Manuel Llorens, “Hay un trabajo enorme en cuanto a justicia restaurativa”

Es una escena que muchos venezolanos conocen: se para una camioneta de algún organismo armado del estado frente a una vivienda, entran los oficiales -muchas veces a la fuerza-, intimidan a la familia y toman a la persona que buscan. Posteriormente, la familia va a buscarlo. No aparece en una sede, no aparece en otra. Preguntan y preguntan hasta que dan con él. El proceso por liberarlo se vuelve largo y agobiante. Y dentro del plantel, se dan vejaciones indescriptibles, tanto físicas como psicológicas. El crimen: haber alzado la voz contra el régimen.

El psicólogo Manuel Llorens conoce muy bien las historias los venezolanos que han pasado por esa situación: ha atendido a multitud de expresos. Como integrante de la ONG Voces de la Memoria, cuyos miembros se encuentran dispersos en diferentes países. Trabaja para el rescate y divulgación de la memoria histórica de quienes han visto sus derechos vulnerados por parte del Estado. Su director actual, el periodista Víctor Navarro, soportó las vejaciones por parte de los cuerpos represores durante el tiempo que estuvo capturado. El proyecto Realidad Helicoide, reconstruye en 3D y con realidad aumentada lo que constituye el mayor centro de torturas del régimen; se ha presentado en 17 países, en espacios como universidades o foros internacionales.

Y es una situación bien documentada: Human Rights Watch, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la ONU han hecho publicaciones al respecto de manera reiterada. La prisión política, el aislamiento, la tortura, la intimidación a familiares de la persona apresada son mecanismos normalizados por el Estado venezolano para silenciar a opositores.

El acompañamiento psicológico de los expresos políticos es parte de su trabajo. Manuel Llorens, licenciado en Psicología en la Universidad Católica Andrés Bello -donde actualmente es docente-, con una especialización en Psicología Clínica en el Hospital Universitario de Caracas y una maestría en Psicología Comunitaria en la Universidad Metropolitana de Manchester.

Llorens recuerda la importancia de sostener el vínculo con quien ha vivido la prisión política. Foto cortesía Balonazos.com

Tras la detención de Nicolás Maduro, en Venezuela ha tenido lugar un proceso aún incompleto de liberación de presos políticos. Foro Penal, ONG que monitorea las liberaciones, estima que para la fecha de hoy aún quedan más de 300. Pero el trabajo que ha tenido Voces de la Memoria ha sido monumental debido a la cantidad de casos a atender. Y después del 03 de enero, se multiplicó el trabajo. La recuperación de la cotidianidad es un proceso complejo después de un trauma semejante.

¿Has notado patrones que se repitan en cada caso o la mayoría de los casos de los expresos políticos?

Si bien podemos hablar de patrones, cada caso es único, tanto por las características individuales como por las maneras en que lo ha vivido. La prisión política somete a la persona a un aislamiento injusto, a una arbitrariedad incierta, y en casi todas las ocasiones, a torturas físicas y psicológicas. En el rango de post traumático hablamos de trauma complejo cuando la persona vive experiencia de amenaza extrema de manera continua bajo cautiverio y eso produce efectos como: hiperreactividad, la persona tiene tendencia al sobresalto, alerta de cualquier posible amenaza; eso viene con dificultad para dormir o relajarse, pensamientos recurrentes sobre la experiencia traumática. Luego está el tema de las pérdidas: su vida, reputación, oportunidades, familia, salud. Todo eso implica duelo y depresión, eso es frecuente encontrarlo. Pero estoy diciendo cosas que pueden manifestarse de forma distinta según el caso.

¿Los expresos políticos están presentando dificultades para adaptarse a la vida doméstica, familiar y laboral?

El impacto también es para toda la familia. Toda la familia sufre mucho. Y la incertidumbre de qué pasará con el familiar, la idea de que están sufriendo situaciones extremas, el abuso que enfrentan lidiando con la arbitrariedad del sistema judicial y penitenciario, eso genera un gran sufrimiento. Allí encontramos impactos que son importante registrar y acompañar. Al salir, toda la familia tiene que hacer un reajuste para los niños, quienes enfrentan un distanciamiento de una figura adulta importante -sea un padre, un abuelo, un tío-, todos los miembros han tenido situaciones de estrés; muchas veces también sufren la estigmatización. Entonces cuando sale la persona hay reajusta las rutinas y las labores para generar ingresos, cuidar a pequeños o participar en las labores. Hay que acompañar al familiar que sale de la prisión afectada. Todo eso es una carga difícil de llevar.

