Malignidad por Naky Soto

Nicolasmaduro9

 

A 33 años del viernes negro, cualquier día en Venezuela luce sombrío. Ninguna de las medidas económicas anunciadas por Nicolás, demandaba un decreto de emergencia económica. No se necesitan poderes especiales para admitir el fracaso y la corrupción de la Misión Alimentación, para aumentar el precio de la gasolina o el salario mínimo, para devaluar una moneda sin capacidad de compra; ni para anunciar un instrumento de subsidio directo con alta potencialidad de ser, otro incentivo para la fidelidad partidista.

Cinco horas duró la cadena presidencial y sin embargo, Nicolás tuvo a bien declarar que no tiene ego. Difícil que un sujeto sin auctoritas reporte altivez, mientras le recordaba a su gabinete que él da órdenes, calificaba la recuperación económica como un milagro y divagaba hasta el incordio antes de anunciar una medida concreta. Reportó más miedo que solvencia; erró como siempre y sin embargo lo aplaudieron.

De nada sirve tener más dinero en los bonos de alimentación si no hay qué comprar. Es absurdo disponer de más dinero en esos bonos que en el propio salario; el eje no está en la cantidad sino en el poder de compra de esos bolívares. Con el próximo aumento, todos tendremos que pagar ISRL. En todo caso, la escasez de alimentos regulados es enorme y ya suma al propio mercado negro; y la escasez de medicinas convierte en crimen la inacción gubernamental. Sin asignaciones de divisas al sector privado, las empresas seguirán cerrando líneas de producción, de hecho, ya es una aventura conseguir pan.

Nicolás admite la crisis pero no define su magnitud, no presenta un plan para superarla, no modifica lo necesario y niega toda posibilidad de un acuerdo nacional para enfrentarla. Mantiene los controles en lugar de liberarlos; denigra al sector privado cuando es un factor clave en cualquier intento de recuperación; recusa el financiamiento internacional cuando está obligado a buscarlo; pero además, la guerra abierta contra el poder legislativo solo cercena la viabilidad de los cambios necesarios. La economía decrece en medio de una espiral inflacionaria que solo reporta más inestabilidad, destrucción y pobreza.

Venezuela padece la peor situación económica del mundo. Hoy somos más pobres y el Gobierno ha decidido seguir por el desfiladero. No dudo que Nicolás lo está haciendo mal a propósito, que su procura de un golpe de Estado es lo único que le ocupa y que poco le importa el sacrificio de los venezolanos. El esfuerzo por subirle el tono al conflicto político ya raya en lo absurdo, porque los gritos de guerra de Diosdado Cabello negando cualquier posibilidad de conciliación, advierte el peor escenario para los días por venir. La crisis sigue liquidando lo que queda de país, y mientras no se tomen las decisiones correctas, el Gobierno suma líneas a su bitácora de ignominia, a este espeluznante esfuerzo por demostrar que tienen mejores dotes para destruir que para crear, que la malignidad es un eje común y vigoroso, quizás más que el mismísimo poder y todo lo que este entrevera.

 

@Naky

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Nicolasmaduro9

 

A 33 años del viernes negro, cualquier día en Venezuela luce sombrío. Ninguna de las medidas económicas anunciadas por Nicolás, demandaba un decreto de emergencia económica. No se necesitan poderes especiales para admitir el fracaso y la corrupción de la Misión Alimentación, para aumentar el precio de la gasolina o el salario mínimo, para devaluar una moneda sin capacidad de compra; ni para anunciar un instrumento de subsidio directo con alta potencialidad de ser, otro incentivo para la fidelidad partidista.

Cinco horas duró la cadena presidencial y sin embargo, Nicolás tuvo a bien declarar que no tiene ego. Difícil que un sujeto sin auctoritas reporte altivez, mientras le recordaba a su gabinete que él da órdenes, calificaba la recuperación económica como un milagro y divagaba hasta el incordio antes de anunciar una medida concreta. Reportó más miedo que solvencia; erró como siempre y sin embargo lo aplaudieron.

De nada sirve tener más dinero en los bonos de alimentación si no hay qué comprar. Es absurdo disponer de más dinero en esos bonos que en el propio salario; el eje no está en la cantidad sino en el poder de compra de esos bolívares. Con el próximo aumento, todos tendremos que pagar ISRL. En todo caso, la escasez de alimentos regulados es enorme y ya suma al propio mercado negro; y la escasez de medicinas convierte en crimen la inacción gubernamental. Sin asignaciones de divisas al sector privado, las empresas seguirán cerrando líneas de producción, de hecho, ya es una aventura conseguir pan.

