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El huracán Nicolás, por Laureano Márquez

EL PASO DEL HURACÁN DORIAN por las Bahamas ha sido terriblemente devastador. La solidaridad internacional debe manifestarse, sin lugar a dudas. Sin embargo, el leer que el gobierno de Venezuela ofrece su apoyo, no deja de producir cierta perplejidad para los venezolanos.

El huracán que azota a nuestro país es también de categoría 5, pero no solo devasta, arruina y destruye todo lo que encuentra en su camino, sino que, además, el nuestro se devuelve cuando su ojo detecta algo que aún se le quedó en el camino por arrasar. Está dotado, en tal sentido, de inteligencia destructiva y -como si fuera poco- se detuvo en el país y se niega a moverse

He aquí algunos de los efectos devastadores de nuestro huracán:

 

  • Ha dejado a su paso miles de muertos, no solo como consecuencia de la delincuencia sin control y exacerbada, sino también –cosa que es mucho más grave– por la acción de los organismos públicos cuya misión debería de ser la defensa de los ciudadanos y que se han dedicado a la violación sistemática de los más elementales derechos humanos.

 

  • Otros miles han quedado atrapados en prisión sin ninguna posibilidad de recibir ayuda ni asistencia.

 

  • Ha destrozado centenares de miles de hogares, desde sus cimientos, cuyos integrantes se encuentran refugiados en los más remotos lugares del planeta (se habla de más de 4 millones de desplazados).

 

  • Ha destruido extensas zonas selváticas en el Arco Minero, arrancando árboles de raíz y acabando con el frágil equilibrio ecológico.

 

  • Miles de empresas desaparecieron al paso de este huracán, dejando a muchos sin empleo y en la más precaria pobreza.

 

  • Vías de comunicación destruidas, transporte público colapsado y amplios sectores del país se encuentran sin suministro eléctrico, como Bahamas tras el paso del Dorian.

 

  • Tampoco hay suministro regular de agua ni de combustible.

 

  • Los hospitales están colapsados, no se consiguen medicinas ni alimentos de primera necesidad.

 

  • Para colmo de males, nuestro huracán impide la llegada de la ayuda humanitaria que la población necesita.

 

Todos estos efectos se han hecho sentir en Venezuela con la misma dureza que el Dorian, solo que, en veinte años que lleva estacionado sobre nosotros, fue aumentando de categoría. Bahamas volverá pronto a ser un lugar floreciente, se repondrá con el espíritu de la gente y la ayuda de buena voluntad. Nosotros, sin embargo, seguimos sin poder contabilizar la magnitud de los daños, porque nuestro huracán no termina de pasar.

Mientras, tenemos el descaro de ofrecer ayuda a Bahamas. Más o menos qué podemos ofrecer: ¿agua?, ¿combustible?, ¿plantas eléctricas?, ¿alimentos?, ¿medicinas? Vaya descaro el de nuestros vientos. El primer ministro de Bahamas habla de una destrucción sin precedente, la nuestra es con presidente, usurpador, claro.

 

@laureanomar
El sentido del ridículo, por Laureano Márquez

DICEN QUE EL SENTIDO DEL RIDÍCULO “es aquello que nos hace estar pendientes por no hacer nada que pueda causar molestia o provocar risas por parte de los demás”. Hay personas que tienen un alto sentido del ridículo y otras en las que escasea, es decir, personas que tienen una mínima preocupación porque aquello que dicen o hacen mueva a la risa. Hay muchos tipos de risa. Para un comediante, por ejemplo, la risa de los demás constituye la mayor satisfacción, vive para ello. Esto no quiere decir que él haga el ridículo, pues si alguien tiene un elevado sentido del ridículo es el comediante. La risa que el ridículo produce es diferente: no es humorística, sino que se convierte es una expresión de lástima o vergüenza.

Recuerdo, hace muchos años, haber asistido al montaje de una versión de Otelo en la que trabajaba un querido compañero de Radio Caracas Televisión. Durante la representación del clásico teatral, los asistentes reíamos de buena gana al ver el divertido montaje cómico que un elenco de actores dramáticos había conseguido de la célebre tragedia de Shakespeare. Cuando al final de la obra acudí a felicitar a mi compañero –que era, casualmente, el que daba vida al moro de Venecia–, el ambiente en el camerino sí que era de verdadera tragedia. Él, con los ojos vidriosos de llanto, me preguntó: “¿pero por qué se reían?”. La pregunta me puso al tanto de que la auténtica desgracia se desarrollaba detrás del escenario: esa divertida obra, la que yo como cómico habría querido montar, constituía para estos actores dramáticos una verdadera fatalidad: habían hecho el ridículo. De hecho, la única función de una anunciada larga temporada fue la del estreno. Es curioso la delgada línea que a veces separa las cosas: al serio le angustia la risa y al cómico la seriedad.

