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Tiempo de maduración por Eddie A. Ramírez S.

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platano maduro

Maduro ya no madura. Por falta de nutrimentos se quedó pasmado. Le sucedió como a los frutos que se cosechan demasiado verdes o que les falta agua o fertilizantes para alcanzar su pleno desarrollo. Por ello el esfuerzo debe dedicarse a la maduración de la MUD y de la crisis.

Somos defensores de la MUD. Su trabajo ha sido arduo y ha tenido que lidiar con los ataques del gobierno y de algunos opositores. Estos la critican, con razón, por ser un tanto sorda y poco amplia, pero a veces cometen el exabrupto de difamarla con acusaciones de “colaboracionista” o de “complaciente”. Muchos no entienden que dentro de la misma hay dos puntos de vista. Unos piensan que lo procedente es seguir criticando al régimen, pero sin mayores confrontaciones, e ir ganando adeptos para dar la estocada en la elección del 2019. Otros son partidarios de respuestas contundentes para precipitar una crisis que desemboque a corto plazo en un gobierno de transición. Ambas apreciaciones tienen pro y contras, aunque nos inclinamos por la última.

Por otra parte, aunque simpatizamos con la idea de ampliar la integración de la MUD, entendemos las dificultades. Así como hay muchos nanopartidos hay infinidad de nanoorganizaciones de la sociedad civil que representan a muy pocos. Ante esta dificultad quizá lo procedente es incluir algunas personalidades con peso específico y que tengan diferentes puntos de vista. Madurar a la MUD requiere sensatez, pero el tiempo apremia.

Hasta hace pocas semanas se podía percibir que el tiempo jugaba a favor del ilegítimo. Hoy pareciera que le es adverso. La inseguridad, inflación, escasez de productos, demandas laborales y deterioro de los servicios han merecido el rechazo popular. A ello hay que agregar el descontento en la Fuerza Armada por la doble nacionalidad de Maduro, la permisividad hacia Guyana ante el otorgamiento de concesiones petroleras en el área en reclamación, la injerencia cubana, los asesinatos de miembros de cuerpos de seguridad por parte de malandros tolerados por el régimen, la perversa política internacional y los absurdos señalamientos de magnicidios y de sabotaje en instalaciones petroleras y de electricidad.

Lo citado indica que está madurando una crisis que debe desembocar en un período de transición que comprometa al sector político de la alternativa democrática, a una parte sensata del gobierno, a los sindicatos, iglesias y Fuerza Armada. Esperar al 2019 tiene a su favor que casi todos los ciudadanos se habrán desencantado del régimen. Sin embargo, el país quedaría en ruinas, se aceleraría la fuga de capital humano y existe el peligro real de que aún sin apoyo popular el régimen se atornille por el miedo, la represión y el secuestro total de las instituciones. Es tiempo de madurar dentro de la Constitución.

Como en botica: Denunciamos a El Zabayar, quien sin renunciar a la ciudadanía venezolana, ni a su curul, se alistó en un ejército extranjero y genocida. Mañana otro rojo se alistará en la FARC o en el ejército guyanés. El general Berthier, creador del Estado Mayor en 1795, no pensó en lo ineficiente que puede ser un Estado Mayor Eléctrico y uno Petrolero ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

Corrigen datos más precisos de gestores y empresas de PDV Marina

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INFORMACIONES CRUZADAS CON GENTE de la petrolera y los denunciantes me piden corregir algunos datos que ya han sido corroborados por las autoridades:

“La empresa con la que hicieron la negociación directa y secreta para comprar los 4 buques “SuezMax” sería Horizon Tankers de Grecia.

Las compras habrían estado a cargo del Sr. Domingo Vacca. Este funcionario viene de PDV Marina, de construcción naval, y su ficha de ingreso a PDVSA aparece registada como del año 2005. El también mencionado Sr. Héctor Pernía es el asesor del Departamento de  PDV Naval”.

Terminan diciéndonos que “todos los datos aportados en los informes fueron veraces y ciertos”.

Aún esperamos por las respuestas de PDVSA; PDV Marina y PDV Naval. Estamos a sus órdenes para cualquier aclaratoria.

Lea:

¿Ya en Venezuela cuatro tanqueros usados, comprados por PDV Marina, que no caben en los puertos?

¿Sobreprecios en compra de buques y lanchas usados para PDV-Marina?

 

Corrigen datos más precisos de gestores y empresas PDV Marina

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INFORMACIONES CRUZADAS CON GENTE de la petrolera y los denunciantes me piden corregir algunos datos que ya han sido corroborados por las autoridades:

“La empresa con la que hicieron la negociación directa y secreta para comprar los 4 buques ‘SuezMax’ sería Horizon Tankers de Grecia. Las compras habrían estado a cargo del Sr. Domingo Vacca. Este funcionario viene de PDV Marina, de construcción naval, y su ficha de ingreso a PDVSA aparece registrada como del año 2005. Él también mencionado Sr. Héctor Pernía es el asesor del Departamento de  PDV Naval”.

Terminan diciéndonos que “todos los datos aportados en los informes fueron veraces y ciertos”.

Aún esperamos por las respuestas de PDVSA; PDV Marina y PDV Naval. Estamos a sus órdenes para cualquier aclaratoria.

 

A continuación la nota publicada el 9 de septiembre en www.runrun.es:

¿Ya en Venezuela cuatro tanqueros usados, comprados por PDV Marina, que no caben en los puertos?

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Me envían mas información referente a las denuncias que sobre PDV Marina hemos venido presentando tras la medida de “paro” a dos buques de PDVSA como presión de una empresa de Singapur a la que la petrolera venezolana debe dinero por alquiler de buques desde hace mas de cinco años  y que hemos presentado en este portal desde hace mas de una semana.

Confirman que los 4 buques usados Suezmax (Tanqueros medianos con el tamaño máximo para pasar por el Canal de Suez) del armador Horazont cuyo bróker de negociación es Platou.  ya están en aguas de Venezuela. Esta compra habría sido realizada de manera directa y secreta -sin licitación- con la autorización de Asdrúbal Chávez y del director de Finanzas de Pdvsa. Reiteran que habrían sido comprados al doble del valor de mercado y para completar no pueden ser atracados en terminales venezolanos ni pueden ser cargados porque son muy grandes y se requieren monoboyas de las que en Venezuela solamente hay una en el Complejo Criogénico de Jóse.

