¿Et tu, Fedecámaras? , por Alejandro Armas - Runrun
¿Et tu, Fedecámaras? , por Alejandro Armas

@AAAD25

Aunque siempre he sido entusiasta de la movida cultural caraqueña, incluyendo sus artes escénicas, me frustra un poco que el número de teatros en la ciudad sea relativamente limitado. Para colmo, por razones que no estoy interesado en discutir, varios de los que había cerraron sus puertas. Ignoro qué ha sido de aquel escenario en un edificio en El Bosque, justo en la frontera entre los municipios Chacao y Libertador. Ese edificio es la sede de Fedecámaras. Escribo todo este prólogo teatral y nada relacionado con el trasunto del artículo por razones exclusivamente metafóricas, ya que la sede de la principal patronal venezolana fue hace poco escenario de una situación un tanto melodramática.

Cuando los directivos de Fedecámaras sostuvieron una reunión con emisarios del chavismo, encabezados por Jorge Rodríguez, para llegar a ciertos “acuerdos”, la reacción no se hizo esperar.

Nuevamente se desataron las furiosas Erinias (excúsenme el uso reiterativo de esta figura mitológica, pero es irresistiblemente conveniente) en la pajarera de los azulejos. No faltaron los típicos señalamientos de connivencia, colaboracionismo y traición. Fue como si en las tablas de la sede de Fedecámaras hubiera un montaje del Julio César shakespereano, con la patronal en el papel de Bruto y los escandalizados en el rol titular, justo cuando los idus de marzo llegan a su sangrienta conclusión.

En efecto, si de algún sector de la sociedad civil cabía esperar mayor resistencia ante el régimen, ese era el empresariado privado. Apartando a la dirigencia política opositora y a los medios de comunicación, nadie fue tanto objeto de la furia chavista.

La “burguesía” es tratada como enemigo existencial por los regímenes de inspiración marxista, y el chavismo no es excepción. Los caracterizaron como un grupúsculo de ricachones egoístas, explotadores y hasta parásitos.

Cuando la economía predeciblemente se fue al demonio debido a los experimentos cuasi estalinistas que Jorge Giordani y otros suspiraron en el oído de Chávez, los empresarios fueron el chivo expiatorio. Se les acusó de comandar una “guerra económica” a punta de “especulación” (i.e. inflación) y “acaparamiento” (i.e. escasez). Pero si hubo una ofensiva, fue precisamente hacia el sector privado, no desde él. Controles de precio y de cambio, estatizaciones y demás estrangularon el aparato productivo hasta reducir la economía venezolana a su triste estado actual.

Y sin embargo, ahí estaban los líderes de Fedecámaras, estrechando la mano de Jorge Rodríguez. Casi dos años antes, con quien la patronal sostuvo encuentros fue con Juan Guaidó, justo después de su apoteosis en el cruce entre las avenidas Libertador y Francisco de Miranda. ¿De Juan Guaidó a Jorge Rodríguez? ¿Cómo pasó?

Otro Juan, de apellido Linz, junto con su colega politólogo Alfred Stepan, indicaron en un maravilloso ensayo de 1996, al cual creo haberme referido previamente en esta columna, que la sociedad civil es una de las cinco “esferas” de cualquier democracia sana. Dicha sociedad civil incluye al empresariado privado. Por lo tanto, cabría esperar que este sector sea parte del esfuerzo por restaurar la democracia, en caso de que la misma haya sido depuesta. Este sería no solo un mandato deontológico, sino también por conveniencia pragmática, dado que el capitalismo florece mejor en entornos democráticos.

Sin embargo, la iniciativa para resistir el autoritarismo y establecer la democracia no viene de los empresarios. No viene de la sociedad civil, porque sus componentes no se dedican a la política. No tienen el tiempo ni la experiencia para decirle al resto de la sociedad cómo proceder. Esa nunca ha sido su función. La iniciativa le corresponde a la dirigencia política opositora.

Porque los partidos políticos son los mediadores entre la sociedad civil y el Estado. En este caso, su papel es encabezar el esfuerzo de la sociedad entera ante un Estado autoritario.

Pero, ¿qué sucede cuando el liderazgo opositor no está cumpliendo con su función correctamente? ¿Cuando carece de una estrategia que involucre a la sociedad civil? ¿Cuando no le dice a los individuos fuera de las elites políticas qué hacer? Pues lo que sucede es que la sociedad civil no enfrenta al sistema con miras a cambiarlo. Más bien se enfoca en adaptarse al entorno adverso para al menos sobrevivir. Puede solicitar reformas tímidas que mejoren sus condiciones y hasta reclamar por situaciones que no permiten gozar de una vida materialmente decente (como la falta de comida o de servicios básicos), pero a duras penas se puede esperar que exija un cambio político. No tiene ningún incentivo para hacerlo, porque tampoco hay una hoja de ruta que indique cómo. Ningún ser racional escogerá inmolarse resistiendo los avances de un poder terrible, si ni siquiera ve posibilidad de éxito.

En este momento muy, muy a mi pesar (¿”mi pesar”? No, el del país entero), la dirigencia opositora no tiene una estrategia para lograr el cambio político, más allá de esperar que surtan el efecto deseado las sanciones impuestas sobre el régimen por los aliados internacionales de la causa democrática venezolana. Ya que las sanciones visiblemente no han bastado para propiciar una transición negociada, no son ellas solas una estrategia creíble, ni algo que esperance a la sociedad civil. Se echa de menos un plan de acciones internas en cuya ejecución el venezolano común pueda participar. Claro, ha habido uno que otro llamado a la manifestación. El más reciente fue a propósito del Día de la Juventud. Pero como son eventos esporádicos y aislados, sin un plan que los concatene, generan poco entusiasmo y participación exigua. Principios de 2019 fue la última vez que la sociedad venezolana en general se esperanzó por un posible cambio político, pero hoy esa expectativa para el corto o mediano plazo se esfumó.

El empresariado nacional percibe todo esto y actúa en consecuencia. Por eso se reunió antes con Guaidó y ahora lo hace con Rodríguez. En vista de que no hay indicios de que pronto cambiará el entorno, pues decidieron adaptarse a él por supervivencia. Si ello implica entenderse con el régimen, lo harán, a sabiendas de lo que ha significado su interlocutor para la democracia, los Derechos Humanos y la vida en general en Venezuela. Incluso a sabiendas de todo lo que el chavismo les ha hecho antes y que pudiera volver a hacerles.

Porque la alternativa en este momento sería resistir y ser aniquilado como consecuencia, sin que ello se traduzca en alguna mejora para la sociedad.

En conclusión, si los ciudadanos interesados en poner fin a nuestra ya muy larga crisis política (vaya a ellos todo mi aprecio) desean ver a Fedecámaras y otras organizaciones de la sociedad civil involucrarse de nuevo en el esfuerzo para restaurar la democracia venezolana, pueden buscarse una buena silla mientras la dirigencia opositora no plantee un plan sensato que abarque a todos. Son los líderes políticos de la disidencia los que deben ser presionados. Hasta entonces, mejor es entender dónde estamos lamentablemente parados en vez hacer melodramas en redes sociales que caerán en oídos sordos.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es