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Entre la oscuridad y el calor se pierde la memoria documental de la Biblioteca Nacional

Biblioteca Nacional
Yeannaly Fermin
18/07/2023
Las fallas en la iluminación y en el aire acondicionado son las carencias más evidentes, además del poco personal que labora en la biblioteca
El investigador Juan Hernández afirmó que durante la investigación que ha venido realizando sobre derechos humanos, se ha encontrado con páginas mutiladas, rasgadas, desaparecidas y en muy mal estado; sobre todo lo referente al golpe de Estado en 2022, crónica roja y corrupción

 

@yeannalyfermin

 

 

Una infraestructura deteriorada por el paso de los años y la poca inversión en mantenimiento y modernización, fallas en la iluminación, aire acondicionado, limpieza y conservación, son varios de los problemas que afectan el “patrimonio documental” del país. Biblioteca Nacional

Libros, periódicos, revistas, documentales, películas, fotografías y objetos de gran valor histórico están en riesgo de desaparecer por las carencias que sufre la Biblioteca Nacional desde hace varios años. 

Un complejo para recordar

Monumental, imponente y majestuosa, así podría describirse a simple vista el recinto ubicado al final de la avenida Panteón en el municipio Libertador, en Caracas. 

El edificio de 80 mil metros cuadrados, considerado como la “catedral de la memoria de Venezuela”, destaca e invita a adentrarse en él, a pesar del evidente deterioro que sufre la infraestructura, principalmente por el descuido y la falta de inversión. 

El ente adscrito al Ministerio de Cultura cuenta con dos sótanos y cuatro niveles divididos por salas para hacer más ordenada y práctica la búsqueda de cualquier información. Cercanos a la Biblioteca también se encuentran el Archivo General de la Nación y el Panteón Nacional, grandes obras históricas de la capital. 

La Biblioteca Nacional alberga el patrimonio documental de Venezuela desde el siglo XIX y XX. En ella se encuentran cerca de tres millones de volúmenes de libros, documentales, 133 ejemplares del Correo del Caroní, periódico fundado por Simón Bolívar en 1818, así como el primer número de la Revista Élite en 1925 y una colección hemerográfica completa del historiador Tulio Febres Cordero. 

En la Biblioteca Nacional además se puede encontrar el libro más chiquito del mundo, toda la colección de Don Quijote de la Mancha, un libro escrito por José Gregorio Hernández, la primera biblia traducida al español del año 1500, manuscritos de Antonio Guzmán Blanco, Teresa de la Parra, Francisco Herrera Luque, Andrés Eloy Blanco, libros de Francisco de Miranda, cartas de Simón Bolívar; además de los cinco incunables, libros únicos con fecha de 1471.

 

 

Runrun.es recorrió la Biblioteca Nacional para constatar cómo estaba su infraestructura y el servicio que ofrecía al público después del levantamiento de las restricciones por la pandemia del COVID-19. 

En la recepción de la biblioteca, lo primero que recibe a los visitantes es el olor a libros viejos. Un hombre amable explica las normas y pide dejar morrales o carteras grandes, solo se puede ingresar el monedero, el celular y una libreta para hacer anotaciones. 

Las fallas en la iluminación y en el aire acondicionado son las carencias más evidentes, además del poco personal que labora en la biblioteca. Pasillos oscuros, escaleras tenebrosas, baños sucios y deteriorados. El lugar también es receptor de indigentes y amigos de lo ajeno.  

 

Juan Hernández, investigador y usuario de la Biblioteca Nacional desde hace dos años, aseveró que hay muchas carencias en los sótanos donde están los depósitos de los periódicos porque no hay ventilación. “Allá abajo se trabaja en unas catacumbas”, dijo. 

El investigador explicó que debido a la falta de aire acondicionado y ventilación, el espacio es el caldo de cultivo ideal para la proliferación de hongos, moho y humedad, lo que contribuye grandemente con el deterioro de los libros, periódicos y demás objetos que se encuentran en la biblioteca. 

Resaltó que cuando se abre un libro o un periódico se le hace un gran favor porque se ventila y oxigena, pero insistió en que si el ejemplar es tratado de mala manera, se corre el riesgo de que se rompa y se pierda. 

Hernández expresó con gran admiración que la Biblioteca Nacional es una obra que merece ser preservada y tratada como lo que es, el “patrimonio documental de Venezuela”. 