La pregunta que resurge, una vez más, confirmando lo anterior sería ésta: ¿Cómo pretenden comprar 4 VLCC (Very Large Crude Carrier)  que son más grandes que los Suezmax si no tenemos terminales petroleros donde puedan entrar por la magnitud del buque?

Cuando se habla de “magnitud” nos referimos a eslora, manga y desplazamiento. Eso es un guiso. Tras la primera denuncia revelan que botaron de la petrolera a los mas tontos. Aseguran que la botazón continuará.

Confirmarían que PDVSA ya tendría fletado un VLCC, el buque Polymnia I de la empresa griega Dynacom. “El problema es que ni siquiera este buque fletado por un año a  razón de $ 20.950 por día tiene uso. Está parado, siendo sub utilizado como almacenamiento flotante. La pregunta adicional es ¿que van hacer comprando entonces 4 VLCC mas?. ¿Donde los van a meter? ¿Cómo los van a cargar?.

Les pasará lo mismo que a los Suezmax que estando en el país están anclados afuera porque no los pueden amarrar ni cargar en ningún puerto.!

Cierran el informe reiterando que a los directivos de PDV Marina no les duelen los reales. La verdad es que si de verdad el presidente Maduro anda en una lucha contra la corrupción debería comenzar investigando estas denuncias que vienen de adentro de la petrolera nacional.

 

Añado aquí la cronología de las denuncias que nos han hecho llegar funcionarios de la petrolera y su empresa naviera desde el pasado 23 de agosto:

23 de Agosto: ¿Dos Tanqueros De PDVSA Retenidos En Curazao Por Deuda De PDV Marina?

4 de Septiembre: ¿Sobreprecios En Compra De Buques Y Lanchas Usados Para PDV-Marina?

 

“Quienes predicábamos la violencia en Chile traicionábamos nuestra condición política” por Cientochenta

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ENTREVISTA-mires

Fuente: www.cientochenta.cl/

Fernando Mires, historiador, profesor emérito de la Universidad de Oldenburg en Alemania, autor de numerosos artículos y libros sobre filosofía política, política internacional y ciencias sociales. En 1969, fue nombrado profesor en la Cátedra de Historia de América Latina del Instituto de Sociología de la Universidad de Concepción. Siendo miembro de la fracción disidente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de esa ciudad, en 1974 tuvo que abandonar Chile como consecuencia del golpe de Estado. 40 años después, nos cuenta su experiencia y también sus reflexiones y críticas sobre el hecho que ha marcado nuestra historia reciente.

¿Cuál cree usted que fueron los factores que más incidieron en el quiebre institucional chileno en 1973? ¿Qué lecciones deberíamos sacar de aquello?

-Desde el punto de vista social el programa de la Unidad Popular (UP) era excluyente. Era un programa hecho para las clases medias y los trabajadores industriales. Dejaba afuera a enormes cantidades de desocupados, informales, y campesinos sin tierra. Para ellos no había ni siquiera lo que hoy se denomina política social. Mérito del MIR fue haberlos reconocido como “pobres de la ciudad y el campo”. Su desgracia fue haberlos movilizado junto con los sectores castristas del Partido Socialista (PS) en un sentido insurreccional para el cual nadie estaba preparado. Ahí hay un segundo punto.

No sólo EE.UU. intervino en Chile. El Partido Comunista (PC) actuaba de acuerdo a lo que dictaba Moscú. El MIR y el PS Altamirano actuaban de acuerdo a lo que dictaba La Habana. Chile, como la España republicana, se convirtió en campo de experimentación de fuerzas políticas externas. Sobre ese punto hay muy pocos estudios.

El significado de Cuba debe ser evaluado. Los cubanos entraban y salían de la Moneda como Pedro por su casa. El castrismo ha hecho mucho daño, no sólo en América Latina.

Por cierto, eso no excusa que los sectores del centro político, los más llamados a unirse con las fuerzas democráticas de la UP, sobre todo la Democracia Cristiana (DC), se hayan dejado llevar por la marea golpista impulsada desde la derecha, particularmente desde el Partido Nacional y Patria y Libertad. La derecha, a su vez, capituló frente a su imagen republicana (portaliana) que ella misma había construido. En un tiempo se decía: Chile es la única nación latinoamericana que dispone de una verdadera derecha política. Lamentablemente no era así.

Hay por cierto razones subjetivas. Allende, siempre arrogante, sobrevaloró su capacidad de negociación. Por otra parte, dudo de que haya existido en el mundo alguien tan traicionero como Pinochet. Sobrepasó todos los límites. Era definitivamente un demonio. Y ¿Altamirano? Nadie ha sido tan irresponsable como él.  Esos factores, los llamados subjetivos, también juegan. A veces falta la persona adecuada para que no ocurra lo que va a ocurrir.

En mi opinión el golpe era perfectamente evitable. Faltó voluntad política, capacidad de corregir sobre la marcha, decisión; y eso fue así hasta el último minuto. Recuerdo muy bien el día lunes 10 de septiembre: Estábamos reunidos, los de la fracción disidente del MIR de Concepción, al lado de la radio esperando la voz de Allende quien -así se nos había comunicado- iba a llamar a un plebiscito. Según nuestra evaluación el plebiscito podía ser una buena salida pues si  había golpe debería aparecer no en contra  de la UP sino en contra de un plebiscito democrático aceptado por la propia DC. Eso habría cambiado la constelación política. Pero a última hora, todavía no sé por qué, Allende anunció que esa noche no iba a hablar a la nación. Recuerdo que todos nos miramos asustados. Según mis amigos yo dije en ese momento: “jodimos”.

En su opinión ¿El uso de la violencia como medio, horadó el espacio político necesario para el diálogo democrático?

-La violencia, si no condición natural es condición primaria de la estructura humana. Para evitarla se inventó la política, vale decir, la  posibilidad de luchar con palabras y no con armas. Para decirlo con Hannah Arendt, “ahí donde no hay política hay terror, ahí donde hay terror hay violencia”. La crisis de la política (que no es lo mismo que una crisis política) comporta consigo la recaída regresiva en la violencia primaria que anida en cada ser. Quienes predicábamos la violencia en Chile traicionábamos nuestra condición política. Algunos aprendimos las lecciones; otros, la mayoría, mantuvieron el mismo discurso de antes.

