La pandemia visibilizó la carencias en los barrios - Runrun
La pandemia visibilizó la carencias en los barrios
La escasez de agua se nota ahora más que hay coronavirus y la gente debe lavarse las manos con frecuencia de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud  
Quedarse en casa se hace cuesta arriba cuando se vive del trabajo diario 

@franzambranor

Marcos es mecánico. Desde hace ocho años trabaja en un taller en El Llanito y vive en La Vega, al otro lado de la ciudad de Caracas. Cada día le toma alrededor de media hora cruzar la capital de extremo a extremo. Pero desde que empezó la cuarentena a mediados de marzo de 2020 por la pandemia del coronavirus, su vida laboral sufrió una metamorfosis. Cuenta con los dedos las veces que ha ido al trabajo y ahora desde su casa hace pequeñas reparaciones a vecinos, entre otros menesteres.

“Me tuve que comprar una caja de huevos y empecé a vender en la puerta de mi casa”, dijo Marcos. 

Con una esposa y par de hijos, Marcos no puede darse el lujo de asumir una cuarentena como ordenó el gobierno de Nicolás Maduro desde el pasado 15 de junio. Ahora atiende a sus clientes a domicilio si puede llegar. “Cada vez es más difícil salir del barrio porque los policías trancan todo, así que uno tiene que resolver aquí. Entiendo lo del coronavirus, pero si no trabajo no como, nadie me va a dar nada”. 

Marcos además es diabético y teme contagiarse. Trata de lavarse las manos cuando hay agua y enjabonarse cuando hay jabón, el sueldo no le alcanza para comprar gel antibacterial. Tiene un tapaboca de tela que lava todos los días con el agua que almacena. Hace poco dejó de vender huevos porque no quiere mayor contacto con la gente. Las más recientes cifras oficiales de contagios le dan terror.

Dinámicas corroídas

A juicio del sacerdote Alfredo Infante, experto en temas de comunidades, la pandemia vino a profundizar una dinámica que ya estaba corroída por los embates de la crisis económica. 

“La vida cotidiana del barrio antes de la pandemia ya estaba en franco deterioro por la crisis de los servicios y la imposibilidad de acceder a una atención hospitalaria de calidad y a adquirir medicinas”. dijo Infante.

En eso coincide Adle Hernández, directora de proyección y relaciones comunitarias de la Universidad Católica Andrés Bello. La psicóloga sostiene que el coronavirus hizo más visibles los problemas del barrio.“Hay sectores que padecen la falta de agua desde hace mucho tiempo, pero el no tenerla ahora los hace más vulnerables”.

Félix Seijas de la encuestadora Delphos dijo que el coronavirus efectivamente hace más visible el problema de la escasez de agua, pero ello no soluciona nada. “La falta de agua tiene poco impacto porque es un problema con el que han lidiado por muchos años y siguen haciéndolo. Este es un país donde antes de la pandemia se daban protestas todos los días y nadie se entera por la censura”.

Hernández se preguntó cómo alguien puede lavarse las manos constantemente en una comunidad donde llega agua cada 15 días.

“Es muy complejo para la gente seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud si no cuenta con los recursos para hacerlo”, sentenció.

Para el sacerdote Alfredo Infante la gente en los barrios básicamente lucha por la sobrevivencia. “El tema del confinamiento es muy complicado, las personas se ven obligadas a salir para rebuscarse”

Infante alertó que quienes salen a diario del barrio son la minoría, pero el resto que queda hace una vida bastante activa en las calles.

“¿Cómo una persona puede cumplir con la recomendación de quedarse en casa sin comida?, se preguntó Hernandez. “Es un tema complejo porque no es que a la gente le guste salir a exponerse, es que se ven en la necesidad de hacerlo diariamente para obtener una remuneración”.  

Un tapaboca perenne 

Hernández dijo que el uso del tapaboca también se ha convertido en una especie de cruz para los venezolanos. “Es imposible para cualquiera usar un tapaboca desechable con la frecuencia que lo indican los expertos en la materia, ni siquiera uno diario, económicamente es cuesta arriba”.

La profesora universitaria aseveró que por esa razón la mayoría en el barrio usa uno de tela. “Por naturaleza no tenemos los patrones de conducta adecuados para lidiar con todas las normas, por eso vemos a gente con el tapaboca en el cuello en la cabeza, en cualquier lugar menos en la boca y la nariz, es algo ajeno a nosotros”, sostuvo Hernández.

Alfredo Infante expresó que en las primeras de cambio hubo un proceso de negación del virus al ver que las cifras oficiales emitidas por el gobierno eran bajas, ahora que la curva está pronunciada y transcurridos más de tres meses de cuarentena al habitante del barrio se le presenta un dilema crucial, “entre la necesidad de salir para traer comida a la casa y el miedo a contagiarse”, dijo el sacerdote. 

Infante también cataloga la suspensión del servicio de Directv en medio de la pandemia el pasado 19 de mayo como un golpe intenso en las barriadas. “Era un aliado especialmente para los niños, enfermos y personas mayores”.

Seijas considera que las personas que habitan en zonas populares son las que menos se han visto afectados por la pandemia porque están acostumbradas a lidiar con situaciones extremas

“A la clase media y media alta les afecta más porque no están tan familiarizados con la presencia de colectivos en la zona, alcabalas de las Faes, falta de agua y electricidad. En las urbanizaciones es donde se cumple más con el confinamiento, en los barrios la gente sale a calle porque necesita producir”, dijo Seijas. 

Pero que no sigan las indicaciones de la OMS no significa que en el barrio no haya preocupación por la pandemia opinó Hernández.

“Algunos sectores están muy organizados y hay ganas de cuidarse. No es correcto decir que todo es un caos y desorden, hay gente trabajando en pro de la salud de todos”, dijo Hernández. 

La psicóloga sostuvo que conoce de cerca experiencias en sectores como La Vega y Antímano, donde la gente se protege y procura estar a buen resguardo.

Hernández dijo que la principal reacción cuando se enteran de un caso positivo en el barrio es la precaución y también el miedo. “De parte de los actores comunitarios organizados se hace un llamado a los organismos de salud que han sido designados para hacer las pruebas o para llevarlos a los centros asistenciales”.