No hace falta recordarles las miles de razones que nos llevan a poner en tela de juicio la estabilidad mental de algunos opositores, pero es más que evidente que hay estar loco para no apoyar un gobierno que multiplicó la pobreza, el hambre y la miseria en la etapa de mayor bonanza de nuestra historia. Lo contrario es ir contra la lógica ¿Quién podrÃa oponerse a que unos pocos vivan como reyes rodeados de privilegios mientras miles hurgan en la basura para ver si completan al menos una comida al dÃa?
Hay que estar loco para oponerse a un régimen que mata por acción y omisión. Que convirtió los hospitales en cámaras de la muerte donde lo único que se encuentra es la mÃstica de profesionales de la medicina que en medio de una indolencia generalizada realizan esfuerzos sobrehumanos para continuar salvando vidas. Es que les debe patinar el coco a todo aquel que se atreva a elevar un grito de alerta frente a la escasez de medicinas y el negocio miserable que tejieron las mafias en el poder alrededor de la salud.
Hay que estar completamente desquiciado para pedir seguridad en un paÃs con cifras de asesinato que superan las bajas de una nación en guerra, pero lo que es peor; exigirles a funcionarios del gobierno que la garanticen, como si eso fuera responsabilidad de ellos, que ya suficiente preocupación tienen para andar pendientes de protegernos. Además, ellos tienen camionetas blindadas y escoltas, que cada quien se pague la suya.
Hay que estar loco para andar clamando por elecciones, como si todo en la vida fuera votar, el pueblo se equivoca. Lo lógico, lo que se ajusta al sentido común, es que unos pocos se impongan frente a millones, matemática de segundo grado. Seguramente es que no saben sumar.
Cada vez hay más “locos” en Venezuela, tocará importar en lugar de bombas lacrimógenas camisas de fuerza y construir manicomios del tamaño de estadios. Mientras los “cuerdos” destruyen el paÃs, los “locos” intentan salvarlo.




