De izq. a der., RodrÃguez Zapatero, Pablo Iglesias y Baltasar Garzón. Fotos de Wikimedia Commons / Composición: Runrun.es
Es posible que tengamos que convivir con la covid-19 durante meses o años, dicen cientÃficos virólogos y otros expertos. Ya hay experiencias previas. La gente tiene que envalentonarse y saber que el enemigo es invisible. El izquierdismo trasnochado se le parece, por cierto: es completamente invisible pero circula. Hay que lavarse las manos a fondo.
¿Cómo saber, si es invisible como el coronavirus y no lo vemos echar espuma por la boca? Yo no he visto a Pablo Iglesias echar espuma por la boca, pero tampoco, nunca, vi a Chávez en eso.
En todo caso, hay que estar conscientes: ese tipo de izquierdismo es una patologÃa, una covid-19, un sÃndrome enquistado en las neuronas de mucha gente, que lo lleva y quizás es asintomática… a menos que se le escape algo en un tuit. Hay venezolanos que añoran su juventud tirapiedras en la tierra de nadie de la UCV. Como dirÃa Bob Dylan, ¡ah!, pero entonces éramos más viejos de lo que somos ahora.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio (eso lo ha dicho no Dylan sino Serrat, izquierdista visible y sin rabia).
Una carretera secundaria es el feminismo militante, negado a ver la violencia de manera holÃstica, como fenómeno social y no sectorizado por género, compartimentado. El partido Unidas Podemos, en España, busca su target en la rabia de las mujeres, sea justificada o no. Y el gobierno de Sánchez anda en lo mismo: de allà la burrada que cometieron ambos el 8 de marzo, al promover la expansión del mortÃfero virus a sabiendas de que la pandemia ya era inminente.
La pubertad es una enfermedad que se cura con el tiempo pero en el entretanto produce fantasmas, empuja a desatinos y aventuras suicidas para salvar al mundo.  Durante mucho tiempo, Venezuela vivió en la pubertad. ¿Lo sigue haciendo?
La corrupción de estos tres personajes es por revanchismo: España les debe algo. El franquismo les debe algo (por supuesto, a toda España, no solo a ellos). Su vecindario, seguramente, les debe algo. El dueño de Zara o de Repsol les debe algo y ellos van a sacárselo, mediante chantaje o sirviéndole como intermediarios ante gobiernos latinoamericanos. Los tres han hecho polÃtica, carrera y dinero haciendo uso del carácter noble, pero también ofuscadamente adolescente, del pueblo español.
Erich Fromm, que sabe de cabellos en la cabeza de cada quien porque es su especialidad, dijo que el carácter es el destino del hombre. A los españoles, sobre todo a seguidores del PSOE y de Izquierda Unida, se les ha caÃdo la baba siempre por la infame satrapÃa castrista. Lo primero que hizo Sánchez al encaramarse al poder fue viajar a Cuba, departir con Raúl, su pana Raúl.
Una noche estaba Baltasar Garzón en el principal auditorio de Casa de América, en un foro sobre Derechos Humanos en América Latina. Habló bien, habló con datos. No es ningún improvisado. Al final me le acerqué y le propuse una entrevista, le dije que saldrÃa en un portal venezolano, que él podÃa decir cosas interesantes. Me miró por un instante y me dijo que hablara con Pepito Pérez en su Fundación. Traté de que me diera un teléfono pero ya estaba atendiendo, ágil, a otras personas que requerÃan su atención.
Conseguà los teléfonos, llamé a «Pepito Pérez» y, como temÃa, nunca estuvo para mÃ.
Baltasar tiene una Fundación, okey. En sà mismo él es toda una institución. Pero no tendrÃa por qué temer a ningún periodista venezolano radicado en Madrid, ¿no? Lo hubiese entrevistado con delicadeza y le habrÃa preguntado cosas directas y sencillas como «¿cuánto dinero tiene usted, juez, en su cuenta en Andorra?»
¿Qué es la izquierda, hoy en dÃa? Una consigna, un talismán, un muñequito vudú que hace milagros todavÃa. El parapeto de una cúpula enquistada en el poder en uno de los paÃses más hermosos y ricos del mundo, cúpula apoyada por gobiernos que una vez fueron comunistas pero hoy no se sabe lo que son, porque su ideologÃa, si la tienen, es pastosa, informe, invisible para las entendederas del resto del mundo.
Al menos, antes el mundo sabÃa a qué atenerse.
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Ha habido gente en el Twitter burlándose de los venezolanos que creyeron (y siguen creyendo) ver en Trump un salvador, alguien que con poder bélico le dé una lección definitiva al narcogobierno. Pero he aquà que a Trump, fiel a su naturaleza atrabiliaria, se le salió alguna barrabasada sobre Guaidó y enseguida salieron los nostálgicos de la izquierda fracasada con un «qué, ¿van a seguir creyendo?, ahà lo tienen al Trump, ¿qué dicen ahora, ah?»
Resulta que es una ingenuidad y una boberÃa pretender que los venezolanos, ese pueblo que padece lo indecible, no cifren sus esperanzas en quien sea. Es una crueldad de los que no saben empatizar, ni tienen agallas para ponerse en los zapatos de los más desdichados, los que permanecen.
En fin. No se puede destruir al virus SARS-CoV-2, que ha penetrado en las paredes celulares, bebiendo galones de agua caliente. Con eso no haces nada. Solo irás al baño con más frecuencia. Lo que debes hacer es estar bien claro en que si el periódico El PaÃs es amigo de Sánchez y de Zapatero y les hace la pelota a ambos (como se dice vulgarmente en España), y Sánchez gobierna con Iglesias, e Iglesias y Baltasar tienen el mismo carácter revanchista y saqueador, ¿qué demonios más necesitas para saber el resultado de esa ecuación?
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