Venezuela en pico de zamuro, por Armando Martini Pietri

BanderadeVenezuela7-1

 

Puede ser exageración, interpretarse como amplificación de la crisis. Lo cierto es que el aprieto en que nos encontramos es inocultable, imposible continuar ignorándolo. Ya es de máxima alerta nacional. Eso lo sabemos todos, no sólo el 80% opositor -entre los iracundos y los que sólo están hartos de no poder comer más o menos bien sin una humillante cola o sin tener que bajarle la cabeza a algún delincuente bachaquero- y lo saben, aunque prefieran cerrar los ojos y taparse los oídos los fanáticos del madurismo, tan apasionados y enceguecidos (cerebros lavados) que algunos hasta llegan a creer que Maduro y su equipo conocen como gobernar. Pero ellos también perciben, que el país va de mal en peor, de angustia a desastre. Haití, parte de Cuba y la Costa Este del imperio recibieron estos días la visita de Matthew, nosotros llevamos casi 4 años bajo la inclemente y despiadada tormenta Nicolás. ¡Estamos contando desechos!

En Venezuela están creciendo los ni-ni, fortaleciendo y apuntalando los llamados radicales, -por cierto, ni es mala palabra ni es grosería, es una posición respetable y con el mismo derecho de opinar que tienen los pasivos, cómplices, conformistas, indiferentes, conservadores, mediadores o moderados; o los resignados, para llamarlos por su nombre, que por serlo son más dañinos porque hacen peso muerto.

Comencemos con los militares para evitar protervas interpretaciones. La Fuerza Armada está en la obligación de mantenerse neutral, proteger al pueblo, hacer respetar la Constitución y las leyes. Sólo eso es de su incumbencia, no pueden ni deben parcializarse. Así de simple: respetar, obedecer y cuidar, pero nunca reprimir al ciudadano, ávido y deseoso de cambio, que quiere dirimir sus diferencias de manera electoral, pacífica y constitucional. Pero hay en el borrascoso horizonte un punto de quiebre en el que será obligatorio tomar una decisión para civiles y militares, se nos viene encima: cuando el TSJ sentencie nulo el proceso revocatorio para 2016.

Otras situaciones exigirán decisiones difíciles y de alto impacto, como cuando la oposición golpeada pero no batida recoja más de los 4 millones de firmas necesarias para convocar al revocatorio, y cómo sortear al CNE y al gobierno cuando quieran omitir la voluntad popular. ¿Se atreverán? Nada de extraño tendría. Solo incrédulos, cándidos e infantiles -que sobran- serán sorprendidos.

El sentido común hace conveniente y necesario el diálogo, pero debe hacerse abierto, sincero, contundente, claro, y, sobretodo, transparente, de amplio y preciso conocimiento ciudadano. La recomendación es que se realice antes de que todos lo lamentemos como suele suceder en estos casos. Chile, Panamá, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Argentina, son tan solo algunos ejemplos históricos de lo que aquí puede acontecer. ¿Venezuela se desmorona?

La minoría que gobierna ha escogido un camino tortuoso y por ello peligroso, una vía errónea y de alto riesgo. El presidente y sus asesores -cubanos, rusos, chinos- han decidido arrinconar y desechar al Poder Legislativo mediante sentencias reiteradas del Poder Judicial, se anulan las sesiones y se comienza a regir vía decreto y de facto como lo hicieran con el Presupuesto Nacional 2017. Para ello, la Sala Constitucional produce un dictamen, que proviene de unos Magistrados que, según diputados miembros de la fracción mayoritaria, están cuestionados de origen y han sido calificados de espurios.

