Entrevista | Leonardo Aranguibel: “Soy de donde comen mis hijos”, por Carolina Jaimes Branger - Runrun
Entrevista | Leonardo Aranguibel: “Soy de donde comen mis hijos”, por Carolina Jaimes Branger
“Venezuela es lo que soy, como persona y en muchísimos sentidos. Es además una alegría intacta en mi memoria y lamentablemente también un dolor”, Leonardo Aranguibel

 

@cjaimesb

Sabía de Leonardo Aranguibel porque su nombre sonaba como el muy joven director de importantes producciones en los últimos años del siglo XX en Venezuela. Pero conocerlo ha sido como destapar una caja de sorpresas, donde todo lo que va saliendo es algo bonito, interesante, conmovedor. Descubrimos que ambos nacimos en Caracas, el mismo año y en la misma parroquia, La Candelaria. Que nos encantaba ver Perdidos en el espacio y El Zorro. Hasta lloramos durante nuestra conversación.

Aranguibel es hoy nada menos que vicepresidente de producción y jefe de operaciones y estrategia de producción de The Walt Disney Company Latin America. Se lo merece, porque el camino a llegar serlo fue uno de excelencia y trabajo, esfuerzo y mística. Y su humildad es encantadora. Es simpático, llano, sencillo. El éxito no lo ha engreído.

Desde sus estudios en la London International Film School, pasando por su grado de Comunicador Social de la UCV, dio muestras de un talento natural −potenciado a través de sus estudios− para la dirección y producción de cine y TV.

Dejó Venezuela a principios del milenio, en 2002. Hasta finales del año previo había sido vicepresidente de producción original de HBO y Cinemax para Latinoamérica y Brasil, y emigró por circunstancias relacionadas con la situación política.

Llegó a Estados Unidos, el país donde había construido una red de conexiones profesionales por su rol en HBO. En ese momento él y su esposa, la periodista Moira Angulo, trabajaron preparando comidas para vender y repartiendo encomiendas, entre otros oficios, mientras resolvían los asuntos legales para obtener la Green card; conscientes ambos de que el trabajo dignifica y estaban siendo ejemplo para sus pequeños hijos. Gracias a José Vicente Scheuren, quien lo propuso como director de una telenovela, su familia tuvo un respiro de varios meses. Y eso, además, les abrió la ruta legal hasta que la residencia les salió y lo demás es parte de la historia.

De su padre, educador y periodista, conserva una colección de libros de clásicos de la literatura universal, que devoró siendo joven.

Guarda entrañables recuerdos de su vida en Venezuela, aunque la nostalgia no lo embarga, porque tiene muy presente un dicho de su abuela “Uno es de donde comen sus hijos”.

–¿Qué recuerdos de infancia y juventud te mueven aún ahora?

–Mi infancia fue “muy movida”. Mi padre era periodista y nos mudamos muchas veces. Y mi madre era maestra. En una de esas mudanzas, viviendo en Cumaná, se divorciaron y nos devolvimos, fracturados para siempre, a vivir a Caracas.

De mis años en Venezolana de Televisión guardo el recuerdo de mi tesis de grado −con Erika Tucker− que se convirtió en el exitoso programa A toque que transmitió VTV durante más de tres años, donde presentaban las bandas de rock venezolanas que trataban de abrirse paso en un mundo aún dominado por el rock anglosajón.

–¿La pasión por el cine y la TV de dónde vino?

–Desde muy pequeño sentí pasión por la televisión. Me encantaban las series. Tuve la suerte de que mi tío Luis Brito, el gran fotógrafo −ya fallecido− me llevaba a los sets de filmación de películas donde di mis primeros pasos, como aprendiz. De su mano descubrí el teatro y aprendí a amar el cine, los musicales y al mundo escénico en general.

Otro recuerdo es de cuando mi padre fue nombrado director de Cultura de la Universidad de Oriente. Iba con frecuencia a hacer mis tareas en su oficina, porque tenía unos libros que me encantaban (de hecho, cuando él murió, lo único que quise conservar fue su colección de Clásicos de la Literatura Universal). Un día, en el auditorio de la UDO, estaban presentando la obra Los fusiles de la madre Carrar, del dramaturgo Bertolt Brecht y él me llevó. Yo tenía sueño, pero descubrí que había algo ahí que me hipnotizaba.