Además, creo que Chile es un país donde hay, o por lo menos, había, mucha violencia latente. Cada escuela, cada liceo, sobre todos los estatales, eran nidos de violencia. La burla al débil, al “afeminado”, el culto a la fuerza bruta y a la procacidad, eran parte constitutiva de nuestra cultura. Recuerdo que en el liceo donde yo estudié había un juego llamado la “peladilla”. Consistía en que un grupo se dejaba caer sobre ti y te jalaban las testículos hasta que tu desde el suelo gritabas de dolor (chiflabas). Eso era, definitivamente, tortura. Bajo Pinochet la tortura fue instititucionalizada. De esos tiempos escolares casi no quiero acordarme. Para muchos fueron traumáticos. Creo que la dictadura no inventó la violencia. Sólo le dio salida, y ahí se vio lo que estaba contenido, sobre todo en la oscuridad sórdida de los cuarteles.

¿Considera usted que se ha reflexionado de manera profunda acerca de las responsabilidades previas y posteriores al quiebre de 1973? ¿Cómo deberían abordar estos dilemas las nuevas generaciones?

-Se han escrito muchos libros, pero no los que necesitamos.  Casi todos han sido libros ideológicos, o textos donde se busca “al culpable”. Pero siempre los culpables son los demás, “los otros”.

Intentando una clasificación yo hablaría de tres tipos de textos:

1)    Testimonios, los que, a pesar del respeto que merecen sólo pueden ser considerados como textos auxiliares en la reconstrucción de la historia.

2)    Los populistas, o si prefieres, los movimientistas, según los cuales siempre hay un pueblo en movimiento o en disposición revolucionaria para terminar siendo  “traicionado” por los partidos.

3)    Los estructuralistas, sobre todos los marxólogos, por lo general trabajos de doctorado o diplomas confeccionados al gusto de academias europeas o norteamericanas. Tú empiezas a leer uno de esos textos y a la dos páginas, ya sabes lo que sigue. Así como antes los “culpables” eran el imperialismo, la CIA y la ITT, ahora son la globalización y el neo-liberalismo. Pura paja. No sirven para nada.

La izquierda chilena interiorizó la tesis que popularizó Galeano, la de que siempre somos víctimas y nunca hechores.

Pero no se trata de buscar culpables sino de encontrar razones. Lo que te quiero decir es que lo que nos falta es una historia política del proceso que llevó al golpe, una que hubiera realizado un seguimiento estricto a los acontecimientos reales, tal como se presentaban en su tiempo.

Quizás esa historia política no ha sido escrita para no incomodar acuerdos partidarios. En ese sentido la izquierda chilena cultiva como mala de la cabeza el oportunismo. Cuando se formó la Concertación en 1989 por ejemplo, esa sola fundación implicaba una ruptura definitiva con la ideología cubana.  ¿Crees tú que alguien mencionó esa ruptura? Nadie.

Los fundadores de la Concertación pasaron agachaditos bajo los puentes de la historia, para que nadie se diera cuenta de lo que estaban haciendo. Por eso me explico por qué los jóvenes de hoy todavía rindan culto a mitos violentistas de un pasado que no conocen ni entienden. Y es claro, sus antecesores nunca derribaron esos mitos, cambiaron simplemente de “línea” como quien cambia de ropa para asistir a una fiesta. Nada más. Hay mucha  hipocresía dando vueltas por ahí. Por eso yo viajo a Chile lo menos posible. No me hace bien. Lástima, es un país lindo.

En Chile, la defensa y respeto por los derechos humanos,  aún parece una especie de trinchera que se defienden según conveniencias y no una cuestión ética ¿Cuál es su opinión al respecto en relación a ese uso utilitario de los derechos humanos?

-Efectivamente es así. Yo he conocido a personas que condenan los crímenes que ha cometido Pinochet y callan con respecto a los de Castro. Más todavía, veneran a Castro.

Cuando yo colaboraba con Amnesty International en Frankfort, al comienzo de mi vida exiliada, tuve acceso al dossier sobre Cuba. Las torturas y los asesinatos eran los mismos que los cometidos en Chile. ¿Por qué un asesinado o un torturado cubano debía  tener menos valor que un asesinado o un torturado chileno? Nunca he podido entenderlo.  Además, muchos no se dan cuenta que al callar sobre lo uno y al lamentar lo otro pierden toda credibilidad. Y para hacer política, hay que ser creíble. De eso estoy seguro.

Cierto, no es sólo un problema chileno. He conocido personas en Europa las que al mirar el caballo herido de la Guernica de Picasso derraman lágrimas, pero cuando ven a los niños muertos en las calles de Homs, en Siria, apagan la televisión. No solo los cocodrilos derraman lágrimas de cocodrilo.

Tomando en cuenta los procesos de cambios en los que parecemos encontrarnos  hoy como sociedad ¿Cuál cree que debería ser el mensaje central hacia las nuevas generaciones, con el fin de evitar el desarrollo de la violencia?

-Ninguno. Si una persona de edad da consejos a un joven, éste va a hacer todo lo contrario, y es bueno que así sea.  El ser humano es edípico.  Pero si tuviera que dar de todos modos uno, yo diría “no crean todo lo que cuentan sus padres y abuelos. El pasado es usado no pocas veces como instrumento de autolegitimación. Indaguen, investiguen por su cuenta y van a encontrar muchas sorpresas. Se los aseguro”.

Y si me pidieran obligadamente otro consejo, sería  el siguiente: “todos los ídolos, todos sin excepción, todos tienen pies de barro”.

La compleja telaraña siria por Marcelo Montes

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Fuente: Infobae.com

Mientras se debate a nivel mundial, tanto en cumbres como el G-20, instituciones como la ONU y en cada Estado involucrado, la decisión de intervenir en Siria, ya sea en términos humanitarios como agresivo-militares, pocos hacen hincapié en el denso entramado social y político que dicho país ahora desnuda. Ese entramado parece insertarse en la lógica del choque civilizatorio de Huntington del cual se cumplen dos décadas, sobre todo, por las raíces culturales e intrarreligiosas que posee el conflicto sirio, así como antes el egipcio y el libio.

No son los intereses los que están moviendo al mundo post 1991: ni el norteamericano por los reservas petroleras ni el ruso preocupado por la defensa de un antiguo aliado de la Guerra Fría o un futuro de nuevos Al Qaeda. Son las identidades. Ex colonia francesa hasta 1946, e históricamente dominada por egipcios, hebreos, asirios, persas, griegos, romanos, árabes, mongoles y otomanos, Siria se independizó pero experimentó una enorme inestabilidad institucional: en una década, tuvo cuatro Constituciones y 20 gabinetes.

