
Definitivamente hay que estar ciego para no ver lo que está sucediendo en nuestro país. Los venezolanos sufrimos todo tipo de carestías; alimentos, medicamentos, seguridad, ética, moral, principios, valores, y los cegatos partidistas de lado y lado siguen como monitos que ni ven ni oyen; pero éstos, en cambio, hablan en exceso aunque no digan nunca nada que merezca más que la certeza de no creerles. Ya sabemos que, tras cada palabreja, cada promesa y alarde pomposo, se esconde alguna trampa o una egoísta conveniencia personal.
Lo más sorprendente e increíble es que a estas alturas del desastre, hay ciudadanos que, a pesar de las jugarretas, convenios, negocios, negociaciones, mantienen el ánimo y tolerancia -más bien la paciencia- en alto. La pregunta: ¿hasta cuándo durará? ¿Será que ya está llegando a su final?
El impacto diario de la inflación, más que significativo, es abusivo, trágico y, la verdad, atemorizante. Es una carga explosiva con la mecha encendida, un poderoso e importante factor para la crisis que vive Venezuela. El Estado debe buscar soluciones de fondo que no son “ni simples ni milagrosas”, comenzando por un programa serio, responsable y sustentable de fomento a la producción, un plan anti-inflacionario que involucre políticas económicas, fiscales y monetarias tanto macro como microeconómicas. Una cuestión vital que todos, hasta los más ignorantes, ven excepto Nicolás Maduro y su entuerto cívico militar gobernante que se empeña en arreglar las cosas hablando necedades, pero sin la menor intención y capacidad de pegarle a la bola.
No sabemos si el general de muchas estrellas apadrinó la más reciente y desesperada decisión presidencial. Está claro que los militares han venido respaldando y ejecutando mal, abrazados del Gobierno en los últimos años, ahora resulta van arreglarlo todo con el poder que se les han otorgado. Padrino López, el alto mando, sus uniformes cubanizados, su disciplina, su armamento ruso y chino, están llevando a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a un nuevo desastre y martirologio político. Porque a partir de ahora la falta de cualquier insumo, los Clap y otras incompetencias, ya no serán culpa de Maduro, sino de los militares de todos los componentes, milicianos y colectivos incluidos.
Con otra política económica, empresarial, agropecuaria e industrial dinámicas, emprendedoras, racionales y por ello efectivas, el país podría reducir la diaria alza en los precios a corto y mediano plazo e iría mejorando progresivamente la producción, el empleo y abastecimiento. En ese rumbo, una vez alcanzadas ciertas condiciones, podría recuperarse una unificación cambiaria. Los controles nacieron por una necesidad coyuntural, pero, al no resolver el conflicto a tiempo, se convierten en fuentes de distorsiones y deben eliminarse, pues llegan a ser como la peste negra que no terminó tras llevarse por delante a millones de europeos antes que alguien descubriera, finalmente, que no era causada por los pobres ni gitanos, brujas y otros inventados culpables, ni era tampoco castigo de Dios ni intervención del demonio, sino que era transmitida por los piojos de las ratas. Cuando empezaron a lavar y limpiar, liquidaron los roedores, se morían o huían, se acabaron sus piojos, pulgas y se terminaba la peste. ¿Y saben dónde se desvanecieron primero? En Londres, que era un chiquero, gracias a un enorme incendio que destruyó media ciudad y con ella, las ratas.
La inflación moderna es pestilencia que viene por diversas vías, un flagelo implacable que nace de errores económicos flagrantes y del cual nadie se salva. El presupuesto familiar es la primera víctima. Hay que evaluar y concebir estrategias públicas contundentes porque los ciudadanos no pueden esperar indefinidamente por soluciones, el Gobierno debe ofrecer subsidios directos a los más vulnerables. Lo acepten o no el Presidente, los militares y el Gobierno madurista, en el país al cual deben responderle, hay hambre. Olvídense de esas tonterías de la guerra económica o beligerancia de tercera, cuarta o quien sabe que generación, y cualquier tontería que inventen unos ciegos habladores de fruslerías politiqueras porque no ya encuentran excusa ni explicación a lo que está pasando y mucho menos soluciones, no son más que ociosos torpes argumentadores de vacíos.
