Las noches de Maduro, cuando se han ido los obedientes -cada día menos- y adulantes -que empiezan a ponerse suspicaces-, deben ser solitarias y angustiosas. En realidad no importa, los espejos tienen los mismos efectos en todas partes, para no hablar de celulares e internet -cuando funciona-, sería el colmo que se imposibilitara una llamada de La Habana a Caracas o, aún más, a la inversa.
Raúl Castro tiene pocas necesidades de telefonear a Caracas ¿usará el octogenario Skype o Whatsapp? más bien es Nicolás el que debe llamar a cada rato a la jefatura castrista, donde se toman las decisiones; Castro tiene militantes entrenados y obedientes incrustados en Venezuela, el obrero presidente no tiene a nadie en la isla, ni Fidel en su decadencia, ni Raúl en su calculado relevo, ni Chávez en su bobera ignorante, lo consideraron necesario.
“Me estás fallando con el petróleo y los negocios han disminuido, Nicolás”, estaría reclamando la voz rasposa de Raúl Castro deshilachada entre filtros de seguridad telefónica.
“¿Y qué quieres que haga?” -responde Nicolás- “¡En esta vaina todo nos falla, las trampas del imperialismo son diarias!”
“No comas mierda” -reclama el Jefe, que no es hombre de retóricas- “Una cosa son los gringos y otra que tus empleados no sepan hacer las cosas, si no es porque no me alcanzan los pesos, me traería a los míos, quieren regresarse o, peor, que los mande a otra parte”
Maduro, con la respiración pesada entre sobrepeso y chaleco antibalas, reflexiona, respira, uno no le replica con irrespeto al Jefe, al maestro, al guía.
“¿Qué hago?” solicita con voz resignada.
El cubano remueve sus décadas de experiencias, es hombre de silencios, medita.
“¿Qué pasa con los guardias y la policía?” -aunque lo sabe, sus espías en los diversos organismos lo tienen informado en detalle, en realidad lo que está es midiendo la capacidad de acción de su regente. “Llevan más de dos meses gastando gases, energía y palos, ¿en qué estamos ahora?”
“¡Vamos a la Constituyente y arreglamos este enredo!”, responde Maduro y ensaya una sonrisa que nadie ve.
Sin perder el aplomo, con voz monocorde, imperturbable, hace un silencioso gesto de fastidio, “¡coño, ya te dije que dejes de comer mierda, la Constituyente no te la compra nadie, la cagaste como todo lo que haces!”
“¡Lo tenemos controlado….”
“Hace tiempo que no controlas nada, ni siquiera cuando te pones de ridículo a bailar, ¿quién te dijo que eres gracioso?”
El comentario no le gustó a Maduro, le gusta bailar, cree tener buen ritmo, mueve el esqueleto a la cubana, pero se guardó cualquier respuesta, por ahí no van sus angustias.
“Tenemos muchos presos, los calabozos están llenos de carajitos, también de militares traidores, estamos interrogando, tengo pruebas en la mano” -detalló el venezolano mientras apartaba con el dedo (izquierdo, claro) unas gotas de sudor aferradas a las cejas.
“No tienes nada, Nicolás, ¿por qué no te das cuenta?”
“Sí tenemos, tengo…”
“Nada” -lo interrumpió el anciano todavía fuerte- “Lo que te dejó Chávez lo botaste, la revolución no se juega, se construye paso a paso. A nosotros, fusilando a media Cuba, nos costó varios años controlar, pero ya eso no es tan fácil”
“He hecho lo que ustedes nos dijeron” –intenta recuperarse mientras se removía otras gotas de transpiración.
“No” -corrigió el Jefe- “Has hecho a las patadas lo que te decimos que hagas, te rodeaste de bobos, estúpidos y, peor, ladrones que te aplauden para tapar sus robos con el ruido, la suerte que has tenido, es que la Asamblea Nacional no le ha echado pichón a lo que tiene que hacer y sigue timorata ¿Sigues sin comprenderlo?”
“Bueno, como digas, ¿pero qué hago?”
“Anota, Nico, anota” -un sorbo de ron, cambió el teléfono de oreja y continuó con sequedad militar y precisión política, más sabe el Jefe por viejo que por Castro- “lo primero es reducir a los ladrones, ‘choros’ como dicen ustedes. En Cuba son una elite especial, allá es casi todo el mundo. Tienes la oposición, dales un par de huesos, suelta de un trancazo a varios presos políticos.”
“¡No voy a soltar a Leopoldo López!” -interrumpió alarmado- “¡Me cae el partido encima!”
