El mundo juega truco y ajiley venezolano, por Armando Martini Pietri

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Existe una realidad que ni debemos ni podemos obviar, y es que hemos sido de a poco colonizados por el castrismo cubano, -puede discutirse, pero es innegable su influencia en la política venezolana. Sin embargo, tampoco justifica una intervención militar, entre otras cosas, porque es una fantasía manipulada por intereses. No obstante, dirigentes “opositores” como, por ejemplo, el Gobernador del estado Lara, sargento del 4F, bolivariano y ex chavista, resucitan un nacionalismo arcaico y patriotero esgrimiendo argumentos de los años 60, que por caducos son cándidos. 

Venezuela por miedo, omisión o complicidad ha sido silente ante un proceso creciente e imparable de dominación, lo cual lleva a la pregunta obligada: ¿cómo objetar que otros países al menos opinen sobre Venezuela? ¿Acaso no llevamos casi dos décadas con un grupo que gobierna de acuerdo a opiniones foráneas?

Los estadounidenses no son ni tontos ni estúpidos -se equivocan, pero son errores de apreciación de una potencia insegura de querer serlo, es demasiada responsabilidad- pero son empecinados y cuando se proponen pueden ser obsesivos estrategas.

Washington empezó con advertencias, siguió por comentarios, pasó a las amenazas, lanzó sanciones individuales y ha llegado a los castigos contra el Gobierno. Conocen la situación social, económica y política del país. No creen en esa ingenuidad, -con ejemplos distorsionados-, de que las dictaduras salen con votos. Si algo tienen despejado los cara pálida, es cómo se desmoronan las dictaduras. 

También el Viejo Continente se hace sentir. El presidente del Parlamento Europeo, manifestó que la Unión Europea debe tomar medidas contra el régimen antidemocrático que hoy rige en Venezuela. Han reclamado en diversas resoluciones que el Gobierno ponga fin a la represión y libere a los presos políticos. Y demasiados países han rechazado la Constituyente y lo que ella decida. 

El mundo y la política están globalizados, hay limitaciones, ciertamente, pero también dinámicas en los sistemas democráticos con derecho a defender sus valores; además el tema de los Derechos Humanos y su violación no tiene fronteras ni prescribe. 

Sorprende aguantar que políticos adversos, una izquierda trasnochada y anclada en el remoto pasado, piensen que estamos en otro mundo. Existimos en el siglo XXI, aunque ellos sigan estancados a mediados del XX. Ideología antigua y periclitada, ése es el verdadero drama. En democracia moderna la política no trata de esconder la cabeza como el avestruz ni cierra los ojos frente al que profana las reglas del juego. Las democracias se defienden frente a dictaduras, tiranías y similares como las del régimen castrista que tanto perjuicio ha causado a Cuba y a los venezolanos, esos degenerados que sólo saben ser depredadores del sistema de libertades -democracia- y devastadores de los valores básicos del ser humano.

Afortunadamente para el país, las experiencias guerreras de militares y políticos norteamericanos en Iraq, Golfo Pérsico, Afganistán, Siria, Corea, Vietnam, Libia y otros, les han enseñado a ser más prudentes y cautelosos. Su poder bélico es inconmensurable, pero lo tienen hoy más para impresionar y recordarle al mundo lo que pueden hacer, y que para hacerlo realmente requieren los dejen sin alternativa. Olvídense de esas tonterías de misiles y aviones que algunos ven surcando el cielo venezolano o paracaidistas descendiendo sobre Caracas y otras ciudades, o quizás buques de guerra y marines en las costas y playas. 

Entienden bien que, si aquellos miles de tanques de Sadam Hussein no pudieron con ellos, mucho menos los militares, milicianos, simpatizantes y empleados públicos del castro-madurismo. Son profesionales y han estudiado que no necesitan el enorme costo de desplazar un ejército a un país arruinado, desesperado, frágil e incapaz de producir, les basta con apretar las tuercas financieras y económicas. Y es lo que están haciendo. Sancionando y colocando contra la pared al madurismo y tutores castristas, le están poniendo trabas a la necesidad de divisas que, según denuncias, mal utilizan, dilapidan y se roban. 

