De la dictadura a la democracia, las huellas de un tiempo sobre otro, por Isaac López* - Runrun
De la dictadura a la democracia, las huellas de un tiempo sobre otro, por Isaac López*
Teodora Salom de Salas era el nombre de una humilde mujer de Coro. Mujer de convicciones, militante de AD, sufrió durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1950–1958) la persecución y la tortura por creer en la justicia y en la democracia.
Comprender ese momento y las prácticas y usos políticos, civiles, ciudadanos, es una tarea del primer interés en este momento de la historia nuestra

 

Al pájaro libre que fue la cantora argentina Mercedes Sosa, dedico.

@YsaacLpez

Teodora Salom de Salas era el nombre de una humilde mujer de Coro. Costurera residente en los barrios de la antigua capital del occidente venezolano. Mujer de convicciones y de preocupación por su comunidad y por el país, militante del partido Acción Democrática en las tareas de la resistencia a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1950–1958) debió encarar la persecución, el abuso y la tortura por creer en la justicia, en la democracia, en la libertad.

Nacida en 1891, influenciada por le prédica de don Rómulo Henríquez, símbolo de aquel país que se opuso al designio militar, como la Estefanía de la telenovela de Julio César Mármol, encaró con dignidad y valentía la crueldad de los canallas que la sometieron para que revelara nombres y paraderos de sus compañeros de Acción Democrática y del Partido Comunista de Venezuela.

Fue el 12 de septiembre de 1951 cuando la Seguridad Nacional asaltó su humilde casa de la Calle Nueva, marcada con el número 7. Improperios e insultos, ocho días incomunicada, corriente eléctrica, bloques de hielo y la amenaza de una operación en el Hospital Antonio Smith. Después Caracas y Maracaibo. Jamás flaqueó la voluntad de la mujer coriana.   

«Mi mensaje no puede ser otro que pedirles a todos la defensa de la libertad. Nada puede valer un hombre con la barriga llena si mientras tanto tiene las manos atadas. Creo sin embargo que es justo que se exploren caminos, pero sin olvidar que la dignidad está por encima de todas las necesidades» (La Mañana, Coro, 6 de noviembre de 1971, p. 2).

Cuando al fin la dictadura cayó el 23 de enero de 1958, el amanecer de un nuevo tiempo comenzó a borrar poco a poco las sombras de aquella terrible noche. Teodora Salom de Salas volvió a la tranquilidad de su hogar, donde la recibió el cariño y afecto de sus vecinos. Entender aquel paso es fundamental para nosotros.

Comprender ese momento y las prácticas y usos políticos, civiles, ciudadanos, es una tarea del primer interés en este momento de la historia nuestra.

Pérez Jiménez huyó en La Vaca Sagrada y alguna de las maletas de su corrupto régimen quedó como testimonio del sátrapa y de sus esbirros. Pagó luego un tiempo mínimo de condena y pocos años después se presentó como candidato a la presidencia bajo la bandera de la Cruzada Cívica Nacionalista. El apoyo popular fue evidente y manifiesto, lo cual espantó a los partidos que controlaban ahora la situación. Tanto que tuvieron que crear las condiciones para inhabilitar la postulación del hombre que todavía tiene una estatua en el Estado Táchira.

Para 1971 visitó Coro en campaña electoral el general retirado Luis Felipe Llovera Páez, parte del gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez.

En octubre de ese año aparecen sus declaraciones en primera página del diario La Mañana, al que se señalaba como baluarte de aquel régimen. El exmilitar, ahora en funciones de promotor político expresó: «La ‘Seguridad Nacional’ regresará más tecnificada.” Atacó Llovera la política del gobierno de Rafael Caldera, en ese momento en la presidencia, manifestando que había hecho uso de 25 000 millones de bolívares en solo dos años, suma que ellos habían empleado en obras en 10 años de mandato.

También criticó asuntos como la Petroquímica, la plataforma política de izquierda la Nueva Fuerza y exaltó la perspectiva de triunfo electoral de Marcos Pérez Jiménez. Sobre la Seguridad Nacional –órgano represor de la dictadura dirigido por el temible Pedro Estrada, pero que sus jefes mostraban como ente controlador de la delincuencia– indicó que la misma se instauraría con mayor tecnificación para cumplir con el objetivo de dar tranquilidad a la familia venezolana (La Mañana, Coro, 7 de octubre de 1971. p. 1).