Propósito olvidado 

La Biblioteca Nacional de Venezuela fue modelo para la creación de otras bibliotecas en América Latina y el mundo. Su misión principal era “preservar la memoria histórica y documental de la nación”; sin embargo ese propósito, con el pasar de los años, se ha quedado en el olvido. 

Juan Hernández afirmó que durante la investigación sobre derechos humanos que ha venido realizando, se ha encontrado con páginas mutiladas, rasgadas y en muy mal estado. “La gente los mutila con tijeras o un exacto y lo botan y eso es grave”, dijo.

“Las personas arrancan las noticias que los vinculan, sobre todo lo he visto en las páginas rojas y en temas de corrupción. Todo lo que pasó en el golpe de estado de 2002 está mutilado o desaparecido, entre otra cantidad de cosas relacionadas con la política que pasaron y quieren desaparecer”, explicó el investigador. 

Para el sociólogo Francisco Coello, quién trabajó por más de 16 años en la Biblioteca Nacional, conservarla “es imprescindible” pues representa un “tesoro valioso” para el país.

“Ahora más que nunca se debe conservar, ya que hemos tenido este periodo de devastación que es tan importante saber y recordar lo que ha significado la historia civil de Venezuela”, dijo Coello. 

El sociólogo evocó grandes momentos de la Biblioteca Nacional, como cuando fue reconocida por la Unesco como “una de las experiencias culturales más exitosas de los países en desarrollo” y cuando se pasó de tener 40 recintos bibliotecarios a 600 en todo el país, mientras la institución estuvo a cargo de Virginia Betancourt. 

“La Biblioteca Nacional fue un espacio de vanguardia y de primer orden. Tengo muchos años que no la visito porque me han contado muchas historias que me haría daño verla tan deteriorada”, afirmó.

Situación que se repite

La Biblioteca Nacional está dividida en varias salas en las que las situaciones de carencia se repiten. Por ejemplo, el Centro Nacional de Fotografía, el cual alberga un aproximado de 3,5 millones de fotografías, está cerrado. Según un par de personas consultadas está en remodelación, pero al constatar con otras fuentes, lleva más de dos años cerrado. 

La Biblioteca microfilmada está abierta y operativa, pero falta ventilación y la iluminación es deficiente. Gracias a los grandes ventanales que posee la institución se puede solventar; sin embargo, es necesario mantener temperaturas más bajas para la preservación de los microfilms. 

La suerte de la hemeroteca, la cual ampara información de periódicos desde el siglo XIX hasta el siglo XX no es distinta, pero a los problemas ya existentes se le suma que actualmente llegan menos periódicos físicos que en años anteriores, producto de la masiva salida circulación de medios impresos durante el gobierno de Nicolás Maduro. 

Sobre esta situación, el historiador Juan Hernandez comentó que es “muy grave” lo que está sucediendo, pues no se está registrando debidamente todo lo que ha ocurrido en lo que va de siglo XXI. 

“Cada día cierran más medios o han migrado a las pantallas, así que esto va a quedar algo así como los discos de acetato, algo de colección”, afirmó el investigador. 

La sala de libros raros se mantiene, aunque igual se siente el calor. Esta espacio alberga libros únicos y de muy vieja data, por eso su nombre. Por lo general es una sala poco concurrida por los temarios de los libros, pero a pesar de que hay estantes vacíos el lugar no deja de ser fascinante.

Una máquina de escribir que data de los años 1900, manuscritos originales de Teresa de la Parra y Andrés Bello, así como poemas de Aquiles Nazoa, una colección de medallas de oro y plata, una runa o piedra de gran valor, la primera biblia traducida al Latín, además de la colección completa del político, abogado e historiador venezolano Pedro Manuel Arcaya son algunas de las reliquias que se pueden encontrar.

Intenta levantarse

Stephanie Gómez -nombre cambiado por temor a represalias- empleada de la biblioteca desde hace un año, reconoció que efectivamente hay muchas carencias sobre todo en iluminación y ventilación. Aseguró que la pandemia afectó en gran medida las condiciones del recinto.

“La Biblioteca ya venía con muchas fallas, pero con la pandemia se puso peor. Ahora es que medio se está levantando y la gente, muy poca, pero la siguen visitando. 

El investigador Juan Hernández aseveró que es un trabajo de “hormiguita” el que se hace a diario en la biblioteca, pues los empleados no cuentan con los insumos necesarios para preservar su salud, además de los precarios salarios que devengan. Aún así, cumplen con su labor. 

En medio de todas las dificultades descritas, la memoria documental del país también está en riesgo de perderse. 

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