Transbordador espacial sobre montañas de los Andes en Argentina
Argentina y Estados Unidos han firmado un acuerdo marco largamente esperado sobre la cooperación en la utilización pacífica del espacio ultraterrestre.
El tratado bilateral firmado el 25 de octubre actualiza un acuerdo marco de 1991 extendido hasta 1996, cuando expiró. Los científicos de ambos países acogieron con beneplácito el acuerdo, que establece las directrices y procedimientos que deberán aplicarse para la cooperación presente y futura en áreas de interés común como el monitoreo y exploración de la Tierra.
La firma sigue de cerca el exitoso lanzamiento conjunto de un satélite argentino el 10 de junio desde la Base Vandenberg de la fuerza aérea en California. Este fue el cuarto satélite lanzado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (conocida por su acrónimo, CONAE), junto con la NASA.
Desde la década de 1990, los dos países han colaborado en el desarrollo y lanzamiento de satélites de la serie SAC de Argentina, los cuales recopilan datos sobre recursos naturales, actividad humana y el clima.
“La cooperación entre la NASA y la CONAE empezó hace más de 20 años, cuando en la década de 1980 comenzamos los preparativos para el lanzamiento en 1996 del SAC-B, que luego fue seguido por el SAC-A, en 1998 y el SAC-C en el año 2000”, dijo Fernando Hisas, gerente del programa SAC-D-Aquarius de CONAE.
“Ambas partes se han beneficiado de la colaboración en el satélite SAC, con CONAE obteniendo conocimientos y construyendo capacidad y la NASA logrando una alternativa económicamente viable para producir y operar satélites con su tecnología Aquarius”, dijo.
Hisas explicó que los dos satélites están ahora fuera de servicio, pero el SAC-C está todavía en órbita, recopilando datos. “El SAC-C ha estado en órbita durante 11 años y todavía sigue suministrando datos. Su vida útil prevista era de cinco años por lo que su longevidad ha sido un éxito total. Le estamos exprimiendo las últimas gotas, por así decirlo”.
El último satélite SAC-D, como el primer SAC-C lanzado en 2000, fue construido por la empresa estatal de tecnología INVAP, con sede en Río Negro. Como su predecesor, el instrumento principal del satélite, Aquarius, fue construido y operado por la NASA.
El SAC-C se centró en la recopilación de datos relacionados con la superficie terrestre. El SAC-D está más orientado a las propiedades oceánicas, aunque también tiene instrumentos especiales adecuados para los estudios de la tierra.
El SAC-D está diseñado para proporcionar mediciones mundiales mensuales de la variación de la salinidad del agua de mar en la superficie del océano, que conducirá a una mejor comprensión de los ciclos del agua y su efecto sobre el calentamiento global. También tiene capacidad para identificar los puntos calientes en la superficie terrestre a fin de crear mapas de riesgo de incendios y podrá medir la humedad del suelo para advertencias tempranas de inundaciones y otros desastres naturales.
“Esta es la primera vez en la historia que podemos producir una imagen de los niveles de salinidad alrededor del mundo”, dijo Hisas. “Antes, dependíamos de las medidas parciales tomadas por barcos. Se trata de un enorme valor agregado para la comunidad científica y promueve nuestra comprensión del movimiento y la densidad del agua, ambas variables importantes en el cambio climático”.
El satélite lanzado recientemente ha producido su primer mapa de la salinidad global del océano desde que se volvió operacional el 25 de agosto. El mapa, que puede verse en el sitio Web de la NASA, es una composición de las primeras dos semanas y media de datos.
“Lo que en la actualidad es en gran medida una cuestión científica o ambiental podría convertirse en una amenaza para la seguridad mundial si no tomamos medidas hoy para frenar el cambio climático”, respondió Hisas cuando se le preguntó sobre el carácter estratégico de este esfuerzo cooperativo.
Argentina ha avanzado en la investigación y el desarrollo aeroespacial en la última década, gracias en gran parte a su cooperación con Estados Unidos. Los gobiernos de los Kirchner, en particular, han promovido la expansión del sector estratégico.
“Pocos presidentes han mostrado tanto interés en la ciencia como la presidenta Cristina Fernández de Kirchner”, dijo el administrador de la NASA Charles Bolden, citado por la agencia de noticias argentina Télam. “Para los hombres de ciencia, cruzarse con líderes de gobierno con esa determinación para aplicar la ciencia al bienestar de su pueblo es siempre una fuente de inspiración”.
En 2005, el fallecido presidente argentino Néstor Kirchner firmó un decreto declarando al progreso de la tecnología espacial una política de estado y prioridad nacional. Posteriormente, el Plan nacional espacial 2004-15 de Argentina destinó unos 240 millones de dólares para inversiones en ciencia y tecnología, con la idea de trabajar hacia el desarrollo de una agencia espacial sudamericana junto con Brasil.
Brasil, al igual que Argentina, todavía no ha lanzado sus propios satélites. Ha sufrido una serie de reveses, con su tercer intento fallido de lanzamiento en agosto de 2003, el cual produjo una explosión masiva que mató a 21 personas, incluyendo renombrados científicos espaciales.
“Estados Unidos es para el programa espacial de Argentina lo que China es para Brasil”, dijo Hisas de la CONAE. “Brasil ya ha lanzado tres de sus satélites desde China y tiene otros dos pendientes”.
La colaboración de EE.UU. con Argentina no excluye a terceros. Brasil participó en los preparativos del SAC-C y el SAC-D proporcionando instalaciones para pruebas ambientales antes de su lanzamiento. Francia e Italia contribuyeron también con instrumentos para ambos proyectos, convirtiéndolos en esfuerzos multilaterales.
La cooperación espacial de Argentina con Estados Unidos ha llevado al desarrollo de sus propias instalaciones de producción de satélites y radares. INVAP ahora fabrica sus propios satélites de observación de la Tierra: SAOCOM 1A y 1B, que estarán equipados para el estudio de tierras de cultivo argentinas. La CONAE encabeza el esfuerzo y ha contratado a la empresa privada estadounidense SpaceX para lanzar el primer satélite en 2014.
La experiencia de INVAP con CONAE la ha preparado para desarrollar sus propios radares de vigilancia, uno de los cuales es el primer radar tridimensional del país. Fue encargado por el gobierno nacional como apoyo para la operación Escudo Norte, que se centra en controlar los aviones que entran y salen de las fronteras del norte de Argentina con Paraguay, Brasil y Bolivia, donde el tráfico de drogas va en aumento.
Hisas dijo que estos proyectos derivados ayudarán a generar más negocios de satélites para Argentina, observando que “siempre hay más seguridad para una nación cuando controla la producción de dichas tecnologías, en lugar de operar equipos extranjeros siguiendo un manual de instrucciones”.
Fuente: http://www.dialogo-americas.com/