¿Qué papel cumplen las familias en sus procesos de retorno al escenario civil?

Que se sostenga el vínculo con quien ha vivido la prisión política es muy importante. Todos hablan de que seguían pensando en sus vínculos, por eso las cartas son muy importantes. Y después, el grupo de apoyo es clave para su recuperación, que vuelven a un sitio donde se les honra por lo que han tenido que sacrificar y se les quiere. Los familiares deben tener paciencia, a veces el reencuentro es más difícil de lo que pensaban porque la persona está afectada; deben esperar a que se vaya reconectando con la vida. Pero también es clave la denuncia, indignación y registro de injusticia para aliviar un poquito el sentido de injusticia que han vivido. La justicia se vuelve una necesidad psicológica imperiosa. Por ende, toda la sociedad tiene un papel que cumplir en restaurar la dignidad y ayudar a sanar a las víctimas de persecución política.

¿Cómo están manejando los casos de expresos políticos que han perdido a familiares cuando estaban en prisión?

Hemos encontrado muchas pérdidas surgidas por la situación política o por la situación del país. También hay casos donde familiares murieron cuando la persona estaba en la cárcel y parte del dolor es que se les privó de la oportunidad de despedirse. También hay casos de exilios, ha habido liberaciones donde han llevado a la persona a un aeropuerto, entonces hay una pérdida masiva: su familia, su proyecto de vida, su trabajo, su vecindario y el sentido de lo que estaba haciendo. El intento de apoyar es un esfuerzo de colaboradores distintos, tanto ONGs como redes espontaneas que han surgido entre activistas, familiares, personas de la diáspora que tienden la mano. Lo primero es ayudar a insertar a la persona en una red, y esta ofrece diferentes cosas según sus recursos disponibles, entre eso, apoyo emocional. Se maneja tratando de ofrecer un espacio de contención para tramitar un duelo compartiendo el dolor y consiguiendo maneras de expresar aquello que se ha perdido, darle sentido. En paralelo a la pérdida material, también se intenta vincularla a oportunidades de educación o trabajo, hay expresos que tienen iniciativas de involucrar a otros en emprendimientos, grupos de ayuda, grupos musicales…Eso ayuda.

¿Qué papel cumple la ciudadanía -ONGs, medios de comunicación, vecinos, etc- para apoyarlos?

Llorens: Tiene que haber procesos serios, transparentes y comprometidos de justicia. Foto: https://realidadesindira.wordpress.com/

Sin duda cumple un lugar importantísimo: que se mantenga en mente su sufrimiento, que se comparta la indignación, que se reconozca públicamente lo sufrido. Todo eso tiene efectos sanadores, porque hace pensar al expreso político que no está solo, ve que otros se conduelen. Algunas víctimas destacan el papel central que han tenido las ONGs a sostener la esperanza, a tener acompañamiento durante la prisión y después de la liberación. Hay iniciativas que tendrán que ser reconocidas más adelante porque tienen que operar de forma sigilosa por apoyar los casos de los presos políticos. Abogados, médicos, psicólogos, centros de derechos humanos, todos han sido valiosos para apoyarlos.

¿Qué medidas deberá tomar el Estado venezolano para apoyar psicológicamente a los expresos políticos?

Tiene que haber procesos serios, transparentes y comprometidos de justicia. Eso significa que hay que nombrar y visibilizar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado, identificar a los perpetradores y a los que dictaron las órdenes. Ese sería un primer paso para restituir la justicia. Tiene que haber normas claras que aseguren que eso no se repita y medidas de reparación de todo tipo, tanto simbólicas -que son importantísimas- como materiales por los daños que han sufrido los expresos políticos. Hay un trabajo enorme que tiene el país por delante en cuanto a justicia restaurativa, que necesita el país para pasar a una fase de vida colectiva sana donde se pueda empezar a confiar en la autoridad. Por ahora, está muy lejos de verse, pero es indispensable si de una sanación estamos hablando.

Se han documentado agresiones sexuales contra mujeres y personas de la comunidad LGBTIQ+ en escenarios de prisión política, y en menor medida, contra hombres. ¿Qué complejidades aparecen en estos casos?