Asumir una crítica constructiva pero contundente sobre los actores y acciones de la actual coyuntura política venezolana no es ni pecado ni traición, y menos aun hacerle el juego al oficialismo o a la oposición. En ambos lados, polarizados, hay bastante que decir y reclamar. Mucha tela que cortar, diría el refranero popular. De un lado y del otro, se ha lesionado, con fuerza e ímpetu, el deber ser de la Constitución y, en consecuencia, la de un Estado democrático donde ha debido reinar por encima de los intereses, conveniencias, rivalidades, beneficios, privilegios, el Estado de Derecho. Ejemplo triste y lamentable de esta realidad canallesca lo constituyen los presos políticos, que el régimen sentenció incivilmente a través de sus operadores judiciales y la oposición legislativa, cohonestó al aceptar tal juego de manipulación democrática.

El gobiernero oficialismo a diario declara la inviabilidad de la Asamblea Nacional, dando entrever que más temprano que tarde, su disolución será una realidad. Bolivarianos especialistas en derecho, abogados constitucionalistas, jurisconsultos de palacio y de la cúpula militar, aseguraron que: el presidente Nicolás Maduro no presentará –como en efecto no hizo- el presupuesto 2017 ante un Parlamento que para él no existe. No obstante, el asunto no se queda ahí, va más allá, afirman: esta Asamblea va a concluir, tras estar sancionada por el TSJ por levantarse en rebeldía y por desacato en hechos y pronunciaciones contra de la Constitución Bolivariana de Venezuela, por lo tanto sus actos son inválidos. Y por si fuera poco, finalizan; el principal ente jurídico del país validará la entrega del presupuesto -como lo hizo- por estar reflejada con un 70% la inversión para el pueblo. La eterna excusa populista para justificar la arbitrariedad. Había que incluir la evocación de la población. Miserables manipulando, engañando y burlándose de un pueblo noble que está sufriendo dificultades y penurias que soporta a diario, en todos los niveles y calidad de vida.

La estrategia es evidente endosar el infortunio social, económico y político, a la Asamblea Nacional que fue electa por el voto mayoritario del ciudadano, el pasado 6 de diciembre de 2015.

Las consecuencias de este despropósito son insospechadas para la paz y convivencia general del país. La minoría que gobierna y su precaria base de sustentación, ha decidido excluir y prescindir de la mayoría que sufragó por un cambio y decidió con su voto, un Poder Legislativo de contrapeso y muralla de contención para lo que considera abusos y aberraciones de los otros poderes públicos.

Lo que en un sistema democrático fuerte es perfectamente normal y saludable. En la Venezuela del castrismo distorsionador del chavismo original, y controlador del madurismo ignorante, se ha convertido en causal de persecuciones, maltratos, arbitrariedades contra los derechos humanos y desprestigio mundial. Estadística para la basura

Pero nada se hace, sólo sentarse a observar el espectáculo de un país que se desmorona, que está en pico de zamuro y a contar los desechos a efectos de estadística.

 

@ArmandoMartini

 

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Puede ser exageración, interpretarse como amplificación de la crisis. Lo cierto es que el aprieto en que nos encontramos es inocultable, imposible continuar ignorándolo. Ya es de máxima alerta nacional. Eso lo sabemos todos, no sólo el 80% opositor -entre los iracundos y los que sólo están hartos de no poder comer más o menos bien sin una humillante cola o sin tener que bajarle la cabeza a algún delincuente bachaquero- y lo saben, aunque prefieran cerrar los ojos y taparse los oídos los fanáticos del madurismo, tan apasionados y enceguecidos (cerebros lavados) que algunos hasta llegan a creer que Maduro y su equipo conocen como gobernar. Pero ellos también perciben, que el país va de mal en peor, de angustia a desastre. Haití, parte de Cuba y la Costa Este del imperio recibieron estos días la visita de Matthew, nosotros llevamos casi 4 años bajo la inclemente y despiadada tormenta Nicolás. ¡Estamos contando desechos!

En Venezuela están creciendo los ni-ni, fortaleciendo y apuntalando los llamados radicales, -por cierto, ni es mala palabra ni es grosería, es una posición respetable y con el mismo derecho de opinar que tienen los pasivos, cómplices, conformistas, indiferentes, conservadores, mediadores o moderados; o los resignados, para llamarlos por su nombre, que por serlo son más dañinos porque hacen peso muerto.

