Con este título Erich Fromm nos lleva al análisis de la naturaleza humana, al proceso evolutivo, su intercambio con el entorno, con sus semejantes y al manejo de la autoridad como parte de esa libertad a la que muchas veces le tememos por los sacrificios que implicaría luchar por ella y no contra ella.
Según este texto que hoy nos sirve de referencia, el autor nos plantea los dos tipos de libertad con las que cuenta el individuo, interesante punto de partida para que la reflexión se convierta en un acto racionalmente útil. La “libertad de”, esa que le atribuimos a los atajos que utilizamos para zafarnos de situaciones incómodas y desagradables. Esta forma de comportamiento, a veces compulsivo muchas veces traslada el mismo problema a una dimensión más difícil de manejar. Por otra parte, el autor se refiere a “la libertad para” como un hecho racional, medido y compartido, útil para construir espacios de solución, en términos de ganar-ganar.
Es aquí donde cabe la pregunta si la mayoría de los venezolanos sólo queremos “librarnos del Gobierno”, “librarnos de Hugo Chávez”, “librarnos de esta pesadilla”. Si fuera así, estaríamos cometiendo un error infinito, ya que en la desesperación de desechar una situación conflictiva y decadente, podemos abrirle las puertas a un estadio de descomposición tal vez mayor que el actual. Hecho inverosímil para algunos, pero con probabilidades reales.
El planteamiento real es que los venezolanos necesitamos “libertad para” ya que el tema no es librarnos de Hugo Chávez. El reto es asumir el compromiso de forma individual y colectiva para construir un país diferente para todos, y en este sentido, debemos comenzar por asumir nuestras propias responsabilidades. Hugo Chávez no llega al poder por sí mismo ni se ha mantenido en él sin la ayuda de sus partidarios y de muchos venezolanos que lo adversan, pero que se esconden en la conveniencia del silencio para evitar las consecuencias de expresar públicamente el disenso como recurso legal de una democracia.
Debemos ser libres para reconstruir las instituciones públicas que le den marco a un Estado que respete los Derechos Humanos, que garantice la seguridad social, que respete la propiedad privada, que favorezca la regeneración del tejido social, desgarrado desde hace muchos años, y hoy atravesando una profunda crisis de valores.
Quienes deciden no participar en la recuperación de nuestra democracia, no ejercen su libertad para cambiar las cosas, pero seguramente desean estar libres de las consecuencias de un gobierno autoritario. Este es el momento de no temer a la libertad. Es el momento de colectivizar acciones individuales, de demostrar nuestro capital social, de empuñar las armas de la opinión razonada y del reto político.
Los venezolanos seremos capaces de reconstruir una nación al recuperar nuestra libertad?
Ese es un tema para desarrollar, pero para pensar en él debemos ser libres para ejercer nuestra voluntad de cambio este 12 de febrero y el próximo 7 de octubre. Son muchas las cadenas que nos permitimos imponer, desde el autosecuestro por la inseguridad, la pérdida de libertades económicas, hasta las insoportables cadenas radioeléctricas que tratan de obligarnos a ser receptores de más demagogia. ¡Tenemos el derecho a recuperar el “yo social” para luchar por lo que muchos no se han percatado que perdimos!