Sí, existen denuncias del uso de la violencia sexual contra mujeres y personas de la comunidad LGBTIQ+, y ha sido reportado por la Misión Internacional Independiente. Eso significa que además de los horrores de la persecución política, se suman otras expresiones de abuso y discriminación especificas al grupo identitario. Es difícil cuantificar la severidad del daño; todo acto de tortura es terrible, pero, sin duda, la violencia sexual como tortura produce mucho sufrimiento. Además, suele venir con vergüenza. Muchas personas que la han padecido dudan antes de denunciarlo por temor a ser expuestas al escarnio público. Es un tipo especialmente lesivo de abuso. También hay casos de abusos sexuales contra hombres. Ya desde el 2013, hubo denuncias de violaciones a estudiantes varones; ya estaban aplicando el abuso sexual como herramienta de intimidación.

¿El tiempo que permanezca una persona en prisión por motivos políticos influye en su trauma?

El tiempo es una de las variables; por supuesto que genera impacto. Mientras más prolongado sea el aislamiento, la persona sufre más pérdidas y más dolor sostenido. Pero los encarcelamientos breves igualmente pueden ser muy traumáticos. No necesariamente está definida por la longitud del tiempo la gravedad del daño.

¿Podría decirse que la sociedad venezolana, en conjunto, tiene un trauma colectivo?

Sí, absolutamente. Nosotros hablamos de trauma psicosocial desde los años 80. Entendemos que el daño no es solo al individuo que vivió el trauma, sino al tejido social. Es decir, a las relaciones entre los miembros de la sociedad y de la sociedad con las instituciones. Las relaciones entre los miembros de la sociedad y de la sociedad con las instituciones quedan perjudicadas. Se hace mucho más difícil poder restablecer lazos de convivencia y solidaridad. La sanación y restitución no pasan solo por atender al individuo que ha sufrido los abusos en carne propia, sino por hacer reconocimiento público y buscar justicia, que son las herramientas que permiten sanar el tejido social dañado.

El psicólogo Manuel Llorens conoce muy bien las historias los venezolanos que han pasado por detenciones arbitrarias y si bien se puede hablar de patrones, cada caso es único, tanto por las características individuales como por las características de lo vivido. La prisión política somete a la persona a un aislamiento injusto, a una arbitrariedad incierta, y en casi todas las ocasiones, a torturas físicas y psicológicas.
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Es una escena que muchos venezolanos conocen: se para una camioneta de algún organismo armado del estado frente a una vivienda, entran los oficiales -muchas veces a la fuerza-, intimidan a la familia y toman a la persona que buscan. Posteriormente, la familia va a buscarlo. No aparece en una sede, no aparece en otra. Preguntan y preguntan hasta que dan con él. El proceso por liberarlo se vuelve largo y agobiante. Y dentro del plantel, se dan vejaciones indescriptibles, tanto físicas como psicológicas. El crimen: haber alzado la voz contra el régimen.

El psicólogo Manuel Llorens conoce muy bien las historias los venezolanos que han pasado por esa situación: ha atendido a multitud de expresos. Como integrante de la ONG Voces de la Memoria, cuyos miembros se encuentran dispersos en diferentes países. Trabaja para el rescate y divulgación de la memoria histórica de quienes han visto sus derechos vulnerados por parte del Estado. Su director actual, el periodista Víctor Navarro, soportó las vejaciones por parte de los cuerpos represores durante el tiempo que estuvo capturado. El proyecto Realidad Helicoide, reconstruye en 3D y con realidad aumentada lo que constituye el mayor centro de torturas del régimen; se ha presentado en 17 países, en espacios como universidades o foros internacionales.

Y es una situación bien documentada: Human Rights Watch, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la ONU han hecho publicaciones al respecto de manera reiterada. La prisión política, el aislamiento, la tortura, la intimidación a familiares de la persona apresada son mecanismos normalizados por el Estado venezolano para silenciar a opositores.

El acompañamiento psicológico de los expresos políticos es parte de su trabajo. Manuel Llorens, licenciado en Psicología en la Universidad Católica Andrés Bello -donde actualmente es docente-, con una especialización en Psicología Clínica en el Hospital Universitario de Caracas y una maestría en Psicología Comunitaria en la Universidad Metropolitana de Manchester.

