Un fantasma que no descansa, por Samuel González-Seijas - Runrun
Un fantasma que no descansa, por Samuel González-Seijas
Monumento a las Víctimas del Comunismo. Foto Lanzoficial / Wikimedia Commons, 2012.

@lectordepaso 

Un fantasma recorre Suramérica, el fantasma del totalitarismo. Incluso, ya hay un país en que ese espectro, más temible que toda la burguesía junta, pequeña o grande, está dejando sus hijos monstruosos, que son Terror, Latrocinio, Homicidio, Delación. Y también dos niñas, fantasmitas incansables, ánimas malditas: Burla y Descaro. El fantasma mayor se las sienta en las piernas y les da de comer.

¿Qué diría el gran Marx de estos ectoplasmas salidos de su guante, de sus paseos por los cafés de Londres, de sus conversas y solicitudes de dinero a su amigo Engels? ¿Qué diría? No habrá que echarle la culpa de todo al pobre, que un hombre que gasta sus días quemándose las pestañas en la biblioteca del Museo Británico no puede llevar sobre sí semejantes toneladas. Pensemos, mejor, que los desvíos a sus muy loables teorías políticas, económicas y revolucionarias, terminaron en la cocina de los hacedores de muertos, es decir, de los buenos revolucionarios bolcheviques, primero, y de otras razas de buenos salvajes de la política, luego.

Hay un Fidel por ahí, médium adelantado en hablar con fantasmas terribles y ponerlos a trabajar.

Hace poco más de una semana, en un país de esa Suramérica fantasmal, un personaje de la política del día, que no se debe mencionar para no darle un minuto adicional de vida, amenazó a la Academia de Matemáticas y Ciencias Naturales por el hecho de que esta había anunciado y alertado la progresión brutal de los contagios de la pandemia que está asolando el planeta en este 2020, en ese país. Los voceros de la institución establecieron sus opiniones sobre métodos y modelos científicos de medición, lo cual arrojó hipótesis predictivas que cualquiera, en la situación apremiante en que se encuentra, valora y necesita para saber qué puede afrontar y a qué podría recurrir para salvarse…

Pero he aquí que el espectro que recorre Suramérica lo cogió por el cuello y le mostró los dientes. Pasó lo que siempre pasa en esas situaciones y que la historia muestra con fehaciente claridad: el poder total hace lo que le place con los individuos, los vacía, los lava, intenta incansablemente sacarle las vísceras y poner allí un relleno atroz, siempre caliente: miedo, confusión, huida. Porque no otra cosa buscaba aquella amenaza del personaje, sino estofar malamente el vientre de los que ya padecemos bastante. Porque a la verdad hay que ladrarle para que se espante, hay que apuntarla con el mejor calibre para que no asome.

Esa es la herencia de los falderos de Marx, los canes labradores que no sueltan su presa nunca. Dicen que hubo un Lenin, dicen que hubo un Stalin. La escuela de espectros no ha clausurado, y de tanto en tanto salen de ella nuevas promociones de alumnos adelantados que no tardan en reactualizar su cartilla de muerte.

 

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