Dilenis jamás pensó irse de Venezuela. A pesar de la crisis política, económica y social del país, tenía una carrera sólida y próspera como abogada en Ciudad Guayana, estado Bolívar, que le permitió sacar a su familia adelante y una vida estable. Sí pensó en sacar a su hija – recién graduada de la universidad- del país en busca de un mejor futuro, pero Dilenis Rodríguez, esposa y madre de 49 años, mantenía quedarse en su país.
Pero su vida cambió en septiembre de 2022, cuando de una llaga en su boca que no sanó por meses, le diagnosticaron un cáncer de lengua sumamente agresivo e invasivo. Dilenis consultó con cinco oncólogos antes de iniciar su proceso de quimioterapias en octubre. Fueron tres meses de tratamiento antes de proceder en diciembre con una glosectomía, en una clínica privada, para extirpar el carcinoma alojado en su lengua. ”Gracias a Dios yo tenía las condiciones de comenzar a hacer el tratamiento en Venezuela”, comenta aliviada a través de una llamada desde su residencia actual en Manaos.
En tan solo cinco meses, Dilenis había gastado 12 mil dólares estadounidenses en estudios, tratamientos y cirugía, y aún le quedaba una última etapa: radioterapias, que significaban otros 15 mil dólares, ya que debía ser radioterapias 3D, las cuales requieren maquinaria especializada.
Para ese momento, cuenta que dicha máquina existía en los hospitales públicos de solo tres ciudades, Caracas, Maracay y Valencia. Dilenis hizo la solicitud a todos. El de Valencia fue el que le dió la cita más cercana para atenderse con un radiólogo, con ocho meses de espera por delante, en agosto de 2023.
Ella no podía esperar tanto tiempo.
Venezuela atraviesa una grave emergencia humanitaria, con millones de personas que no tienen acceso a una atención de la salud ni a una nutrición adecuada. La ONG venezolana Médicos Por la Salud reflejó en su informe semi anual de 2024 que para julio había un déficit del 60% en la capacidad quirúrgica por infraestructura en los 40 hospitales monitoreados, todos tipo III y IV, centros de alta complejidad que tienen capacidad arquitectónica para alrededor de 10 quirófanos por hospital.
”Al ser tan pocos los quirófanos operativos, es muy común que estos se usen mayormente para cirugías de emergencia, retrasando entonces las llamadas cirugías electivas, que son todas aquéllas que no son emergencias, incluídas las oncológicas, generando así largas listas de espera a nivel nacional”, data el informe.
El retraso afecta de manera importante el avance de la enfermedad. Entre enero y julio de 2024, la ONG registró un promedio de 23 cirugías electivas a la semana por hospital. A estos indicadores, se suman la escasez de insumos quirúrgicos necesarios, como lencería, material descartable, analgésicos mayores y menores, relajantes, anestésicos, con un índice de desabastecimiento de 74%.
Una entrada ”amigable”
Dilenis llegó a una decisión con su familia: emprender un viaje hacia Brasil en busca de su radioterapia. En febrero, partió en transporte privado junto a su esposo a Santa Elena de Uairén, ciudad fronteriza con Pacaraima, Brasil, ubicada a 589 kilómetros de Ciudad Guayana.
Allí descansaron la noche, cruzaron la línea a la mañana siguiente y continuaron con el mismo taxi por 229.2 km hasta llegar a casa de su tía en Boa Vista, donde iniciaría su siguiente etapa.
Desde 2017, más de 1.1 millones de venezolanos han entrado a Brasil, declaró la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Para febrero de 2025, Brasil registró la llegada de 94.726 venezolanos en 2024, recibidos por la Operación Acogida, según datos del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública.En septiembre, Pacaraima se vió abrumada con la llegada de migrantes venezolanos tras las elecciones presidenciales en el país.
La Operação Acolhida es la respuesta humanitaria y de recepción del gobierno brasileño a la crisis migratoria de venezolanos, especialmente en el estado fronterizo de Roraima. Se encargan de brindar asistencia humanitaria, que incluye alojamiento, alimentación, atención médica y apoyo en la regularización migratoria a los migrantes y refugiados. Trabajan en colaboración con organismos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La operación se complementa con la red del Sistema Único de Salud (SUS), – financiada con recursos provenientes de los presupuestos del gobierno, estados, distrito federal y municipios- que brinda acceso a servicios de salud a través de un documento de identidad, como el Registro de Persona Física (Cadastro de Pessoa Física, CPF), según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