Comencemos con los militares para evitar protervas interpretaciones. La Fuerza Armada está en la obligación de mantenerse neutral, proteger al pueblo, hacer respetar la Constitución y las leyes. Sólo eso es de su incumbencia, no pueden ni deben parcializarse. Así de simple: respetar, obedecer y cuidar, pero nunca reprimir al ciudadano, ávido y deseoso de cambio, que quiere dirimir sus diferencias de manera electoral, pacífica y constitucional. Pero hay en el borrascoso horizonte un punto de quiebre en el que será obligatorio tomar una decisión para civiles y militares, se nos viene encima: cuando el TSJ sentencie nulo el proceso revocatorio para 2016.

Otras situaciones exigirán decisiones difíciles y de alto impacto, como cuando la oposición golpeada pero no batida recoja más de los 4 millones de firmas necesarias para convocar al revocatorio, y cómo sortear al CNE y al gobierno cuando quieran omitir la voluntad popular. ¿Se atreverán? Nada de extraño tendría. Solo incrédulos, cándidos e infantiles -que sobran- serán sorprendidos.

El sentido común hace conveniente y necesario el diálogo, pero debe hacerse abierto, sincero, contundente, claro, y, sobretodo, transparente, de amplio y preciso conocimiento ciudadano. La recomendación es que se realice antes de que todos lo lamentemos como suele suceder en estos casos. Chile, Panamá, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Argentina, son tan solo algunos ejemplos históricos de lo que aquí puede acontecer. ¿Venezuela se desmorona?

La minoría que gobierna ha escogido un camino tortuoso y por ello peligroso, una vía errónea y de alto riesgo. El presidente y sus asesores -cubanos, rusos, chinos- han decidido arrinconar y desechar al Poder Legislativo mediante sentencias reiteradas del Poder Judicial, se anulan las sesiones y se comienza a regir vía decreto y de facto como lo hicieran con el Presupuesto Nacional 2017. Para ello, la Sala Constitucional produce un dictamen, que proviene de unos Magistrados que, según diputados miembros de la fracción mayoritaria, están cuestionados de origen y han sido calificados de espurios.

Asumir una crítica constructiva pero contundente sobre los actores y acciones de la actual coyuntura política venezolana no es ni pecado ni traición, y menos aun hacerle el juego al oficialismo o a la oposición. En ambos lados, polarizados, hay bastante que decir y reclamar. Mucha tela que cortar, diría el refranero popular. De un lado y del otro, se ha lesionado, con fuerza e ímpetu, el deber ser de la Constitución y, en consecuencia, la de un Estado democrático donde ha debido reinar por encima de los intereses, conveniencias, rivalidades, beneficios, privilegios, el Estado de Derecho. Ejemplo triste y lamentable de esta realidad canallesca lo constituyen los presos políticos, que el régimen sentenció incivilmente a través de sus operadores judiciales y la oposición legislativa, cohonestó al aceptar tal juego de manipulación democrática.

El gobiernero oficialismo a diario declara la inviabilidad de la Asamblea Nacional, dando entrever que más temprano que tarde, su disolución será una realidad. Bolivarianos especialistas en derecho, abogados constitucionalistas, jurisconsultos de palacio y de la cúpula militar, aseguraron que: el presidente Nicolás Maduro no presentará –como en efecto no hizo- el presupuesto 2017 ante un Parlamento que para él no existe. No obstante, el asunto no se queda ahí, va más allá, afirman: esta Asamblea va a concluir, tras estar sancionada por el TSJ por levantarse en rebeldía y por desacato en hechos y pronunciaciones contra de la Constitución Bolivariana de Venezuela, por lo tanto sus actos son inválidos. Y por si fuera poco, finalizan; el principal ente jurídico del país validará la entrega del presupuesto -como lo hizo- por estar reflejada con un 70% la inversión para el pueblo. La eterna excusa populista para justificar la arbitrariedad. Había que incluir la evocación de la población. Miserables manipulando, engañando y burlándose de un pueblo noble que está sufriendo dificultades y penurias que soporta a diario, en todos los niveles y calidad de vida.

