Campus y grietas informativas: la vulnerabilidad marca el retorno a las universidades de La Guaira

La entrada de la Universidad Simón Bolívar, núcleo Litoral (USB-NL) está custodiada por miembros de la Dirección de Acciones Estratégicas y Tácticas (DAET), una organización policial señalada por la Misión de Determinación de Hechos de la ONU por perpetuar las desapariciones forzadas y torturas en Venezuela. 

Han pasado 84 días desde que el doble terremoto sumió a gran parte del estado La Guaira a escombros. La USB-NL se convirtió en un campamento transitorio, un refugio, que albergaba 868 personas para el 2 de septiembre, según una filtración del gobierno local obtenida por Runrun.es. Ni los vecinos de la parroquia Naiguatá ni los estudiantes saben cuántas personas hay refugiadas en la universidad: no les permiten entrar, tampoco les dejan preguntar ni ayudar a quiénes están adentro. 

«Lo que sabemos es mediante fotos. Ningún estudiante se ha podido acercar desde que tomaron el campus como un refugio. Días después del desastre unas personas tomaron la universidad, acompañadas de Diosdado Cabello. Hicieron unas reparaciones rápidas y la tomaron como refugio», dijo Alex*, estudiante de 24 años en su quinto trimestre en la USB-NL, líder estudiantil y residente de La Guaira. Solicitó a Runrun.es proteger su identidad: Cabello, actual ministro de Interior, Justicia y Paz, también es señalado por la Misión de la ONU de perpetuar torturas y desapariciones forzadas. 

Cifras propias contra la opacidad

A los estudiantes de la USB-NL les faltaban tres semanas para culminar su trimestre cuando el desastre ocurrió. La sede universitaria tuvo algunas grietas en el área común que los estudiantes llaman «Plaza techada». También, la estructura sufrió unos resquebrajamientos en la biblioteca. Según la información que los líderes estudiantiles como Alex recibieron por mensajería de texto, la comisión desplegada por Cabello vino siete días después.

Los estudiantes y los egresados de la USB núcleo Litoral son quiénes informaron al público y al resto de la comunidad académica de los daños que sufrió la sede después del desastre. La mayoría de las grietas ya fueron reparadas. Fotos: cortesía de líderes estudiantiles de la USB

Mientras tanto, el 27 de junio, el Gobierno interino detuvo temporalmente a dos estudiantes de la USB mientras recogían donaciones en Táchira para llevarlo a los damnificados en La Guaira. 

La Asociación de Egresados de la universidad y los líderes estudiantiles se comunicaron entre ellos por redes sociales para levantar un censo. Según sus datos, al menos 80 habitantes de La Guaira (entre estudiantes, profesores y personal administrativo) han perdido sus hogares tras el terremoto y más de 52 miembros de la USB perdieron la vida

Si bien las autoridades de la USB lanzaron un “censo de emergencia” tras el desastre, los datos no son públicos hasta la fecha. 

Censos por iniciativa propia

«Las evaluaciones técnicas [estructurales] y censos se han realizado por iniciativas propias dentro de las universidades y no gracias a una política dirigida por el Ministerio de Educación Superior, que es la institución responsable», denunció el director del Observatorio Venezolano de Universidades (OBU), Carlos Meléndez.

Según los registros de la OBU, que se alimentan del sistema de la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU), existen 7 universidades en La Guaira, 2 instituciones universitarias y 13 «aldeas universitarias», pequeñas extensiones de educación superior ubicadas en escuelas de educación básica y secundaria bajo el programa gubernamental Misión Sucre.  

«Al menos una de cada tres denuncias por la infraestructura universitaria [que la OBU ha recibido a nivel nacional] se hicieron después del terremoto», dijo Meléndez. «Y, de ese grupo de aldeas universitarias en La Guaria, al menos ocho presentan daños estructurales. Entre ellos están el Liceo Rafael Rangel [en la parroquia Carayaca] y el Liceo José María Vargas [en la parroquia La Guaira], que son liceos dónde se desarrollaban actividades de educación superior en horarios nocturnos o los fines de semana y, por lo tanto, estas poblaciones también van a ser afectadas». 