El ministerio explicó que en 2024 se presentaron 68.159 solicitudes de reconocimiento de la condición de refugiado, de las cuales 13.632 fueron concedidas, y que Venezuela sigue siendo la principal nacionalidad entre los refugiados reconocidos, con 12.726 personas.
Javier Mata*, un caraqueño que llegó en autobús a Pacaraima en 2022, atravesando 1274,6 km en un día entero de viaje, llegó a la Operación Acogida. Cuenta que la espera allí fue larga, pero recibió comida y los policías fueron amables con él y su familia. Contó que el sistema en Brasil estuvo caído durante esos días y como ya tenían pasajes comprados para Curitiba, tuvieron que salir antes de sacar su documentación el Registro de Persona Física (Cadastro de Pessoa Física, CPF) y Registro Nacional de Migración (RNM). Lo sacaron en dicha ciudad en un proceso más tardado, pero Javier reiteró que ”el protocolo para entrar al país es uno de los más sencillos y amigables en Latinoamérica”.
Dilenis no tuvo que atravesar este proceso inicial. ”Dios me puso un ángel en el camino”, relata.
Desde Venezuela, ella ya contaba con una consulta médica agendada con el Cartón Nacional de Salud (Cartão SUS), documento oficial de identificación para recibir atención del SUS, que le fue otorgada por un amigo, también padeciente de cáncer, que iba y venía de Brasil constantemente para recibir tratamiento.
Un sistema abierto a migrantes
Si bien Javier no migró por razones de salud, en 2023, recibió un gran apoyo del SUS en un momento complicado de su vida.
Durante un chequeo rutinario en una Unidade de Pronto Atendimento (UPA) – un centro de salud presente en muchas ciudades de Brasil-, su padre recibió un diagnóstico mortal tras una placa de tórax y una tomografía en el cerebro. Tenía cáncer de pulmón con metástasis en el cerebro, un golpe muy duro para él y su familia.
”Nos remitieron a un hospital oncológico llamado Erasto Gaertner – en Curitiba-, donde le hicieron exámenes más profundos y lo tuvieron hospitalizado una semana”. Pronto le dieron de alta y lo dejaron llevar a casa, pero al poco tiempo su papá empeoró al punto de caerse cuando intentaba caminar por su cuenta.
Llamaron una ambulancia para llevarlo de vuelta al hospital. El personal de salud lo operó de emergencia para analizar el tipo de tumor y buscar aliviar las dificultades que presentaba, relata Javier. Lamentablemente, tan solo un mes y medio después de su diagnóstico, falleció.
”A pesar de esto y de que los médicos probablemente sabían la poca posibilidad de supervivencia que tenía, lo atendieron lo mejor que pudieron; cosa muy diferente a Venezuela, donde a los enfermos terminales prácticamente los descartan (…) Me queda la tranquilidad que ellos hicieron todo lo que pudieron para ayudarle”, menciona con cierto alivio y nostalgia.
Javier destaca que todo fue gratuito, desde los exámenes y la estadía en el hospital hasta la operación.
En diciembre de 2022, la OPS declaró que en el país, el 100 % de las personas migrantes venezolanas se encontraban cubiertas por el SUS. ”Las poblaciones de migrantes venezolanos que llegan a Brasil tienen altas tasas de deficiencias nutricionales, incluidos trastornos de micronutrientes”.
En busca de una cura
Dilenis comenzó su proceso de radioterapias en junio de 2023. Al llegar hizo sus exámenes y para abril ya tenía todos sus estudios. En el proceso de espera sacó sus documentos de identidad como migrante en Boa Vista, con la ayuda de su tía.
En abril fue remitida a la Fundação Centro de Controle de Oncologia do Amazonas (Fundación Cecon), en Manaos – a 747 km de Boa Vista- , un centro especializado para atender su condición. Allí estuvo luchando junto a su esposo para mantenerse con el dinero que trajeron de Venezuela, pagando alquiler y alimentos especiales para su dieta, pero sostuvo que nunca les faltó nada.

Tuvo que esperar mes y medio por la elaboración de una máscara termoplástica para su radioterapia -que asegura la posición correcta del paciente durante cada sesión y minimiza el riesgo de dañar tejido sano-, y cuando estuvo lista, el 11 de junio inició su largo tratamiento.
Ese mismo mes, comenzó a recibir una ayuda económica del gobierno brasileño, Tratamiento Fuera del Domicilio (TFD), un derecho de los pacientes que residen en municipios donde no existe la atención especializada que necesitan, lo que mejoró significativamente su situación.
En agosto, con 36 radios, terminó su tratamiento. Destacó que la atención de los médicos fue ”excelente” en todo momento, y como Javier, no tuvo que cancelar nada por el proceso de inicio a fin.
Hoy día, Dilenis está sana, libre de cáncer, pero aún debe continuar haciéndose controles clínicos por cinco años, según su médico, por lo que se mantendrá en Brasil. Ella cuenta que conoció a varios venezolanos en la misma situación que ella, como el papá de Javier, varios murieron en el proceso, pero no sin antes ser atendidos.
Si bien los procesos pueden demorarse, no deja de agradecerle a Dios y al país que le abrió las puertas, le dió la oportunidad de completar su tratamiento y le otorgó otro chance para vivir un día a la vez junto a su esposo e hija.

*El nombre fue cambiado a petición de la fuente.