Nicolás admite la crisis pero no define su magnitud, no presenta un plan para superarla, no modifica lo necesario y niega toda posibilidad de un acuerdo nacional para enfrentarla. Mantiene los controles en lugar de liberarlos; denigra al sector privado cuando es un factor clave en cualquier intento de recuperación; recusa el financiamiento internacional cuando está obligado a buscarlo; pero además, la guerra abierta contra el poder legislativo solo cercena la viabilidad de los cambios necesarios. La economía decrece en medio de una espiral inflacionaria que solo reporta más inestabilidad, destrucción y pobreza.

Venezuela padece la peor situación económica del mundo. Hoy somos más pobres y el Gobierno ha decidido seguir por el desfiladero. No dudo que Nicolás lo está haciendo mal a propósito, que su procura de un golpe de Estado es lo único que le ocupa y que poco le importa el sacrificio de los venezolanos. El esfuerzo por subirle el tono al conflicto político ya raya en lo absurdo, porque los gritos de guerra de Diosdado Cabello negando cualquier posibilidad de conciliación, advierte el peor escenario para los días por venir. La crisis sigue liquidando lo que queda de país, y mientras no se tomen las decisiones correctas, el Gobierno suma líneas a su bitácora de ignominia, a este espeluznante esfuerzo por demostrar que tienen mejores dotes para destruir que para crear, que la malignidad es un eje común y vigoroso, quizás más que el mismísimo poder y todo lo que este entrevera.

 

@Naky

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A 33 años del viernes negro, cualquier día en Venezuela luce sombrío. Ninguna de las medidas económicas anunciadas por Nicolás, demandaba un decreto de emergencia económica. No se necesitan poderes especiales para admitir el fracaso y la corrupción de la Misión Alimentación, para aumentar el precio de la gasolina o el salario mínimo, para devaluar una moneda sin capacidad de compra; ni para anunciar un instrumento de subsidio directo con alta potencialidad de ser, otro incentivo para la fidelidad partidista.

Cinco horas duró la cadena presidencial y sin embargo, Nicolás tuvo a bien declarar que no tiene ego. Difícil que un sujeto sin auctoritas reporte altivez, mientras le recordaba a su gabinete que él da órdenes, calificaba la recuperación económica como un milagro y divagaba hasta el incordio antes de anunciar una medida concreta. Reportó más miedo que solvencia; erró como siempre y sin embargo lo aplaudieron.

De nada sirve tener más dinero en los bonos de alimentación si no hay qué comprar. Es absurdo disponer de más dinero en esos bonos que en el propio salario; el eje no está en la cantidad sino en el poder de compra de esos bolívares. Con el próximo aumento, todos tendremos que pagar ISRL. En todo caso, la escasez de alimentos regulados es enorme y ya suma al propio mercado negro; y la escasez de medicinas convierte en crimen la inacción gubernamental. Sin asignaciones de divisas al sector privado, las empresas seguirán cerrando líneas de producción, de hecho, ya es una aventura conseguir pan.

Nicolás admite la crisis pero no define su magnitud, no presenta un plan para superarla, no modifica lo necesario y niega toda posibilidad de un acuerdo nacional para enfrentarla. Mantiene los controles en lugar de liberarlos; denigra al sector privado cuando es un factor clave en cualquier intento de recuperación; recusa el financiamiento internacional cuando está obligado a buscarlo; pero además, la guerra abierta contra el poder legislativo solo cercena la viabilidad de los cambios necesarios. La economía decrece en medio de una espiral inflacionaria que solo reporta más inestabilidad, destrucción y pobreza.

Venezuela padece la peor situación económica del mundo. Hoy somos más pobres y el Gobierno ha decidido seguir por el desfiladero. No dudo que Nicolás lo está haciendo mal a propósito, que su procura de un golpe de Estado es lo único que le ocupa y que poco le importa el sacrificio de los venezolanos. El esfuerzo por subirle el tono al conflicto político ya raya en lo absurdo, porque los gritos de guerra de Diosdado Cabello negando cualquier posibilidad de conciliación, advierte el peor escenario para los días por venir. La crisis sigue liquidando lo que queda de país, y mientras no se tomen las decisiones correctas, el Gobierno suma líneas a su bitácora de ignominia, a este espeluznante esfuerzo por demostrar que tienen mejores dotes para destruir que para crear, que la malignidad es un eje común y vigoroso, quizás más que el mismísimo poder y todo lo que este entrevera.

 

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