Además, según la página web oficial de la Misión Sucre, al menos tres aldeas universitarias son campamentos transitorios para los damnificados en La Guaira: El Complejo Educativo República de Panamá, El Liceo Bolivariano Gustavo Olivares Bosques y la Universidad Marítima del Caribe (UMC). Otras instituciones de educación primaria que ahora son campamentos transitorios en La Guaira, como el Liceo Alberto Ravell y el Liceo Licenciado Aranda, son sedes de la Universidad Nacional Experimental de la Gran Caracas (UNEXCA).

Para el director de la OBU, el reporte de la reparación del sistema de educación universitaria no ha sido sistemático: las fallas estructurales de aldeas universitarias (liceos) del municipio Veroes no han sido atendidas por el Ministerio de Educación Superior y la Universidad Nacional Experimental de Yaracuy. La Universidad Central de Venezuela (UCV), en Caracas, informó de sus fallas y son atendidas. En el caso de La Guaira, especialmente en la UMC y la USB-NL, la comunidad estudiantil sabe del estado de su alma máter por fotos y por chats con compañeros. 

«En mi caso, cada profesor levantó una especie de censo por cada grupo de WhatsApp que teníamos por materia», recuerda Ariel*, un estudiante de octavo semestre de la UMC. Decidió proteger su identidad por temor a sufrir un ‘fraude académico’, una denuncia que ha llevado la comunidad estudiantil a instituciones como Provea desde el 2021 y que se materializa si la institución identifica al estudiante mientras denuncia. el joven que compartió su testimonio indicó que los estudiantes no tienen acceso a información demográfica.

Lo que conoce son casos individuales de amigos que, como Ariel, perdieron su vivienda y se desplazaron a Caracas, o una decena de docentes y alumnos que vivían en Catia La Mar con quienes perdió el contacto por completo.

Collage que reune fotografía de los daños estructurales que sufrió la Universidad Marítima del Caribe luego del desastre. La mayoría de los escombros se retiraron y las grietas se taparon para la fecha de publicación de este reportaje. Foto: cortesía de líderes estudiantiles de la UMC

Retorno virtual e incierto

Álvaro Chang, estudiante de décimo tercer trimestre en ingeniería de mantenimiento en la USB-NL, describió que el regreso a clases ha sido completamente virtual, a través de chats de WhatsApp, para culminar las tres semanas que quedaban de clases antes del desastre. Solo se espera acudir al campus en algunas clases de laboratorio. 

Pero la presencialidad completa aún no se ha concretado. «Quienes pudieron terminar las prácticas de laboratorio antes [del desastre] ahorita están haciendo informes, y los que no han podido terminar las prácticas de laboratorio las están realizando en la sede Sartenejas, allá arriba, en Caracas. Tanto estudiantes como profesores han visto la manera para poder culminar el trimestre de forma online», dice Chang, de 22 años. 

Mientras tanto, el panorama de la Universidad Marítima sigue en incerto: Runrun.es entrevistó a tres estudiantes de la UMC, que solicitaron protección de su seguridad, y destacaron que no existe un plan para retornar las clases y culminar el semestre que quedó paralizado desde el desastre. «Lo máximo que se sabe es que el Consejo Universitario se reunió la semana del primero de septiembre para hablar sobre el tema», comentó Ariel. 

Para esas dos casas de estudio, el retorno a clases presenciales está mediado por los refugiados de los terremotos. 

En las fotos suministradas a Runrun.es, se observa como la Comisión Presidencial, bajo la supervisión de Cabello, ha construido en la zona sur de la USB-NL una serie de casas con techo de zinc recubierto para albergar a los damnificados fuera de las aulas de clases y lugares comunes de la universidad. 

Foto: cortesía de líderes estudiantiles de la USB-NL

«Se nos ha dicho con toda claridad que lo que están construyendo en en zonas aledañas a centro de clases, al centro de la sede, es temporal, para tratar de paliar la situación tan grave que viven los habitantes de del estado», afirmó William Anseume, miembro de la junta directiva de la Asociación de Profesores de la USB. Se espera que los refugiados habiten el campus hasta finales del año 2026. «Hablamos de noviembre o diciembre, lo que, por supuesto, causará alguna interrupción a los procesos académicos ‘normales’», añadió.