Nunca un gobierno había estado tan severamente cercado por la comunidad internacional, como hoy el de Venezuela. La situación es tan difícil que el régimen está amarrado de pies y manos, al no poder seguir operando y comerciando bonos petroleros o deuda pública, que entraron en limitaciones con las sanciones y para acentuar, la mayor Cámara de Compensación de USA ha suspendido su liquidación. Lo que coloca al país al borde del default ya que son miles de millones de dólares en manos de tenedores alrededor del mundo, quedando el Banco Central y Petróleos de Venezuela en condición embarazosa y precaria en el mercado financiero mundial.

Lo cual significa que también los ciudadanos, aunque no sean oficialistas ni opositores, corruptos ni políticos, bolichicos o enchufados, cómplices, cooperantes y complacientes sino simples ciudadanos, seremos lastimados, vapuleados y afectados, haya sido o no la intención.

Al obstaculizar el acceso a recursos monetarios y estorbar la reestructuración de la enorme deuda, habrá menos insumos importados; y los que se consigan serán cada día más escasos y costosos en nuestra ya bien conocida y familiar inflación incontrolada, lo que perjudica a los menos afortunados y más débiles, a la clase media, y en general a todos. 

Hay solución, claro, pero dramáticamente onerosa. Re-direccionar el crudo y sus derivados hacia China, India, quizás Rusia, interesada e imperialista, mucho menos poderosa que Estados Unidos. Los chinos eficaces, vigorosos y también potencia, pero nada generosos. No dan a cambio de nada. Y costoso porque no es solución apremiante. El oficialismo y su constituyente necesitan salidas urgentes. Ésa es la crueldad de las sanciones, dejan soluciones, saben que las hay, pero no son inmediatas. 

La suerte parece echada y el destino de Venezuela queda en las gélidas manos de Putin, una vez que el anciano fanfarrón parece haber disminuido el protagonismo y negocia su propia supervivencia con el imperio a 90 millas, rogando -como hacen los sinvergüenzas-, para que les permitan, al menos, el libre flujo de turistas generando miles de millones de dólares para la decadente revolución cubana. 

Las condiciones han madurado al extremo que se consideran aceptadas, es cuestión de tiempo, nadie sabe cuánto, solo se requiere la promesa formal solicitada por rusos y asiáticos, de que el futuro gobierno de transición, sea quien sea, se llame como se llame, reconozca y pague sus deudas.

O sea, habrá negociación y diálogo. Hasta para huir se necesita acuerdo.

 

@ArmandoMartini

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Existe una realidad que ni debemos ni podemos obviar, y es que hemos sido de a poco colonizados por el castrismo cubano, -puede discutirse, pero es innegable su influencia en la política venezolana. Sin embargo, tampoco justifica una intervención militar, entre otras cosas, porque es una fantasía manipulada por intereses. No obstante, dirigentes “opositores” como, por ejemplo, el Gobernador del estado Lara, sargento del 4F, bolivariano y ex chavista, resucitan un nacionalismo arcaico y patriotero esgrimiendo argumentos de los años 60, que por caducos son cándidos. 

Venezuela por miedo, omisión o complicidad ha sido silente ante un proceso creciente e imparable de dominación, lo cual lleva a la pregunta obligada: ¿cómo objetar que otros países al menos opinen sobre Venezuela? ¿Acaso no llevamos casi dos décadas con un grupo que gobierna de acuerdo a opiniones foráneas?

Los estadounidenses no son ni tontos ni estúpidos -se equivocan, pero son errores de apreciación de una potencia insegura de querer serlo, es demasiada responsabilidad- pero son empecinados y cuando se proponen pueden ser obsesivos estrategas.

