Informe Otálvora | Argentina ofrece mediar entre EE. UU. y el castrochavismo, por Edgar C. Otálvora - Runrun
Informe Otálvora | Argentina ofrece mediar entre EE. UU. y el castrochavismo, por Edgar C. Otálvora

El enviado de EE. UU. Juan González y su comitiva almuerza virtualmente con Alberto Fernández el 13ABR21. Foto: Embajada EE. UU. en Argentina.

@ecotalvora

La primera vuelta en las elecciones presidenciales de Perú, cumplida el 11ABR21, dejó como competidores a Pedro Castillo Terrones y a Keiko Fujimori. Castillo es un militante de izquierda radical, conocido como líder sindical del sector educación, quien secretamente ha mantenido vínculos directos con el boliviano Evo Morales. Una campaña intensa en zonas rurales e indígenas, como la que en su momento también adelantó Ollanta Humala, le permitió a Castillo avanzar sin que fuera detectado por encuestadoras o analistas políticos. Al contabilizarse el cien por ciento de los votos, Castillo logró sumar el 19 % de los votos contra el 13 % de Fujimori. Derrotada la candidata Veronika Mendoza, quien aparecía como la candidata del Grupo de Puebla, ahora la alianza castrochavista se dispone a aportar apoyo directo a Castillo.

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La reunión sostenida entre funcionarios del Servicio Exterior de la Unión Europea con enviados del gobierno de facto de Venezuela, realizada el 13ABR21 en Bruselas, fue solo de “carácter técnico” y no significó un reconocimiento europeo a la “Asamblea Nacional” chavista instalada el 05ENE21.

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El régimen venezolano, seriamente limitado en su relacionamiento internacional, intenta abrirse puertas ante los gobiernos de Europa sin mucho éxito hasta ahora. Enviados del régimen chavista solicitaron un encuentro con el Alto Representante de la Unión Europea, Josep Borrell, quien se negó a recibir personalmente a un grupo de militantes de varios partidos chavistas y aliados que participan de la “Asamblea Nacional”. El día 13ABR21 Borrell, en vez de recibir a los enviados de Maduro, tenía marcada en su agenda una conversación con el secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, quien realizaba su segunda visita a Bruselas desde que asumió el cargo y en menos de un mes. El tema del día no era Venezuela sino el retiro de tropas de Afganistán y, especialmente, el aumento de tropas rusas en la frontera de Ucrania, la amenaza rusa de bloquear áreas del Mar Negro y la concertación de una respuesta común de EE. UU., OTAN y Unión Europea ante la ofensiva de Rusia.

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La negativa de Borrell habría hecho que el poderoso presidente de la “Asamblea Nacional” chavista, Jorge Rodríguez, pese a que ya se encontraba en Bélgica, delegara en la “diputada” y “vicepresidenta” Iris Varela la jefatura de la misión en Bruselas. La posibilidad de fotografías que mostraran los éxitos diplomáticos de los viajeros chavistas se desinfló en Bruselas. La delegación chavista presente en la capital belga estaba integrada por militantes del oficialista PSUV y por tres diputados pro-oficialistas que actúan en nombre de partidos opositores luego de que el régimen se apropiara de las siglas y bienes de esas organizaciones.

Mostrar una aparente y armónica representación gobierno-oposición conjunta era parte de la fracasada misión a Europa.

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Consultado para este informe, Peter Stano vocero principal del Servicio Europeo de Acción Exterior (EEAS) suerte de Ministerio de Exteriores de la Unión Europea, calificó el encuentro como una “reunión técnica” y como “contactos de trabajo que forman parte de la rutina diplomática cotidiana”. Para que atendieran a los visitantes llegados de Caracas, Borrell designó a dos funcionarios de la EEAS: al secretario general adjunto y director de Asuntos Políticos Enrique Mora y al director adjunto para América Javier Niño Pérez. Ambos han estado encargados de los rutinarios contactos de la EEAS con diversos sectores políticos venezolanos y viajaron oficialmente a Venezuela a finales de septiembre de 2020. En aquella oportunidad fueron enviados por Borrell para sondear la posibilidad de que el régimen pospusiera las votaciones del 06DIC20 en las cuales la oposición fue excluida de participar. Aquella misión a Caracas fue un total fracaso.