Foto: cortesía de líderes estudiantiles de la USB-NL

Anseume reitera que las universidades ya enfrentaban varias vulnerabilidades antes de los terremotos: problemas estructurales que existían antes del desastre, sueldos insuficientes para cubrir la canasta básica y que la Asociación de Profesores de la USB asume como «esclavitud moderna», la pérdida de la autonomía universitaria, la escasez de profesionales de la docencia dentro de las instituciones, déficit presupuestario entre el 70 y el 99 %, y la interrupción recurrente y prolongada de los servicios de agua; problemas que recalca, afectaban a la comunidad estudiantil por años. 

Vulnerabilidades adicionales

Tanto para la OBU como para la ONG Aula Abierta, la comunidad universitaria de La Guaira regresa a clases más vulnerables que antes. 

Y, ante el panorama de La Guaira post sísmica, algunos jóvenes guaireños expresaron su deseo de estudiar en la capital, donde la vulnerabilidad es menor y la oferta curricular es más amplia. 

«Perdí a mis primas, a mejores amigas y a muchos compañeros de clase también. Pero mantengo mi casa, en la parroquia Catia La Mar. Actualmente tengo el servicio de electricidad y una laptop, que es de mi hermano, con la cual me podría manejar para estudiar una carrera online», comentó Juan Diego landaeta, un joven de 17 años que se acaba de graduar de bachiller. Desea estudiar Comunicación Social, Psicología o Diseño en la UCV o en la Universidad Politécnica Territorial de los Altos Mirandinos «Cecilio Acosta», en Los Teques.  

En la OPSU le ofrecieron un cupo en la UNEXCA para estudiar administración, pero Holanda tomó a consideración la infraestructura de las instituciones para decidir dónde empezar a estudiar. 

«La Central no tuvo tanto daño, comparado con otras universidades de La Guaira, donde no quedó casi nada. En la Cecilio Acosta sí hubo más daños, pero fue más que todo donde se estudia Medicina y yo deseo estudiar allí Psicología Social, donde no hubo tantos daños. Esas se pueden recuperar», comentó. «Una opción que tengo es estudiar online en la Iutirla [Instituto Universitario de Tecnología Industrial «Rodolfo Loero Arismendi»]. Dos de sus sedes se deterioraron en La Guaira. Pero quedó una y creo que se puede estudiar ahí».

Otros bachilleres, como Diego Méndez, de 16 años, desea estudiar en la UCV ingeniería eléctrica. Su colegio, San Vicente de Paúl, quedó con daños estructurales graves. Él tuvo que desplazarse con su madre y su padre a Caracas, mientras buscan una forma de reconstruir su casa. Mientras tanto, sigue su rutina deportiva en La Guaira, practicando Taekwondo. 

Los padres de Diego alegaron que, ante las grietas en escuelas y universidades, la mayoría de los padres buscan por su cuenta que los jóvenes recién graduados de bachiller puedan conmemorar su graduación. Desean hacerlo para honrar a los compañeros que fallecieron durante el desastre y para que los jóvenes puedan comenzar una nueva etapa educativa a su ritmo emocional.

«Y es que a todas las vulneraciones que hemos documentado debemos incluir la atención psicológica para reconstruir su rutina, que algunos lo tienen que hacer desde cero. Sí ha habido grupos de apoyo que han acompañado a las víctimas, pero las universidades no tienen capacidades estructurales y logísticas para atender a toda la comunidad universitaria», añade Verónica Castro, investigadora de Aula Abierta. «Sí, se han retomado las clases en algunas instituciones desde el 31 de agosto. Pero, ¿bajo qué condiciones? Lamentablemente, el Estado no tiene la capacidad para resolver todos estos problemas», concluyó.

