa: “Cuando una obra pública no tiene trazabilidad ni rendición de cuentas, lo que se afecta es el derecho ciudadano a la información y al control de la gestión. La Constitución, en sus artículos 141 y 143, respalda esos principios de transparencia y responsabilidad en la administración pública”.

El dinero que ingresa en la universidad, pero que no se explica para qué
Más de una década después de su construcción, el comedor del Núcleo Humanístico sigue cerrado sin una explicación detallada sobre su culminación, su mantenimiento o su incorporación a algún plan formal de recuperación dentro de la universidad.
Según el informe “Análisis del Presupuesto Nacional” de Transparencia Venezuela, en 2025 el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria contó con 23 121 millones de bolívares, equivalentes a aproximadamente 484 millones de dólares, lo que representa un decrecimiento real de 17 %, y en esa distribución la Universidad del Zulia recibió cerca de 21,5 millones de dólares, cifras que contrastan con las solicitudes presentadas por la institución, cercanas a 80 millones de dólares.
Para 2026, se propuso un presupuesto cercano a 19,9 mil millones de dólares, según el anuncio realizado por la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez ante la Asamblea Nacional el 4 de diciembre de 2025, lo que implica una reducción de 12 % respecto al año anterior, y aunque se informó una distribución general con un 77,8 % orientado a inversión social, hasta la fecha no han sido publicadas asignaciones desagregadas para las universidades públicas en el ejercicio fiscal correspondiente.
Pese a ese marco presupuestario, la universidad ha publicado y aprobado sus estados financieros correspondientes al período 2018–2024, pero no existe información desagregada por facultad o por proyectos que permita rastrear la ejecución real de los recursos en obras específicas, lo que impide conocer con claridad qué se prioriza, qué permanece paralizado y por qué.
En este contexto, la rectora Judith Aular ha señalado en distintos momentos la existencia de planes de recuperación de infraestructura, mientras que desde el entorno académico circulan comentarios sobre posibles intervenciones tanto en ese espacio como en el comedor central, descrito como “altamente deteriorado” y de “difícil rehabilitación”.

Los estudiantes que hacen el recorrido
Uzcátegui, Albarrán y Soto caminan todos los mediodías de la semana para alimentarse y como ellos, lo hacen decenas de estudiantes del Núcleo Humanístico.
Cada día, el almuerzo deja de ocurrir dentro del núcleo donde debería estar garantizado. Se traslada a otro punto del campus, fuera de su lugar original, bajo condiciones que no dependen de los estudiantes sino de la capacidad del otro comedor, sus horarios y sus límites.
El resultado es una universidad en la que la ley existe, pero el derecho no; en la que el comedor está construido, pero no funciona, y en la que el almuerzo depende de caminar largos trechos para acceder a un servicio que no debería implicar esas condiciones.
*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.