Washington empezó con advertencias, siguió por comentarios, pasó a las amenazas, lanzó sanciones individuales y ha llegado a los castigos contra el Gobierno. Conocen la situación social, económica y política del país. No creen en esa ingenuidad, -con ejemplos distorsionados-, de que las dictaduras salen con votos. Si algo tienen despejado los cara pálida, es cómo se desmoronan las dictaduras. 

También el Viejo Continente se hace sentir. El presidente del Parlamento Europeo, manifestó que la Unión Europea debe tomar medidas contra el régimen antidemocrático que hoy rige en Venezuela. Han reclamado en diversas resoluciones que el Gobierno ponga fin a la represión y libere a los presos políticos. Y demasiados países han rechazado la Constituyente y lo que ella decida. 

El mundo y la política están globalizados, hay limitaciones, ciertamente, pero también dinámicas en los sistemas democráticos con derecho a defender sus valores; además el tema de los Derechos Humanos y su violación no tiene fronteras ni prescribe. 

Sorprende aguantar que políticos adversos, una izquierda trasnochada y anclada en el remoto pasado, piensen que estamos en otro mundo. Existimos en el siglo XXI, aunque ellos sigan estancados a mediados del XX. Ideología antigua y periclitada, ése es el verdadero drama. En democracia moderna la política no trata de esconder la cabeza como el avestruz ni cierra los ojos frente al que profana las reglas del juego. Las democracias se defienden frente a dictaduras, tiranías y similares como las del régimen castrista que tanto perjuicio ha causado a Cuba y a los venezolanos, esos degenerados que sólo saben ser depredadores del sistema de libertades -democracia- y devastadores de los valores básicos del ser humano.

Afortunadamente para el país, las experiencias guerreras de militares y políticos norteamericanos en Iraq, Golfo Pérsico, Afganistán, Siria, Corea, Vietnam, Libia y otros, les han enseñado a ser más prudentes y cautelosos. Su poder bélico es inconmensurable, pero lo tienen hoy más para impresionar y recordarle al mundo lo que pueden hacer, y que para hacerlo realmente requieren los dejen sin alternativa. Olvídense de esas tonterías de misiles y aviones que algunos ven surcando el cielo venezolano o paracaidistas descendiendo sobre Caracas y otras ciudades, o quizás buques de guerra y marines en las costas y playas. 

Entienden bien que, si aquellos miles de tanques de Sadam Hussein no pudieron con ellos, mucho menos los militares, milicianos, simpatizantes y empleados públicos del castro-madurismo. Son profesionales y han estudiado que no necesitan el enorme costo de desplazar un ejército a un país arruinado, desesperado, frágil e incapaz de producir, les basta con apretar las tuercas financieras y económicas. Y es lo que están haciendo. Sancionando y colocando contra la pared al madurismo y tutores castristas, le están poniendo trabas a la necesidad de divisas que, según denuncias, mal utilizan, dilapidan y se roban. 

Nunca un gobierno había estado tan severamente cercado por la comunidad internacional, como hoy el de Venezuela. La situación es tan difícil que el régimen está amarrado de pies y manos, al no poder seguir operando y comerciando bonos petroleros o deuda pública, que entraron en limitaciones con las sanciones y para acentuar, la mayor Cámara de Compensación de USA ha suspendido su liquidación. Lo que coloca al país al borde del default ya que son miles de millones de dólares en manos de tenedores alrededor del mundo, quedando el Banco Central y Petróleos de Venezuela en condición embarazosa y precaria en el mercado financiero mundial.

Lo cual significa que también los ciudadanos, aunque no sean oficialistas ni opositores, corruptos ni políticos, bolichicos o enchufados, cómplices, cooperantes y complacientes sino simples ciudadanos, seremos lastimados, vapuleados y afectados, haya sido o no la intención.

Al obstaculizar el acceso a recursos monetarios y estorbar la reestructuración de la enorme deuda, habrá menos insumos importados; y los que se consigan serán cada día más escasos y costosos en nuestra ya bien conocida y familiar inflación incontrolada, lo que perjudica a los menos afortunados y más débiles, a la clase media, y en general a todos. 