Fallas estructurales, clases online y opacidad marcan el retorno a las clases de los universitarios en La Guaira tras los terremotos
La Universida Marítima del Caribe sufrió graves problemas estructurales luego del desastre. La mayoría se repararon
/
Estidiantes de la UMC
TelegramWhatsAppFacebookX

La entrada de la Universidad Simón Bolívar, núcleo Litoral (USB-NL) está custodiada por miembros de la Dirección de Acciones Estratégicas y Tácticas (DAET), una organización policial señalada por la Misión de Determinación de Hechos de la ONU por perpetuar las desapariciones forzadas y torturas en Venezuela. 

Han pasado 84 días desde que el doble terremoto sumió a gran parte del estado La Guaira a escombros. La USB-NL se convirtió en un campamento transitorio, un refugio, que albergaba 868 personas para el 2 de septiembre, según una filtración del gobierno local obtenida por Runrun.es. Ni los vecinos de la parroquia Naiguatá ni los estudiantes saben cuántas personas hay refugiadas en la universidad: no les permiten entrar, tampoco les dejan preguntar ni ayudar a quiénes están adentro. 

«Lo que sabemos es mediante fotos. Ningún estudiante se ha podido acercar desde que tomaron el campus como un refugio. Días después del desastre unas personas tomaron la universidad, acompañadas de Diosdado Cabello. Hicieron unas reparaciones rápidas y la tomaron como refugio», dijo Alex*, estudiante de 24 años en su quinto trimestre en la USB-NL, líder estudiantil y residente de La Guaira. Solicitó a Runrun.es proteger su identidad: Cabello, actual ministro de Interior, Justicia y Paz, también es señalado por la Misión de la ONU de perpetuar torturas y desapariciones forzadas. 

Cifras propias contra la opacidad

A los estudiantes de la USB-NL les faltaban tres semanas para culminar su trimestre cuando el desastre ocurrió. La sede universitaria tuvo algunas grietas en el área común que los estudiantes llaman «Plaza techada». También, la estructura sufrió unos resquebrajamientos en la biblioteca. Según la información que los líderes estudiantiles como Alex recibieron por mensajería de texto, la comisión desplegada por Cabello vino siete días después.

Los estudiantes y los egresados de la USB núcleo Litoral son quiénes informaron al público y al resto de la comunidad académica de los daños que sufrió la sede después del desastre. La mayoría de las grietas ya fueron reparadas. Fotos: cortesía de líderes estudiantiles de la USB

Mientras tanto, el 27 de junio, el Gobierno interino detuvo temporalmente a dos estudiantes de la USB mientras recogían donaciones en Táchira para llevarlo a los damnificados en La Guaira. 

La Asociación de Egresados de la universidad y los líderes estudiantiles se comunicaron entre ellos por redes sociales para levantar un censo. Según sus datos, al menos 80 habitantes de La Guaira (entre estudiantes, profesores y personal administrativo) han perdido sus hogares tras el terremoto y más de 52 miembros de la USB perdieron la vida

Si bien las autoridades de la USB lanzaron un “censo de emergencia” tras el desastre, los datos no son públicos hasta la fecha. 

Censos por iniciativa propia

«Las evaluaciones técnicas [estructurales] y censos se han realizado por iniciativas propias dentro de las universidades y no gracias a una política dirigida por el Ministerio de Educación Superior, que es la institución responsable», denunció el director del Observatorio Venezolano de Universidades (OBU), Carlos Meléndez.

Según los registros de la OBU, que se alimentan del sistema de la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU), existen 7 universidades en La Guaira, 2 instituciones universitarias y 13 «aldeas universitarias», pequeñas extensiones de educación superior ubicadas en escuelas de educación básica y secundaria bajo el programa gubernamental Misión Sucre.  

«Al menos una de cada tres denuncias por la infraestructura universitaria [que la OBU ha recibido a nivel nacional] se hicieron después del terremoto», dijo Meléndez. «Y, de ese grupo de aldeas universitarias en La Guaria, al menos ocho presentan daños estructurales. Entre ellos están el Liceo Rafael Rangel [en la parroquia Carayaca] y el Liceo José María Vargas [en la parroquia La Guaira], que son liceos dónde se desarrollaban actividades de educación superior en horarios nocturnos o los fines de semana y, por lo tanto, estas poblaciones también van a ser afectadas». 

