El “Trumpazo”, ¿conflictos a la vista? (y/II), por Antonio José Monagas

El “Trumpazo”, ¿conflictos a la vista? (y/II), por Antonio José Monagas

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Muchas veces llegó a creerse que el populismo sólo buscaba aprisionar gobiernos de países sumidos en la desgracia del subdesarrollo. A países asediados por la multiplicidad de problemas políticos, sociales y económicos. A países subordinados a esquemas de políticas gubernamentales afincadas en perversas contrariedades de naturaleza jurídica, administrativa, ética y  moral. Es decir, caracterizados por todo un escenario de insidiosas determinaciones que tienden a hundirlos en el plano de las contingencias y beligerancias propias de realidades negadas a las exigencias del desarrollo. Incluso, llegó a pensarse que había excepciones que no pecaban en los reveses que tienta el populismo en su acción y movimiento.

Sin embargo las realidades dieron cuenta de que tales postulados, definidos por una teoría política que para hoy se había hecho vetusta, elaborada bajo condiciones de tiempos superados, habían envejecido sin que muchos estudiosos de la política se percataran de cambios que venían estructurándose subrepticiamente. Y en efecto, dichas realidades sorprendieron a más de uno.

Las elecciones presidenciales que recién se dieron en Estados Unidos, el pasado 8-N, revelaron que los cambios están aconteciéndose sin que muchas veces puedan advertirse. Más o menos, lo mismo que sucede con los movimientos telúricos cuya capacidad de sorpresa sigue zarandeando la capacidad de pronóstico que tiene ocupado a los físicos, sismólogos, geólogos y matemáticos sin mayores resultados.  Razón para asentir que “lo único estable son los cambios”.

La victoria de Donald Trump, pone al descubierto variables de inusitada sensibilidad que exponen disconformidades con el estatus quo. Así como reacciones hacia una dinámica política que, a pesar del desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, no supo dar respuestas apremiantes a exigencias de una sociedad complicada. Aunque también algo enajenada por cambios que estaban dándose en la periferia y centro de situaciones socioeconómicas y sociopolíticas que ha estado viviendo la sociedad norteamericana sin que las mismas hubiesen sido corregidas estructuralmente. Aunque si, en su forma o apariencia. Mejor dicho, correcciones que sólo llegaron a paliativos. Y la respuesta política que mejor alcanzó a adecuarse a las confrontaciones que derivaron de tan encarnados problemas y que, muchas veces se convirtieron en tediosos y sinuosos laberintos, es el populismo. Tanto que por causa del triunfo electoral de Trump, ha venido hablándose de la “epidemia del populismo” toda vez que como fenómeno político igualmente ha causado estragos en la movilidad de países no sólo latinoamericanos. También, situados en latitudes extremas o alejadas de la cotidiana influencia que acusa el inmediatismo de la política. Sobre todo, cuando tan pernicioso problema recae en manos de hombres no formados para diligenciar procesos tan intrincados como los relacionados con la planificación, coordinación, administración y evaluación de políticas públicas elaboradas por cúpulas gubernamentales.

La reputación que en lo sucesivo adoptaría el gobierno norteamericano, pudiera catapultar pretensiones políticas influenciadas por el “efecto Trump˝ en procesos eleccionarios a desarrollarse próximamente en Austria, Francia, Brasil y Alemania. Aunque lo que podría entorpecer la línea de la democracia liberal adoptada por naciones industrializadas, no es la condición de legitimidad de origen que naturalmente caracterizaría todo acto de expresión política mediante el voto transparente. El problema devendría de lo que la ciencia política denomina “legitimidad de ejercicio” pues su praxis puede encubrir decisiones autoritarias cuyo apego al Estado de Derecho y de Justicia tiende a desvirtuarse como producto de un poder exento de los controles que establece un sistema político apuntalado en la separación necesaria de los poderes públicos o contrapesos necesarios que garantizan el equilibrio de una democracia en su más exacta concepción.

La posibilidad cierta de gobernantes del talante de Trump, de sembrar determinados miedos en la población políticamente activa, se convierte en una poderosa razón para manipular procesos sociales que resultan confundiendo a la ciudadanía. Tanto así, que la hace fácilmente controlable y subordinada a medidas represivas. De modo que con la insurgencia de estos miedos, los mecanismos de manipulación del actor gobierno adquieren una connotación hegemónica por cuanto fungen como recursos de “coerción” que emplea el autoritarismo para imponer una trayectoria de políticas públicas elaboradas a imagen y semejanza del imaginario que mejor luce como referente en su doctrina política.

Solamente aquello de que “no soy un político, gracias a Dios”, frase expresada por Donald Trump en un momento de campaña electoral, reveló el peligro de quien por no entender las exigencias de la política, y además no conocer que “el hombre es un animal político” (Aristóteles), puede llevarlo a perderse en los atisbos o conjeturas dominadas por efervescentes circunstancias preparadas para azotar estructuras económicas e instituciones estatales. Ello, sin atender lo que pudiera ocurrirle a la economía mexicana bastante amenazada por altisonantes declaraciones que ponen en vilo el desempeño de las comunidades que viven sujetos a lo que da cuenta la frontera y sus implicaciones. O lo que representa para el mundo cuya fragilidad ambiental descansa en las intemperancias climáticas, problema éste en el cual no cree el presidente electo. Y las consecuencias de tan indolente postura puede devenir en una cadena de crisis ambientalistas en perjuicio de la salud del planeta.

Ante esta y otras consideraciones asumidas tercamente por un presidente electo que se ha mostrad intolerante, intransigente y hasta insolente, dado algunos desplantes y atrevidas acusaciones hacia corroborados clamores, es posible reconocer que la victoria alcanzada por Trump, aunque sin la mayoría de votos populares, por la mecánica electoral norteamericana, vería venirse como una amenaza en ciernes. O acaso pudiera verse como el Trumpazo: ¿conflictos a la vista?

@ajmonagas

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