Esta es “la clave” de los nueve años del Radar: ¡La fuerza es la unión!

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“Gritemos con brío, ¡Muera la opresión! 
Compatriotas fieles: ¡La Fuerza es la Unión!”
De nuestra bella canción “desestablizadora” de 1811, 
la misma que dice “¡Abajo Cadenas!”

La primera vez que entrevisté a un dirigente popular chavista en un barrio, al principio no quiso declarar: “No, que va, yo a esa radio no le declaro, esa radio es golpista-fascista-terrorista”, dijo apenas pudo ver en el micrófono el “taco” que identificaba a Radio Caracas Radio. Yo le respondí que podía tener la opinión que fuera sobre la emisora, pero que el espectro radioeléctrico es de la Nación y que él tenía derecho a hacer conocer su opinión a través del mismo. Renuente aun, me dijo: “No, vale, después tu vas a alterar todo lo que yo diga y vas a poner en mi boca palabras que yo no he dicho”. Entonces coloqué el audífono en su oído, para mostrarle que el programa era en vivo, y que nada ni nadie podría alterar sus declaraciones…
Entre la quincalla ideológica y la vida real

Entonces sí habló, y pasó aproximadamente tres minutos y medio, todo el tiempo que alguien puede estar hablando sin respirar, diciendo cosas como que “el socialismo es lo mejor”, o “mi comandante tiene buenos sentimientos”. Cuando al fin hizo una pausa para respirar, aproveche y le dije: “Muy respetable su opinión. Ahora dígame: ¿Desde hace cuanto no pasa por aquí el camión del aseo urbano?” La respuesta no se hizo esperar:“¡Nuuuunca”. “Y el agua potable, ¿Cuando viene?” “Eso si se ha acomodado últimamente”, contestó: “Ahora viene puntualmente cada nueve días, y mientras tanto están las cisternas”…

Fue así como aprendimos, mediante el costoso método del ensayo y error, que la quincalla ideológica divide mientras que los temas de la vida real nos unen.  Aprendimos que la polarización es un “lujo” que se pueden dar quienes tienen resueltos sus problemas básicos de subsistencia, pero que en los sectores populares, donde la solidaridad es un requisito para la supervivencia, “despolarizar” significa unir pueblo con pueblo para enfrentar (juntos y mejor) a ese adversario común que es la burocracia incompetente y corrupta que nos desgobierna.

Dejar el sendero autoritario… Sin encontrar aún el camino alternativo
Desde aquel diálogo han pasado ya nueve años, los nueve años que este viernes 4 de Julio cumplió el Radar de los Barrios. El señor chavista ya no es chavista (“demasiado embarque”, me dijo, “demasiado embuste, ellos quieren el socialismo para uno pero el capitalismo para ellos…”). Tampoco es militante de la oposición(“Ay, amigo Chuo, yo no puedo estar con la oposición porque la oposición no está conmigo!”, contó la última vez que hablamos sobre el tema: “¿Usted ha visto aquí en el barrio algo que tenga que ver con la oposición, una propaganda al menos? ¡No todo es aparecer en tiempo de elecciones!”). Hoy Ramón es la voz de su barrio en el Radar, y la voz del Radar en su barrio.

Es así como Ingrid Palacios en Petare Sur se hizo amiga y compañera de luchas de los chavistas estafados por el Ministerio de la Vivienda en los edificios de El Morro; Es así como Héctor Vizcaya en Catia hace hoy causa común con los vecinos oficialistas del Comité de Tierras de El Manguito, enfrentando juntos al alcalde Jorge Rodríguez. Es así como en Vargas Carlos Texeira se alió a Zulay Noguera, la jefa del chavismo popular de Naiguatá, para enfrentar el ecocidio promovido por el gobierno regional de García Carneiro. Es así como Evelyn Martínez apoya a los vecinos chavistas, opositores e independientes que en el Barrio El Carmen de Antímano lograron rescatar al Consejo Comunal de la rosca gobiernera que ni hacía nada ni entregaba cuentas. Es así, exactamente así, como hoy estamos luchando en muchas, muchísimas comunidades populares de todo el país.

No hay “secretos” ni “misterios”: ¡La fuerza es la unión! 

Es la realidad de la vida, de la lucha. No hay “secretos” ni “misterios”. La única clave es ser ruteros con la gente, es estar TODO el tiempo al lado del pueblo en su pelea por una vida mejor, haya o no haya elecciones. Acompañar al pueblo en su lucha, así no nos gusten del todo sus consignas o el color de sus franelas. Pero siempre allí, de manera que si la lucha termina en victoria celebremos juntos, y nadie nos vea como “coleados” en la fiesta. O si la lucha no concluye en logro también estemos allí, no con la actitud necia del “yo te lo dije”, sino con la conducta solidaria de quien promueve aprender de la experiencia para luchar más y mejor en la siguiente oportunidad.

No es una “receta” que pretendamos exportar. No nos imaginamos como “modelo” para nadie. Simplemente compartimos la clave que nos ha permitido estar nueve años luchando, aprendiendo, creciendo.

No es tampoco un “descubrimiento” nuestro. De hecho, está hasta en la letra de esa vieja canción patriótica que hoy es nuestro Himno Nacional. La “fórmula”, en realidad, es sencilla: “Compatriotas fieles… ¡LA FUERZA ES LA UNIÓN!”

