Brayan Principal: el dolor de perder a un niño en medio de las protestas

Marbelis Giménez, madre de Brayan Principal, en su casa

 

Hace un año mataron al primer menor de edad que cayó en el contexto de las manifestaciones de 2017. El adolescente de 14 años fue víctima de un balazo disparado por un hombre a quien identifican con los colectivos armados de Barquisimeto. Su familia está a la espera del inicio del juicio

Texto y fotos: Karina Peraza Rodríguez

@KaryPerazaR

La última vez que lo vio, Brayan David Principal Giménez, de 14 años de edad, estaba en una casa muy alta. Se veía alegre, enérgico y vestido como siempre andaba. Le gritó para saludarla y ella, que estaba al otro lado de la vivienda y embargada de alegría, sintió fortaleza porque así supo que el mayor de sus cinco hijos estaba bien. Luego, abrió los ojos, volvió a la realidad. La tristeza la invadió porque, otra vez, se trataba de un sueño. Su hijo no estaba con ella. No lo está desde el pasado martes, 11 de abril de 2017, cuando fue baleado en medio de una protesta antigobierno que se desarrollaba en horas de la noche a las afueras del urbanismo Alí Primera, una “Misión Vivienda” ubicada al norte de Barquisimeto, en el estado Lara. De ese impacto en al abdomen, el adolescente nunca pudo reponerse. Murió al día siguiente.

El vacío se siente en el apartamento 3 de la torre 17 C del mencionado urbanismo donde residía Brayan desde 2014 junto a sus padres, abuelos y cuatro hermanos menores. Su madre, Marbelis Giménez, tenía nueve meses de haberse quedado viuda. Su esposo murió por las múltiples complicaciones derivadas de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que sufría, una enfermedad incurable del sistema nervioso que debilita los músculos y afecta las funciones físicas. Desde hace seis años, cuando se le detectó el padecimiento, los médicos le habían advertido a la mujer que la vida de su pareja sería corta, así que ella se dedicó a atenderlo. Lo mismo hacían sus hijos, en especial Brayan, quien había pasado a ser el hombre de la casa. En él ella había depositado todos sus anhelos, pensaba que cuando creciera un poco más la iba ayudar.

Él era mi esperanza porque era el mayor de todos. Me duele mucho que en estos momento no esté conmigo, me duele en el alma, me duele en el corazón, como madre. Quisiera tenerlo y abrazarlo”, expresó Marbelis, con sus ojos claros llenos de tristeza. La pérdida de su esposo y la de su niño fueron tan duras que, durante las semanas posteriores a la muerte de Brayan, no le provocaba ni comer. “No hacía más que llorar y abrazar su ropa”, acotó.

María Elizabeth Giménez, tía de la víctima, explicó que el joven era muy apegado a su abuelo y solía ayudarlo en una bodega. Allí hasta vendía panes para ayudar a su mamá. Pero la pérdida del muchacho hizo que todo cambiara. La nostalgia dejó sin fuerzas al abuelo y con estas se fueron también las ganas de abrir otra vez su negocio. Para escapar del dolor, decidió mudarse a Acarigua a principios de este año, una situación que devastó a Marbelis, quien hoy se siente más sola que nunca sin sus padres en casa.

“A mi papá le pegó fuerte. Él no se hallaba aquí, así como yo. A veces salgo, llego y vengo pensando en él, en que su vida fue corta. Por culpa de esas protestas en contra del gobierno, mi hijo está muerto”, sentenció.

Los hermanos de Brayan –dos niños de 13 y 10 años de edad, y dos pequeñas de 6 y 7 años– preguntan mucho por él. En hojas y en paredes de su apartamento le han hecho pequeños  homenajes, le dicen cuánto lo aman y extrañan. Marbelis ojeó un “Proyecto de vida” que él entregó en su escuela y pensó en que ninguna de las metas que allí plasmó las pudo cumplir. Tenía en mente tres carreras: quería ser marino o ingeniero petroquímico, aunque su mayor anhelo era ser del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Para ese mismo trabajo que hizo al culminar el sexto grado, pintó una lámina con el logo de la institución, el mismo que hoy reposa en las paredes de su casa, a un lado de las pancartas y escritos realizados por su madre. En el proyecto nombraba mucho a su familia, porque para Brayan eso era lo más importante.