Entre 1956 y 1958, el ejército sirio, fortalecido por la ayuda soviética, ante el temor de una guerra con Israel y Turquía y el conflicto del Canal de Suez con las potencias europeas, ganó mayor protagonismo doméstico, siguiendo una trayectoria similar a la de su par egipcio. Tal confluencia terminó en la fusión de ambos países en la RAU (República Árabe Unida), apenas hasta 1961. Entre 1963 y 1970, el partido Baaz Arabe Socialista, aliado a Irak y Egipto, se hizo cargo del poder, no sin facciosidad interna y una derrota militar ante Israel, que le quitó a Siria las Alturas del Golán. En noviembre de 1970, vía un nuevo golpe militar, el ministro de Defensa Hafez Al Asad, el “León de Damasco”, tomó el poder y gobernó con mano dura durante 30 años.

En 1976, ocupó militarmente el Líbano, donde ordenó la masacre de Hama (febrero-junio de 1982). El ejército sirio mató entre 150.000 y 200.000 civiles con el pretexto de sofocar una revuelta sunita. Al Assad sobrevivió al final de la Guerra Fría, lamentando la pérdida del apoyo soviético, sin siquiera pagarles a los rusos su abultada deuda, lo cual condujo a Siria a imitar el aislamiento norcoreano, contando sólo con la amistad de los ayatollahs iraníes y un breve interregno de complicidad con Estados Unidos, durante la primera Guerra del Golfo en 1990, emprendida contra el enemigo iraquí (sunita), Saddam Hussein.

En junio de 2000, tras la muerte natural de Hafez, le sucedió su hijo Bashar, oftalmólogo formado en Londres, sobre quien Occidente tenía ingenuas expectativas de cambio. Según el profesor español Gema Martín Muñoz, Bashar pudo transformar el viejo baazismo en un nacionalismo pansirio, la otrora sensibilidad laica en una dominación confesional alauita y el socialismo moderado en un capitalismo autocráticamente dirigido.

Sin embargo, mantuvo tanto el despotismo de su padre como su tutela militar y política, vía lamilicia antijudía Hezbollah, desangrando a el Líbano, donde sólo se retiró por la presión internacional tras 29 años, no sin antes planear los asesinatos del ex premier libanés antisirio,Rafik Hariri en 2005 y del ex ministro Pierre Amin Gemayel, un año más tarde. Pero apenas iniciada la Primavera Árabe, hace más de un bienio, mostró una enorme incapacidad para controlar la expansión de los viejos odios latentes durante décadas entre sunitas y alawitas (o nusairíes) -ramificación de los shiítas-.

En este entramado fratricida, Occidente no debiera intervenir sino sólo a través de los árabes sauditas, los turcos y los israelíes: éstos conocen y podrían dominar esa telaraña. La excusa humanitarista podría conducirnos a infiernos como los de Bagdad y Kabul, que sólo acarrearán nuevas cohortes terroristas, mayor desprestigio norteamericano y pérdidas de mayores libertades civiles en el mundo civilizado, en nombre de la seguridad.

El País: La oposición venezolana denuncia ‘in extremis’ el fraude electoral por Ewald Scharfenber

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Fuente: El País

La reclamación se produce a 24 horas de que Caracas abandone el sistema interamericano de Derechos Humanos

La oposición venezolana buscó sacarle partido a las últimas 24 horas en las que su país permaneció bajo la jurisdicción del sistema interamericano de derechos humanos. El Secretario Ejecutivo adjunto de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), Ramón José Medina, llevó este lunes ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con sede en Washington DC, un documento para denunciar que laselecciones presidenciales del pasado 14 de abril, en las que resultó favorecido Nicolás Maduro, fueron “fraudulentas”.

La propia noche de los resultados electorales el candidato opositor, Henrique Capriles Radonski, avisó que se negaría a reconocerlos, aduciendo múltiples irregularidades que podrían haber afectado una cantidad mayor del 1% de los votos que esos resultados otorgaron como ventaja a la candidatura oficialista de Maduro. El pasado 8 de agosto, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), ampliamente dominado por el chavismo, declaró inadmisibles las impugnaciones presentadas contra los comicios.

A partir de allí, el recurso a instancias internacionales se convirtió para la oposición en una carrera contrarreloj. El difunto presidente Hugo Chávez había formalizado en septiembre de 2012 la solicitud del gobierno venezolano de retirarse del sistema interamericano, que incluye a un órgano ejecutivo, la Comisión, y uno judicial, la Corte –con sede en San José de Costa Rica-, amparados por la Convención regional de derechos humanos, suscrita en 1969. Chávez se mostraba entonces insatisfecho por la serie de medidas cautelares emitidas para proteger a opositores venezolanos, y porque su régimen aparecía de manera repetida –junto a Cuba, Honduras, Haití y, hasta 2012, Colombia- en el Capitulo IV del Informe Anual de la Comisión de Derechos Humanos, que agrupa a los países de más deteriorada situación en el hemisferio.

Los estatutos del organismo dan un año de plazo para que sus países miembros puedan hacer efectivo el retiro. En el caso de Venezuela, ese plazo se extingue a la medianoche de este lunes, según la hora de la Costa Este norteamericana. Así que este era el último día en que la Comisión podía conocer de algún caso venezolano.

“Vinimos a una instancia que conoce de violaciones de derechos humanos”, dijo Medina, también un reputado abogado, al hacer entrega del documento de 250 páginas, en el que se pide a la Comisión se restituyan derechos que, a su juicio, habrían sido conculcados en Venezuela, de índoles política y judicial. ““Desde la convocatoria a las elecciones, la constitución de la lista de personas inscritas, el acto de votación, hasta el proceso judicial de impugnación electoral han demostrado el claro ventajismo del candidato del gobierno y el continuo deterioro de la democracia venezolana. Confiamos en que la CIDH haga valer el derecho de los venezolanos”.

