José Gregorio Hernández resume la auténtica venezolanidad, por Armando Martini Pietri - Runrun
José Gregorio Hernández resume la auténtica venezolanidad, por Armando Martini Pietri

@ArmandoMartini

Beatificado el viernes pasado, mucho se conversa sobre los innumerables méritos de José Gregorio Hernández. De su vida santa e intachable, su dedicación a curar, consolar, vivir con respeto, decoro, modestia, prudencia y restricciones autoimpuestas de quien consagra voluntariamente su existencia a Dios.

De Isnotú, el afable trujillano de buena cepa, fue mucho más que un santo milagroso para los venezolanos. La santidad la cuestiona el abogado del Diablo, es su deber; pero la definen milagros que por intercesión del investigado se hagan, documenten y comprueben, a través de evidencias concluyentes que sin la decisión de Dios no se hubiesen hecho realidad. También es cuestión de fe y posiciones de la Iglesia que, de pocos siglos a esta parte, puso freno a quienes se colaban por conveniencias o interpretaciones más emocionales que realistas.

José Gregorio Hernández, el beato, resume todo lo mejor del ciudadano venezolano.

El hombre que tuvo formación e inspiración para consagrar su presencia al Señor, también asumió con voluntad de sacrificio. Graduarse de médico fue una entrega a los objetivos de la medicina: curar enfermos, evitarles sufrimientos, aliviar dolencias y esquivarles la muerte. No estableció consultorios para prestigio personal, categoría y reconocimiento público.

Claro que es incuestionable el derecho que tienen profesionales de cualquier disciplina, incluida la medicina, a ser empresarios, obtener recompensa por el esfuerzo, estudio, experticia y ciencia, así como el de venezolanos con talento a ser emprendedores, fundar, sostener y hacer crecer industrias y comercios. Se critica a los que solo piensan en la riqueza como propósito de vida, cuando se puede ser generador de empleo, promotor del avance social que tanto necesitamos.

En José Gregorio Hernández recae la auténtica venezolanidad. Andino, médico, científico y trabajador que dedicó su vida en auxiliar a quienes lo necesitaban, aunque no tuvieran los medios para pagar por su esmerada atención y su empeño en sanarlos. Como José Gregorio hay otros venezolanos genuinos que, aunque no sean santos ni vayan a misa los domingos, ponen su talento y voluntad en ayudar al país, a sus compatriotas; en desarrollar una patria digna y beneficiosa para todos.

Emociona inmensamente la santidad de José Gregorio Hernández, pero también se valora su condición o carácter de venezolano, sentimiento de pertenencia a Venezuela, su coraje de existir con modestia, su voluntad de socorrer y aliviar, su sabiduría, generosidad y esplendidez. Un ser humano que no fue presumido, prepotente, sinvergüenza ni ladrón, como los que hoy nos agobian desde el poder.

Mucho más que santo, es ejemplo a seguir, una vida a imitar. Por fortuna, hay otros con esas mismas condiciones personales. Por eso José Gregorio Hernández es también certeza de que no todo se ha perdido en esta Venezuela acosada por la piratería política, devastada por despiadados oportunistas, delincuentes y sus colaboradores.

La capitulación de principios éticos y morales, la derrota de las buenas costumbres ciudadanas, aunque parezcan insolubles, tienen solución en cada uno. Recuperar la genuina venezolanidad es el renacer de la esperanza. Recuperarla es una cuestión de vida o muerte.

Venezolanos así hay suficientes. Están ahí, aunque a veces sientan que luchan contra el muro de impudicia, ambiciones personales, codicia y afán de riquezas de quienes fueron elegidos para generar bienestar, paz y crecimiento. Y que, sin embargo, solo han producido ruina, desgracia, indigencia, calamidad y desconsuelo.

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