La estrategia es evidente endosar el infortunio social, económico y político, a la Asamblea Nacional que fue electa por el voto mayoritario del ciudadano, el pasado 6 de diciembre de 2015.

Las consecuencias de este despropósito son insospechadas para la paz y convivencia general del país. La minoría que gobierna y su precaria base de sustentación, ha decidido excluir y prescindir de la mayoría que sufragó por un cambio y decidió con su voto, un Poder Legislativo de contrapeso y muralla de contención para lo que considera abusos y aberraciones de los otros poderes públicos.

Lo que en un sistema democrático fuerte es perfectamente normal y saludable. En la Venezuela del castrismo distorsionador del chavismo original, y controlador del madurismo ignorante, se ha convertido en causal de persecuciones, maltratos, arbitrariedades contra los derechos humanos y desprestigio mundial. Estadística para la basura

Pero nada se hace, sólo sentarse a observar el espectáculo de un país que se desmorona, que está en pico de zamuro y a contar los desechos a efectos de estadística.

 

@ArmandoMartini

 

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Puede ser exageración, interpretarse como amplificación de la crisis. Lo cierto es que el aprieto en que nos encontramos es inocultable, imposible continuar ignorándolo. Ya es de máxima alerta nacional. Eso lo sabemos todos, no sólo el 80% opositor -entre los iracundos y los que sólo están hartos de no poder comer más o menos bien sin una humillante cola o sin tener que bajarle la cabeza a algún delincuente bachaquero- y lo saben, aunque prefieran cerrar los ojos y taparse los oídos los fanáticos del madurismo, tan apasionados y enceguecidos (cerebros lavados) que algunos hasta llegan a creer que Maduro y su equipo conocen como gobernar. Pero ellos también perciben, que el país va de mal en peor, de angustia a desastre. Haití, parte de Cuba y la Costa Este del imperio recibieron estos días la visita de Matthew, nosotros llevamos casi 4 años bajo la inclemente y despiadada tormenta Nicolás. ¡Estamos contando desechos!

En Venezuela están creciendo los ni-ni, fortaleciendo y apuntalando los llamados radicales, -por cierto, ni es mala palabra ni es grosería, es una posición respetable y con el mismo derecho de opinar que tienen los pasivos, cómplices, conformistas, indiferentes, conservadores, mediadores o moderados; o los resignados, para llamarlos por su nombre, que por serlo son más dañinos porque hacen peso muerto.

Comencemos con los militares para evitar protervas interpretaciones. La Fuerza Armada está en la obligación de mantenerse neutral, proteger al pueblo, hacer respetar la Constitución y las leyes. Sólo eso es de su incumbencia, no pueden ni deben parcializarse. Así de simple: respetar, obedecer y cuidar, pero nunca reprimir al ciudadano, ávido y deseoso de cambio, que quiere dirimir sus diferencias de manera electoral, pacífica y constitucional. Pero hay en el borrascoso horizonte un punto de quiebre en el que será obligatorio tomar una decisión para civiles y militares, se nos viene encima: cuando el TSJ sentencie nulo el proceso revocatorio para 2016.

Otras situaciones exigirán decisiones difíciles y de alto impacto, como cuando la oposición golpeada pero no batida recoja más de los 4 millones de firmas necesarias para convocar al revocatorio, y cómo sortear al CNE y al gobierno cuando quieran omitir la voluntad popular. ¿Se atreverán? Nada de extraño tendría. Solo incrédulos, cándidos e infantiles -que sobran- serán sorprendidos.

