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Nela Ochoa

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Este domingo 20 de septiembre a las 11:00 de la mañana, se inaugura la exposición “Post-Pretérito” de la video-artista venezolana Nela Ochoa, bajo la curaduría y museografía de Lorena González y Matilde Sánchez, en las Salas 1 y 2 de “La Caja. Espacio de Investigación Visual” del Centro Cultural Chacao, avenida Tamanaco, en El Rosal, que permanecerá en exhibición hasta el domingo 15 de noviembre del presente año. La entrada es libre.

“Esta exposición –explica la artista- que empezó ya con el título Post Pretérito, que es como un futuro negado, gira un poco alrededor de la imposibilidad de hacer los experimentos científicos y genéticos que un científico loco pudiera inventar, como por ejemplo el caso de querer reparar el cromosoma Y masculino, que está en degradación. Era como una exposición que de alguna manera recordara la información que se tiene pero que no se puede ejecutar…por ahí empezó un poco”

Lorena González al referirse al nombre escogido para la exposición, Post-Pretérito, informa que es un tiempo verbal muy complejo: ni pasado, ni presente, ni futuro y que en su forma, el pasado se anuncia en el futuro pero de manera hipotética, obligado por la circunstancia de algo que debe suceder para su realización. “Hacia ese clima devastado –agrega la curadora- apuntaba la gran ambientación que la artista presentaría en esta oportunidad, confrontándonos con una medida poética que nos haría transitar por los eternos opuestos: femenino/masculino, civilización/ barbarie, vida/muerte, crecimiento/destrucción”.

La muestra se divide en cuatro zonas museográficas: “Arqueologías de lo probable” (Zona 1), “Desentierros” (Zona 2), “Cartografías potenciales” (Zona 3) y “Sedimentos” (Zona 4)

 

“Entonces –dice la artista- preparando esta exposición, que iba a tener piezas de genética ya hechas, así como nuevas piezas y experimentos como el de la reparación del cromosoma Y, me roban una cantidad de obras, entre ellas las láminas de látex de las gráficas de mi propio ADN, muestra que se llama Desentierros. Y fue como lo lógico –agrega- que sucediera un hecho así dentro del concepto de la exposición, porque era nuevamente el futuro negado…parte de lo que está pasando en el país”

En este sentido la curadora González señala que el contexto definió el desenlace y el Post-Pretérito se alzó en todo su esplendor para confrontarnos con una muestra que es hoy una metáfora de lo que pudo ser y de lo que es sin ser, juego que también existe gracias al carácter terrible de lo ocurrido, pues la ausencia de algunas de las obras se ha vuelto parte esencial de la exposición.

“Desentierros”, instalación que no estará completa, por el robo de sus muestras, pero que la artista dibujará a mano en una de las paredes de la Sala y donde también se colocarán gráficas del ADN de la expositora que ella tenía en la computadora, seguirá llamándose así porque es la misma obra, pero la nueva versión Nela Ochoa la ha denominado “País”.

 

*Con información Nota de Prensa

 

Isla de libros por Elías Pino Iturrieta

FILCAR

 

Pasó hace ya quince días, pero el ajetreo habitual y los textos preparados de antemano me obligaron a dejar el comentario para hoy. No importa, en todo caso, debido a la trascendencia del suceso que quiero comentar y al regocijo que seguramente producirá en los desocupados lectores. El solo hecho de que no los obligue ahora a leer sobre nuestras urgencias, sobre los horrores cotidianos, sino sobre un acontecimiento edificante, sobre cosas capaces de levantar la alegría y el entusiasmo, tal vez justifique el retraso del comentario.

Hace ya quince días, en efecto, se llevó a cabo la primera Feria Internacional del Libro del Caribe, Filcar, promovida por la Universidad de Margarita bajo la presidencia del escritor Antonio López Ortega y con la tesonera coordinación de la pintora y escultora Nela Ochoa. Estaban llenos de dudas en las vísperas del suceso. Como se trataba de iniciar un proyecto jamás planteado en el lugar, y como  los primeros pasos no son habitualmente firmes, no dejaron de pensar en resultados mediocres si el viento le soplaba con amabilidad a la barca. Temores infundados, porque Filcar fue un éxito resonante que se perfila como el inicio de un ciclo tocado por la fortuna.

El asunto de mayor importancia radicó en la masiva asistencia de espectadores. Filcar llamó la atención de los margariteños, quienes se volcaron masivamente en la sala de exposiciones. Daba gusto el verlos afanados en la revisión de los libros que se ponían a la venta, o en las actividades especiales que se llevaron a cabo, la mayoría dedicadas a los niños de las escuelas lugareñas. Primera vez que el escribidor ve a la gente con bolsas de libros en la isla, es decir, sin las usuales cargas de licores y de los otros artículos que se adquieren en los centros comerciales del puerto libre. Un puerto libre de libros, dijo alguien entonces ante la insólita situación. Daban gusto los salones repletos para escuchar la poesía de Rafael Cadenas, o las lecciones de Ednodio Quintero sobre literatura japonesa, o la palabras austeras de Ana Teresa Torres y Yolanda Pantin, o el taller de Maribel Espinoza sobre la historia del libro desde el tiempo de los sumerios, u otro taller de Sergio Dahbar para periodistas jóvenes, o las margariteñerías de Francisco Suniaga y la novedad de Luis Chataing en letra impresa, por ejemplo. Ahora no menciono a todos los que fueron y a todos los que provocaron el interés de los asistentes, pero para muestra un botón.

Aparte del cuidadoso trabajo de coordinación realizado por López Ortega y Ochoa, capitanes de un pequeño pero laborioso equipo, destacó la presencia permanente del rector Pedro Augusto Beauperthuy y de sus colegas del equipo rectoral, quienes estuvieron personalmente en todas las actividades sin dejar ninguna de lado. No se conformaron con presidir los rituales de inicio y  clausura, como suele suceder. Acompañaron a todos los autores y a todos los editores, asistieron a los talleres y a las conferencias, saludaron a los escolares, fueron compañía activa y ubicua durante una fructífera semana a través de la cual se demostró cómo una universidad privada puede salir airosa del campus a extender sus servicios a la comunidad a la cual se debe y de la cual depende. Quizá fuese tal compromiso lo más destacable de Filcar, en estos días de acoso a los centros de enseñanza superior.

Pero lo mejor fue, desde luego, el descubrimiento de un pueblo lector, el deslumbramiento de una colectividad que asiste a las convocatorias de la cultura, la familiaridad de los margariteños con los asuntos de la imprenta y de la pluma. No debe ser asunto nuevo, eso se huele de lejos, mas estaba escondido en los rincones del puerto libre esperando la hora del regreso oportuno. Filcar les ofreció la ocasión y no la desaprovecharon. La Universidad de Margarita puso los estantes y llamó a libreros, editores y autores para que la comunidad se hiciera presente en una hermosa y prometedora conducta. Antonio y Nela ofrecieron suculenta carnada y todos mordimos el anzuelo, por fortuna. Como anuncié al principio, no escribí hoy sobre los horrores cotidianos de Venezuela, sino sobre un fragmento de la otra cara de la moneda. Termino lleno de alegría, por consiguiente y como pocas veces.

@eliaspino

El Nacional