Todas estas reflexiones sobre lo que significa hacer el ridículo vienen a cuento por la noticia que hoy, 6 de agosto de 2019, aparece reseñada por la agencia de noticias EFE: “El Gobierno de Maduro sugiere a los venezolanos postergar los viajes a EE.UU. por los tiroteos”. El régimen alude a las trágicas masacres acaecidas en los Estados Unidos en los últimos días: la de El Paso, que dejó un saldo de 22 personas fallecidas y 24 heridos y la de Ohio, con 9 fallecidos y 27 heridos, lo que, sin duda, constituye una catástrofe lamentable, una nueva muestra de la locura enfermiza que evidencia el tema de los tiroteos en los Estados Unidos y el delicado tema del control de armas, siempre polémico en la sociedad norteamericana.

Ahora bien, dicho lo anterior, hay que decir esto otro: que un régimen que asesina, tortura, quita la vista a adolescentes, lanza a presos políticos del décimo piso, asesina a jóvenes manifestantes en las calles, un régimen responsable de lo que de seguido se describe:

  • “En las últimas dos décadas más de 300.000 venezolanos fueron asesinados, lo que arroja un promedio de al menos 41 homicidios por día” (es decir: Venezuela tiene 2 El Paso cada día) (O.V.V.).
  • “Más del 60% de los asesinados en los últimos 20 años (cerca de 200.000) tenían entre 14 y 29 años cuando perdieron la vida, en tanto que el 90% eran hombres y más del 80% vivían en la pobreza.” (O.V.V.):
  • “Otra consecuencia de esa falta de respuesta por parte de las instituciones es el uso de la “justicia privada”, que ha incrementado en los últimos años los casos de linchamiento y de asesinatos por encargo, “que ocurren en situación de impunidad y pérdida del Estado de derecho”. (O.V.V.).
  • “Entre 2016 y 2018, los funcionarios de seguridad mataron a 18.339 personas, equivalentes a 509 ciudadanos por mes, y «en lo que va de 2019 los cuerpos policiales han asesinado a 15 personas a diario bajo el argumento de haberse resistido a la autoridad» (Briceño León)

La lista seguro es más larga y dolorosa. Pero repito: que un régimen responsable del agobio de sus connacionales por todos los crímenes descritos, les sugiera que no visiten a los Estados Unidos de América por el peligro que esta visita podría acarrear para su seguridad, es muestra inequívoca de que se ha perdido todo sentido del ridículo.

En nuestro caso, la desnudez del rey es patéticamente pornográfica.

 

@laureanomar

Esa carta, desgraciada… Por Laureano Márquez

UNA CARTA HA ESCARNECIDO al país virtual en contra de sus signatarios. Los insultos, las descalificaciones se han hecho sentir con crudeza. Palabras como “traición”, “vergüenza” y hasta “crimen imperdonable” han salido a relucir. Pero ¿cuáles son las equivocadas opiniones que allí se exponen? ¿Cuál es el sacrilegio abominable? ¿Qué dice en definitiva esa carta, desgraciada, para despertar tanta ira? Pues bien, fundamentalmente, dice lo siguiente:

i) Que los que la suscriben respaldan a Guaidó como presidente interino (no exigimos –obviamente– que todo el mundo piense igual ni haga lo mismo, sino que a nosotros nos parece la opción más sensata para encontrar un camino que nos devuelva a la democracia)

ii) Decimos también, que en nada asombra que Maduro promueva mentiras sobre Guaidó –es su habitual manera de proceder; para él política y mentira son sinónimos–, pero que “nuestra preocupación” es que tal cosa no debería hacerse también desde la oposición, menos con un pueblo desesperado y desprovisto de mecanismos fiables de información (y es que –ciertamente– no mentimos cuando señalamos que nos preocupa la mentira, no el inalienable derecho a la crítica, no el desacuerdo, no la discrepancia, sino el falseamiento. No deja de ser asombroso –surrealista incluso– que a tanta gente le moleste que un pequeño grupo se oponga a la mentira)

iii) Se exhorta a los venezolanos a “mantener un tono constructivo” y a “luchar por hacer más decente y noble el debate político y nuestra conversación nacional”. Probablemente se nos pasó la mano, en verdad; quizás pedimos demasiado para el clima de enfrentamiento que se vive en el país.

