Simón: dejarlo todo, que nada pase y seguir adelante - Runrun
Simón: dejarlo todo, que nada pase y seguir adelante
Lo más duro de la película Simón es su mensaje. Creo que justamente por ese mensaje fue que el régimen de Maduro dejó que se proyectara en Venezuela sin ningún problema

 

@SoyJuanette

El martes 19 de septiembre de 2023 en Buenos Aires, específicamente en el Cinemark Palermo, se proyectó por primera vez (y en única función) la cinta Simón, del realizador venezolano Diego Vicentini, protagonizada por Christian McGaffney. Obviamente la mayoría del público estaba conformado por la diáspora que hace vida en la capital argentina; estuvieron todos, o casi todos, menos yo. 

Algunos amigos y familiares me llamaron, y hasta me cuestionaron por no ir a ver Simón. No entendían por qué si yo, que era una persona a la que le gusta el cine, y que trabaja en ese ámbito “apoyara al cine argentino, pero no al venezolano”. La verdad nunca lo contesté, pero usaré esta columna para hacerlo:

Lo primero que debo aclarar es que no fue por una razón política, sino más bien emocional. Y ya cuando me sentí preparado para verla, no volvió a proyectarse en Argentina, por lo que tuve que esperar a su estreno en Netflix. Y tras ver el filme debo decir que a nivel de guion es magistral. Desde los flashback, los diálogos y la fotografía, la cinta te hace sumergirte en la historia desde el minuto uno.

Simón es una película que trasciende a las generaciones y nos interpela a todos los venezolanos. A los que nos fuimos, a los que se quedaron, a opositores y me atrevería a decir (aunque ellos no quieran o puedan decirlo públicamente), hasta a quienes aún apoyan al chavismo.

La actuación de Christian McGaffney está genial y los minutos que nos regala Franklin Virgüez son una clase de actuación. Y qué decir de Roberto Jaramillo, quien le dio vida a “Chucho”, el partners de Simón, sin duda un personaje que quedará en el recuerdo.

Pero sin duda lo más duro de la película es su mensaje. Creo que justamente por ese mensaje fue que el régimen de Maduro dejó que se proyectara en Venezuela sin ningún problema: puedes marchar, enfrentarte a los cuerpos de seguridad, ser apresado, perder a tus amigos ya sea en una manifestación o en una cárcel torturado, pero el gobierno seguirá en pie. Así que no te queda otra cosa que irte.

Aunque también hay otra manera de verlo: luchar, tratar y seguir luchando hasta que un día algo cambie. Pero si no llega a pasar no es por tu culpa y puedes/debes seguir adelante.

Resulta que yo también fui estudiante, marché muchas veces en contra del Gobierno de Hugo Chávez. Tragué bastante “Gas del bueno” cuando el cierre de Radio Caracas Televisión. Además, después tuve la genial idea de participar en las elecciones del consejo universitario de la Universidad Católica Santa Rosa, lo que significó que me siguieran (incluso fuera de la UCSAR) los de la seguridad de la institución, por sus vínculos, en aquel entonces, con el gobierno.

En paralelo trabajé en muchos medios de comunicación privados, algunos cuestionados por el gobierno chavista, como por ejemplo CNN y el antiguo Globovisión. Eso significó para mí un estigma. Traté de remarla, pero, al final, la cuerda se rompió y en 2016 ya tuve que irme. Poco después se fueron mis hijos.

Ahora estoy escribiendo esto un 24 de marzo, día de la Memoria en Argentina. Fecha en la que se conmemora el inicio de la dictadura militar que gobernó Argentina desde 1976 a 1983. Es un momento de reflexión y aunque cada quién cuenta la verdad de la historia a su manera, lo cierto es que murió y desapareció gente, dejando un dolor enorme que, 48 años después, sigue más vivo que nunca. Mi opinión es que no se trató de una guerra, porque son los gobiernos los que manejan las armas y el aparato para perseguir y torturar de forma sistemática.

No soy optimista. Películas como Simón me recuerdan, a mí en particular, que puedes mudarte de país, cambiar tu vida y hacer todo diferente. Pero siempre habrá gobiernos, ya sea de derecha o de izquierda que te repriman, y hasta te maten, por no compartir sus ideales, o peor aún, no pensar como ellos. Mucho me temo que eso nunca va a cambiar.

Lo paradójico de todo es que el régimen de Maduro saluda a los organismos de derechos humanos y repudia las torturas en Argentina y Chile en la década del 70 y 80 (algo que claramente es repudiable). Pero… ¿y las de Venezuela?

En fin, como digo siempre, la política no es un Caracas vs. Magallanes, o un River-Boca. Si eres venezolano y condenas las torturas y muertes en Venezuela, entonces date la oportunidad de entender y reflexionar acerca del “Nunca más” en Argentina.

Ojo, lo mismo le digo a mis hermanos argentinos: entiendan lo que pasa en Venezuela, y no crean que está bien solo porque “Maduro es de izquierda”, pues lamentablemente la tortura no es cuestión de ideología. Es simple y llanamente un crimen condenable.

¿Hay que dejar de luchar? Creo que no, porque luchar es parte de la vida.

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