¿A quién increpar?

NicolasMaduro (1)

La historia y las próximas generaciones inevitablemente tendrán que increpar a los rojos que hundieron al país, pero también a quienes no hicieron lo posible por desalojarlos del poder. Cierto que el Socialismo Siglo XXI se ha mantenido por el apoyo de la Fuerza Armada, de jueces y fiscales corruptos, de un CNE tramposo y del uso de los ingresos petroleros para comprar voluntades, pero parte de la responsabilidad nos corresponde a los opositores.

Entre estos últimos hay que incluir a políticos que no logran acordar una unidad de propósito, a periodistas que deforman los hechos, a analistas y formadores de opinión que no son constructivos, así como a twitteros que disparan desde la cintura sin medir las consecuencias. Ante el peligro de que el narcoestado se prolongue más allá del 2019, es imprescindible lograr una sola estrategia, tácticas comunes de acuerdo a las oportunidades que se presenten y un mensaje consensuado.

La dictadura totalitaria de Maduro es un caso único. No tiene ningún logro. La de Juan Vicente Gómez logró la pacificación del país, la conexión de los estados a través de una red de carreteras e inversión extranjera. La de Pérez Jiménez modernizó al país, propició una inmigración positiva y la delincuencia estuvo controlada. A pesar de los logros, ninguna de esas dictaduras puede justificarse. Así lo entendieron los dirigentes de esas épocas. Quizá la diferencia es que Gómez murió ejerciendo el poder, entre otras razones, porque la oposición estuvo muy atomizada. Pérez Jiménez fue derrocado porque, después de muchas desavenencias, los líderes de entonces entendieron que debían deponer sus diferencias.

¿Qué impide que hoy la oposición actúe al unísono y que cesen las descalificaciones? Al respecto, tanto políticos, como analistas y seudo analistas políticos, y aficionados de tribuna aventuran diferentes hipótesis: 1- Las ambiciones personales y la soberbia privan sobre el interés colectivo. 2- El régimen compró a varios dirigentes que colaboran para que persista la dictadura. 3- La creencia de que solo la Fuerza Armada o una intervención extranjera unilateral o multilateral pueden derrocar una narcodictadura totalitaria. 4-La percepción sobre el tiempo requerido para desalojar a Maduro y a su caterva de corruptos.

Probablemente las hipótesis 1 y 2 puedan ser ciertas con respecto a alguno que otro dirigente , pero no pasan de ser especulaciones y, desde luego, no aplica para la gran mayoría. La 3 no pasa de ser creencias en pajaritos preñados.

El punto de discordia para lograr la unidad se centra en la percepción de un grupo de que el régimen puede terminar sus días con protestas de calles, si toda la dirigencia se propone hacer cumplir “el mandato”del 16 de julio, por lo que cualquier negociación es una traición. El grupo antagónico sostiene que la salida solo puede lograrse mediante elecciones en las que se otorguen unas garantías mínimas de transparencia, para lo cual se requiere negociar con el aval de países amigos,

Ambas posiciones merecen respeto. Se han intentado las dos vías, pero tanto las protestas de calle, como las negociaciones no han logrado el objetivo. ¿Acaso son incompatibles? ¿Acaso no vale la pena que todos incentivemos las protestas y también negociaciones con norte claro? El régimen se está ahogando económicamente por insistir en una política que desde sus inicios estaba condenada a fracasar. Por ello necesita negociar, pero es iluso que le exijamos una rendición incondicional. ¿Podría ceder en que se cambie el CNE y que la Constituyente espuria no cambie la fecha de la elección presidencial?

A pesar de la tragedia que significa que Maduro termine su período, ¿sería ello lo más realista? El riesgo de no lograr acuerdos es que la Constituyente cubana podría aplazar o incluso eliminar la elección presidencial por voto directo. ¿Acaso es sensato correr ese albur? ¿Por qué no reactivamos la calle en apoyo a las negociaciones y toda la dirigencia envía un mensaje optimista a la ciudadanía que sufre necesidades ? Los políticos deben dar ejemplo de desprendimiento y responsabilidad. Los no políticos debemos contribuir a un clima de entendimiento. Todos merecemos ser increpados.