Una de las cosas que más molestaron a los encolerizados detractores fue la palabra “intelectuales” con la que se nos alude en la nota publicada en los medios. Vamos a ver: los firmantes de la carta no somos tan mentecatos, tan necios como para calificarnos a nosotros mismos de intelectuales, menos para arrogarnos una representación de la intelectualidad venezolana que nadie nos ha dado.

Cuando la prensa reseñó esta carta, desgraciada, viendo la diversidad del grupo, decidió –supone uno– agruparnos bajo el genérico, impreciso y siempre despreciable término de “intelectuales”.

La dichosa palabra, no incluida en ningún punto de la carta, desató tanta o más furia que la misiva misma.

En lo que al suscrito respecta, las descalificaciones no molestan. Cuando uno aparece muchas veces en diversos programas del canal del Estado, se va acostumbrando a ellas en su forma más vil, agresiva y rastrera. Han venido, además, tanto desde el chavismo como desde la oposición, incluida en esta última, por cierto, a los temibles conversos, que despotricaban de uno antes, desde el chavismo, y lo hacen ahora desde la otra acera.

Por otro lado, la desacreditación del oficio del cómico es ancestral. En el derecho romano existía la tacha de infamia, que degradaba el honor civil de los cómicos. En el Renacimiento, el desprecio por el oficio de la risa también era habitual: al cómico se le podía maltratar y ridiculizar en el escenario y fuera de él. No podía pernoctar en las ciudades, debía acampar a una legua de ellas. De allí, los “cómicos de la legua”.

En lo personal, pues, no me molesta la ofensa sistemática y sostenida, que es ya costumbre; lo que sí me indigna es que se use la “despreciable” condición de cómico (o payaso, si se quiere ser más hiriente) de uno de los signatarios para descalificar al resto, a gente cuya trayectoria merece admiración y respeto, entre ellos la de dos religiosos de los que nadie puede decir que sus vidas no han estado comprometidas hondamente con el destino intelectual del país, con la lucha por la libertad y la democracia y que merecen de los venezolanos la mayor estima.

Hay un término que define lo que nos está sucediendo a los venezolanos en este tiempo: el cainismo, el odio visceral al semejante, al hermano, al compatriota, que puede conducir a su aniquilación física o moral (o a ambas). El cruel régimen que padece Venezuela se ha cimentado sobre la promoción del cainismo.

No olvidemos la historia: comenzaron friendo cabezas en aceite en el discurso “inofensivo” de la campaña electoral de 1998 y terminaron haciéndolo cruelmente en la realidad desde el poder.

No deberíamos caer, quienes los adversamos, en lo mismo, porque por el insulto se empieza (¡ojo: es solo una opinión!). Sería bueno que evitáramos el epitafio que de manera premonitoria (un siglo antes de la Guerra Civil) escribiera -en este caso sí- el intelectual español Mariano José de Larra: “Aquí yace media España; murió de la otra media”.

P.S.: De todas maneras, por si alguno quisiera leer enteramente esa carta, desgraciada, que con tanta vehemencia ha sido condenada, aquí les dejo el enlace.

 
@laureanomar
Dos espías en Caracas, por Laureano Márquez

Hace unos días tuvimos el honor, Edo Sanabria y un servidor de Internet, de hacer la presentación de la primera novela de Moisés Naím, cuyo título encabeza este escrito.

Moisés Naim es un exponente global de la “intelligentsia” venezolana. Sus libros son exitosísimos en diversos idiomas y está considerado entre los intelectuales más influyentes del mundo. Escribe en El País de España (aunque muchos no están de acuerdo en que España es un país) y en otros medios de importancia mundial, estuvo al frente de la revista “Foreign Policy” (policía del extranjero), es un “think tank” reconocido en Washington  (como los tanques de agua que tenemos en los apartamentos en Caracas, pero un su caso de pensamiento), recibió el premio Ortega y Gasset ( Gasset y no CD porque ya él usa “Spotify”). Lo anterior es solo parte de su haber intelectual. Por ello, cuando nos llamó a Edo y a mi para proponernos que presentáramos conjuntamente su libro con nuestra “Historieta de Venezuela”, nos dio como cosita con él. “Este está tratando de apoyarse en nuestro prestigio para conseguir más éxito” -nos dijimos-. Estuvimos a punto de decirle que no, pero al final a Edo y a quien suscribe nos conmovió su gesto y decidimos aceptar. Hay que apoyar a todos los paisanos para que surjan por el mundo y nosotros -la verdad sea dicha- pensamos que el tiene cierto talento y  que merece nuestro apoyo.

