Están presionados por la realidad de su inmenso desastre ético, económico, social y polÃtico, tratando de enredar un tema en el cual estamos de acuerdo: la propiedad venezolana del Esequibo no está en discusión
La pregunta solo la puede responder usted de acuerdo a su conocimiento, conciencia y convicción. El territorio en reclamación es una constante desde cuando finalizó la guerra de independencia, sin olvidar la sinvergüenzura británica e irresponsabilidad venezolana.
Venezuela se extendÃa de oeste a este desde el rÃo Táchira hasta el rÃo Esequibo. Pero entre lejanÃas a caballo y trampas polÃticas, militares que exigÃan premios –adueñándose algún tiempo del poder– y civiles desvergonzados que los apoyaban o aprovechaban; ingleses por una parte y brasileños por la otra fueron empujando los mojones fronterizos cada vez un poco más allá.
Y Venezuela, con algún pequeño respaldo estadounidense, decidió recurrir –a falta de poderÃo militar– a la justicia internacional, y el reclamo territorial se planteó jurÃdicamente. Desde entonces uno tras otro los gobiernos han sostenido la reclamación. Pero seguimos sin el territorio Esequibo.
El Esequibo se pierde en los delirios de Chávez
Chávez fue electo y de inmediato siguió los consejos pérfidos e interesados de Fidel quien, en el caso de Venezuela vs. Guayana Británica, después Guyana, decidió en secreto que su delirio de ser figura universal estaba en el Caribe y los guyaneses. Venezuela ya era suya y los paÃses del Caribe eran votos en ONU y OEA.
En medio de su alucinación decidió que las gestiones judiciales nada valÃan y que, con su embrujo, serÃa un lÃder mundial. Se fue a sonreÃr en Georgetown, exponer sandeces y decir vaciedades pensando que los demás eran más pendejos que él.
Asumamos –por un momento– que el Esequibo se perdió gracias a la confusión e interpretación personal, ingenua y torpe de la gloria insuflada por Fidel, su Ãdolo embustero y manipulador. Fue Castro quien entusiasmó al ignorante militar por los caminos que querÃa Guyana y alrededor del cual se arremolinaban los caribeños formados por los ingleses que, igual que en el Medio Oriente, organizan a la carrera y dejan los problemas pendientes antes del té de la tarde.
Abrazando al enemigo
Chávez abrazó al enemigo y creyó que ocuparÃa el lugar histórico que, según los castro-comunistas cubanos y venezolanos, ejercÃa aquél majareta que se las ingenió para arruinar Cuba, paÃs al que le dejó como única herencia el hambre y la miseria.
Agasajado con sorpresa en Georgetown, no fue patriota. No pensó en Venezuela ni en su carrera militar ni en las promesas a los venezolanos de todas las condiciones civiles y militares. Pensó en él, igual que ahora sus herederos ante el desastre que los obliga a sopesar el peligro de lo que pueda cavilar, en el escaso momento luminoso de mÃster Biden, y el riesgo forzoso de hacer el fraude para no ser aplastados por la votación en su contra. Están presionados por la realidad de su inmenso desastre ético, social, polÃtico y administrativo, tratando de enredar un tema en el cual estamos de acuerdo: la propiedad venezolana del Esequibo no está en discusión.
Los guyaneses, están al corriente del referendo consultivo –que no es vinculante en la CIJ– que los jerarcas castro-maduristas convocan. Saben que es una triquiñuela de la polÃtica interna para obtener algo de popularidad ante las elecciones de 2024, que en lo legÃtimo ya perdieron.
Y están conscientes que la Casa Blanca se preocupa por el tema petrolero complicado por dos guerras que cuestan billones de dólares, ubicándolos en gran riesgo. Quizás hagan alguna declaración pomposa cuando el régimen eche a la basura Barbados. Sin embargo, cualquier análisis será con Chevron, no con Miraflores; que, como a niño travieso, le harán alguna reprimenda, tratando de corregir necedades.
Si usted quiere vaya a votar en el referendo, es su derecho. La defensa de Guyana ahora apoyada por las petroleras seguirá. Entra el dinero a jugar y la Venezuela castro-madurista se queda sin amigos, ni siquiera con una industria petrolera capaz de arreglar las cosas.
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