Como (había) en botica: A 15 años del paro cívico convocado por todos los partidos políticos, la CTV y Fedecámaras, los casi 23.000 trabajadores petroleros ilegalmente despedidos seguimos en pie de lucha contra la dictadura. El paro logró que el gobierno aceptara realizar el referendo revocatorio y se comprometiera a rectificar sus errores. No cumplió con esto último. Ni la oposición, ni el grupo de países amigos lograron que acatara lo acordado. Nelson Hernández, compañero despedido de Pdvsa y reconocido experto en energía escribió: “.. Aunque hay quienes dicen que se le entregó en bandeja de plata la industria petrolera al gobierno. A eso les digo que era una decisión tomada por el gobierno la conquista de Pdvsa… Sigo con mi frente en alto porque no salí de Pdvsa por ladrón o por incapaz, salí porque no podía prestarme a las vagabunderias que hacía el gobierno de Chavez y que pretendía que yo aprobase en mi cargo de Gerente de Control Interno en Pdvsa Gas”. El cuestionado general Quevedo le dará la puntilla a Pdvsa ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

NicolasMaduro (1)

La historia y las próximas generaciones inevitablemente tendrán que increpar a los rojos que hundieron al país, pero también a quienes no hicieron lo posible por desalojarlos del poder. Cierto que el Socialismo Siglo XXI se ha mantenido por el apoyo de la Fuerza Armada, de jueces y fiscales corruptos, de un CNE tramposo y del uso de los ingresos petroleros para comprar voluntades, pero parte de la responsabilidad nos corresponde a los opositores.

Entre estos últimos hay que incluir a políticos que no logran acordar una unidad de propósito, a periodistas que deforman los hechos, a analistas y formadores de opinión que no son constructivos, así como a twitteros que disparan desde la cintura sin medir las consecuencias. Ante el peligro de que el narcoestado se prolongue más allá del 2019, es imprescindible lograr una sola estrategia, tácticas comunes de acuerdo a las oportunidades que se presenten y un mensaje consensuado.

La dictadura totalitaria de Maduro es un caso único. No tiene ningún logro. La de Juan Vicente Gómez logró la pacificación del país, la conexión de los estados a través de una red de carreteras e inversión extranjera. La de Pérez Jiménez modernizó al país, propició una inmigración positiva y la delincuencia estuvo controlada. A pesar de los logros, ninguna de esas dictaduras puede justificarse. Así lo entendieron los dirigentes de esas épocas. Quizá la diferencia es que Gómez murió ejerciendo el poder, entre otras razones, porque la oposición estuvo muy atomizada. Pérez Jiménez fue derrocado porque, después de muchas desavenencias, los líderes de entonces entendieron que debían deponer sus diferencias.

¿Qué impide que hoy la oposición actúe al unísono y que cesen las descalificaciones? Al respecto, tanto políticos, como analistas y seudo analistas políticos, y aficionados de tribuna aventuran diferentes hipótesis: 1- Las ambiciones personales y la soberbia privan sobre el interés colectivo. 2- El régimen compró a varios dirigentes que colaboran para que persista la dictadura. 3- La creencia de que solo la Fuerza Armada o una intervención extranjera unilateral o multilateral pueden derrocar una narcodictadura totalitaria. 4-La percepción sobre el tiempo requerido para desalojar a Maduro y a su caterva de corruptos.

Probablemente las hipótesis 1 y 2 puedan ser ciertas con respecto a alguno que otro dirigente , pero no pasan de ser especulaciones y, desde luego, no aplica para la gran mayoría. La 3 no pasa de ser creencias en pajaritos preñados.

