FESTIVIDAD CRISTIANA TRADICIONAL del jueves anterior al Domingo de Resurrección, como parte de la Semana Santa. En este dÃa los cristianos recordamos la institución de la EucaristÃa en la Última Cena y el lavatorio de los pies realizado por Jesús; acto de ejemplarizar la humildad y servir a los demás como misión.
Fue el dÃa de Jesús con sus discÃpulos, ceremonia de adiós y despedida, aunque también el verdadero comienzo de una nueva era, un tiempo diferente de percepción y relación entre los seres humanos con el Creador, cuando instituyó la consagración del pan como su cuerpo y el vino como su sangre, la nueva comunión entre Dios y su creación.
Aquella noche en Jerusalén, once de los doce discÃpulos -aún no sabÃan- que se convertirÃan en apóstoles. El perjuro, ya dudoso de su acción vil, estaba incómodo. Jesús conocÃa quién era el traidor y cuál su traición, prefirió guardar silencio, dejándolo en libertad para decidir.
Aquella última cena fue un compartir entre compañeros de fe, pero se percibÃa que algo grave sucederÃa, aún no se daban cuenta que lo grandioso no estarÃa en la aterradora muerte de Jesús, sino en la misión trascendental que dejarÃa con su resurrección, marcando el camino al cielo, el destino definitivo.
No advirtieron el simbolismo del pan y el vino que Jesús compartió, no entendieron en ese momento solemne que no era aquella cena sólo un encuentro sino el comienzo de toda una misión de vida que trascenderÃa la historia de la humanidad con ellos como maestros y abanderados. TendrÃa que venir semanas después Pentecostés, la visión del EspÃritu Santo sobre ellos para terminar de transformar a aquellos hombres sencillos y desconcertados, en los difusores del nuevo mensaje.
Sólo uno no estuvo para recibir el fuego divino, que tarde, tras sangre, sufrimiento y sacrificio del Maestro, comprendió la magnitud de su error, que lo transformaba en el mayor traidor de la historia, discÃpulo que se colgó para morir por toda la eternidad.
Prepotencia, egoÃsmo, soberbia, pretensiones propias, son las monedas que siguen engañando a los hombres y mujeres que descuidan la verdad y hasta la desprecian, sobrevaloran recompensas en oro y plata dejando en los albañales de la vida sus almas y conciencias. Nunca entienden que las riquezas duran -dependiendo de cuándo y cómo sean sancionados por perjuros a la honorabilidad- mientras que la bondad, satisfacción de tenerla y ejercerla, de llevar sus vidas bajo la guÃa de mandamientos, son eternas, tesoros invalorables de la existencia.
Esta Venezuela tiranizada por fanáticos, bandidos, miserables corruptos y militares como estaba aquella Judea por las legiones y férrea dictadura romana, marcial, corrompida, inmunda, asquerosa e implacable, aliada con una dirigencia judÃa tan asustada como prepotente; nuestro huerto de los olivos está sembrado de una mezcolanza de ingratos, traidores y delincuentes, pero también de ciudadanos con principios éticos, valores morales y buenas costumbres que mantienen coraje, dignidad y esperanza entre la inseguridad, anaqueles vacÃos, bolsas de basura, repisas medicinales vacantes, hospitales sin higiene y los peores servicios públicos que podamos recordar.
Por si fuera poco, sale a la luz pública un expediente en el cual se involucra al propio Jefe de Estado usurpador, en actos de corrupción, violaciones a los Derechos Humanos y a la dignidad de sus ciudadanos, saqueando los recursos naturales del paÃs y conduciendo a la nación, una vez próspera, a la ruina económica por su régimen autoritario e infames polÃticas económicas socialistas; se señala a los valentones del régimen castrista venezolano cometiendo asesinatos extrajudiciales y torturas, tomado prisioneros polÃticos y restringiendo severamente la libertad de expresión, en un esfuerzo desesperado por retener el poder, monedas de plata que son cada dÃa más pesadas.
Venezuela vive una de las peores circunstancias en su historia. Duplicidad en Presidentes, poder legislativo, Tribunal Supremo de Justicia, Ministerio Público, Procurador General y representantes diplomáticos. Tenemos dos de cada uno, pero ninguno en capacidad de resolver los problemas que enfrentan los ciudadanos.
En el caso especÃfico de la primera magistratura, no hay excusa, ha tenido tiempo y recursos, no lo hizo, porque no sabÃa o no podÃa, nunca debió ejercer el cargo heredado. El otro, joven ingeniero, repleto de ganas, preparado, con ideas, pero no lo dejan, su entorno inútil, descalificado, arcaico y primitivo pero favorable cohabitante.
El nuestro es un Gólgota con la cruz de la crisis y la hiperinflación a cuestas, aun sabiendo que, con la injusticia, tiranÃa y muerte llegará también el rayo justiciero, que pondrán de rodillas, aterrorizados, a quienes nos sojuzgan, mantienen bajo el dominio de lanzas y espadas que cortan cabezas y perforan carnes, mientras la falsa maravilla de la revolución retorcida trata de sobrevivir, acompañada de los siempre convivientes colaboracionistas, perjuros que se empeñan obsesivos en mantener la ignominia castro socialista, promoviendo elecciones turbias e incomprensibles con quien ha quebrantado y traicionado todo valor humano y responsable de un Holodomor, -Genocidio u Holocausto ucraniano, atribuido a la hambruna que asoló el territorio de la República Socialista Soviética de Ucrania, durante los años 1932-1933-, como ya están auspiciando en Venezuela. Sólo plantearlo, es una insensatez repugnante, nauseabunda y asquerosa.
Hoy es dÃa de meditación religiosa, jueves de pesar y temor, pero con la certeza de que va a cambiar. Venezuela merece mejor y lo tendrá. Invoquemos a Dios estos dÃas santos para que nos ilumine y dé la oportunidad de trabajar, crear y realizar un paÃs libre, democrático, republicano y liberal del cual sentirnos orgullosos, para vivirlo, disfrutarlo, levantar familia y educar a nuestros hijos, motivar a los nietos, morir con la tranquilidad y seguridad de que las futuras generaciones lo perfeccionarán de acuerdo a nuestro gentilicio y venezolanidad, principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas.
@ArmandoMartini