@ChuoTorrealba

Radar de Los Barrios

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“Gritemos con brío, ¡Muera la opresión! 
Compatriotas fieles: ¡La Fuerza es la Unión!”
De nuestra bella canción “desestablizadora” de 1811, 
la misma que dice “¡Abajo Cadenas!”

La primera vez que entrevisté a un dirigente popular chavista en un barrio, al principio no quiso declarar: “No, que va, yo a esa radio no le declaro, esa radio es golpista-fascista-terrorista”, dijo apenas pudo ver en el micrófono el “taco” que identificaba a Radio Caracas Radio. Yo le respondí que podía tener la opinión que fuera sobre la emisora, pero que el espectro radioeléctrico es de la Nación y que él tenía derecho a hacer conocer su opinión a través del mismo. Renuente aun, me dijo: “No, vale, después tu vas a alterar todo lo que yo diga y vas a poner en mi boca palabras que yo no he dicho”. Entonces coloqué el audífono en su oído, para mostrarle que el programa era en vivo, y que nada ni nadie podría alterar sus declaraciones…
Entre la quincalla ideológica y la vida real

Entonces sí habló, y pasó aproximadamente tres minutos y medio, todo el tiempo que alguien puede estar hablando sin respirar, diciendo cosas como que “el socialismo es lo mejor”, o “mi comandante tiene buenos sentimientos”. Cuando al fin hizo una pausa para respirar, aproveche y le dije: “Muy respetable su opinión. Ahora dígame: ¿Desde hace cuanto no pasa por aquí el camión del aseo urbano?” La respuesta no se hizo esperar:“¡Nuuuunca”. “Y el agua potable, ¿Cuando viene?” “Eso si se ha acomodado últimamente”, contestó: “Ahora viene puntualmente cada nueve días, y mientras tanto están las cisternas”…

Fue así como aprendimos, mediante el costoso método del ensayo y error, que la quincalla ideológica divide mientras que los temas de la vida real nos unen.  Aprendimos que la polarización es un “lujo” que se pueden dar quienes tienen resueltos sus problemas básicos de subsistencia, pero que en los sectores populares, donde la solidaridad es un requisito para la supervivencia, “despolarizar” significa unir pueblo con pueblo para enfrentar (juntos y mejor) a ese adversario común que es la burocracia incompetente y corrupta que nos desgobierna.

Dejar el sendero autoritario… Sin encontrar aún el camino alternativo
Desde aquel diálogo han pasado ya nueve años, los nueve años que este viernes 4 de Julio cumplió el Radar de los Barrios. El señor chavista ya no es chavista (“demasiado embarque”, me dijo, “demasiado embuste, ellos quieren el socialismo para uno pero el capitalismo para ellos…”). Tampoco es militante de la oposición(“Ay, amigo Chuo, yo no puedo estar con la oposición porque la oposición no está conmigo!”, contó la última vez que hablamos sobre el tema: “¿Usted ha visto aquí en el barrio algo que tenga que ver con la oposición, una propaganda al menos? ¡No todo es aparecer en tiempo de elecciones!”). Hoy Ramón es la voz de su barrio en el Radar, y la voz del Radar en su barrio.

Es así como Ingrid Palacios en Petare Sur se hizo amiga y compañera de luchas de los chavistas estafados por el Ministerio de la Vivienda en los edificios de El Morro; Es así como Héctor Vizcaya en Catia hace hoy causa común con los vecinos oficialistas del Comité de Tierras de El Manguito, enfrentando juntos al alcalde Jorge Rodríguez. Es así como en Vargas Carlos Texeira se alió a Zulay Noguera, la jefa del chavismo popular de Naiguatá, para enfrentar el ecocidio promovido por el gobierno regional de García Carneiro. Es así como Evelyn Martínez apoya a los vecinos chavistas, opositores e independientes que en el Barrio El Carmen de Antímano lograron rescatar al Consejo Comunal de la rosca gobiernera que ni hacía nada ni entregaba cuentas. Es así, exactamente así, como hoy estamos luchando en muchas, muchísimas comunidades populares de todo el país.

No hay “secretos” ni “misterios”: ¡La fuerza es la unión! 

Es la realidad de la vida, de la lucha. No hay “secretos” ni “misterios”. La única clave es ser ruteros con la gente, es estar TODO el tiempo al lado del pueblo en su pelea por una vida mejor, haya o no haya elecciones. Acompañar al pueblo en su lucha, así no nos gusten del todo sus consignas o el color de sus franelas. Pero siempre allí, de manera que si la lucha termina en victoria celebremos juntos, y nadie nos vea como “coleados” en la fiesta. O si la lucha no concluye en logro también estemos allí, no con la actitud necia del “yo te lo dije”, sino con la conducta solidaria de quien promueve aprender de la experiencia para luchar más y mejor en la siguiente oportunidad.

No es una “receta” que pretendamos exportar. No nos imaginamos como “modelo” para nadie. Simplemente compartimos la clave que nos ha permitido estar nueve años luchando, aprendiendo, creciendo.

No es tampoco un “descubrimiento” nuestro. De hecho, está hasta en la letra de esa vieja canción patriótica que hoy es nuestro Himno Nacional. La “fórmula”, en realidad, es sencilla: “Compatriotas fieles… ¡LA FUERZA ES LA UNIÓN!”

@ChuoTorrealba

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