El hoy presidente Nicolás Maduro era ministro de Relaciones Exteriores cuando Chávez ordenó el retiro de Venezuela de las instancias hemisféricas de derechos humanos. Hoy, a pesar de los llamados a la rectificación por parte de diversas organizaciones internacionales, comoHuman Rights Watch y Amnistía International, así como de la Oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas –que calificó como “devastador” un eventual retiro de Venezuela-, Maduro reafirmó la voluntad de su gobierno: “Se le acabó el tiempo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”, dijo en una rueda de prensa ofrecida para periodistas locales y extranjeros en el Palacio de Miraflores de Caracas.

Maduro recordó que ese organismo habría reconocido a los golpistas que, en 2002, desalojaron a Hugo Chávez del poder por 47 horas, y apeló a los argumentos que con frecuencia sus aliados de la región, como los gobiernos de Ecuador y Nicaragua, utilizan para denostar del sistema: aseguró que, mientras Estados Unidos no lo reconoce, la burocracia que en él trabaja “está capturada por los intereses de Washington”. Desestimó la diligencia realizada por Medina, a quien llamó “brazo derecho del fascista mayor” –en una punzante alusión a Capriles Radonski-, aunque advirtió contra sus posibles consecuencias: “Ellos aspiran a que la CIDH diga que Nicolás Maduro no es Presidente de Venezuela. ¿Para qué? ¿Para justificar una invasión, será?”.

El canciller venezolano, Elías Jaua, también ratificó la posición oficial: “No somos nosotros los que tenemos que rectificar como quieren algunas llamadas organizaciones de derechos humanos, son la CIDH y el sistema interamericano los que tienen que rectificar”.

Tanto Maduro como Jaua manifestaron su propósito de fortalecer la participación venezolana en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, al que consideran menos sesgado que la CIDH en sus críticas a la autodenominada revolución bolivariana, y en el que Venezuela cuenta con un puesto desde febrero pasado.

Voceros de la oposición venezolana han adelantado que también acudirán a Ginebra para presentar sus denuncias sobre las elecciones del 14 de abril ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

El País: Venezuela abandona el sistema interamericano de derechos humanos

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El desencuentro con el organismo comenzó cuando este denunció el deterioro de la democracia venezolana. A partir de este martes Caracas queda fuera de la jurisdicción de la Corte

Ya es oficial: Venezuela ha abandonado, hasta nuevo aviso, el sistema interamericano de derechos humanos. Este martes 10 de septiembre se hace efectiva la denuncia de la Convención Americana sobre Derechos Humanos anunciada hace un año por el entonces presidente Hugo Chávez. Esto implica que, a partir de ahora, la Corte Interamericana de DD. HH. perderá su jurisdicción sobre Caracas y con ello, las víctimas venezolanas perderán también la posibilidad de encontrar en instancias internacionales la justicia que se les ha negado en los tribunales locales.

El Estado venezolano se va, además, en deuda: queda aún pendiente el cumplimiento total de las 16 sentencias condenatorias emitidas por la Corte Interamericana de DD. HH. entre 1995 y 2012, que solo han sido acatadas parcialmente y que contemplan, entre otras medidas de reparación, el pago de unos 9700 millones de dólares en indemnizaciones para más de 250 víctimas.

La Convención Americana sobre Derechos Humanos, también llamada Pacto de San José, fue aprobada en noviembre de 1969 por la Organización de Estados Americanos (OEA) con el propósito de “consolidar dentro del cuadro de las instituciones democráticas un régimen de libertad personal y de justicia social, fundado en el respeto de los derechos esenciales del hombre” y ha sido suscrita desde entonces por 25 de sus 35 países miembros.

En los 82 artículos de la Convención se establecen los deberes de los Estados para garantizar los derechos de sus ciudadanos y las atribuciones de las dos instancias supranacionales encargadas de vigilar su cumplimiento: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), responsable de estimular, recomendar y promover el respeto de los derechos humanos por parte de los Estados; y la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), encargada de juzgar a los Estados cuando los llamados de atención de la CIDH no son suficientes.

Venezuela fue el tercer Estado miembro de la OEA en ratificar la Convención, en junio de 1977, y también es el tercero que, luego de firmarla, la ha denunciado. Antes lo hicieron: Trinidad y Tobago, en 1998; y Perú, en 1999, durante el Gobierno de Alberto Fujimori.

El desencuentro entre Venezuela y las decisiones adoptadas por el sistema interamericano de derechos humanos comenzó hace tres años, cuando la CIDH presentó un informe en el que denunciaba el deterioro de la democracia en Venezuela.

“Es una mafia lo que hay ahí. Instituciones como esta nefasta Comisión Interamericana de Derechos Humanos lo menos que hacen es defender los derechos humanos. Es un cuerpo politizado, utilizado por el imperio para agredir a Gobiernos como el venezolano”, bramó Hugo Chávez el 25 de febrero de 2010 y ordenó a su Cancillería preparar la retirada.

Caracas formalizó la denuncia el 9 de septiembre de 2012 y habría bastado una nota diplomática para revertirla, pero el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, opina igual que su mentor: “La Comisión y la Corte lamentablemente degeneraron [sic]. Se creen un poder supranacional, se creen un poder por encima de gobiernos legítimos del continente”, ha dicho este lunes, en la víspera de la despedida.

Desde 1995, la Corte IDH ha emitido 16 sentencias contra el Estado venezolano. Por su responsabilidad en el asesinato de 18 pescadores a manos de militares en 1988, en el caso conocido como El Amparo. Por la represión de la revuelta popular de 1989 conocida como El Caracazo. Por la desaparición forzada y el asesinato de decenas de reclusos en el retén de Catia en 1992. Por vulnerar la labor de los medios con el cierre del canal Radio Caracas Televisión en 2007. Algunos de estos episodios ocurrieron durante Gobiernos anteriores a la era del chavismo, que comenzó en 1998; pero muchos de los soldados y policías hallados responsables de muertes, torturas o desapariciones de entonces, son los generales y comandantes del presente.

La Corte IDH ha sido, en todos los casos, el único tribunal que ha juzgado y condenado las violaciones más sonoras a los derechos humanos ocurridas en Venezuela en los últimos 25 años. “En un caso histórico como El Caracazo, la única sentencia que existe es de la Corte IDH. Ningún tribunal venezolano ha emitido una sentencia sobre estos hechos, a pesar de la propaganda política que rodea el caso en estos momentos”, explica Liliana Ortega, abogada fundadora de la ONG venezolana Cofavic, que ha acompañado cerca de la mitad de las denuncias presentadas ante la CIDH y la Corte. De acuerdo a cifras del Ministerio Público venezolano, solo el 3 % de las violaciones a los derechos humanos que se cometen en Venezuela llegan a juicio; el 97 % restante acaba en sobreseimiento o archivo fiscal.