Crimen confuso

Entre las 8:00 y 8:15 pm del 11 de abril, Marbelis envió a su hijo a comprar una masa o unas empanadas, lo que consiguiera para cenar como ya lo había hecho en otras ocasiones. Brayan caminó hasta la entrada del urbanismo, donde suelen ubicarse muchos vendedores. Supo que en la vía principal, a unos ocho metros de donde él estaba, había una manifestación en la que quemaban cauchos.

Los vecinos de la urbanización Yucatán levantaron esa noche una barricada, tal como lo habían hecho en múltiples sectores de Barquisimeto en aquellos días. Los residentes de Alí Primera, afectos al Gobierno, salieron para confrontarlos. Hasta ese momento, el enfrentamiento no había pasado de los insultos. Pero de pronto se formó una balacera.

Todos corrieron y allí estaba Brayan, quien se había asomado justo en el momento equivocado. Un proyectil que entró por el costado izquierdo, le perforó linealmente el abdomen y salió por el costado derecho, lo derrumbó. Un adolescente de 17 años, residente de Yucatán, también resultó herido. A ambos los trasladaron hasta el ambulatorio María Sequera de Tamaca y, de allí, los remitieron de inmediato a la emergencia del Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto.

Algunas versiones indican que Brayan David caminó y pidió ayuda. Lo cierto es que se lo llevaron mientras que a Marbelis le fueron a avisar tres vecinos, pero ella no podía creer lo que había sucedido. En medio del asombro y la angustia, se quedó encerrada en el urbanismo. Nadie pudo entrar, ni salir esa noche de Alí Primera. Los colectivos y las barricadas levantadas por los manifestantes hicieron imposible que alguien pudiera moverse de allí.

A Brayan lo asesinaron en la entrada de la Misión Vivienda Alí Primera

María Elizabeth, la tía de Brayan, fue quien se trasladó con su esposo al hospital y desde allí llamó a cada instante a Marbelis para darle noticias del niño. El proyectil le perforó por completo el intestino al muchacho y, además, le afectó la columna vertebral. Su tía nunca lo pudo ver, pero la médico tratante le explicó que iba a quedar en silla de rueda, sus necesidades fisiológicas las haría a través de una bolsa.

“A él lo operaron y le colocaron tripitas de plástico. Justo a las 2:08 de la madrugada que estaba en quirófano quedó dependiendo de una máquina, para mí fue en ese momento que murió. Sin embargo, nos decían que estaba estable”, comentó María Elizabeth.

A las 5:00 am del 12 de abril, Marbelis y sus padres pudieron llegar finalmente al hospital donde estaba Brayan. Una hora después, la cirujana le explicó que el adolescente sería sometido a una segunda intervención a las 8:00 am. Pero alrededor de las 11:00 am llegó la peor noticia. “No pudimos hacer nada”, dijo la médico al anunciar la muerte del chico de 14 años, el primer menor de edad caído en una protesta antigobierno de los 20 que se registraron durante 2017. Fue la segunda víctima en el estado Lara, donde hubo dos decenas de muertos en los 120 días que duró el conflicto en las calles.

Brayan fue uno de los seis jóvenes, menores de 18 años, asesinados por las balas de los colectivos paramilitares durante 2017. Hubo otros siete chicos que fueron víctimas fatales de la represión de las fuerzas de seguridad del Estado. También se reportaron otros seis cuyo victimario hoy se mantiene desconocido y uno que resultó muerto por un civil. De los 20 que murieron, 15 eran estudiantes. En total, 17 fueron impactados por armas de fuego con municiones que iban desde proyectiles, hasta balines metálicos y bombas lacrimógenas. También hubo un arrollado, un asfixiado y un electrocutado.  

La mayor cantidad de homicidios de menores de edad en las manifestaciones se presentó en Táchira, donde cayeron seis adolescentes. En Carabobo, Distrito Capital y Miranda perdieron la vida cuatro muchachos por estado.

“Dios sabe hacer sus cosas, como le digo a mi hermana. Dios no va a dejar un niño sufriendo en este mundo, pasando trabajo. Iba a quedar en silla de ruedas, a orinar en una bolsita y hacer pupú. Era un niño activo que no dependía de nadie, muy inteligente para quedar así”, señaló la tía de Brayan al recordar al pequeño.

El colectivo y las amenazas

En un primer momento, el abuelo de Brayan declaró que habían sido funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) los victimarios del joven y, por esto, el caso cayó en manos de Carlos Muñoz, Fiscal 21 con competencias en Derechos Fundamentales. Pero poco después se descartó esta hipótesis y se hizo cargo la abogada Cristina Coronado, quien era Fiscal 20 del Ministerio Público en aquel entonces.

