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Oct 04, 2016 | Actualizado hace 3 años
Policías malandreados, por Alejandro Moreno

EsposasdePolicías

 

Dice la gente del barrio que es más peligroso un policía que un malandro. Fruto de la experiencia. En lo que llevamos de año se han multiplicado las denuncias de abusos policiales contra el derecho a la vida de ciudadanos tanto delincuentes como inocentes. Ninguno de los organismos de seguridad (¿?) se libra.

Entre febrero y marzo se dio la orden de perseguir a sangre y fuego a los jefes de banda. Cayeron muchos, grandes, medianos y pequeños, se llamaran pranes, volanteros, jefes o simplemente malandros. Muchos inocentes también fueron ultimados porque se parecían al que se buscaba, porque estaban en el lugar equivocado, porque fueron vengativamente acusados de lo que no eran por algún enemigo o porque sí. Se puede decir que, con muy pocas excepciones, ninguno fue sometido a juicio, ninguno fue capturado, ninguno encarcelado. El que se defendió a tiros, a tiros fue ejecutado. El que no se defendió porque no pudo, porque no quiso, porque creyó en la justicia, siguió la misma suerte. Para Provea durante 2015 y lo que llevamos de 2016 las violaciones a la integridad personal han aumentado en un 902%. “En este momento tenemos más de 700 ejecuciones extrajudiciales cometidas desde la introducción de las OLP”, dijo su coordinador. La gente denuncia, pero no pasa nada porque, como dijo un oficial por mí ya citado en otro artículo, eso está hablado internamente. Lo más grave de todo esto es que la orden, el permiso y la incitación a matar impunemente al que ha sido definido como delincuente libera en el agente policial peligrosas tendencias a ir más allá de esos límites oficiales, ilícitos pero límites, e incursionar en el campo abierto del malandraje. Y esto además sin pudor y en banda. Así, en Vargas, hace pocos días, es sólo un caso, de la manera más cruel, tres policías mataron a un barbero y lo arrojaron por un barranco. Nada del otro mundo desgraciadamente. Sin embargo, lo más preocupante es que un contingente de cincuenta funcionarios, en solidaridad con los asesinos, agredió por dos veces el cortejo fúnebre lesionando y deteniendo a varios de los participantes. Las bandas malandras ahora son también de policías.

El muy serio periodista de investigación Javier I. Mayorca, nos asusta con dos análisis bien sustentados: uno de la FAN y otro del Sebin señalando en el primero el aumento significativo de casos penales en los que están involucrados funcionarios militares y el segundo indicando que a ese organismo nadie lo controla.

Con policías y militares así, ¿quién garantiza nuestra seguridad?

El Nacional

 

Carlos Blanco Ago 19, 2015 | Actualizado hace 4 años
El orden malandro por Carlos Blanco

violencia3

 

El colosal desastre actual, sin empuñadura por donde asirlo, da la impresión de ser un caos permanente, potenciado hasta la exasperación. Parece que el estado de bochinche supremo y de hiperestesia fuese algo incompatible con un cierto equilibrio. No es así. Bajo el imperio chavista, incluida esta etapa final marchita y ultracorrompida, se ha ido varias veces desde el orden al desorden y de nuevo al orden; de la estabilidad a la fragilidad, una y otra vez, y esto explica por qué ha estado a punto de melcocha varias veces y por qué se ha recompuesto otras tantas; sin que esto prejuzgue sobre lo que ha de venir.

A la mirada estrecha y adocenada, las rebeliones habidas en estos años han sido “aventuras” fallidas; sin tomar en cuenta –o desechando– que un cambio radical es posible cuando se pasa de un cierto orden a un desorden, de la armonía al caos. En el filo de ese tránsito los cambios radicales pueden –digo, pueden– tener lugar. Si no ocurren en ese momento, viene una nueva estabilidad aunque sea precaria.

El bachaqueo ilustra este vaivén. El desastre económico condujo a la escasez; la escasez a crecientes niveles de desesperación por las colas y las migraciones de un sitio a otro para conseguir lo inexistente; ese caos podía conducir, como ocurrió varias veces, a disrupciones violentas. Poco a poco se le sobrepuso un orden: desde el gobierno se inventaron variedades de racionamiento; y desde la sociedad civil la imposición de una nueva profesión, la del bachaqueo: un orden nuevo sobrepuesto al desorden de la escasez.

Así ocurre con la inseguridad. La desprofesionalización de las policías y la creación de los grupos paramilitares, así como el enaltecimiento del malandraje como tributo a la pobreza que supuestamente lo producía, generó el caos. Luego, los colectivos, la policía y los guardias nacionales coludidos instauraron un orden rojo en las calles que no combatía el crimen sino a la oposición. Se desataron los asesinatos al por mayor. El gobierno intenta controlar el caos que ha generado en 16 años, pero lo que emerge es un caos mayor en el cual muchos colectivos, malandros, pranes y policías no pertenecen a bandos opuestos sino que son parte de la misma úlcera que deshace el tejido social. Germina un orden instaurado por el crimen en barrios, prisiones y pueblos del país.

El Orden Malandro no está destinado a durar. Vendrá una nueva crisis. No es cierto que los ciudadanos no volverán a salir a la protesta; lo hacen a diario y en una de esas idas y venidas se producirá el tsunami y la salida del régimen.

 

@carlosblancog

El Nacional