Pedro Luis Bracho Navarrete, hijo del factor del comercio coriano Pedro Bracho y nieto del general paraguanero José Trinidad Madriz, fue uno de aquellos comprometidos en la resistencia cuyo nombre y ubicación pretendieron arrancarle mediante torturas a Teodora Salom de Salas. Tiempo permaneció escondido en la casa de hato «Tura», cercana a las salinas de Maquigua y perteneciente a sus parientes, los Zárraga Tellería (P.L.B.N. Memorias de un activista político. Coro, Impresiones Miranda, 2003).

En las mismas páginas de La Mañana replicó días después la intervención en Coro de Llovera Páez.

“Da asco ver cómo hablan hoy los que ayer torturaron al pueblo”. Quien fuera gobernador del estado Falcón entre 1958 y 1962, simpatizante del movimiento ARS, parte del Grupo Adícora, presidente del Concejo Municipal de Coro y subsecretario general de AD, manifestó que Llovera Páez prometía tecnificar la terrorífica Seguridad Nacional con sistemas electrónicos de tortura como parte de las banderas de su partido.

Bracho Navarrete se manifestó sobre las declaraciones dadas por radio y prensa por el general retirado. Indicó que daba asco que se le concediera derecho de utilizar los medios de comunicación para realizar campañas políticas a quien aparecía en un expediente implicado en el asesinato de su compañero de la Junta de Gobierno, el también militar Carlos Delgado Chalbaud.

Según el político falconiano, Llovera Páez habría dado unas declaraciones sinceras, prometiendo hacer un gobierno idéntico al anteriormente dirigido por Marcos Pérez Jiménez, una especie de edición mejorada.

Con no disimulada ironía, el dirigente refirió lo que supondría cambios en los métodos renovados de tortura de un gobierno dirigido por Llovera Páez y Pérez Jiménez. Expresó:

“Por ejemplo, en lugar de sacarle las uñas a los detenidos por medio de pinzas, lo hará por medio de algún sistema eléctrico. Y en vez de utilizar el bárbaro sistema de sentar en bloques de hielo a sus víctimas, como lo hizo en Coro el señor Miguel Silvio Sanz con la honorable matrona y apreciada compañera de partido doña Teodora Salom de Salas, seguramente empleará un sistema de congeladores.” (La Mañana, Coro, 8 de octubre de 1971. p. última).

«Tantas veces me mataron, tantas veces me morí. A mi propio entierro fui, sola y cantando. Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal porque me mató tan mal y seguí cantando. Cantando al sol como la cigarra, después de un año bajo la tierra, igual que el sobreviviente que vuelve de la guerra…»; «Solo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que si un traidor puede más que unos cuantos,  esos cuantos no lo olviden fácilmente…»; “Cuando me acuerdo de mi país, me sangra un volcán. Cuando me acuerdo de mi país me escarcho y no estoy… Cuando me acuerdo de mi país naufrago total. Cuando me acuerdo de mi país me niebla la sien. Cuando me acuerdo de mi país me escribo de sal…» (canciones de Mercedes Sosa compuestas por María Eugenia Walsh, León Gieco y Patricio Manns).

¿Qué haremos cuándo amanezca al fin? ¿Cómo olvidaremos el odio, el rencor, el hambre, el miedo, la tortura, el ultraje, la vejación, la imposición del silencio, la corrupción descarada, las calamidades, los muertos, los hijos que escaparon de la noche?

Ante la actual situación de Venezuela toda salida es política dicen los expertos. Pactos, acuerdos, diálogos, transacciones… Es lo que explica la participación de Pérez Jiménez y de Llovera Páez en la década inaugural de la democracia. Es lo que pasó en Chile, cuyas heridas aún sangran después de tantos años del NO a Pinochet.

La urgencia de la aurora no puede hacernos olvidar que esos otros también deberán entrar en el proyecto de futuro. Aunque aborrezcamos de ello, aunque nos duela la impunidad y nos dé asco su presencia.

9-10-2021.

* Historiador. Profesor Universidad de los Andes, Mérida.

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