La primera información fue apenas hace 36 horas.
Hackers chinos intentaron robar claves de Google.
Supuestos piratas informáticos chinos, intentaron robar las claves de cientos de dueños de correos electrónicos de Google, entre los que figuraban funcionarios de alto rango del gobierno de Estados Unidos, activistas y periodistas chinos, dijo la compañía de internet.
La revelación provocó una molesta respuesta de Beijing, que dijo que culpar a China es “inaceptable”, lo que podría crear más tensiones en su relación con Google.
“Los culpables parecen estar ubicados en Jinan, la capital de la oriental provincia china de Shandong”, dijo Google.
Jinan es hogar de una de las seis oficinas de reconocimiento técnico que pertenecen al ejército de liberación popular chino.
En tanto, el gobierno de Estados Unidos se encuentra investigando las afirmaciones de Google y el FBI está trabajando junto a la empresa después de los ataques.
Estados Unidos ha advertido a China que un ataque cibernético podría ser causa de una represalia militar en el mundo real.
Google por su parte escribió este texto en su página oficial: “Los piratas informáticos intentaron violar y observar las cuentas de correos mediante el robo de palabras clave, pero Google detectó y desbarató” su campaña”. Google es la mayor compañía de búsquedas en internet.
El año pasado, Google se retiró parcialmente de China -el mayor mercado de internet del mundo por cantidad de usuarios- después de una disputa con el gobierno oriental por la censura que este ejercía en cuanto al acceso a la información.
El texto entero dice así: «Internet supone una fuerza asombrosa para el bien del mundo. Ha impulsado las comunicaciones, ha propiciado el crecimiento económico, y ha promovido la libertad de expresión. Pero, como toda tecnología, puede ser utilizada con fines perversos .Hoy, a pesar de los esfuerzos de las empresas de Internet y de seguridad, la suplantación de identidades, el fraude, y el secuestro de cuentas de correo electrónico son problemas comunes en la Red», explica.
Y eso es exactamente lo que han estado a punto de sufrir cientos de usuarios de Gmail, el servicio de email del gigante estadounidense. Mediante el uso de programas de ‘malware’ y ‘phishing’, que consiguen ‘robar’ las contraseñas que dan acceso a las cuentas, los piratas informáticos habrían tratado de acceder a los mensajes de políticos estadounidenses y surcoreanos, entre otras nacionalidades, activistas políticos chinos, militares y periodistas.
Google asegura que los malhechores no han conseguido penetrar en sus sistemas, algo que sí lograron en enero del año pasado. La Casa Blanca considera que no se ha comprometido ninguna información relevante. «No hay razón para pensar que se haya accedido al correo electrónico oficial de funcionarios del Gobierno», se limitó a decir ayer un portavoz.
Sospechas sobre Pekín
Aunque en esta ocasión las acusaciones de Google no apuntan directamente hacia el Gobierno de Pekín, a nadie se le escapa que los objetivos de los ‘hackers’ concuerdan con los intereses del Partido Comunista, y que los políticos chinos y el gigante de Internet viven una relación más que tormentosa. De hecho, fue aquel ataque de hace año y medio el que desencadenó un agrio culebrón, en parte político y en parte empresarial, que forzó la marcha de China de la empresa californiana. Desde entonces, opera con base en Hong Kong y ha perdido la mayor parte de la cuota de mercado que tenía en el gigante asiático para cedérsela a su competidor chino, Baidu.
La enésima denuncia de Google ha llegado pocos días después de que un portavoz del Ejército chino reconociese la existencia de una unidad destinada a la guerra cibernética, la Armada Azul Online.
Mientras esto ocurría con Estados Unidos apareció una información de última hora proveniente de Canadá dando cuenta de una intrusión en sus redes de seguridad en Enero pasado, lo que se había mantenido en secreto hasta ayer.
A principios de este año en febrero, hubo informes de un ataque en tres departamentos del gobierno federal canadiense federal por parte de autores desconocidos procedentes de China. El informe inicial describe una violación de las redes nacionales utilizadas por el Departamento de Finanzas y la Junta del Tesoro del Gobierno de Canadá. Una revisión posterior agregó el Departamento de Investigación para la Defensa y Desarrollo de Canadá a la lista de objetivos. El DRDC es una agencia civil del Departamento de la Defensa Nacional.
Tras el lanzamiento de los detalles de la CBC en febrero, funcionarios del gobierno no confirmaron ni negaron si alguna información confidencial fue robada de la red. La declaración oficial fue que un “intento” fue hecho para acceder a las redes federales. Una declaración similar ofrecida por el ex diputado conservador y presidente del Consejo del Tesoro, Stockwell Day, dijo que las informaciones confidenciales fueron robadas, pero que el cierre rápido de las redes internas ayudó a mitigar la fuga de datos.
Sin embargo, un memorando obtenido por CBC gracias a las Leyes Canadienses de Acceso a la información puso de manifiesto que la información confidencial de hecho si fue robada y “las cuentas privilegiadas” quedaron comprometidas, una indicación de que el gobierno federal trató de ocultar el alcance real de la violación de la seguridad por parte de los hackers chinos.
El señor Day, quien optó por no postularse para un cargo público de nuevo en la elección federal pasada, afirma que no fue informado de ninguna fuga de información, mientras era ministro: Ciertamente, en la información que recibí, tuve plena confianza en que los sistemas se habían movido con rapidez para cerrarse; que la información significativa, de hecho, no había sido llevada, y que la evaluación fue continuada por parte de los técnicos.
Toda la información que había estado recibiendo, hasta el momento en que yo deje de ser ministro, es que los archivos fueron protegidos. Las paredes habían sido violadas, pero parecía que las carpetas fueron protegidas, y ahora viene el trabajo minucioso de ver si en realidad todo se mantuvo como estimamos.
A pesar de la revelación, el Departamento de Finanzas y el Consejo del Tesoro siguen promulgando estrictas políticas de acceso a Internet para sus empleados. Los trabajadores hacen su trabajo de investigación y política en una red independiente que está desconectada de las redes internas del gobierno. Salvo esa opción, se llevan sus computadoras portátiles con ellos a las cafeterías cercanas.