Llorens recuerda la importancia de sostener el vínculo con quien ha vivido la prisión política. Foto cortesía Balonazos.com

Tras la detención de Nicolás Maduro, en Venezuela ha tenido lugar un proceso aún incompleto de liberación de presos políticos. Foro Penal, ONG que monitorea las liberaciones, estima que para la fecha de hoy aún quedan más de 300. Pero el trabajo que ha tenido Voces de la Memoria ha sido monumental debido a la cantidad de casos a atender. Y después del 03 de enero, se multiplicó el trabajo. La recuperación de la cotidianidad es un proceso complejo después de un trauma semejante.

¿Has notado patrones que se repitan en cada caso o la mayoría de los casos de los expresos políticos?

Si bien podemos hablar de patrones, cada caso es único, tanto por las características individuales como por las maneras en que lo ha vivido. La prisión política somete a la persona a un aislamiento injusto, a una arbitrariedad incierta, y en casi todas las ocasiones, a torturas físicas y psicológicas. En el rango de post traumático hablamos de trauma complejo cuando la persona vive experiencia de amenaza extrema de manera continua bajo cautiverio y eso produce efectos como: hiperreactividad, la persona tiene tendencia al sobresalto, alerta de cualquier posible amenaza; eso viene con dificultad para dormir o relajarse, pensamientos recurrentes sobre la experiencia traumática. Luego está el tema de las pérdidas: su vida, reputación, oportunidades, familia, salud. Todo eso implica duelo y depresión, eso es frecuente encontrarlo. Pero estoy diciendo cosas que pueden manifestarse de forma distinta según el caso.

¿Los expresos políticos están presentando dificultades para adaptarse a la vida doméstica, familiar y laboral?

El impacto también es para toda la familia. Toda la familia sufre mucho. Y la incertidumbre de qué pasará con el familiar, la idea de que están sufriendo situaciones extremas, el abuso que enfrentan lidiando con la arbitrariedad del sistema judicial y penitenciario, eso genera un gran sufrimiento. Allí encontramos impactos que son importante registrar y acompañar. Al salir, toda la familia tiene que hacer un reajuste para los niños, quienes enfrentan un distanciamiento de una figura adulta importante -sea un padre, un abuelo, un tío-, todos los miembros han tenido situaciones de estrés; muchas veces también sufren la estigmatización. Entonces cuando sale la persona hay reajusta las rutinas y las labores para generar ingresos, cuidar a pequeños o participar en las labores. Hay que acompañar al familiar que sale de la prisión afectada. Todo eso es una carga difícil de llevar.

¿Qué papel cumplen las familias en sus procesos de retorno al escenario civil?

Que se sostenga el vínculo con quien ha vivido la prisión política es muy importante. Todos hablan de que seguían pensando en sus vínculos, por eso las cartas son muy importantes. Y después, el grupo de apoyo es clave para su recuperación, que vuelven a un sitio donde se les honra por lo que han tenido que sacrificar y se les quiere. Los familiares deben tener paciencia, a veces el reencuentro es más difícil de lo que pensaban porque la persona está afectada; deben esperar a que se vaya reconectando con la vida. Pero también es clave la denuncia, indignación y registro de injusticia para aliviar un poquito el sentido de injusticia que han vivido. La justicia se vuelve una necesidad psicológica imperiosa. Por ende, toda la sociedad tiene un papel que cumplir en restaurar la dignidad y ayudar a sanar a las víctimas de persecución política.

¿Cómo están manejando los casos de expresos políticos que han perdido a familiares cuando estaban en prisión?

Hemos encontrado muchas pérdidas surgidas por la situación política o por la situación del país. También hay casos donde familiares murieron cuando la persona estaba en la cárcel y parte del dolor es que se les privó de la oportunidad de despedirse. También hay casos de exilios, ha habido liberaciones donde han llevado a la persona a un aeropuerto, entonces hay una pérdida masiva: su familia, su proyecto de vida, su trabajo, su vecindario y el sentido de lo que estaba haciendo. El intento de apoyar es un esfuerzo de colaboradores distintos, tanto ONGs como redes espontaneas que han surgido entre activistas, familiares, personas de la diáspora que tienden la mano. Lo primero es ayudar a insertar a la persona en una red, y esta ofrece diferentes cosas según sus recursos disponibles, entre eso, apoyo emocional. Se maneja tratando de ofrecer un espacio de contención para tramitar un duelo compartiendo el dolor y consiguiendo maneras de expresar aquello que se ha perdido, darle sentido. En paralelo a la pérdida material, también se intenta vincularla a oportunidades de educación o trabajo, hay expresos que tienen iniciativas de involucrar a otros en emprendimientos, grupos de ayuda, grupos musicales…Eso ayuda.

