¿Por qué? Nos preguntan clientes y amigos. ¿Por qué somos tan pesimistas respecto a las medidas cambiarias anunciadas? Y les decirnos que no es solo porque el modelo no sirve, sino por experiencia, porque la cabra siempre jala pal’ monte, acotamos, porque este gobierno tenderá a comportarse como se ha portado los últimos 15 años, incumpliendo la mitad de lo prometido y radicalizando las políticas y controles que han causado la crisis.
Esta revolución socialista, como se dice llamar, se ha caracterizado por anunciar que anunciará, y por la aplicación de medidas a medias en materia económica, pero radicales en cuestiones políticas, que más bien tienden a agravar la crisis. Mantener el cambio en Bs. 6,30 p/US$ a la par de un esquema de tres niveles que oficializa a su vez un dólar veintitrés veces más alto que eso, reitera las distorsiones y motiva las corruptelas que nos han llevado a donde estamos, al “bachaqueo”, al lavado de capitales, a las “empresas de maletín”, amén de tantas otras aberraciones económicas y sociales. Y –por experiencia– la norma ha sido el incumplimiento, las correcciones y los ajustes a lo eventualmente anunciado, para apretar, nunca para aflojar los controles. Véase en este espejo: ¿Qué pueden pensar las aerolíneas, que en efecto les liquidarán divisas a Bs. 12? Siguen en la misma, y los cupos, como el café y la leche.
“Quid pro Quo”… Si fuera otro quien anunciara las medidas, otro gallo cantaría, como dicen, pero muy precisamente, y quizás le creeríamos. Estemos claros, perro que come manteca mete la lengua en tapara, como dice el folklore popular. No se puede esperar que un gobierno más dado al radicalismo político, al afán ideológico, a la persecución de empresarios y disidentes, y a la demagogia que al pragmatismo económico, venga a resolver una crisis que el mismo ha propiciado. Quizás ellos se crean el cuento, quizás, pero no todos.
Y es puro cuento. Como la cantaleta del golpe y el magnicidio, el Gobierno se aferra al 6,30 porque así puede sostener la versión de un “bolívar fuerte”, como si ese bolívar no estuviera afectado por una inflación que hizo metástasis y supera el 100%, y que se rumora viene sobre 10% en Enero 2015. Y, por eso, arranca el nuevo Sicad en Bs. 12 p/US$ en vez de empezar de arriba pa’ abajo, en 52,10, sin importarle que esos diferenciales que marca ahora el Simadi con la realidad quebrarán a la industria nacional que tiene que soportar costos marcados sobre Bs. 170, y competir con bienes importados a un dólar hasta veintitrés veces más barato de países como China que además paga un salario mínimo de US$ 340, cuando Maduro diría que aquí los venezolanos ganamos más de US$ 1,100, a 6,30 como él lo calcula, irónicamente, aplicando la tasa con la cual deben competir los productores venezolanos. “Pago a Bs. 170 y debo competir con otros que venden a Bs. 6,30”, dirán los empresarios, peor que las cuñas de las empanadas y las mecedoras.
Lo que sí creemos es que el afán de este Gobierno de “tumbar el paralelo” los hará quemar divisas en el tercer nivel para ir de la tasa de apertura hacia el próximo cambio oficial, el implícito, que raya los Bs. 90 p/US$ ahora, a modo de vender eso como un éxito cambiario en un año electoral que luce perdido. ¿Pero, le será posible? ¿Tendrá los dólares suficientes para ello, o emitirá deuda para buscarlos afuera, con un descuento? Una cosa es lo que dice el burro y otra quien lo monta, reza el dicho. Quizás descubra que ese mercado no es tan “marginal”, sino que puede alcanzar más del 10% de los requerimientos cambiarios del país. Habrá que ver si la banca le sigue la corriente y lo ayuda a bajar la tasa, lo cual, de nuevo, solo sumará un tercer nivel de corruptelas y distorsiones, y mantendrá un cuarto, porque –mientras insistan en imponer límites y controles– siempre habrá un paralelo.
En resumen, somos pesimistas con lo que diga este Gobierno porque nos cuesta creerle al Aedes Aegypti cuando nos dice “no te voy a picar, y si te pico, no te preocupes, no estoy infectado por dengue o chikungunya…” ¿Quién se lo cree?.