La información sobre la cita del 13ABR21 de los enviados del régimen con la EEAS fue filtrada a la prensa generando reacciones en contra, especialmente entre miembros del Parlamento Europeo, entre ellos el eurodiputado venezolano-español Leopoldo López Gil. El vocero de la EEAS desmintió que se tratara de una reunión secreta: “en general, no estamos anunciando o comentando o dando reportes públicamente de las reuniones técnicas que tienen los funcionarios del EEAS”. Stano señaló que, en su conversación con los enviados de Maduro, los funcionarios de EEAS habían reiterado la posición de la Unión Europea “sobre la falta de legitimidad democrática de las elecciones legislativas de diciembre, la necesidad de aumentar el acceso humanitario para hacer frente a la dramática situación en Venezuela, así como la disposición de la UE a apoyar los esfuerzos de diálogo para superar la crisis política, en particular ante el empeoramiento de la pandemia de covid-19”.

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Mientras el Secretario de Estado de EE. UU. junto con el secretario de Defensa Lloyd Austin se ocupaba en Bruselas de los grandes temas geopolíticos, una delegación estadounidense de menor nivel se desplazaba por Suramérica dejando algunas respuestas y muchas incógnitas sobre la orientación de política exterior hacia el continente.

El colombo-estadounidense Juan González, quien gusta mostrarse como un hombre de cercanía y confianza personal de Joe Biden, emprendió viaje el 11ABR21 a Suramérica acompañado de la diplomática Julie Chung, quien ocupa, en condición de encargada, el escritorio de la Subsecretaría de Asuntos para el Hemisferio Occidental en el Departamento de Estado. González es, a su vez, el director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional y actuó como jefe de la delegación que tuvo paradas en Bogotá, Buenos Aires y Montevideo, donde fue recibido por los presidentes Iván Duque, Alberto Fernández y Luis Lacalle Pou. Los tres mandatarios se mostraron interesados en atender personalmente al primer enviado de alto nivel del gobierno Biden que visita tierras de la región. Incluso en el caso del argentino, quien se encontraba en cuarentena por COVID-19, se realizó un curioso almuerzo en el cual el mandatario comía y hablaba desde la casa de huéspedes de la casa presidencial, mientras sus invitados a manteles lo seguían cerca de allí en un monitor de Tv.

La ausencia de Brasil en la lista de paradas de González fue obvia y premeditada.

En la agenda de González y Ching en Bogotá fue incluida una reunión con Julio Borges y Tomás Guanipa, quienes actúan como “canciller” y embajador en Colombia en representación del “gobierno de Juan Guaidó”.

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El gobierno Biden está procurando reconstruir la red de alianzas y de interlocutores a nivel global. Y Latinoamérica no escapa a esa circunstancia. Pareciera que la actual Casa Blanca está ganada para la idea, ya intentada en su momento por el gobierno de Donald Trump, de sostener al izquierdista argentino Alberto Fernández como un interlocutor de peso en la región. Fernández había logrado interesar al gobierno Trump, por intermedio del para entonces director para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional Mauricio Claver-Carone, sobre mantener buenas y mutuamente convenientes relaciones entre Washington y Buenos Aires. La presencia del chavista Jorge Rodríguez en la toma de posesión de Fernández el 10DIC19 dinamitó la aspiración del kirchnerista. Fernández es fundador y activo motor del Grupo de Puebla, pero procura superar la pésima relación que Néstor y Cristina Kirchner impusieron en las relaciones de Argentina con EE. UU. El 30NOV20 Fernández recibió una llamada de Joe Biden, la primera comunicación del presidente electo de EE. UU. a un mandatario latinoamericano. Por aquellos días los presidentes de las dos principales economías de la región, México y Brasil, se negaban a reconocer la victoria de Biden.

Incluso el brasileño Jair Bolsonaro no dudaba en calificar como fraudulentos los resultados que decretaban la derrota de su aliado Donald Trump, mientras mantenía una posición confrontacional contra Biden a propósito del tema de la Amazonía. «Porque cuando se acaba la saliva, hay que tener pólvora, si no, no funciona. No necesitas usar pólvora, pero tienen que saber que tenemos» afirmó Bolsonaro el 10NOV20 a raíz de la oferta electoral de Biden que adelantaba sanciones económicas a Brasil como respuesta a la política del actual gobierno brasileño hacia la Amazonía.

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Jair Bolsonaro, pese a ser uno de los más férreos aliados de la causa democrática venezolana y que ha establecido programas ejemplares de atención a la migración venezolana, acarrea una pésima imagen internacional. Hasta ahora el clan Bolsonaro, que apostaba a la reelección en EE. UU. y a la buena química con el clan Trump, no hizo mayores esfuerzos por enmendarla. El rol de potencia y líder político regional que auspiciaron tanto el gobierno socialdemócrata de Fernando Henrique Cardoso y muy especialmente los gobiernos izquierdistas de Lula da Silva y Dilma Rousseff ha sido abandonado por Bolsonaro, quien se encuentra enredado en cotidianos conflictos doméstico brasilienses.