Además, según la página web oficial de la Misión Sucre, al menos tres aldeas universitarias son campamentos transitorios para los damnificados en La Guaira: El Complejo Educativo República de Panamá, El Liceo Bolivariano Gustavo Olivares Bosques y la Universidad Marítima del Caribe (UMC). Otras instituciones de educación primaria que ahora son campamentos transitorios en La Guaira, como el Liceo Alberto Ravell y el Liceo Licenciado Aranda, son sedes de la Universidad Nacional Experimental de la Gran Caracas (UNEXCA).

Para el director de la OBU, el reporte de la reparación del sistema de educación universitaria no ha sido sistemático: las fallas estructurales de aldeas universitarias (liceos) del municipio Veroes no han sido atendidas por el Ministerio de Educación Superior y la Universidad Nacional Experimental de Yaracuy. La Universidad Central de Venezuela (UCV), en Caracas, informó de sus fallas y son atendidas. En el caso de La Guaira, especialmente en la UMC y la USB-NL, la comunidad estudiantil sabe del estado de su alma máter por fotos y por chats con compañeros. 

«En mi caso, cada profesor levantó una especie de censo por cada grupo de WhatsApp que teníamos por materia», recuerda Ariel*, un estudiante de octavo semestre de la UMC. Decidió proteger su identidad por temor a sufrir un ‘fraude académico’, una denuncia que ha llevado la comunidad estudiantil a instituciones como Provea desde el 2021 y que se materializa si la institución identifica al estudiante mientras denuncia. el joven que compartió su testimonio indicó que los estudiantes no tienen acceso a información demográfica.

Lo que conoce son casos individuales de amigos que, como Ariel, perdieron su vivienda y se desplazaron a Caracas, o una decena de docentes y alumnos que vivían en Catia La Mar con quienes perdió el contacto por completo.

Collage que reune fotografía de los daños estructurales que sufrió la Universidad Marítima del Caribe luego del desastre. La mayoría de los escombros se retiraron y las grietas se taparon para la fecha de publicación de este reportaje. Foto: cortesía de líderes estudiantiles de la UMC

Retorno virtual e incierto

Álvaro Chang, estudiante de décimo tercer trimestre en ingeniería de mantenimiento en la USB-NL, describió que el regreso a clases ha sido completamente virtual, a través de chats de WhatsApp, para culminar las tres semanas que quedaban de clases antes del desastre. Solo se espera acudir al campus en algunas clases de laboratorio. 

Pero la presencialidad completa aún no se ha concretado. «Quienes pudieron terminar las prácticas de laboratorio antes [del desastre] ahorita están haciendo informes, y los que no han podido terminar las prácticas de laboratorio las están realizando en la sede Sartenejas, allá arriba, en Caracas. Tanto estudiantes como profesores han visto la manera para poder culminar el trimestre de forma online», dice Chang, de 22 años. 

Mientras tanto, el panorama de la Universidad Marítima sigue en incerto: Runrun.es entrevistó a tres estudiantes de la UMC, que solicitaron protección de su seguridad, y destacaron que no existe un plan para retornar las clases y culminar el semestre que quedó paralizado desde el desastre. «Lo máximo que se sabe es que el Consejo Universitario se reunió la semana del primero de septiembre para hablar sobre el tema», comentó Ariel. 

Para esas dos casas de estudio, el retorno a clases presenciales está mediado por los refugiados de los terremotos. 

En las fotos suministradas a Runrun.es, se observa como la Comisión Presidencial, bajo la supervisión de Cabello, ha construido en la zona sur de la USB-NL una serie de casas con techo de zinc recubierto para albergar a los damnificados fuera de las aulas de clases y lugares comunes de la universidad. 