El sentido común hace conveniente y necesario el diálogo, pero debe hacerse abierto, sincero, contundente, claro, y, sobretodo, transparente, de amplio y preciso conocimiento ciudadano. La recomendación es que se realice antes de que todos lo lamentemos como suele suceder en estos casos. Chile, Panamá, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Argentina, son tan solo algunos ejemplos históricos de lo que aquí puede acontecer. ¿Venezuela se desmorona?

La minoría que gobierna ha escogido un camino tortuoso y por ello peligroso, una vía errónea y de alto riesgo. El presidente y sus asesores -cubanos, rusos, chinos- han decidido arrinconar y desechar al Poder Legislativo mediante sentencias reiteradas del Poder Judicial, se anulan las sesiones y se comienza a regir vía decreto y de facto como lo hicieran con el Presupuesto Nacional 2017. Para ello, la Sala Constitucional produce un dictamen, que proviene de unos Magistrados que, según diputados miembros de la fracción mayoritaria, están cuestionados de origen y han sido calificados de espurios.

Asumir una crítica constructiva pero contundente sobre los actores y acciones de la actual coyuntura política venezolana no es ni pecado ni traición, y menos aun hacerle el juego al oficialismo o a la oposición. En ambos lados, polarizados, hay bastante que decir y reclamar. Mucha tela que cortar, diría el refranero popular. De un lado y del otro, se ha lesionado, con fuerza e ímpetu, el deber ser de la Constitución y, en consecuencia, la de un Estado democrático donde ha debido reinar por encima de los intereses, conveniencias, rivalidades, beneficios, privilegios, el Estado de Derecho. Ejemplo triste y lamentable de esta realidad canallesca lo constituyen los presos políticos, que el régimen sentenció incivilmente a través de sus operadores judiciales y la oposición legislativa, cohonestó al aceptar tal juego de manipulación democrática.

El gobiernero oficialismo a diario declara la inviabilidad de la Asamblea Nacional, dando entrever que más temprano que tarde, su disolución será una realidad. Bolivarianos especialistas en derecho, abogados constitucionalistas, jurisconsultos de palacio y de la cúpula militar, aseguraron que: el presidente Nicolás Maduro no presentará –como en efecto no hizo- el presupuesto 2017 ante un Parlamento que para él no existe. No obstante, el asunto no se queda ahí, va más allá, afirman: esta Asamblea va a concluir, tras estar sancionada por el TSJ por levantarse en rebeldía y por desacato en hechos y pronunciaciones contra de la Constitución Bolivariana de Venezuela, por lo tanto sus actos son inválidos. Y por si fuera poco, finalizan; el principal ente jurídico del país validará la entrega del presupuesto -como lo hizo- por estar reflejada con un 70% la inversión para el pueblo. La eterna excusa populista para justificar la arbitrariedad. Había que incluir la evocación de la población. Miserables manipulando, engañando y burlándose de un pueblo noble que está sufriendo dificultades y penurias que soporta a diario, en todos los niveles y calidad de vida.

La estrategia es evidente endosar el infortunio social, económico y político, a la Asamblea Nacional que fue electa por el voto mayoritario del ciudadano, el pasado 6 de diciembre de 2015.

Las consecuencias de este despropósito son insospechadas para la paz y convivencia general del país. La minoría que gobierna y su precaria base de sustentación, ha decidido excluir y prescindir de la mayoría que sufragó por un cambio y decidió con su voto, un Poder Legislativo de contrapeso y muralla de contención para lo que considera abusos y aberraciones de los otros poderes públicos.

Lo que en un sistema democrático fuerte es perfectamente normal y saludable. En la Venezuela del castrismo distorsionador del chavismo original, y controlador del madurismo ignorante, se ha convertido en causal de persecuciones, maltratos, arbitrariedades contra los derechos humanos y desprestigio mundial. Estadística para la basura

Pero nada se hace, sólo sentarse a observar el espectáculo de un país que se desmorona, que está en pico de zamuro y a contar los desechos a efectos de estadística.

 

@ArmandoMartini

 

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