El punto de discordia para lograr la unidad se centra en la percepción de un grupo de que el régimen puede terminar sus días con protestas de calles, si toda la dirigencia se propone hacer cumplir “el mandato”del 16 de julio, por lo que cualquier negociación es una traición. El grupo antagónico sostiene que la salida solo puede lograrse mediante elecciones en las que se otorguen unas garantías mínimas de transparencia, para lo cual se requiere negociar con el aval de países amigos,

Ambas posiciones merecen respeto. Se han intentado las dos vías, pero tanto las protestas de calle, como las negociaciones no han logrado el objetivo. ¿Acaso son incompatibles? ¿Acaso no vale la pena que todos incentivemos las protestas y también negociaciones con norte claro? El régimen se está ahogando económicamente por insistir en una política que desde sus inicios estaba condenada a fracasar. Por ello necesita negociar, pero es iluso que le exijamos una rendición incondicional. ¿Podría ceder en que se cambie el CNE y que la Constituyente espuria no cambie la fecha de la elección presidencial?

A pesar de la tragedia que significa que Maduro termine su período, ¿sería ello lo más realista? El riesgo de no lograr acuerdos es que la Constituyente cubana podría aplazar o incluso eliminar la elección presidencial por voto directo. ¿Acaso es sensato correr ese albur? ¿Por qué no reactivamos la calle en apoyo a las negociaciones y toda la dirigencia envía un mensaje optimista a la ciudadanía que sufre necesidades ? Los políticos deben dar ejemplo de desprendimiento y responsabilidad. Los no políticos debemos contribuir a un clima de entendimiento. Todos merecemos ser increpados.

Como (había) en botica: A 15 años del paro cívico convocado por todos los partidos políticos, la CTV y Fedecámaras, los casi 23.000 trabajadores petroleros ilegalmente despedidos seguimos en pie de lucha contra la dictadura. El paro logró que el gobierno aceptara realizar el referendo revocatorio y se comprometiera a rectificar sus errores. No cumplió con esto último. Ni la oposición, ni el grupo de países amigos lograron que acatara lo acordado. Nelson Hernández, compañero despedido de Pdvsa y reconocido experto en energía escribió: “.. Aunque hay quienes dicen que se le entregó en bandeja de plata la industria petrolera al gobierno. A eso les digo que era una decisión tomada por el gobierno la conquista de Pdvsa… Sigo con mi frente en alto porque no salí de Pdvsa por ladrón o por incapaz, salí porque no podía prestarme a las vagabunderias que hacía el gobierno de Chavez y que pretendía que yo aprobase en mi cargo de Gerente de Control Interno en Pdvsa Gas”. El cuestionado general Quevedo le dará la puntilla a Pdvsa ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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NicolasMaduro (1)

La historia y las próximas generaciones inevitablemente tendrán que increpar a los rojos que hundieron al país, pero también a quienes no hicieron lo posible por desalojarlos del poder. Cierto que el Socialismo Siglo XXI se ha mantenido por el apoyo de la Fuerza Armada, de jueces y fiscales corruptos, de un CNE tramposo y del uso de los ingresos petroleros para comprar voluntades, pero parte de la responsabilidad nos corresponde a los opositores.

Entre estos últimos hay que incluir a políticos que no logran acordar una unidad de propósito, a periodistas que deforman los hechos, a analistas y formadores de opinión que no son constructivos, así como a twitteros que disparan desde la cintura sin medir las consecuencias. Ante el peligro de que el narcoestado se prolongue más allá del 2019, es imprescindible lograr una sola estrategia, tácticas comunes de acuerdo a las oportunidades que se presenten y un mensaje consensuado.

La dictadura totalitaria de Maduro es un caso único. No tiene ningún logro. La de Juan Vicente Gómez logró la pacificación del país, la conexión de los estados a través de una red de carreteras e inversión extranjera. La de Pérez Jiménez modernizó al país, propició una inmigración positiva y la delincuencia estuvo controlada. A pesar de los logros, ninguna de esas dictaduras puede justificarse. Así lo entendieron los dirigentes de esas épocas. Quizá la diferencia es que Gómez murió ejerciendo el poder, entre otras razones, porque la oposición estuvo muy atomizada. Pérez Jiménez fue derrocado porque, después de muchas desavenencias, los líderes de entonces entendieron que debían deponer sus diferencias.