Foto: cortesía de líderes estudiantiles de la USB-NL

«Se nos ha dicho con toda claridad que lo que están construyendo en en zonas aledañas a centro de clases, al centro de la sede, es temporal, para tratar de paliar la situación tan grave que viven los habitantes de del estado», afirmó William Anseume, miembro de la junta directiva de la Asociación de Profesores de la USB. Se espera que los refugiados habiten el campus hasta finales del año 2026. «Hablamos de noviembre o diciembre, lo que, por supuesto, causará alguna interrupción a los procesos académicos ‘normales’», añadió.

Foto: cortesía de líderes estudiantiles de la USB-NL

Anseume reitera que las universidades ya enfrentaban varias vulnerabilidades antes de los terremotos: problemas estructurales que existían antes del desastre, sueldos insuficientes para cubrir la canasta básica y que la Asociación de Profesores de la USB asume como «esclavitud moderna», la pérdida de la autonomía universitaria, la escasez de profesionales de la docencia dentro de las instituciones, déficit presupuestario entre el 70 y el 99 %, y la interrupción recurrente y prolongada de los servicios de agua; problemas que recalca, afectaban a la comunidad estudiantil por años. 

Vulnerabilidades adicionales

Tanto para la OBU como para la ONG Aula Abierta, la comunidad universitaria de La Guaira regresa a clases más vulnerables que antes. 

Y, ante el panorama de La Guaira post sísmica, algunos jóvenes guaireños expresaron su deseo de estudiar en la capital, donde la vulnerabilidad es menor y la oferta curricular es más amplia. 

«Perdí a mis primas, a mejores amigas y a muchos compañeros de clase también. Pero mantengo mi casa, en la parroquia Catia La Mar. Actualmente tengo el servicio de electricidad y una laptop, que es de mi hermano, con la cual me podría manejar para estudiar una carrera online», comentó Juan Diego landaeta, un joven de 17 años que se acaba de graduar de bachiller. Desea estudiar Comunicación Social, Psicología o Diseño en la UCV o en la Universidad Politécnica Territorial de los Altos Mirandinos «Cecilio Acosta», en Los Teques.  

En la OPSU le ofrecieron un cupo en la UNEXCA para estudiar administración, pero Holanda tomó a consideración la infraestructura de las instituciones para decidir dónde empezar a estudiar. 

«La Central no tuvo tanto daño, comparado con otras universidades de La Guaira, donde no quedó casi nada. En la Cecilio Acosta sí hubo más daños, pero fue más que todo donde se estudia Medicina y yo deseo estudiar allí Psicología Social, donde no hubo tantos daños. Esas se pueden recuperar», comentó. «Una opción que tengo es estudiar online en la Iutirla [Instituto Universitario de Tecnología Industrial «Rodolfo Loero Arismendi»]. Dos de sus sedes se deterioraron en La Guaira. Pero quedó una y creo que se puede estudiar ahí».

Otros bachilleres, como Diego Méndez, de 16 años, desea estudiar en la UCV ingeniería eléctrica. Su colegio, San Vicente de Paúl, quedó con daños estructurales graves. Él tuvo que desplazarse con su madre y su padre a Caracas, mientras buscan una forma de reconstruir su casa. Mientras tanto, sigue su rutina deportiva en La Guaira, practicando Taekwondo. 

Los padres de Diego alegaron que, ante las grietas en escuelas y universidades, la mayoría de los padres buscan por su cuenta que los jóvenes recién graduados de bachiller puedan conmemorar su graduación. Desean hacerlo para honrar a los compañeros que fallecieron durante el desastre y para que los jóvenes puedan comenzar una nueva etapa educativa a su ritmo emocional.

«Y es que a todas las vulneraciones que hemos documentado debemos incluir la atención psicológica para reconstruir su rutina, que algunos lo tienen que hacer desde cero. Sí ha habido grupos de apoyo que han acompañado a las víctimas, pero las universidades no tienen capacidades estructurales y logísticas para atender a toda la comunidad universitaria», añade Verónica Castro, investigadora de Aula Abierta. «Sí, se han retomado las clases en algunas instituciones desde el 31 de agosto. Pero, ¿bajo qué condiciones? Lamentablemente, el Estado no tiene la capacidad para resolver todos estos problemas», concluyó.

Todavia hay más
Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.