“Ahí tienes parte del problema, ¡a mí el camarada que se ponga cómico le parto el rabo! Pero bueno, déjalo enrejado y suelta a otros, deja salir de su casa a Ledezma, critica a Rosales y Timoteo, dales aire en la oposición, halaga a Capriles y Borges para desinflarlos, deja a los de Voluntad Popular, no sigas diciendo que son terroristas, no te olvides de Falcón, están llenos de conversos y Ramos Allup es ocurrente y de buen verbo ¿me vas siguiendo?”
“A Rosales lo socorremos, Falcón es amigo, Leopoldo es duro y terco como María Corina, no ceden, son los que más preocupan, afortunadamente, no tienen apoyo y nadie los toma en cuenta.”
“¡Eso es lo que no debes hacer, es lo contrario! Atácalos para que vuelvan a confiar en ellos, tienes que llenar la oposición de símbolos, a más emblemas menos unidad, ¿no lo entiendes?”
“Es que yo….
“¡Nada, camarada, tienes que cambiar para seguir al mando, ¡entiende!, manda al carajo a los tontos de Pdvsa, nombra tipos que sepan, déjalos trabajar, necesitamos el petróleo, nos da flujo de caja, si los gringos se molestan y no compran más nos jodimos, pendiente de Trump, es loco e’ bola, ¿te imaginas a dónde nos estás llevando?, ¡a que el hijo de Putín nos exija que le paguemos y tu estas en mora!”
“Bueno, lo que pasa ahora es Luisa…”
“¡No me interrumpas! ¿Cuántas veces te advirtió Cilia que la quitaras? ¡No hiciste nada, la dejaste ahí y ahora te pone zancadillas!”
“Óyeme, Raúl, yo….”
“Tu nada, pendejo, anota y cumple. Dale al carajito Mendoza el maíz que necesite, que llene a Venezuela de Harina Pan, de cerveza y todo lo que hace, jálale mecate a los gringos para que se queden quietos, entrega a la justicia varios ladrones que te sobran, tienes para escoger, que la gente se distraiga con lo que tanto reclaman para que sigas siendo Presidente, ¿escuchaste?”
“No le va a gustar a Diosdado, se pondrá bravo.”
“¡Ése entiende mientras no sea el perjudicado, la militancia y el PSUV tienen que sentir que eres el jefe, búscate gente joven tuya con ganas de crecer y ponlos a trabajar! Cállale la boca a los gringos y mándales a varios de los que están en sus famosas listas, y una cosa fundamental: hazlo rápido, Nicolás, no des tiempo a pensar, coloca a un gerente profesional para manejar los CLAP y verás cómo las cosas empiezan a funcionar, ábrele las puertas del petróleo, del oro y de Guayana a los que saben de eso, apacigua a Trump, que otros sean los responsables del abastecimiento, si el hambre y la vida cara siguen que sea culpa de ellos, no tuya, ¿me estás captando?”.
“Bueno, pero ya tenemos en camino la Constituyente.”
“Hermano”, responde Castro armándose de paciencia, “la propusiste y nadie la está comprando, ¿cómo vas a conseguir una nueva Constitución si hasta tu jefe militar está regañando a la Guardia Nacional?”. Por cierto, lo están haciendo muy bien como los entrénanos e instruimos. Atacan como fieras, roban como ladrones, maltratan con saña y hasta matan. Felicítalos de mi parte, el Che estaría orgulloso”.
Se hace un minuto de silencio que tiene algo de tenebroso, Castro vuelve a hablar.
“¿Te has enterado de cómo andan las cosas por los barrios? ¿No te asusta que bajen más, quién los va a parar?”.
Otra breve pausa y el cubano más que hablar resopla, “sacúdete la Constituyente, esa pelea está perdida, hay que esperar, mete a la oposición en el asunto, convoca a un referéndum para que la gente decida si la quiere o no; van todos, la pierdes y podrás decir que eres demócrata y que si la gente no quiere Constituyente, pues tu lo aceptas y no hay, ganamos tiempo, ¿entiendes? ¡Tiempo que es lo que a ti se te está acabando! ¿Comprendes, Nicolás?”
“Estamos dialogando con discreción y mucha cautela, los escuálidos son misteriosos, por cierto, la Iglesia está alzada y radicalizada”.
“No te preocupes”, interrumpe Castro, “hace días estuvo un emisario y Francisco hablara con los obispos y cardenales sesgados por la derecha y mal informados”.
En ese momento desperté, sudado y nervioso. En la oscuridad, fui a la cocina tome una taza de manzanilla, pensando qué sucedería si Raúl Castro pensara así y Maduro le hiciera caso.




