Obesos reunidos, ni olvidan ni aprenden, por Armando Martini Pietri

Obesos reunidos, ni olvidan ni aprenden, por Armando Martini Pietri

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DECÍAN DE LOS BORBONES, -reflexión terrible de los contrarios a la monarquía-, que “ni olvidan ni aprenden”, señalamiento áspero e irónico que, en tiempos modernos como pensamiento universal y democrático, tendría un diferente objetivo. Si analizamos con objetividad el reinado pleno de acontecimientos de Juan Carlos de Borbón y, tras su abdicación, en favor de su hijo Felipe VI, los Borbones tal vez acumulen recuerdos difíciles, pero han aprendido. La monarquía española lleva, desde 1975 cuando Francisco Franco finalmente murió.

Para comunismos y variedades de extremismos, en particular, Hispanoamérica, las actualidades trayectorias de lapsos similares muestran una cara diferente. Cubano-castristas, farabundistas y sandinistas centroamericanos, izquierdistas diversos, integrantes y abanderados del hoy golpeado Foro de Sao Paulo, castro-chavistas y ahora castro-maduristas, llevan tres cuartos de finales del siglo XX, y el primero del XXI demostrando que no olvidan sus eternas querellas contra el imperialismo, especialmente los Estados Unidos, que está más cerca -China y Rusia fueron lejanos en lo geográfico, ahora van siéndolo también en lo económico-, y que tampoco han aprendido nada, con dos excepciones. Lula Da Silva en Brasil, que no pudo resistirse a las tentaciones de la buena vida, sin herencia, suerte en loterías ni vocación emprendedora, está preso por corrupción, y Lenin Moreno en Ecuador, quien se quitó la obediencia supina y sin discusiones de Correa, entendiendo, que los líderes pasan y los pueblos quedan.

Hace pocos días en La Habana, reunidos para regodearse entre ellos, líderes del izquierdismo latinoamericano, mostraban cómo siguen diciendo las mismas sandeces y vaciedades con cerca de un siglo de desgaste por repetición y, aunque a veces nombran a uno que otro dirigente de esa larga temporada, no hay más sumos pontífices que dos muertos enterrados bajo rocas -para evitar que vuelvan o porque las piedras son como ruinas y representan en las mentes de la extrema izquierda sueños y objetivos a cumplir- Fidel Castro y Hugo Chávez.

Escucharlos uno tras otro fue un ejercicio de notable esfuerzo, a ratos nauseabundo, buscando tanto saber más sobre ellos como tema para escribir. Fue una inútil pérdida de tiempo, ya no tienen para dar a conocer más de lo que ya sabemos; les fascina eternizarse en el poder y hablar reiteradas estulticias y pendejadas.

Sin embargo, no podía pasar desapercibido, (que casi todos están más que gordos, obesos. Cuellos y papadas del gran bienestar, grasa fofa que va atenazando arterias y corazones dólar a dólar mientras los pueblos adelgazan porque las promesas se han desgastado y no alimentan ilusiones, el hambre es cosa seria, no perdona ni tiene lágrimas disponibles), a los que tuvieron la osadía de soportar los discursos de la XVI Cumbre ALBA, incluyendo el emético, aburridísimo y desesperante palabrerío sobre la misma historia del tirano nicaragüense, con el tradicional despliegue de amenazas y defensas del títere/marioneta octogenario cubano; seguido del pomposo, deprimente y simplismo intelectual del ilegitimo heredero, reconociendo que después de años de castrismo, orteguismo, castro-madurismo y lo que sea que tiene Evo en Bolivia, siguen sin tener una política económica que genere el tan prometido y cacareado bienestar de los pueblos.

El problema es que esa izquierda mantiene su terquedad y principio, más o menos filosófico, pero en realidad pragmático; el fin revolucionario justifica cualquier medio, sea violencia civil, mentir, guerrilla asesina, secuestradora y narcotraficante, o todo al mismo tiempo. Igualmente continúan usando la propaganda como en los remotos tiempos de la guerra fría, cuando Moscú usó la verborrea y afanes de Fidel que necesitaba desesperado odiar a alguien, y el territorio isleño para su control, haciendo alarde con misiles que luego se llevaron sin avisar ni consultar. Los soviéticos sabían que las guerritas en territorios ajenos a veces se ganan y pierden, pero en una guerra con el imperialismo norteamericano los barrería del mapa, y siendo más rentable vencer encontronazos con armas viejas y propaganda persistente, que perder competencias mundiales con consecuencias irremediables, que pudieron experimentar después en el accidente de Chernóbil​.

La mentecata izquierda, majadera, palurda y populista repite los mismos conceptos cuyas promesas no ha podido cumplir en ninguna parte -la China muerta y enterrada de Mao, la Unión Soviética que logró alargarse a través de varios stalins hasta el actual ex agente de la KGB, moderno y práctico, pero imperialista y delirios zaristas, la Cuba a la cual se aferraron con garras y colmillos los Castro son ejemplos-, mientras sucesores indoctos, cortos y limitados envejecen, acumulan obesidades, y hablantinosos se pavonean rimbombantes como recursos para engañar ignorantes y cobrar dólares -¿alguien conoce alguno que viva pobremente?, la única aparente excepción, el anciano uruguayo del Volkswagen y la pequeña chacra personal.

Las revoluciones prometen delicias y cumplen devastaciones, ofrecen vidas mejores que no son posibles sin la absoluta obediencia empezando por ofrecer la cabeza para el sacrificio sangriento del ritual de la represión. Por eso los pueblos sometidos a revoluciones, adelgazan, mueren de hambre, enfermedades y abandono. Pero sus líderes no enflaquecen, engordan, porque las órdenes se dan desde escritorios placenteros con los pocos exigentes movimientos de marcar algún número telefónico o impartir una instrucción seca y sin piedad. Para dirigir revoluciones que transforman a los pueblos en canteras de obediente pobreza, deben comer bien, llenar billeteras y cuentas bancarias, conscientes que el socialismo y otras ilusiones necesitan de mucho dinero.

Lo único que los entorpece es que también para eso son incompetentes. Y en estos nuevos tiempos, a los demócratas, ciudadanos de coraje, de principios éticos, valores morales y buenas costumbres ciudadanas, les ha dado por perseguir a ladrones, cómplices, testaferros, comerciantes de drogas y violadores de los derechos humanos. Quizás recuerden con melancólica esperanza, lo que fueron aquellos días de la guerra fría y antecedentes.

@ArmandoMartini

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