Cuando salí, ya la fascinación por el teatro se había apoderado de mí, un sentimiento que luego mi tío Luis apalancó. De hecho, recuerdo cuando me llevó a ver un ensayo con vestuario de Ricardo III, aquel histórico montaje de El Nuevo Grupo que protagonizaba José Ignacio Cabrujas. Yo estaba sentado solo en el teatro, mientras mi tío hacía sus fotos. Cuando Cabrujas bajó, se me acercó y me dijo “¿tú eres el sobrino de Brito, carajito?”. Lejos de abrumarme, me impactó tanto que me convenció de que estaba en el medio al que quería pertenecer.

–Háblame de tu ida a Inglaterra… ¿es cierto que te fuiste de aventurero?

–Podría decirse eso, ¡sí! Aunque era muy joven ya sabía que lo que quería estudiar era cine. Además, estaba enamorado. Y sin beca y sin recursos −recuerda que mis padres eran un periodista y una maestra− me fui sin pensarlo dos veces. El avión que tomé era como un autobús lechero, mucho más barato que los que iban directo a Londres desde Caracas. De Barbados a Luxemburgo, luego a París por tierra, y desde allí tardé en total como tres meses en llegar a Londres.

Una locura, pero a los 19 años, con las ganas de comerme al mundo que tenía y siguiendo a un amor platónico que se había ido a estudiar allá, era indetenible. Allá tuve la suerte de encontrar buenos amigos que me tendieron la mano, lo que me permitió estudiar en la London International Film School durante un año y algo más. Trabajé haciendo muchas cosas, pero no pude obtener la beca porque Venezuela vivía un cambio de gobierno y me tuve que regresar. Pero lo que aprendí me dio bases sólidas para mi carrera.

–Tus inicios en Venezuela…

–Tuve tres grandes escuelas: RCTV, Radio Capital y El Nacional, en la sección de edición de revistas. También la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Venezuela, donde estudié gracias a mi otro tío y padre, Iván Feo, una de las personas que más me ayudó en mi profesión, además de ser una figura inmensamente influyente en mi vida, en la persona que hoy soy. Como verás, tengo mucho y muchos a quienes agradecer.

–¿Qué ha significado para ti trabajar para una compañía tan importante como Disney?

–Un gran honor y una gran responsabilidad. Tuve el privilegio de haber sido convocado para trabajar en un momento en el que hubo un cambio muy significativo para la compañía. Por ese entonces prácticamente todo lo que producía Disney se hacía en California y de ahí se exportaba a todo el mundo. Las oficinas en otras partes eran básicamente de distribución. El cambio fue empezar a crear contenido local y América Latina tuvo la iniciativa de ser una suerte de programa piloto.

Marcos Santana, uno de los ejecutivos más exitosos de la televisión internacional, gran amigo y vecino durante mi adolescencia en Venezuela, fue quien me presentó a quien todavía es mi jefe en Disney, y por la experiencia que yo traía de HBO, me dieron el puesto. Al comienzo en ese departamento estaba yo solo. Hicimos producciones maravillosas que tuvieron gran éxito, como Amas de casa desesperadas (Desperate housewives) en Argentina, A corazón abierto, The amazing race, entre otras. Nuestra oficina fue creciendo y la experiencia se replicó en Europa, Medio Oriente y otros territorios. Desde entonces paso mucho tiempo montado en un avión…

–¿Qué significa Venezuela para Leonardo Aranguibel?

–Venezuela es lo que soy, como persona y en muchísimos sentidos. Es además una alegría intacta en mi memoria y lamentablemente también un dolor. En estas circunstancias, mucho más dolor que alegría. Siempre será el lugar donde me formé, donde crecí, donde vive gente a la que quiero entrañablemente.

Mi vida hoy está en los Estados Unidos, que me abrió las puertas y donde hemos echado raíces. Mis hijos y mi esposa viven aquí (mi hija mayor estudió en Venezuela y se devolvió para acá). Mi abuela tenía un dicho que ahora es cuando lo entiendo a cabalidad: “uno es de donde comen sus hijos”.

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