Hay solución, claro, pero dramáticamente onerosa. Re-direccionar el crudo y sus derivados hacia China, India, quizás Rusia, interesada e imperialista, mucho menos poderosa que Estados Unidos. Los chinos eficaces, vigorosos y también potencia, pero nada generosos. No dan a cambio de nada. Y costoso porque no es solución apremiante. El oficialismo y su constituyente necesitan salidas urgentes. Ésa es la crueldad de las sanciones, dejan soluciones, saben que las hay, pero no son inmediatas. 

La suerte parece echada y el destino de Venezuela queda en las gélidas manos de Putin, una vez que el anciano fanfarrón parece haber disminuido el protagonismo y negocia su propia supervivencia con el imperio a 90 millas, rogando -como hacen los sinvergüenzas-, para que les permitan, al menos, el libre flujo de turistas generando miles de millones de dólares para la decadente revolución cubana. 

Las condiciones han madurado al extremo que se consideran aceptadas, es cuestión de tiempo, nadie sabe cuánto, solo se requiere la promesa formal solicitada por rusos y asiáticos, de que el futuro gobierno de transición, sea quien sea, se llame como se llame, reconozca y pague sus deudas.

O sea, habrá negociación y diálogo. Hasta para huir se necesita acuerdo.

 

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Existe una realidad que ni debemos ni podemos obviar, y es que hemos sido de a poco colonizados por el castrismo cubano, -puede discutirse, pero es innegable su influencia en la política venezolana. Sin embargo, tampoco justifica una intervención militar, entre otras cosas, porque es una fantasía manipulada por intereses. No obstante, dirigentes “opositores” como, por ejemplo, el Gobernador del estado Lara, sargento del 4F, bolivariano y ex chavista, resucitan un nacionalismo arcaico y patriotero esgrimiendo argumentos de los años 60, que por caducos son cándidos. 

Venezuela por miedo, omisión o complicidad ha sido silente ante un proceso creciente e imparable de dominación, lo cual lleva a la pregunta obligada: ¿cómo objetar que otros países al menos opinen sobre Venezuela? ¿Acaso no llevamos casi dos décadas con un grupo que gobierna de acuerdo a opiniones foráneas?

Los estadounidenses no son ni tontos ni estúpidos -se equivocan, pero son errores de apreciación de una potencia insegura de querer serlo, es demasiada responsabilidad- pero son empecinados y cuando se proponen pueden ser obsesivos estrategas.

Washington empezó con advertencias, siguió por comentarios, pasó a las amenazas, lanzó sanciones individuales y ha llegado a los castigos contra el Gobierno. Conocen la situación social, económica y política del país. No creen en esa ingenuidad, -con ejemplos distorsionados-, de que las dictaduras salen con votos. Si algo tienen despejado los cara pálida, es cómo se desmoronan las dictaduras. 

También el Viejo Continente se hace sentir. El presidente del Parlamento Europeo, manifestó que la Unión Europea debe tomar medidas contra el régimen antidemocrático que hoy rige en Venezuela. Han reclamado en diversas resoluciones que el Gobierno ponga fin a la represión y libere a los presos políticos. Y demasiados países han rechazado la Constituyente y lo que ella decida. 

El mundo y la política están globalizados, hay limitaciones, ciertamente, pero también dinámicas en los sistemas democráticos con derecho a defender sus valores; además el tema de los Derechos Humanos y su violación no tiene fronteras ni prescribe. 

Sorprende aguantar que políticos adversos, una izquierda trasnochada y anclada en el remoto pasado, piensen que estamos en otro mundo. Existimos en el siglo XXI, aunque ellos sigan estancados a mediados del XX. Ideología antigua y periclitada, ése es el verdadero drama. En democracia moderna la política no trata de esconder la cabeza como el avestruz ni cierra los ojos frente al que profana las reglas del juego. Las democracias se defienden frente a dictaduras, tiranías y similares como las del régimen castrista que tanto perjuicio ha causado a Cuba y a los venezolanos, esos degenerados que sólo saben ser depredadores del sistema de libertades -democracia- y devastadores de los valores básicos del ser humano.

