En estos momentos sin duda esta frase describe el rumbo fijado (con intención, por incapacidad y miedo o por todas las anteriores) por la nomenklatura frente a la severa crisis económica que nos afecta a todos los venezolanos en mayor o menor forma.
Se ha tomado la peor de las decisiones, que es no hacer nada. Cuando el miedo nos invade lo primero que hacemos es paralizarnos y esto es lo que parece haber decidido, al menos momentáneamente el gobierno.
Insisto en la palabra “momentáneamente” porque su propia supervivencia exigirá la implementación de algunas medidas importantes que seguramente se están cocinando y que en un país normal requeriría de grandes consensos y acuerdos para enfrentar las consecuencias que de las mismas se derivarían; sin embargo debemos partir de la base de que obviamente no somos un país normal pero queremos llegar a serlo.
Nada de lo que ocurre en Venezuela en estos momentos es normal: escasez de productos básicos (alimentos, repuestos, medicinas, materia prima), limitaciones que hacen casi imposible trasladarse fuera del país, corrupción, inflación desbordada, inseguridad imposible de controlar, fuga de talentos y capital humano, niveles mínimos de producción nacional, y esto sin mencionar la terrible crisis de valores que nos ha socavado las instituciones, resquebrajado la sociedad y que tanto nos afecta el espíritu.
Se pretende que no podamos ejercer nuestra libertad de elegir que comer, donde vivir, donde estar, como desarrollarnos, a que dedicarnos lo que nos induce a pensar que siempre podemos estar peor.
Entonces pareciera que, contra toda recomendación racional política y económica, la decisión tomada de prolongar la nada es la que nos toca aguantar.
Es verdad que el gobierno no enfrenta en estos momentos una crisis política pero el país se encuentra inmerso en la peor crisis económica de su vida republicana que de seguir alargándose, como pareciera ocurrirá, devendrá en el corto plazo en una crisis política que amenazará su estabilidad y permanencia.
Se siguen malgastando las oportunidades y llegará un momento en el cual el país no será tan generoso con su gobierno actual y lo castigará. La historia reciente de la humanidad tiene muchos ejemplos que confirman lo anterior.
Quieren forzar la continuación de un triste modelo socialista que ya se demostró incapaz de resolver los problemas de los venezolanos, es más, los magnificó. Y para prueba únicamente comparemos bis a bis la situación de la mayoría de los venezolanos hace 15 años y la de hoy, muy pocos podrán decir que están igual o mejor y la gran mayoría sin duda está empezando a añorar ese pasado tan vilipendiado, con algunas razones, pero que no podemos negar fue más amable que el presente.
La crisis amerita despojarse de paradigmas y reorientar el rumbo hacia un destino cierto. Esto de ir de ningún lado a ninguna parte es muy peligroso y no se debe seguir maltratando más a los cansados y muy pacientes venezolanos.
El intelectual cubano Leonardo Padura, quien nunca ha abandonado la Isla y que hoy día puede ser catalogado como un crítico tolerado, ha sintetizado el fracaso del régimen cubano en una frase muy interesante: si un país no te permite elegir donde quieres estar o vivir es porque ha fracasado. Esto aplica perfectamente a nuestro país y así hay que dejarlo ver a esos –hoy minoría- de venezolanos que todavía consideran el modelo socialista como el capaz de generar progreso y bienestar. El modelo y después el gobierno son los responsables de la crisis actual.
Los procesos políticos llegan a un punto a partir del cual se genera una dinámica imparable y creo que estamos muy cerca de ese momento por lo que nuestra participación podrá acelerar los hechos y colaborar en que se inicien las transformaciones necesarias.
@malarcia