La falta de una reacción operativa brasileña ante la ola represiva que ejecuta el gobierno castrochavista de Bolivia y que mantiene encarcelada a la expresidenta Jeanine Añez, es una de las más recientes muestras de la ausencia de una activa política exterior brasileña.

Bolsonaro carece de operadores internacionales propios y su asesor de política exterior en el Palacio de Planalto, Filipe Martins, es un joven e informado intelectual con escaso tránsito en los mentideros operativos de la diplomacia paralela. La cancillería de Itamaraty, por su parte, ha mantenido una poco silenciosa guerra contra las orientaciones de Bolsonaro y de su canciller Ernesto Araújo, quien fue destituido el 29MAR21 en un claro sacrificio del presidente de uno de sus más leales funcionarios.

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La destitución de Araujo fue una abierta concesión de Bolsonaro a sectores empresariales y aliados políticos actuales; los primeros preocupados por el deterioro de las relaciones con EE. UU., y los segundos como parte del juego de posiciones que se sucede en Brasilia, donde no se descarta un proceso de impeachment contra el presidente. El nuevo ministro de Exteriores de Brasilia, Carlos Alberto Franco França, es un diplomático de carrera con rango de embajador, quien ha estado junto con Bolsonaro desde el primer día de gobierno, en calidad de jefe de ceremonial del Palacio de Planalto. En su discurso de toma de posesión, Franco afirmó que su designación era para atender tres urgencias: el campo de la salud (lograr la llegada de vacunas contra COVID-19), en la economía y en el desenvolvimiento sustentable.

El papel de Franco es de hacer control de daños, modificar la imagen y el discurso brasileño sobre la Amazonía para atender los reclamos de EE. UU., normalizar las relaciones con China como principal “socio comercial” y con Argentina como principal socio regional en el contexto de Mercosur.

De hecho, las primeras llamadas telefónicas de Franco fueron a sus colegas Wang Yi y Felipe Solá; y hasta la fecha no se ha comunicado con ningún representante venezolano. Bolsonaro se dispone a anunciar medidas de conservación de la Amazonía que le son requeridas por el enviado de Biden para el cambio climático, John Kerry, quien tendría en sus manos el “tema Brasil”. Bolsonaro fue invitado por Biden a participar en una cumbre mundial de mandatarios sobre el clima, el 22-23ABR21.

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Colombia y Brasil siguen siendo los aliados especiales de EE. UU. en la región, según lo confirmó el almirante Craig Faller, comandante del Comando Sur, en sus comparecencias ante tres comités de la Cámara de Representantes y de Senado de EE. UU., cumplidas entre el 14 y el 16ABR21.

Sin embargo, la diplomacia al estilo Biden está interesada en contar con un interlocutor regional para cuyo rol se está ofreciendo el gobierno de Argentina. Esto último quedó patente en la conversación telefónica sostenida el 02ABR21 por el secretario de Estado de EE. UU. Antony Blinken y su colega argentino Felipe Solá, donde el argentino hizo hincapié en una supuesta “capacidad de diálogo” de Alberto Fernández con los distintos gobiernos de la región, dada su cercanía con los regímenes y movimientos castrochavistas. En esa ocasión, además de apoyo estadounidense ante el Fondo Monetario Internacional, el canciller Solá habría solicitado que se invitara a su jefe a una visita oficial a Washington. Blinken no prometió nada.

El 13ABR21 llegó a Buenos Aires Juan González, el enviado de Biden, quien asomó la opción de que Fernández actúe como correa trasmisora entre la Casa Blanca y el régimen chavista de Venezuela.

Según reportó el portal bonaerense Infobae, González afirmó que “si ellos (el gobierno de Argentina) tienen la posibilidad de hablar con el régimen de Maduro, da la oportunidad a ellos de comunicar mensajes directos sobre qué se debe esperar. Eso para nosotros es una oportunidad porque en este momento no estamos hablando con Maduro”. El enviado de Biden describió un esquema que ya en el pasado existió, cuando el brasileño Lula da Silva servía como interlocutor entre Hugo Chávez y la Casa Blanca.

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Una pregunta corre por los pasillos de las cancillerías de Europa y Latinoamérica: ¿por qué el gobierno de España aceptaría que la cancillería de Nicolás Maduro ejerza la representación de Venezuela en la inminente Cumbre Iberoamericana de Andorra?

Artículo publicado previamente en Diario Las Américas

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