Para Ortega, este paso que ha dado el Gobierno de Caracas representa una reducción importantísima del derecho a la defensa de las víctimas y no se trata de un hecho aislado.

Este año también entró en vigor una nueva reforma al Código Orgánico Procesal Penal de Venezuela que elimina la facultad, que hasta ahora tenían las organizaciones no gubernamentales, de dar apoyo jurídico a las víctimas y de querellarse en su nombre contra funcionarios policiales o militares que hayan incurrido en presuntas violaciones a los derechos humanos.

“Ya no podemos ir a revisar los expedientes, estamos limitados. La única manera de que las ONG puedan representar a las víctimas es a través de poderes otorgados a abogados, pero no a fundaciones ni a organizaciones de derechos humanos. Hay un debilitamiento progresivo de las garantías de trabajo de los defensores de derechos humanos en el país”, ha dicho Ortega a EL PAÍS. Las víctimas atendidas por estas organizaciones y por las decisiones de la Corte IDH son, en su mayoría, pescadores, obreros, reos, trabajadores de la economía informal, venezolanos bajo la línea de pobreza que no tienen dinero para pagar servicios jurídicos. En el 70 % de los casos, además, han recibido amenazas.

Aun a pesar de la denuncia de la Convención, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) mantendrá intactas sus funciones sobre Venezuela. Podrá emitir informes, recibir casos, realizar audiencias y hacer recomendaciones; y solo los hechos ocurridos hasta la vigencia de la Convención –hasta este 10 de septiembre de 2013– podrán ser presentados ante la Corte. Pero en el caso de que el Gobierno de Caracas decidiera concretar todas sus amenazas y abandonar también la Comisión, ya no habría vuelta atrás, pues esto también significaría su retiro de la OEA.

Fuente: Diario El País  / Por: Maye Primera

La Tarea Pendiente de César Farías, por @LuisRevilla

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(foto: reuters)

Como futbolista profesional, a César Farías le pasó como a esos niños que no se atreven a rayar el cuaderno sin antes trazar los márgenes y encabezar las páginas. Farías quería escribir, pero el talento y la paciencia solo le alcanzaron para dibujar un par de garabatos como defensa central en el Monagas. De poco valía, habrá pensado el entonces joven jugador, apañarse con ese maltrecho cuaderno de lomo descosido; un cuaderno que en vez de potenciar el talento de las plumas más prometedoras, lo desgastaba con sus borrones y salidas de línea.

Por eso el sucrense tuvo una convicción inusual para alguien de su corta edad: la de convertirse en ex futbolista. No por indolencia, al contrario. Farías quería volver para trazar márgenes, escribir encabezados y de paso, por si hacía falta, cuadricular las hojas.

“Veía talento para aspirar a más”, asegura el venezolano. Más que jugar, “lo que tenía en la cabeza era poder organizar y desarrollar todo eso que estaba desparramado”. Las precarias circunstancias del fútbol nacional reforzaron en Farías una obsesión que a todo técnico le convendría tener: la organización.

Puede que no exista un concepto más pertinente para definir la vocación del entrenador de fútbol en el siglo XXI. No basta con ser un gran coach en este territorio conquistado por el profesionalismo. Los banquillos están llenos de managers  que se involucran en todos los aspectos de la gestión deportiva, sean aspectos tácticos, técnicos, logísticos o humanos. Así interpretó Farías su profesión desde el primer momento, y así ha concebido su trabajo como seleccionador nacional, como un manager.

Cuando el nativo de Güiria asumió el mando de la Vinotinto, se encontró con la compleja misión de clasificar a Sudáfrica 2010 con un equipo que en 2007 ya se acercaba al promedio de 30 años de edad. Convenía entonces revisar cada paso dado hacia la abstracta meta de clasificar al Mundial por primera vez. No eran pocas las necesidades que debían identificarse, las rutas que debían diseñarse, las ideas y soluciones que debían considerarse.

La renovación era imprescindible para continuar, pero la metamorfosis no era trivial. Entre los incontables retos, se diferenciaban dos grandes interrogantes ante las que el cuerpo técnico diseñó sus principales premisas. Naturalmente, la primera gran incógnita tenía que ver con el cambio generacional en la Vinotinto.

¿Cómo asegurar el presente y el futuro competitivo de la selección sin la irreverencia de los ya veteranos lanceros ni el carisma de su líder, Richard Páez?

El desafío arrojó la necesidad imperante de ampliar la base de jugadores, una premisa que el cuerpo técnico ha pretendido cumplir y ha refrendado prácticamente durante todo el ciclo. Venezuela necesitaba más futbolistas, nuevos, mejores y diferentes. Farías tiró de pragmatismo y los buscó en el torneo local primero, en las categorías inferiores luego y en el resto del planeta después.

Esta transición representa uno de sus principales méritos como DT de la selección: con Arango como capitán y enlace generacional, la Vinotinto de los venerados Vera, Jiménez, Rojas, Rey y Morán dio paso a la de los incipientes Rincón, Lucena, Seijas, Vizcarrondo y Rondón sin interrumpir la progresión emprendida desde 2001. Lo que Venezuela logró en aquel ciclo mixto fue como cambiarse de ropa sin desnudarse, remodelar la tienda sin detener las ventas, o aprovisionar el búnker sin exponerse a la radiación; tome la analogía de su preferencia.

La tabla de posiciones dice que la Vinotinto finalizó el camino a Sudáfrica 2010 con 22 puntos, a solo 2 de los 24 conseguidos por Uruguay, 5to lugar y mundialista vía repechaje. De este hecho se infiere el siguiente: a la selección le hubiera bastado con ganar alguno de los 8 partidos que perdió, 4 de los cuales fueron en casa.

En retrospectiva no parece una misión imposible, pero se trata de un parámetro engañoso. Venezuela todavía estaba lejos de los mejores 5 de Sudamérica; más, en cualquier caso, que lo reflejado por los puntos. La imprescindible renovación, pues, no podía limitarse a un cambio generacional, sino que implicaba una profunda transformación a todos los niveles, una migración desde un modelo agotado a uno nuevo, sostenible, coherente y, sobre todo, competitivo.

