Esta sigue siendo la realidad Venezuela desarmada, pecho desnudo, contra militares protegiéndose con escudos y armados hasta los dientes, las cabezas incendiadas de odio y una confusión agónica de la ignorancia que no puede defenderse.
Uno está obligado a buscar, encontrar y asumir la noticia, las horas pasan y la columna después de diez horas te lanza punzadas avisándote que estás al límite, tu mente no logra detener las imágenes que se repiten en desvelo incontrolable y en ese intento fallido de lograr una pausa en la angustia, de repente te duele la mano y entre el sueño que no llega y las imágenes que no se van, te sorprendes. Es nuevo el dolor. A los 82, no es raro. De repente, coordinas: yo escribo con un dedo, mi índice lleva toda la carga de teclear, recibiendo y enviando, escribiendo columnas y boletines…Es el alma la que intranquila, no se cansa. Ver a Madurón en su cinismo y provocación es una tortura que la reta. Ver a Diosdado es compartir ese sentimiento de asco y desconfianza que compartimos todos. La intención de torcer lo que pasa, con esa única voz permitida manipulando la realidad, es parte de esta historia que escribimos. Pero esas imágenes y ese discurso han llegado al mundo que comienza a hacerse sentir sin tapujos, la Venezuela ultrajada por la corrupción y las botas está desnuda ante la opinión mundial. Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, España, Canadá, y otros se manifiestan, los cómplices que callan y apoyan se quedan al otro lado del mundo, serviles, indiferentes a sus mismos pueblos que cuando les hiera la piel la misma arma, cuando el silencio obligado de la opresión no les permita defenderse, reaccionaran exigiendo lo que hoy exige Venezuela.
Ya ni siquiera el “pajarito” le pía….y…no le pía, porque él no lo deja.