Las versiones que le daban a Marbelis era que el disparo había salido de Yucatán y hasta hablaron de la presencia de un vehículo, historia que se repetía en las declaraciones. Del otro lado, sin embargo, aseguraban que eran colectivos.

Tras una investigación por parte del Ministerio Público y funcionarios del Eje de Homicidios del Cicpc Lara, se determinó que el proyectil que asesinó a Brayan David Princial Giménez, vino del mismo urbanismo Alí Primera. Presuntamente, quien disparó fue “El Maracucho”, un mototaxista de 29 años de edad que describen como “mala conducta” y miembro de colectivos armados. El primer día de los hechos, las autoridades lo interrogaron, pero luego lo dejaron en libertad. Un mes después, entre el 20 y 23 de mayo, fue detenido por orden del Tribunal de Control 2 del estado Lara.

Héctor Yohan Zapata Felice es el nombre de “El Maracucho”. Varios testigos confirmaron que había sido él quien había jalado el gatillo. Las experticias de balísticas, acompañadas de otra serie de pruebas científicas, fueron usadas para privarlo de libertad y acusarlo por homicidio calificado por motivos innobles y lesiones personales graves en grado de complicidad. Por este caso también se libró una orden de captura contra Jairo Janer Rivas Rivas, líder de Las Sábilas, el urbanismo más peligroso de Barquisimeto, quien aunque no pertenecía a ningún colectivo, figuraba como cómplice por haber prestado el arma y estar presente en el momento del asesinato de adolescente. Sin embargo, Rivas murió en manos de una comisión del Cicpc en enero pasado, antes de que lograran detenerlo.

La  audiencia preliminar del caso ya se realizó y “El Maracucho” no admitió los hechos. Para el próximo 24 de abril está programado el inicio del juicio. La madre del acusado, quien reside en la torre 15 de Alí Primera, amenazó a Marbelis días antes de que se cumpliera un año de la muerte de Brayan. Le pidió que retirara la denuncia por las buenas o por las malas.

Hoy, la madre del caído no siente temor por ella, aunque sí por sus hijas. Lo único que pide es justicia y que el victimario pague por el crimen. Confía en que si el Cicpc investigó lo sucedido y señaló a “El Maracucho” como el culpable, es porque así fueron los hechos. “No fue un perro a quien mató, no fue un animal, fue a un ser humano, a un menor de edad, a un niño que tenía solamente 14 años y que no estaba en protestas”, recalcó Marbelis.

Gobierno desaparecido

Cuando todo ocurrió, voceros del gobierno de Nicolás Maduro se hicieron eco del asesinato de Brayan, acudieron al sepelio y hasta condenaron los hechos. Aseguraron que eran manifestantes opositores quienes habían disparado. Tomaron dicho crimen como bandera política, dijeron que habían asesinado a uno de los suyos.

Desde la Comisión de la Verdad, presidida por Delcy Rodríguez, viajaron a Lara, escucharon a Marbelis y a otras víctimas a quienes iban a indemnizar. La madre de Brayan relató en aquel momento que, en medio de su dolor, tenía necesidades: una nevera, camas y un trabajo. Desde abril hasta junio de 2017 hubo contacto. Pero lo prometido quedó en el aire. Nadie la ayudó y su apartamento aún está vacío y con más carencias que antes.

El urbanismo Alí Primera, al oeste de Barquisimeto

Por su cuenta, Marbelis redactó una carta a mano y la introdujo en el Ministerio de Educación en Lara para solicitar trabajo. Eso, dijo, es lo único que le fue otorgado. Hoy es obrera en la institución educativa del urbanismo. Lo agradece y con eso se ayuda, pero no trabaja todos los días porque la situación económica la ha arropado; confiesa que pasa mucha hambre, porque hay días que no tiene qué comer. Viaja a Acarigua, en Portuguesa, donde sus padres la ayudan. Hace unos días se trajo un kilo de caraotas y dos de maíz, que le rendirán por tres días a ella y sus cuatro hijos, siempre que los acompañe con arepa. La bolsa del CLAP le llega cada tres meses y solo se la venden si llegan completas las 4.000 destinadas al Alí Primera.  

La mujer, a quien se le siente una voz suave pero triste, expresa que ella y sus hijos son más felices cuando están en otro lado. No se ve y tampoco quiere que sus hijos crezcan en ese urbanismo. La falta de comida, la inseguridad y lo más importante su niño, su esperanza, ya no están.

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