César Farías sabía que no era posible clasificar al Mundial con la gesta improbable de una veintena de hombres. El método era el camino. A Brasil 2014 solo se podía llegar con una organización potente, profesional, que maximizara sus recursos ante sus evidentes desventajas, cuidara la materia prima y se proyectara en el futuro.

Farías se ha referido a las necesidades de cambio en numerosas oportunidades a lo largo del proceso. “No podíamos quedarnos con el mismo patrón de juego”, alegó el año pasado durante una entrevista con el periodista Daniel Chapela, en el programa “A un Toque” de DirecTV Sports.

Desde el “Centenariazo” de 2004 (para Farías, un partido “perfecto” en el que “Venezuela se ordenó bien y, buscó los espacios con criterio”), la Vinotinto se encontró con una realidad desconocida: los rivales empezaron a estudiarla y a plantear nuevos desafíos. Farías cita otro partido contra Uruguay como ejemplo. Fue en la Copa América 2007, cuando, bajo el fragor de Pueblo Nuevo, el equipo de Richard Páez cayó goleado 4-1 ante los charrúas.

“Venezuela lo tuvo que ir a buscar, y pasó lo contrario al Centenariazo”. César Farías, sobre la goleada uruguaya en Pueblo Nuevo.

Tras aquella derrota, sin embargo, el diagnóstico de Farías se ha corroborado con él viendo los partidos desde la banda, ya como seleccionador nacional. Ninguna demostración tan resonante como la caída versus Paraguay en Puerto Ordaz (octubre de 2009).

Venezuela tenía que vencer al correoso equipo de Gerardo Martino para tener chances tangibles de quedarse con el 5to puesto de la eliminatoria. La Vinotinto y el Cachamay actuaron en consecuencia, unos asumiendo el protagonismo y los otros animando de forma avasalladora. Pero el de Farías, un conjunto sin especialistas en el primer pase ni el juego asociativo, sucumbió ante el mortífero fútbol de presión y transiciones de Paraguay.

El estratega oriental enfrentó en carne propia la misma paradoja que el equipo de Richard Páez no supo responder en aquel partido de cuartos de final frente a Uruguay:

Sin especialistas para asentar un ataque organizado en campo rival, ¿cómo hace una escuadra para acercarse al arco contrario, sin que ello suponga liberar caminos hacia el propio?

 

“Venezuela necesitaba otras cosas, y nosotros estábamos conscientes de ello”, relata el güireño. “Teníamos que ver cómo defender en tres cuartos de cancha, cómo invadir el campo rival”.

 

Así surgió la segunda gran premisa del proyecto de Farías: Nuevos jugadores, nuevos intérpretes, sí, pero también un nuevo libreto.

Se trataba de una misión riesgosa, especialmente difícil de acometer en un equipo que, como toda selección, solo se reúne un puñado de veces durante todo el año y lo hace con pujantes obligaciones competitivas.

Para abordar la redacción del nuevo guión, el entrenador se refugió en el registro que mejor conocía: organización defensiva en bloque y transiciones ofensivas rápidas, sin apenas riesgo de pérdida de balón en el medio campo. Márgenes y encabezado.

 

“Primero tienes que ser un equipo ordenado y luego intentarlo. Conseguirlo ya depende de más factores”, ha aseverado el DT.

 

Farías concibió la construcción del nuevo modelo por capas. A lo largo del proceso, el equipo agregaría nuevos mecanismos a su funcionamiento base. Inclusive, algunos de estos updates datan de la primera etapa del ciclo, durante la eliminatoria rumbo a Sudáfrica. 

Es el caso del balón parado, faceta del juego que cobró una nueva dimensión de la mano de virtuosos cobradores como José Manuel Rey o Juan Arango, y rematadores de gran envergadura como Oswaldo Vizcarrondo.

También fue en este período de competencia que Venezuela mostró vestigios de la defensa adelantada que luego exhibiría con más frecuencia. En Chile (2009), por ejemplo, los de Farías desplegaron fases de presión organizada probablemente inéditas en la historia táctica de la selección. Así llegó el transitorio 1-1 de Maldonado aquella noche.

Sin embargo, la mencionada derrota ante Paraguay en Cachamay certificaría las carencias de un equipo que todavía no tenía el poso para llevar la iniciativa ofensiva en los duelos más cruciales.

Así llegó la etapa más experimental del periplo de César Farías al frente de la Vinotinto. Ocurrió entre 2010 y los meses previos a la Copa América 2011, con el calendario libre de partidos oficiales, pero colmado de amistosos.

Con resultados dispares, fueron probados incontables jugadores, sistemas, estrategias y mecanismos. Todo ante el ineludible escrutinio del país, que miraba con preocupación el reto de competir en el grupo más complicado de la Copa en Argentina.

Lo acontecido ese verano ya es más difícil de explicar. No se sabe muy bien cuándo -se supone que en las semanas previas al torneo- pero el equipo hizo click.

Más allá de los históricos resultados, la Venezuela de Farías exhibió en el torneo continental su versión mejor acabada, un potente prototipo que, potenciado con los refuerzos oportunos, estaría listo para competir por un puesto entre los 32 mejores del mundo en Brasil 2014.

Las perspectivas lucían inmejorables. Si el fútbol es un continuum dividido en 4 momentos (fase defensiva, transición defensa-ataque, fase ofensiva, transición ataque-defensa) el equipo dominaba con fluidez irreflexiva la respuesta ante los dos primeros, y eso le bastaba para competir con los mejores del continente.

Venezuela sabía qué hacer cuando no tenía el balón, y qué hacer apenas lo recuperaba: buscar a sus delanteros, rápido, automáticamente.

Para los otros dos momentos del juego, para amaestrar el arte de llenar la cancha e invadir el campo rival, para buscar el arco contrario de forma sostenible sin ser vulnerable a las pérdidas de balón, Farías tendría 2 años y medio de eliminatoria.

No se puede decir que no lo intentó, que no propuso soluciones. Desde el inicio del premundial, Farías ha buscado complementos a su fórmula de ataque, basada en una salida lateral sencilla que Cichero, Rondón y Arango por un lado y Rosales, González y Miku por el otro deben conocer de memoria.
El juego interior, no lo que ocurre en las bandas sino en zonas más centradas (y pobladas) del campo, es la gran quimera de esta selección. Sin demasiado éxito, los ensayos de Farías a lo largo de la eliminatoria han apuntado a potenciar esta faceta del juego, sensiblemente herida ante la prolongada ausencia de Ronald Vargas, quizá el único especialista criollo del fútbol entre líneas.

