Otra de Soto Rojas: Confirma las borracheras rojas en concentraciones PSUV

SI BIEN ES CIERTO que el presidente de la Asamblea Nacional Fernando Soto Rojas tiene experiencia histórica con la izquierda después de haber sido guerrillero nacional en los primeros años de la década de los sesenta -miembro del grupo militar cubano que invadió Machurucuto en 1976 y  parte del grupo de secuestradores del industrial William Niehous en los años 70- hay que reconocer que al viejo izquierdista anclado en la Guerra Fría, como dirían,  “le falta  burdel” para estar al día con el ejercicio político que hoy le toca y para el que su sinceridad lo que hace es engendrarle advertencias de su mismos compañeros, pero en privado.

Con el poco tiempo que tiene al frente de la Asamblea, un mes escaso, ya son varias las oportunidades en las que se la ido la lengua desde el propio momento de su auto juramentación ante un retrato de Bolívar, que ese 5 de enero transportó  a más de uno al recuerdo de Pedro Carmona en un similar ejercicio de onanismo circunstancial.

Su oferta de  “caerle a carajazos” a los demócratas miembros del hemiciclo o sus arengas solidarizándose con su mentor Fidel Castro o la última asegurando que “para sacar a Chávez hay que tener un par de bolas” pasarían sin mucho estorbo como parte de ese folklore chavista en el que todo parece un acto cultural de fin de curso en el que Soto podría representar un “espontáneo declamador” o un padre de un alumno “pasado de tragos” por las ocurrencias exhibidas en estas cuatro semanas.

Pero lo que señaló el sábado en Valencia, en ocasión de los actos celebratorios de los rojitos por el aniversario del 4F, en referencia a lo que han sido las concentraciones populares en estos doce años solo vino a comprobar, en boca de quien es el segundo hombre de importancia en el protocolo oficial, lo que tanto hemos venido diciendo los medios de comunicación sobre el atractivo pecuniario y alcohólico de esos mítines revolucionarios en los que Chávez se ha venido disfrazando desde paracaidista camuflado hasta teniente coronel en uniforme de gala en diciembre de 2001 o de comandante en jefe con extraña vestimenta para satisfacer su deseo de parecerse a Bolívar.

Observando según él “un mayor nivel de madurez” en las concentraciones de hoy en comparación con las de hace diez años en la avenida Bolívar de Caracas soltó esta perlita:

“Yo creo que hoy hay mayor nivel de madurez (dentro del as fuerzas revolucionarias) y lo observé ayer en la concentración en Valencia (…) Oye, mantenerse ese personal allí (en referencia a los manifestantes) (…) pero mantenerse bajo ese sol bien arrecho (…) hay un cambio cualitativo con cómo era hace 10 años. Claro, el cebo Chávez, pero lo que salía después era una bebedera de aguardiente por esa avenida Bolívar.”

Lo que siempre hemos afirmado: además del pagó en billetes para venir a Caracas, del kit revolucionario que incluye refresco, fruta, sándwich, chucherías, dulcitos, gorra y bandera se hacían inevitables dos cosas: la visita al Sambil o a otro centro comercial para pasear y comprar en la capital y la parada obligatoria en las licorerías en el camino para comprarse su aguardiente sofisticado: ron o güisqui del bueno además de las cervecitas si el calor era apremiante.

Muchas fotos de la basura que dejaban al salir mostró siempre el botellero o las latas de esto que hoy, por primera vez en doce años, admite el viejo funcionario que está de segundo en la línea de sucesión del Presidente Chávez si algo llegara a sucederle a éste.

Desmerece con ésta actitud aquella frase de que “el hombre sabe más por viejo que por diablo”…

TelegramWhatsAppFacebookX

SI BIEN ES CIERTO que el presidente de la Asamblea Nacional Fernando Soto Rojas tiene experiencia histórica con la izquierda después de haber sido guerrillero nacional en los primeros años de la década de los sesenta -miembro del grupo militar cubano que invadió Machurucuto en 1976 y  parte del grupo de secuestradores del industrial William Niehous en los años 70- hay que reconocer que al viejo izquierdista anclado en la Guerra Fría, como dirían,  “le falta  burdel” para estar al día con el ejercicio político que hoy le toca y para el que su sinceridad lo que hace es engendrarle advertencias de su mismos compañeros, pero en privado.

Con el poco tiempo que tiene al frente de la Asamblea, un mes escaso, ya son varias las oportunidades en las que se la ido la lengua desde el propio momento de su auto juramentación ante un retrato de Bolívar, que ese 5 de enero transportó  a más de uno al recuerdo de Pedro Carmona en un similar ejercicio de onanismo circunstancial.

Su oferta de  “caerle a carajazos” a los demócratas miembros del hemiciclo o sus arengas solidarizándose con su mentor Fidel Castro o la última asegurando que “para sacar a Chávez hay que tener un par de bolas” pasarían sin mucho estorbo como parte de ese folklore chavista en el que todo parece un acto cultural de fin de curso en el que Soto podría representar un “espontáneo declamador” o un padre de un alumno “pasado de tragos” por las ocurrencias exhibidas en estas cuatro semanas.

Pero lo que señaló el sábado en Valencia, en ocasión de los actos celebratorios de los rojitos por el aniversario del 4F, en referencia a lo que han sido las concentraciones populares en estos doce años solo vino a comprobar, en boca de quien es el segundo hombre de importancia en el protocolo oficial, lo que tanto hemos venido diciendo los medios de comunicación sobre el atractivo pecuniario y alcohólico de esos mítines revolucionarios en los que Chávez se ha venido disfrazando desde paracaidista camuflado hasta teniente coronel en uniforme de gala en diciembre de 2001 o de comandante en jefe con extraña vestimenta para satisfacer su deseo de parecerse a Bolívar.

Observando según él “un mayor nivel de madurez” en las concentraciones de hoy en comparación con las de hace diez años en la avenida Bolívar de Caracas soltó esta perlita:

“Yo creo que hoy hay mayor nivel de madurez (dentro del as fuerzas revolucionarias) y lo observé ayer en la concentración en Valencia (…) Oye, mantenerse ese personal allí (en referencia a los manifestantes) (…) pero mantenerse bajo ese sol bien arrecho (…) hay un cambio cualitativo con cómo era hace 10 años. Claro, el cebo Chávez, pero lo que salía después era una bebedera de aguardiente por esa avenida Bolívar.”

Lo que siempre hemos afirmado: además del pagó en billetes para venir a Caracas, del kit revolucionario que incluye refresco, fruta, sándwich, chucherías, dulcitos, gorra y bandera se hacían inevitables dos cosas: la visita al Sambil o a otro centro comercial para pasear y comprar en la capital y la parada obligatoria en las licorerías en el camino para comprarse su aguardiente sofisticado: ron o güisqui del bueno además de las cervecitas si el calor era apremiante.

Muchas fotos de la basura que dejaban al salir mostró siempre el botellero o las latas de esto que hoy, por primera vez en doce años, admite el viejo funcionario que está de segundo en la línea de sucesión del Presidente Chávez si algo llegara a sucederle a éste.

Desmerece con ésta actitud aquella frase de que “el hombre sabe más por viejo que por diablo”…

Todavia hay más
Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.