#CorreCaminosDeLaVida | Mi cruzada por la viudez, por Isabella Cuevas - Runrun
#CorreCaminosDeLaVida | Mi cruzada por la viudez, por Isabella Cuevas

Isabella Cuevas se topó con la viudez a sus 31 años, por el secuestro y homicidio de su esposo. Foto original de @mboultonphoto

@iscubla

Todos tenemos una historia, y si en ella nos topamos con la tragedia, como es mi caso, debemos contarla para advertir y acompañar a los que nos rodean. Tal como señala Elie Wiesel, los sobrevivientes tenemos el compromiso moral de hacerlo.

Hace tres años perdí a mi esposo de forma repentina, traumática y antinatural. Enviudé a los treinta y un años y mis hijas quedaron huérfanas antes de los cinco.

Esta es mi travesía sobre la cruzada obligada que la viudez me impuso en base a mi experiencia profundamente humana e imperfecta.

No son gotas de sabiduría ni lecciones de vida ni mucho menos olas sobrenaturales de resiliencia. A mí el aliento de otros, muchos de forma anónima a través de artículos de periódicos, gestos, frases, etc., me ha levantado y abrazado en momentos de profundo dolor. Espero que @correcaminosdelavida sea un espacio franco, cálido, confrontador; pero reconciliador con aquello que nos aflige y nos alegra la vida.

Gracias a mis amigas queridas @aletroconiss, @margaraboulton, @silvitamarie y @anaceciliatravieso que me motivaron a hacer esto realidad. Gracias a @agobiosdemadre por llevarme de la mano y la oreja para materializarla. Sin su validación y empuje, hoy no estarían leyendo estas palabras.

Dolor compañero

Así -como en la foto- estaba cuando el dolor y yo nos vimos por primera vez después de recibir la noticia de la muerte de mi esposo de boca de una de mis figuras maternas más importantes. Siempre que recuerdo esto, la expresión de su rostro aparece en mi mente y escucho la oración exacta que utilizó para decirme lo que mi alma ya de algún modo presentía. Ella rompió a llorar y yo estallé en gritos. Como dice Viktor Frankl, reaccionamos de forma anormal ante situaciones anormales.

Días después, mi dolor -personificado en el mítico Eduardo Manostijeras– y yo nos conocimos en terapia. Cuando se acercó para abrazarme, las hojillas de sus manos me laceraron la piel sin querer. Sangré y mucho, lo cual hizo que de mis ojos brotaran las lágrimas más densas y desesperadas.

Durante los últimos tres años y cinco meses (los de mi viudez), nuestra relación ha cambiado de forma significativa. Conforme nos hemos conocido, he apreciado lo vulnerable y humana que esta emoción es. Pasó de ser un ente ajeno con mirada aterradora y evidente frialdad que me hacía pasar horas con ataques de ansiedad, una fatiga aplastante y un deseo enorme de no vivir, a un compañero noble e incluso cálido que me familiarizó con el miedo, la incertidumbre y la exposición emocional.

Ahora él y yo sabemos que somos del mismo equipo, y por ello no debo poner resistencia. Decidimos convivir:

Debemos respetar nuestro espacio individual.

Ya no me lastima tanto como antes, pues ya aprendí a abrazarlo sin cortarme.

Soy más humana gracias a su llegada abrupta y repentina a mi vida.

Su eterna compañía no es un obstáculo para seguir mi recorrido y encontrar nuevas formas de bienestar y alegría. #movingforward

La vida es agridulce, dura y vale la pena el esfuerzo.

¡Dignifiquemos el dolor!

Nota el editor: Este artículo integra dos entradas de la cuenta de Instagram @Correcaminosdelavida, que la autora creó, a raíz de su abrupta viudez, para conectar con quienes pasan por un duelo sin perder el encanto de vivir.

Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad. Y no comprometen la línea editorial de RunRun.es