 

Ante Bolivia en San Cristóbal o Chile en Puerto La Cruz, por ejemplo, el seleccionador experimentó rompiendo el doble pivote defensivo para darle la titularidad a Julio Álvarez; más técnica de pase en la primera línea de mediocampistas. Ganó ante la Verde y perdió frente a los australes, pero en ninguna de esas noches el equipo venezolano cuajó un volumen ofensivo destacable.

Otra propuesta frecuente del entrenador ha sido el combo Luis Manuel Seijas-Frank Feltscher. El suizo-venezolano y el valenciano comparten una cualidad que los complementa: la movilidad. Farías ha apostado por ambos cuando ha querido romper la rigidez del sistema sin tener que sacrificar el doble pivote defensivo. Ocurre que Feltscher, un delantero con tendencia hacia la banda derecha, ofrece simetría cada vez que Seijas abandona su posición original para asociarse con Juan Arango.

La maniobra constituye una especie de paráfrasis de los movimientos de “Maestrico” González y Miku Fedor en el esquema ofensivo básico (4-2-2-2) de la selección: uno parte de la derecha hacia el centro, el otro parte del centro a la derecha. Las pruebas de este mecanismo frente a Uruguay en Montevideo o Argentina en Buenos Aires, han ofrecido un rendimiento dispar.

En Asunción Venezuela jugó uno de sus mejores partidos de la eliminatoria. Ese día, César Farías alineó su 11 titular más ofensivo hasta la fecha, con Lucena como único mediocentro y Arango, González y Seijas completando un rombo de vértices permutables. La guinda del pastel fue, sin embargo, Josef Martínez. El carabobeño, un delantero con vocación de mediocampista, desquició a la defensa paraguaya con sus recepciones entre líneas, conducciones potentes y su facilidad para asociarse sin perder el balón.

Venezuela ganó merecidamente, pero su fase ofensiva no fue completamente invulnerable a las pérdidas de balón. De hecho, si sacó el partido adelante fue porque tuvo espacios para transitar y salió mejor parada del intercambio de golpes del primer tiempo. En ese sentido, la victoria en Asunción se aleja menos del registro ofensivo típico de la selección (transiciones defensa-ataque, balón parado) de lo que suele reconocerse.

Más singular, en cambio, fue el planteamiento vs Ecuador en Puerto La Cruz. La especie de redebut de Evelio Hernández en la Vinotinto marcó el partido. Farías pretendía trasladar a la selección el notable rendimiento que el mediocampista exhibía en el Anzoátegui, su club, donde empezaba a destacar como un juicioso gestor de juego en la primera línea de mediocampistas. A su lado estuvo un notable Franklin Lucena. Delante de ellos, la línea de mediapuntas, con Arango, Martínez y Pérez-Greco.

Aquella tarde Venezuela planteó una salida lateral rasa, y minimizó los intentos de buscar directamente a Rondón. Lo hizo con más insistencia de lo habitual, y por momentos lució muy bien. Más que bien.

Eventualmente, sin embargo, Ecuador empataría y ajustaría su disciplinado bloque. Venezuela no tuvo la dinámica para volver a procurar posiciones ventajosas en campo rival, entre líneas.

La última frase, de hecho, resume el diagnóstico del juego interior venezolano a día de hoy. La dolorosa derrota frente a Uruguay dejó muy tocadas las aspiraciones mundialistas de la Vinotinto, pero además arrojó lecturas preocupantes con respecto al juego.

Venezuela fue incapaz de inquietar a Muslera. Antes chocó una y otra vez con la defensa urugaya, que, o bien devolvía con solvencia cualquier intento de juego directo, o extinguía cualquier recepción peligrosa en la frontal del área, o simplemente basculaba de derecha a izquierda -y viceversa- para obstruir la salida lateral venezolana.

La organización ofensiva vinotinto falló en una de las nociones más básicas del juego: la ocupación de los espacios, especialmente durante la salida, eso a lo que el entrenador suele referirse como ‘llenar la cancha’.

Si el ataque se emprendía por la derecha, Rosales, encargado de la salida, quedaba aislado, sin opciones de pase para progresar.

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Pero si el ataque se emprendía por la izquierda, ocurría más o menos lo contrario. Cichero, Arango y González redundaron continuamente en el sector izquierdo. Se obstruían, no se apoyaban.

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Hubo pasajes en los que la ocupación de los espacios fue mucho más coherente, desde luego, pero en general Venezuela no tuvo claridad para atacar el bloque defensivo charrúa.

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La gravedad de la herida sufrida por Venezuela en aquella contienda contra La Celeste dependía de lo que la selección fuera capaz de hacer en Chile el pasado viernes, pero el naufragio Vinotinto en Santiago encuentra razones que trascienden de las necesidades estratégicas comentadas en las líneas anteriores.

“La Roja” de Jorge Sampaoli no cuestionó el fútbol de ataque venezolano como Uruguay consiguió en junio y Perú pretende mañana. Lo que Valdivia, Alexis Sánchez o Arturo Vidal rebatieron directamente fue la capacidad vinotinto de competir con los mejores del continente, una cualidad que relució por última vez frente a Colombia en marzo pero que no ha sido reforzada de forma decisiva desde el prometedor año 2011.

Clasificar al Mundial ahora no depende de ‘invadir el campo rival’ y ‘llenar la cancha’ de forma exitosa frente a Perú y Paraguay, los dos últimos rivales rumbo a Brasil 2014. El proyecto no ha consumado sus pretensiones fundamentales para asegurar un lugar entre los 32 mejores del mundo el próximo verano, y ahora asiste a una especie de subasta por el 5to puesto.

Si la Vinotinto de Farías hace los deberes, cerrará la eliminatoria con una oferta máxima de 22 puntos. La propuesta solo tendrá valor si Uruguay cae en un bache similar al que Venezuela recorre desde que Jhasmani Campos puso el tardío Bolivia 1-1 Venezuela en La Paz.

En los jugadores y el entrenador reposa la misión de entregar la gran tarea pendiente del ciclo, aunque quizás sea demasiado tarde. En cualquier caso, la última palabra la tienen el “Maestro”, Óscar W. Tabárez, y su jauría celeste.

Por @LuisRevilla