Entrando en el libro: la primera novela de Naím tiene como telón de fondo lo que podríamos llamar, parafraseando lo que se ha usado para otros caudillos, el “auge y caída” de Hugo Chávez, aunque en este caso más que caída fue fallecimiento (perdón por el “spoiler”). En ese período de tiempo, una pareja de espías, de la CIA, ella (Chávez tenía razón) y de la inteligencia cubana,  él (Guaidó tiene razón), desarrollan sus actividades en Caracas. El argumento tiene intriga, acción, persecuciones (con economía de carros destrozados porque eso es de serie gringa, no de novela latinoamericana de un país en crisis), romance y -aunque Naim se nos presente con esa carita de santo florentino- sexo, ¡mucho sexooo! Bueno en realidad el sexo no es tanto, pero como Naim necesita con urgencia vender este libro, exageramos un poquito lo del sexo, porque sabemos que vende.

La literatura, a diferencia de otro género de escritura, como el ensayo académico (en el que se ha destacado Moisés Naím), tiene a su favor el recurso de la ficción. Moisés Naím lo aprovechó al máximo para decir cosas que fuera de la literatura requerirían del rigor de la prueba. Pero la historia reciente de Venezuela tiene tal escala de surrealismo que a veces el lector se pierde en la novela: hay cosas que uno duda de si sucedieron en verdad, si son obra de la envenenada y maliciosa mente del escritor o de la envenenada y maliciosa mente del político que le sirve de protagonista.

“Dos espías en Caracas” es una síntesis, muy apegada a los hechos, de la tragedia que nuestro país enfrentó como consecuencia de la desmedida ambición de poder de Hugo Chávez, de su autoritarismo personalista y de la entrega que hizo del país a los designios de un líder extranjero cuyo nombre no voy a rebelal, mulato (recuérdese que Naim fue agente de la “Foreign Police” y tiene datos, expedientes e informes). Uno siente que el autor realiza un trabajo de arqueología literaria completando en la ficcion literaria algunas secuencias de la difícil realidad política venezolana bajo del régimen chavista que aún dejan muchas incógnitas y explicaciones pendientes para los venezolanos, gracias al severo proceso de desinformación al que fuimos y somos sometidos, del  cual, dicho sea de paso, también se da cuenta en sus páginas.

Hablando como lector, la novela me ayudó a revivir hechos y circunstancias cuya gravedad había olvidado con la aparición de nuevas razones para el dolor y la angustia. Este régimen realmente es mucho peor de lo que a veces alcanzamos a recordar, por tal razón este inventario de los males que en Venezuela produjo la antipolítica no nos viene mal a ninguno, a fin de repasar la lección que debemos aprender. Al lector de latitudes distintas a la nuestra, Naim le facilita la comprensión de algo que los venezolanos no podemos explicar completamente, todo ello en medio de un tejido de  interesante ficción, de inesperados sucesos, con personajes tan reales que parecen imaginarios y tan bien imaginados que parecen reales.

Hace poco, en uno de sus escritos semanales, decía Vargas Llosa que Venezuela tenía que producir la literatura que analice, que de cuenta de los sucesos de los últimos tiempos, parece que hasta que la literatura las plasma las cosas cosas no son del todo. Ya ha comenzado a suceder y la novela de Naím es muestra de ello. Una novela de la que todos somos, sin duda,   angustiados personajes atrapados en una trágica trama en la que ya solo anhelamos una palabra: “fin”.