¿Qué papel cumple la ciudadanía -ONGs, medios de comunicación, vecinos, etc- para apoyarlos?

Llorens: Tiene que haber procesos serios, transparentes y comprometidos de justicia. Foto: https://realidadesindira.wordpress.com/

Sin duda cumple un lugar importantísimo: que se mantenga en mente su sufrimiento, que se comparta la indignación, que se reconozca públicamente lo sufrido. Todo eso tiene efectos sanadores, porque hace pensar al expreso político que no está solo, ve que otros se conduelen. Algunas víctimas destacan el papel central que han tenido las ONGs a sostener la esperanza, a tener acompañamiento durante la prisión y después de la liberación. Hay iniciativas que tendrán que ser reconocidas más adelante porque tienen que operar de forma sigilosa por apoyar los casos de los presos políticos. Abogados, médicos, psicólogos, centros de derechos humanos, todos han sido valiosos para apoyarlos.

¿Qué medidas deberá tomar el Estado venezolano para apoyar psicológicamente a los expresos políticos?

Tiene que haber procesos serios, transparentes y comprometidos de justicia. Eso significa que hay que nombrar y visibilizar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Estado, identificar a los perpetradores y a los que dictaron las órdenes. Ese sería un primer paso para restituir la justicia. Tiene que haber normas claras que aseguren que eso no se repita y medidas de reparación de todo tipo, tanto simbólicas -que son importantísimas- como materiales por los daños que han sufrido los expresos políticos. Hay un trabajo enorme que tiene el país por delante en cuanto a justicia restaurativa, que necesita el país para pasar a una fase de vida colectiva sana donde se pueda empezar a confiar en la autoridad. Por ahora, está muy lejos de verse, pero es indispensable si de una sanación estamos hablando.

Se han documentado agresiones sexuales contra mujeres y personas de la comunidad LGBTIQ+ en escenarios de prisión política, y en menor medida, contra hombres. ¿Qué complejidades aparecen en estos casos?

Sí, existen denuncias del uso de la violencia sexual contra mujeres y personas de la comunidad LGBTIQ+, y ha sido reportado por la Misión Internacional Independiente. Eso significa que además de los horrores de la persecución política, se suman otras expresiones de abuso y discriminación especificas al grupo identitario. Es difícil cuantificar la severidad del daño; todo acto de tortura es terrible, pero, sin duda, la violencia sexual como tortura produce mucho sufrimiento. Además, suele venir con vergüenza. Muchas personas que la han padecido dudan antes de denunciarlo por temor a ser expuestas al escarnio público. Es un tipo especialmente lesivo de abuso. También hay casos de abusos sexuales contra hombres. Ya desde el 2013, hubo denuncias de violaciones a estudiantes varones; ya estaban aplicando el abuso sexual como herramienta de intimidación.

¿El tiempo que permanezca una persona en prisión por motivos políticos influye en su trauma?

El tiempo es una de las variables; por supuesto que genera impacto. Mientras más prolongado sea el aislamiento, la persona sufre más pérdidas y más dolor sostenido. Pero los encarcelamientos breves igualmente pueden ser muy traumáticos. No necesariamente está definida por la longitud del tiempo la gravedad del daño.

¿Podría decirse que la sociedad venezolana, en conjunto, tiene un trauma colectivo?

Sí, absolutamente. Nosotros hablamos de trauma psicosocial desde los años 80. Entendemos que el daño no es solo al individuo que vivió el trauma, sino al tejido social. Es decir, a las relaciones entre los miembros de la sociedad y de la sociedad con las instituciones. Las relaciones entre los miembros de la sociedad y de la sociedad con las instituciones quedan perjudicadas. Se hace mucho más difícil poder restablecer lazos de convivencia y solidaridad. La sanación y restitución no pasan solo por atender al individuo que ha sufrido los abusos en carne propia, sino por hacer reconocimiento público y buscar justicia, que son las herramientas que permiten sanar el tejido social dañado.

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