No basta ser mayorÃa y votar y votar y votar…ad infinitum. No hemos logrado el viraje que nos saque de este atolladero en el que estamos entrampados. ¿Por qué no logramos el cambio si una gran mayorÃa coincidimos en que la situación actual de nuestro paÃs es caótica, grave, desastrosa en todos los órdenes de la vida? ¿Por qué si la crÃtica a este régimen es abierta, aún no logramos aglutinar el sentimiento para, efectivamente, recuperar la vÃa democrática?
La dirigencia opositora no logra crear una melodÃa motivadora, que atraiga a todos y nos permita actuar de forma coherente y cohesionada, alejándonos de nuestro actuar individual. La MUD, con su intoxicación electorera, no ha hecho más que lograr la involución polÃtica que muy hábilmente ha aprovechado el contrario. Súmesele a esto la grave crisis de falta de liderazgo, y tenemos resuelta la ecuación.
Pero vayamos más allá. ¿Por qué la desarticulación de la oposición? Porque Chávez y Maduro, apalancados en el petro-Estado, y asesorados por la rancia dirigencia cubana, metieron el dedo en el fondo del asunto: la lucha de clases, la miseria, la exclusión social. Mientras, la clase opositora, como hemos venido diciendo en entregas pasadas, se ha ido desgastando en pactos estratégicos simplistas y electoreros, ausentes de contenido y de oferta-propuesta paÃs. Lo que ha demostrado la dirigencia opositora hasta este momento, tristemente, es que ha estado jugando a la polÃtica como el que juega a las bolas criollas: para ver quién arrima más al mingo; siendo el mingo, no precisamente el interés colectivo de fondo, sino sus propios intereses partidistas y la búsqueda de reconocimiento para lograr negocios oscuros con la clase dirigente.
Este gobierno ha sido muy hábil. Muy astuto. Ha hecho que la oposición se ponga de rodillas. Creó la falsa ilusión de que existe oposición; pero, una oposición que apenas está en la pubertad. La dirigencia opositora se desconecta y huye de las grandes decisiones que debe tomar. No hay un lÃder en la oposición con suficiente credibilidad y temple que se plante frente al gobierno para decirle que el Plan de la Patria es Apátrida. La dirigencia opositora no ha entendido que ese Plan es una potente droga, legado perverso de Chávez, hoy aparentemente inofensiva para los que la consumen.
Tanta blandenguerÃa me lleva a pensar que los asesores de la MUD han sido los lÃderes de la oposición cubana. Sus acciones responden sólo a los perÃodos electorales donde, debo reconocer, han tenido ciertos logros. Pero, en este instante, tengo la impresión de que la Mesa de la Unidad sólo espera el adelanto de la fecha de las próximas elecciones porque sus miembros no encuentran nada que hacer. ¿Cómo es posible que los partidos que la integran tengan que esperar a que no haya comicios para reencontrarse con la sociedad? El mejor ejemplo de que para ellos priva lo electoral.
Bien lo decÃa la respetadÃsima psiquiatra FelÃcitas Kort: “la oposición debe buscar la eficacia colectiva que en pocas palabras se refiere a la capacidad grupal para cambiar el acontecer. Virgilio lo dijo hace añales: pueden los que piensan que pueden”. A la oposición hay que recordarle que en las guerras no hay soldados sin heridas. Salir impolutos no es posible en estos momentos. Recordemos también que la ignorancia y la explotación excesiva de un pueblo ponen en peligro el sistema de vida de cualquier paÃs. Incapaces de romper el yugo chavista, el pueblo se habitúa y se acomoda.
Insisto: la dirigencia opositora no sabe mercadearse. En estos momentos, el venezolano tiene el cuerpo inmóvil… su espÃritu no es libre. Y eso es lo que la dirigencia opositora no termina de captar. No tiene la más mÃnima idea de cómo desarrollar una estrategia para conectarse con el pueblo; porque el dinero fácil y los revolucionarios ladrones han hecho de Venezuela un paÃs sin ideas. Si como dicen la necesidad es la madre de la invención y el descontento el padre del progreso ¿qué nos está pasando? ¡Porque la masa, a mi juicio, está servida!
En ese repensar que tiene como tarea la dirigencia opositora, yo le recomiendo que vaya de la mano con la pobreza. Tiene que lograr un sentimiento de clemencia con matices de perplejidad; pero, siempre en beneficio de la población a la que Chávez le dio importancia. La clase opositora necesita generar sinergia entre el poder, sociedad civil, clase media, profesionales, sectores desposeÃdos; para que esa sinergia resulte ser un amparo, una atención, un favorecimiento de unos con respecto a otros. Una autopista en doble vÃa que repercuta en un sentimiento colectivo, de gratitud, compromiso, desafÃo, siempre capaz de producir una convivencia humana, humanitaria e integrada. En conclusión, le recomiendo a la dirigencia opositora que busque y logre la inclusión en mayúscula, pero por la vÃa del afecto y no por la vÃa del poder negociador, hipócrita y rentista del Estado.