@laureanomar

 

UNA NOTICIA DESPIERTA nuestra reflexión e interés: Andrómeda se acerca a toda velocidad hasta nuestra Vía Láctea (Milky Way en inglés en honor a la célebre barra chocolate), parece que la colisión es inevitable. Andrómeda se mueve a una velocidad de 300 kilómetros por segundo. Según este dato, la galaxia vecina avanza hacia nosotros 25.920.000 kilómetros cada día. La cifra perturba, asusta, estremece. Para que se den una idea, es como ir 37.241 veces a Maracaibo (o sea, ni Carlos Andrés en su primera campaña de “ese hombre sí camina”). Inevitable meditar en lo pequeño y breve que es todo lo humano.

Pienso en las grandes cosas que el hombre ha hecho: pinturas, catedrales, sinfonías, Stonehenge, el ícono de la Trinidad de Rublev y el Empire State. Todo ello será alguna vez polvo cósmico (o no, ¿quién puede saberlo?). Nos sentimos pequeños ante dimensiones que a nuestra mente se le escapan, pero a la vez somos grandes, porque comprendemos todas estas cosas, que existen porque las pensamos y somos capaces de abarcar dimensiones infinitas en el universo –no menos misterioso– de nuestro entendimiento.

Decía Kant: «Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto, a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí». Por encima de nosotros, el infinito universo insondable y dentro, en el interior de cada uno, otro infinito: el moral, nuestro deseo de ser buenos, nobles, justos y grandes y de que esa belleza interior se exprese en el arte, en la perfección de cuanto hacemos. Para ello, cada uno de nosotros –pequeñas criaturas– ha recibido un don de don Dios (que basta ya de esas confiancitas con el Padre Celestial).

En medio de todo, una buena noticia: la colisión de ambas galaxias según las más recientes estimaciones se producirá dentro de 4.500 millones de años y no dentro de 3.900 millones, como estaba previsto en cálculos anteriores. Esto nos da sin duda un pequeño margen de tranquilidad de 600 millones de años (muchísimos viajes a Maracaibo).

No hay fotografías de la Vía Láctea, lógico, porque vivimos en ella, necesitaríamos un palo de “selfie” de 27ooo años luz (Esto es 9 billones 460 mil 800 millones de kilómetros multiplicado por 27.000). Pero nos hacemos una idea porque tenemos fotografías de Andrómeda, que parece ser muy parecida a nuestra galaxia. Dice uno “nuestra galaxia” como quien dice nuestra casa, que es un grano de arena que habitamos en la playa del universo y nuestro sistema solar, en medio de ella, una hormiga que deambula por África y la tierra el mingo del juego de bolas criollas del sistema solar. Y dentro de la tierra, el que te conté –como usted o yo– un punto insignificante. La pregunta astronómica es:

¿Cómo puede un punto insignificante torcer el destino de tantos seres humanos y reducir a polvo cósmico a una economía? Es obvio que es porque este pequeño punto -como tantos otros tontos en la historia- se cree el centro de la Galaxia

En definitiva, lo que hace maravillosa la aventura humana es que en cada una de nuestras existencias –pequeñas si las comparamos con el cielo estrellado– existe una posibilidad de grandeza infinita para el bien, el amor, la paz y la humanidad. Es una pena que algunos, para seguir con la astronomía, terminen transformando sus vidas en un agujero negro que, por cierto, suele definirse como “el resultado final de la acción de la gravedad extrema llevada hasta el límite posible”, que es lo que, justamente, sentimos hoy los venezolanos.

@laureanomar

Venezuela para Dummies, por Laureano Márquez

Fuera de Venezuela, a muchos les cuesta comprender lo que sucede en nuestro país. Es comun ver a comentaristas en los espacios de opinión e incluso a sesudos analistas que siguen sin enterarse de lo que acontece en la patria de Bolivar. No es de culpar -incluso a los que llevamos 20 años padeciendo esta tragedia, nos cuesta-, pero es menester ayudarles.

Vamos a ver:
¿Es Venezuela una dictadura?

En primer lugar debemos señalar que hay que distinguir cuando hablamos de democracia entre legitimidad de origen y legitimidad de ejercicio. Esto es: para que un gobierno sea considerado democrático, no sólo debe provenir del voto popular, sino también comportarse conforme a los principios que dan sentido a la democracia, a saber: no encarcelar al que piensa diferente, no asesinar al que protesta, no torturar prisioneros, tolerar la expresión libre del pensamiento, respetar las minorías, cumplir la Constitución, acatar la división de poderes, entre muchas otras cosas. Nicolás Maduro en Venezuela ha perdido ambas legitimidades.

Ni gobierna de manera democrática, ni cuenta con el respaldo popular.