Afortunadamente para el país, las experiencias guerreras de militares y políticos norteamericanos en Iraq, Golfo Pérsico, Afganistán, Siria, Corea, Vietnam, Libia y otros, les han enseñado a ser más prudentes y cautelosos. Su poder bélico es inconmensurable, pero lo tienen hoy más para impresionar y recordarle al mundo lo que pueden hacer, y que para hacerlo realmente requieren los dejen sin alternativa. Olvídense de esas tonterías de misiles y aviones que algunos ven surcando el cielo venezolano o paracaidistas descendiendo sobre Caracas y otras ciudades, o quizás buques de guerra y marines en las costas y playas. 

Entienden bien que, si aquellos miles de tanques de Sadam Hussein no pudieron con ellos, mucho menos los militares, milicianos, simpatizantes y empleados públicos del castro-madurismo. Son profesionales y han estudiado que no necesitan el enorme costo de desplazar un ejército a un país arruinado, desesperado, frágil e incapaz de producir, les basta con apretar las tuercas financieras y económicas. Y es lo que están haciendo. Sancionando y colocando contra la pared al madurismo y tutores castristas, le están poniendo trabas a la necesidad de divisas que, según denuncias, mal utilizan, dilapidan y se roban. 

Nunca un gobierno había estado tan severamente cercado por la comunidad internacional, como hoy el de Venezuela. La situación es tan difícil que el régimen está amarrado de pies y manos, al no poder seguir operando y comerciando bonos petroleros o deuda pública, que entraron en limitaciones con las sanciones y para acentuar, la mayor Cámara de Compensación de USA ha suspendido su liquidación. Lo que coloca al país al borde del default ya que son miles de millones de dólares en manos de tenedores alrededor del mundo, quedando el Banco Central y Petróleos de Venezuela en condición embarazosa y precaria en el mercado financiero mundial.

Lo cual significa que también los ciudadanos, aunque no sean oficialistas ni opositores, corruptos ni políticos, bolichicos o enchufados, cómplices, cooperantes y complacientes sino simples ciudadanos, seremos lastimados, vapuleados y afectados, haya sido o no la intención.

Al obstaculizar el acceso a recursos monetarios y estorbar la reestructuración de la enorme deuda, habrá menos insumos importados; y los que se consigan serán cada día más escasos y costosos en nuestra ya bien conocida y familiar inflación incontrolada, lo que perjudica a los menos afortunados y más débiles, a la clase media, y en general a todos. 

Hay solución, claro, pero dramáticamente onerosa. Re-direccionar el crudo y sus derivados hacia China, India, quizás Rusia, interesada e imperialista, mucho menos poderosa que Estados Unidos. Los chinos eficaces, vigorosos y también potencia, pero nada generosos. No dan a cambio de nada. Y costoso porque no es solución apremiante. El oficialismo y su constituyente necesitan salidas urgentes. Ésa es la crueldad de las sanciones, dejan soluciones, saben que las hay, pero no son inmediatas. 

La suerte parece echada y el destino de Venezuela queda en las gélidas manos de Putin, una vez que el anciano fanfarrón parece haber disminuido el protagonismo y negocia su propia supervivencia con el imperio a 90 millas, rogando -como hacen los sinvergüenzas-, para que les permitan, al menos, el libre flujo de turistas generando miles de millones de dólares para la decadente revolución cubana. 

Las condiciones han madurado al extremo que se consideran aceptadas, es cuestión de tiempo, nadie sabe cuánto, solo se requiere la promesa formal solicitada por rusos y asiáticos, de que el futuro gobierno de transición, sea quien sea, se llame como se llame, reconozca y pague sus deudas.

O sea, habrá negociación y diálogo. Hasta para huir se necesita acuerdo.

 

@ArmandoMartini

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