Esta lunes 31 de enero se conoció la noticia que la sesión ordinaria para el dÃa de hoy martes en la Asamblea Nacional habÃa sido suspendido por instrucciones de su directiva, que como bien se sabe, es dominada de forma total por el oficialismo. Este hecho podrÃa ser considerado como fortuito o aislado por algunos, pero me cuento entre los que piensa que esta “noticia” la veremos con más y más frecuencia en las semanas y meses por venir.
En efecto, a partir de ahora estimo que se instaurará una polÃtica de “minimización” del principal foro polÃtico del paÃs. Esto serÃa cónsono con la estrategia del chavismo y la oposición necesita reinventarse en el marco de esta polÃtica para aprovechar las rendijas que abre el adversario. Examinemos rápidamente los hechos.
Una estrategia para “sofocar” a la disidencia
Desde el propio mes de octubre y ante el análisis de los resultados electorales, el oficialismo aprovechó su cálculo para que en tan solo un trimestre, una Asamblea legal pero no legÃtima, adelantara una ofensiva brutal para aprobar una legislación que construye un cerco polÃtico, financiero y comunicacional a la oposición y que además, sienta las bases para la instauración de un Estado Comunal -y paradójicamente centralizador- que serÃa el anticipo a un “Parlamento Comunal” que terminarÃa por liquidar al que emanó de la voluntad de los electores.
La acción más clara y evidente de intentar “borrar” la importancia del próximo Parlamento, en el que sin duda habrÃa mayor equilibrio y pluralidad a partir del 05 de enero, se materializó en la aprobación de una Ley Habilitante para el Presidente, que culminará a tan sólo unas semanas de las próximas elecciones presidenciales en 2012.
Como también era previsible, el ya fenecido Parlamento 2006-2011 iba a modificar el “Reglamento Interior y de Debates” para lograr dos objetivos fundamentales: limitar la capacidad de deliberación y participación en las Comisiones Permanentes de la Oposición. Como ya el paÃs todo lo sabe, la versión final es un adefesio prácticamente imposible de aplicar, pues viola hasta el más mÃnimo sentido de la lógica legislativa. Sin embargo, la puerta que se dejó abierta otorgándole una discrecionalidad excesiva a la Presidencia del Parlamento para convocar a sesiones ordinarias, es quizás la mejor herramienta hacia el futuro. Hoy vimos una demostración.
En este tridente de acciones tácticas, se revela el gran objetivo estratégico: dejar sin piso polÃtico y sin plataforma básica a la Oposición. Al menos por estos meses.
¿Qué ha ocurrido?
A pesar de la aprobación de más de una veintena de leyes de manera atropellada y la habilitación presidencial, los primeros “choques” parlamentarios entre las bancadas oficial y opositora en el Palacio Federal Legislativo, en mi criterio, no han dejado un buen sabor en la boca a quienes están con el “proceso”. En materia de intervenciones el contraste entre estilos y temas ha sido muy elocuente: mientras unos solo se anclan en la descalificación y los desgastados clichés ideológicos, los segundos hablan en un lenguaje más cercano a la gente, refiriéndose a sus problemas y en clave social. El balance es abiertamente desfavorable para los diputados del PSUV.
Por supuesto, hay excepciones de lado y lado, pero dejar que esta matriz se consolide en la Opinión Pública es de alto riesgo para el oficialismo, por lo tanto, necesario es aplicar otra variante táctica. Los primeros atisbos de esta nueva lÃnea quizás los vimos ya esta misma semana: por un lado ocurrió esta suspensión (endilgándole además la responsabilidad a la Oposición) y por el otro, se comenzará a adelantar un conjunto de movilizaciones de calle para que el “pueblo legislador” entregue las leyes para seguir profundizando y radicalizando la “revolución”. Entre una cosa y la otra, irá pasando el tiempo y el parlamento se irá vaciando de contenido, dejando a los diputados de la Unidad con menos y menos trabajo. Al menos ése es el propósito. A sabiendas de esta maniobra, es preciso salir al paso y neutralizar su efecto. De lo contrario, se materializarÃa el ahogo al Parlamento.
Aplicar una Ofensiva Parlamentaria
DifÃcilmente, ante este escenario, el mejor terreno para los parlamentarios de la MUD sea el Hemiciclo de Capitolio. Por lo tanto, los legisladores que representan a una mayorÃa del voto popular, deben plantear un nuevo escenario de lucha: las calles de Venezuela ejecutando una gran polÃtica de movilización.
He dicho antes que la movilización polÃtica no solo puede entenderse como la realización de marchas, sino también como la puesta en práctica de innumerables asambleas, cabildos, coloquios, convesatorios, foros a todo lo largo y ancho de la geografÃa nacional. La Oposición tiene en este momento el deber de implementar de manera eficaz y verdaderamente democrática, un genuino “parlamentarismo de calle”. No basta con solamente ofrecer ruedas de prensa y declaraciones -que hay que darlas, por supuesto- sino de organizar a la ciudadanÃa por ejes temáticos que los convoquen y motiven a participar. Pero además, toda esa masa ciudadana movilizada debe tener fines prácticos, medibles y concretos: el respaldo de iniciativas legislativas populares. La Oposición no puede dejarle el monopolio de esa práctica al oficialismo. SerÃa un grave error.
En ese tema en particular, hay un buen ejemplo: las recientes acciones que ha adelantado el partido Primero Justicia para recabar firmas para diferentes proyectos de Ley son bastante coherentes y bien merecen ser acompañadas por el resto de partidos y organizaciones sociales de la alianza. Que un solo partido adelante esta polÃtica es insuficiente. La iniciativa debe abrirse a todos, porque sólo sumando es cuando se es efectivo. Al menos para mà eso es lo que deberÃa ser la “Unidad”.
“Ya que la montaña no irá a Mahoma”, hay que tomar conciencia y asumir una ofensiva de calle que pueda llevarle el Parlamento a los ciudadanos con temas atractivos y relevantes. De lo contrario, el objetivo estratégico del adversario habrá sido logrado por la inacción propia.
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