¿Como es eso -me preguntara usted, querido Dummie-, si el año pasado ganó unas elecciones? Pues mire usted, le explico: efectivamente, en el año 2018, Maduro convocó a una elecciones presidenciales que “ganó” con el 67% de los votos (casualmente el mismo porcentaje que obtuvo Pinochet en el plebiscito de 1980, pura coincidencia). Las elecciones fueron desconocidas por la oposición y la comunidad internacional. ¿Y por qué?, pues bueno, le explico con un ejemplo a ver si le queda claro a la gente de Podemos en España, por nombrar a algún grupo de los que menos entienden (o quizá entienden muy bien): en 1966 Francisco Franco ganó un referéndum en España para seguir en el poder, ganó con el 98% de los votos a favor suyo, ¿diría usted por tal razón que Franco no era un dictador?, pues es exactamente lo mismo, las elecciones venezolanas fueron tan poco transparentes como las de Franco en 1966, realizadas con la misma parcialidad, con similar exclusión de las opciones contrarias e idéntica presión sobre los votantes. Venezuela es una dictadura, tanto como la de Pinochet y la de Franco, aunque a muchos les cueste entenderlo porque la hallan más simpática y próxima ideológicamente.

¿Hubo golpe de Estado en Venezuela?

Veamos primero qué es un golpe de Estado: “Un golpe de Estado es la toma del poder político de un modo repentino y violento -con el apoyo de la fuerza armada-, por parte de un grupo de poder, vulnerando las normas legales de sucesión en el poder vigente con anterioridad”. Pues sí, hubo un golpe de Estado en Venezuela el 10 de enero de este año -no habiendo sido reconocidos los resultados de las elecciones fraudulentas del 2018- el periodo constitucional de Nicolás Maduro se venció, como establece la Constitución y sin la existencia de sucesor electo legítima y democráticamente en elecciones libres, se produce un vacío constitucional y Maduro se convierte en usurpador de la presidencia de la república, amparado en la represión y el apoyo de la fuerza armada. Dicho de otra manera: de forma violenta Maduro vulnera el ordenamiento legal vigente. Por tanto sí que hubo un golpe: lo dio Nicolás Maduro. Hasta este momento las fuerzas armadas de Venezuela son cómplices de este golpe de Estado. ¿Qué les pide en este momento el presidente encargado Juan Guaidó a los militares? ¿Que intervengan? No, exactamente todo lo contrario, los venezolanos estamos muy claros en relación con el daño que la intervención de la fuerza armada ha producido en la política nacional a lo largo de nuestra historia. Así que lo que se les pide es, justamente, que dejen de participar en la defensa de un régimen dictatorial y acaten el mandato de la Constitución, que no se involucren en política partidista, que no obstaculicen la salida democrática.

¿Juan Guaidó se autoproclamó presidente?

Algunos comunicadores hablan aún del “autoproclamado presidente de Venezuela”. El ordenamiento constitucional venezolano establece que la falta absoluta del presidente será suplida por el presidente de turno de la Asamblea Nacional. No habiendo presidente electo, por las razones señaladas, se verifica un vacío de poder, una “falta absoluta” de presidente y corresponde al presidente de la Asamblea, Juan Guaidó, asumir la presidencia. La Constitución no habla ni de proclamación, ni siquiera de juramentación, señala que el presidente de la Asamblea se encarga de la presidencia para convocar nuevas elecciones, se encarga de manera automática, porque consideró el constituyente que la Asamblea Nacional, un poder electo por votación popular, es el que puede suplir el vacío de poder existente. Es decir, Juan Guaidó no se autoproclamó, sino que asume el cargo como establece la Constitución.

¿Se puede negociar con Maduro o pedirle que convoque a elecciones?

Como bien ha señalado el ex-presidente español Felipe González, Maduro ha dado muestras suficientes de que usa el diálogo para perpetuarse en el poder. Cada minuto que permanezca en el poder se convierte en un minuto más de muerte para el pueblo venezolano: bien por la ausencia de alimentos y medicinas, bien por la dura y cruel represión que cada día se lleva nuevas vidas, especialmente las de los más jóvenes. Por otro lado, unas elecciones convocadas por Maduro, con el mismo consejo electoral, no haría sino repetir el escenario del año pasado.