¿Qué impide que hoy la oposición actúe al unísono y que cesen las descalificaciones? Al respecto, tanto políticos, como analistas y seudo analistas políticos, y aficionados de tribuna aventuran diferentes hipótesis: 1- Las ambiciones personales y la soberbia privan sobre el interés colectivo. 2- El régimen compró a varios dirigentes que colaboran para que persista la dictadura. 3- La creencia de que solo la Fuerza Armada o una intervención extranjera unilateral o multilateral pueden derrocar una narcodictadura totalitaria. 4-La percepción sobre el tiempo requerido para desalojar a Maduro y a su caterva de corruptos.

Probablemente las hipótesis 1 y 2 puedan ser ciertas con respecto a alguno que otro dirigente , pero no pasan de ser especulaciones y, desde luego, no aplica para la gran mayoría. La 3 no pasa de ser creencias en pajaritos preñados.

El punto de discordia para lograr la unidad se centra en la percepción de un grupo de que el régimen puede terminar sus días con protestas de calles, si toda la dirigencia se propone hacer cumplir “el mandato”del 16 de julio, por lo que cualquier negociación es una traición. El grupo antagónico sostiene que la salida solo puede lograrse mediante elecciones en las que se otorguen unas garantías mínimas de transparencia, para lo cual se requiere negociar con el aval de países amigos,

Ambas posiciones merecen respeto. Se han intentado las dos vías, pero tanto las protestas de calle, como las negociaciones no han logrado el objetivo. ¿Acaso son incompatibles? ¿Acaso no vale la pena que todos incentivemos las protestas y también negociaciones con norte claro? El régimen se está ahogando económicamente por insistir en una política que desde sus inicios estaba condenada a fracasar. Por ello necesita negociar, pero es iluso que le exijamos una rendición incondicional. ¿Podría ceder en que se cambie el CNE y que la Constituyente espuria no cambie la fecha de la elección presidencial?

A pesar de la tragedia que significa que Maduro termine su período, ¿sería ello lo más realista? El riesgo de no lograr acuerdos es que la Constituyente cubana podría aplazar o incluso eliminar la elección presidencial por voto directo. ¿Acaso es sensato correr ese albur? ¿Por qué no reactivamos la calle en apoyo a las negociaciones y toda la dirigencia envía un mensaje optimista a la ciudadanía que sufre necesidades ? Los políticos deben dar ejemplo de desprendimiento y responsabilidad. Los no políticos debemos contribuir a un clima de entendimiento. Todos merecemos ser increpados.

Como (había) en botica: A 15 años del paro cívico convocado por todos los partidos políticos, la CTV y Fedecámaras, los casi 23.000 trabajadores petroleros ilegalmente despedidos seguimos en pie de lucha contra la dictadura. El paro logró que el gobierno aceptara realizar el referendo revocatorio y se comprometiera a rectificar sus errores. No cumplió con esto último. Ni la oposición, ni el grupo de países amigos lograron que acatara lo acordado. Nelson Hernández, compañero despedido de Pdvsa y reconocido experto en energía escribió: “.. Aunque hay quienes dicen que se le entregó en bandeja de plata la industria petrolera al gobierno. A eso les digo que era una decisión tomada por el gobierno la conquista de Pdvsa… Sigo con mi frente en alto porque no salí de Pdvsa por ladrón o por incapaz, salí porque no podía prestarme a las vagabunderias que hacía el gobierno de Chavez y que pretendía que yo aprobase en mi cargo de Gerente de Control Interno en Pdvsa Gas”. El cuestionado general Quevedo le dará la puntilla a Pdvsa ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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