¿Qué pensaría usted si fuera francés, chino, mexicano, guatemalteco, panameño, nicaragüense, boliviano, paraguayo, al ver la muchedumbre, proveniente de todo el país, decenas de miles formando una impactante multitud de venezolanos cruzando la frontera para comprar alimentos en Colombia? Si fuera cubano viviendo en Cuba y ocurriera el milagro que le permitieran ver por televisión ese escenario, lo entendería. Hay hambruna, empieza la miseria que la revolución fidelista lleva imponiendo a los cubanos casi sesenta años, más o menos el tiempo de infortunio y terror que el comunismo stalinista impuso a los pueblos sojuzgados por la brutalidad soviética; curiosamente lapso similar al del pánico de Mao y sus corruptos cómplices, empezando por su mujer, para esclavizar a los chinos; y todos ellos superados, por las tres generaciones de tiranía norcoreana.
Nótese que ningún medio nacional ni extranjero, ni quienes fueron entrevistados en el camino, reseñan que los productos, especialmente alimentos, sean más baratos en la fronteriza Cúcuta. Señalan, -lo que es más grave-, que se consiguen, que se obtiene todo lo que no hay en la Venezuela –ahora- regentada por Maduro y Padrino quienes, por lo que han dicho, reiteran la ruta fracasada, sólo que en esta oportunidad bajo la exclusiva responsabilidad militar; en vez de rodearse de profesionales que comprendan la situación y sean capaces de aportar soluciones. Es decir, harán todo lo que puedan, pero no lo que deben.
El triste espectáculo que este fin de semana y este lunes recibió el mundo es el de una hambruna, el fondo terrible del problema de la Venezuela del siglo XXI en 2016. Durante el fin de semana del 17 y 18 de julio, más de 120 mil venezolanos cruzaron a pie la frontera con Colombia -una frontera que ha estado cerrada por órdenes del gobierno venezolano desde agosto de 2015- con la intención de comprar comida, medicamentos y otros insumos que escasean en los comercios venezolanos.
Por supuesto no podían faltar los sinvergüenzas e inescrupulosos que aprovechan para especular. En Cúcuta también aparecieron bachaqueros y reventa callejera de productos. El centro se inundó de vendedores ambulantes ofreciendo los productos más apetecidos. Es decir: mientras en los supermercados escaseaba la mercancía más solicitada acumulada en las bolsas de venezolanos ansiosos, en la calle abundaban a precios más elevados. Y como es usual la autoridad indicó que impondrán sanciones administrativas a quienes especulen con los precios de los productos. Pero como estamos acostumbrados nada pasará. Como diría un gringo habitual, “bullshit”.
Para algún ciego cretino, los venezolanos cruzaron la frontera para divertirse y visitar familiares. ¿Cómo es posible que en una Venezuela plagada de problemas, colocada contra la pared y asfixiada, no tengamos líderes sensatos que estén pendientes de los problemas ciudadanos y sus posibles soluciones, mientras se enredan en sus propias tentaciones distorsionantes y deseos irrespetuosos e inoportunos de poder, en una campaña electoral inoportuna, adelantada y costosa para Gobernaciones y Consejos Legislativos? ¿En qué círculo del infierno dantesco viven esos necios del pecar político?
Muchos son los ciegos que conviven y habitan en este país, el cual para algunos nada pasa, para otros sucede todo y a unos pocos no importan sino sus apetencias electoreras, normalmente interpretaciones miopes y distorsionadas.
No le tengamos miedo ni vergüenza a la ayuda internacional que bastante proveímos, porque ninguna deshonra. Los tiempos de hambre no son los mismos tiempos políticos.