Entonces, la única solución constitucional y además sensata y pacífica es que (1) cese en la usurpación, que se constituya, como ya el mundo democrático reconoce, un (2) gobierno de transición, para que convoque y lleve a cabo unas (3) nuevas elecciones, esta vez limpias, imparciales y supervisadas por la comunidad internacional. A los que tanto temen -con justificada razón- “el derramamiento de sangre en Venezuela”, aquí tienen la ruta para evitarlo que propone la única representación legal y legítima del pueblo venezolano que existe en este momento.

Cualquier otra extrema unción que proponga el régimen que agoniza para prolongar la dictadura, se traducirá en mayor derramamiento de sangre y violencia en contra el pueblo de Venezuela y convertiría a los que la avalen en cómplices.

Laureano Márquez Nov 15, 2018 | Actualizado hace 11 meses
Checking list, por Laureano Márquez

REVISEMOS, YA NO FALTA MUCHO PARA LA DESTRUCCIÓN TOTAL. Eso, curiosamente, tiene un único elemento favorable: cuando ya no haya nada que destruir, que es la  razón de ser de este régimen y su motivación esencial, ese será su fin, seguramente un momento muy difícil para todos. Hay que reconocer que el trabajo ha sido adelantado con eficiencia, comenzando por nuestra principal fuente de ingresos. Ya la industria petrolera, está lista: la que otrora fuera una de las empresas más importantes del mundo está boqueando.

Según algunos, ya el año que viene no se exportará petróleo. 

Vamos con los servicios:

  • Electricidad apagones.

  • Agua potable ausente.

  • Transporte público inoperante.

  • Salud inexistente.

  • Educación mediocre.

  • Distribución de combustible escasa.

  • Moneda  devaluada (con 8 ceros menos: ¡un excelente trabajo!).

En las áreas nombradas se ha realizado una admirable labor, faltan algunos detallitos en materia eléctrica, pero se trabaja de manera seria y sostenida “a paso de destructores”.

Lo anterior ha sido  acompañado con la ruina de todo lo relacionado con la producción de alimentos y bienes de consumo. He aquí algunas de las cosas que han sido destruidas ya:

  • Ganadería desaparecida.

  • Agricultura acabada.

  • Industrias productivas: harinas, cereales, lácteos, etc. expropiadas, es decir quebradas.

  • Cadenas de distribución de alimentos (supermercados, abastos, etc.) colapsados.

Menester es afirmar que el régimen chavista se ha afanado con su mejor espíritu de ensañamiento demoledor en estas áreas. Sin embargo aún quedan algunas personas tratando de producir. Una especie de resistencia de la honestidad que debe ser sometida cuanto antes. Donde usted sepa, lector, de alguien que esté produciendo, sembrando, que tenga ganado bien cuidado, incluyendo cerdos ahora que viene la Navidad, denúncielos, cuanto antes. Estos focos de resistencia creativa y productiva frenan el proceso y mientras más dure peor.

Revisemos por un momento la destrucción de la infraestructura:

  • Vialidad ruinosa.

  • Metro de Caracas en ruinas.

  • Ferrocarriles solo los pilares.

  • Hospitales abandonados.

Quizá el trabajo más importante que el régimen ha realizado con su ilimitada capacidad de destrozo lo hemos visto en relación con el sistema institucional del país. Después de veinte años de aniquilamiento de la república democrática, ya casi nada queda en pie:

  • Parlamento pisoteado.

  • Justicia sumisa.

  • Ejército politizado(reconocimiento especial merece en trabajo en esta área, donde por su complejidad se requirió de ayuda foránea).

  • Sistema electoral parcializado (impecable trabajo también en este sector, ¡felicitaciones!).

La ruina de una república no es tarea fácil, por más que esta gente se aplica en ello. La destrucción de un país también requiere de un trabajo de detalle al que hay que prestar atención. Siempre quedan cosas por allí desatendidas. Funcionarios honestos, que los hay aún, lamentablemente, deben ser señalados de inmediato, para que no saboteen este esfuerzo sostenido que tanto sudor ha costado.

Componente importante de este aniquilamiento del destino de un pueblo es:

  • La corrupciónEsta merece un gran “check mark”. Pocas veces en la historia mundial se había visto algo comparable en términos del desfalco de una nación.

La anterior tarea no estaría completa sin la destrucción del medio ambiente. También en ello los adelantos son notables: baste como ejemplo relevante y exitoso,  el arco minero 

El régimen podrá decir con satisfacción que aunque quedan cosas por hacer, se trabaja afanosamente en ello. Por ejemplo: repatriar el poco oro que queda en bancos ingleses y dilapidarlo es una tarea pendiente que requiere de urgente atención, porque toma su tiempito.

Por último, ya que raspan la olla, no olviden  la espada del Libertador, que también vale sus realitos.

Faltaría una sola cosa, en la que es menester señalar que el régimen ha fallado en aniquilar: la esperanza que se anida en el alma nacional. Es una energía especial, ancestral, una mezcla de inteligencia, emprendimiento, honestidad  y bondad que sigue ahí, esperando que la barbarie termine su tarea, para ella comenzar la suya.

@laureanomar

Laureano Márquez Oct 08, 2018 | Actualizado hace 1 año
Recochineo, por Laureano Márquez

@laureanomar

ESTABA TRATANDO DE DAR CON LA PALABRA que mejor define lo que el régimen le hace al pueblo venezolano en estos tiempos y es esta: “recochineo”. La palabra no tiene nada que ver con los cerdos, sino con recochinear o “recochar”, vocablo que tiene su origen en las palabras latinas “recoquere” y “recoctus”, que quiere decir cocinar en exceso o cocinado dos veces, como estamos los venezolanos pues. En castellano se suele usar el término cuando alguien se burla repetidamente de otra persona, de forma hiriente, con ensañamiento.

Este régimen ya entró en la fase del recochineo. La etapa final de la destrucción -aunque nunca hay etapa final en Venezuela, sino un continuo descenso hacia los infiernos- va acompañada de las burlas hacia las víctimas por parte de los victimarios. Esta burla es la fase final de la ironía demoledora de la nación. La forma de recochineo que nos ha tocado, la burla cotidiana de los personeros del régimen, se manifiesta bajo la forma de inversión de la realidad: es como si alguien te diese una patada en el trasero y te demandara por el daño que le hiciste a su bota.

Por ejemplo: decir -mientras nuestros conciudadanos se van como pueden a las fronteras para huir literalmente con lo que llevan puesto, buscando ya no un mejor destino, sino simplemente no morir de hambre- que dentro de poco millones de colombianos cruzarán la frontera rumbo a Venezuela en busca de las bonanza que las nuevas medidas económicas traerán al país, es un recochineo, una burla cruel. La última fase de esta triste historia es de una crueldad insólita. Venezuela no marca solo récords de inflación y criminalidad, sino también de nuevas maneras de humillar a un pueblo.

Otro ejemplo: el caso del oro. El mismo régimen que ha destruido tu vida, la de tus hijos y amigos, que dejará a la nación como si un bombardeo se hubiese ensañado con ella, el mismo régimen que se robó una tercera parte de los ingresos del país (según Giordani, que es uno de los padres de esta monstruosidad política), te pide que confíes en él y coloques tus ahorros, tu futuro, como quien dice, en lingoticos de oro, que ni siquiera podrás tener tú, sino que -encima- él cuidara por tí. Esto es recochineo puro y duro.

El Banco Central de Venezuela, completamente controlado por el régimen cuidará de tus ahorros: “tus ahorros”, Virgen del Carmen bendita. Ya solo mencionarle la palabra “ahorro” a un trabajador venezolano es una burla inhumana de una crueldad espantosa. En la Venezuela de hoy, la gente lo único que puede ahorrar son alguna de las tres comidas diarias, cuando no todas. ¡Comprar lingotes de oro que guardará el BCV!, cuando lo más probable es que en sus bóvedas no estén ya ni siquiera aquellos lingotes que con bombos y platillos fueron repatriados de los bancos serios que cuidaban de nuestras reservas.

Recochineo en todas sus formas, en contra los que se van, en contra los que se quedan, en contra de los presos políticos sometidos a vejaciones, en contra de los que debieron huir. La imagen del sapo que colocado en un caldero de agua fría cuya temperatura sube lentamente sin que éste se dé cuenta y termina hervido, es desagradable, pero es la que mejor resume realmente lo que nos ha sucedido. Nos montaron en la olla y nos recochinearon.

Hablando de ollas: tengo una cadenita de oro con un Cristo, hecho por el señor Epaminondas en su joyería de la calle Páez en Maracay, mi medallita de bautismo y un anillo de oro con las iniciales de mi papá. No se si dárselo al susodicho para que me los guarde, no me lo vayan a robar por ahí.