
Luego de cuatro años de represión sangrienta y de guerra civil, ninguno de los grupos armados en Siria está en capacidad de asestar una derrota decisiva y definitiva a sus rivales. Ahora, cuando se cumple un mes de la intervención rusa, con sus 50 aviones, solo podemos decir que la misma, servirá para ayudar, a las fuerzas del régimen de Bachar a resistir a las milicias disidentes.
No hablo del Estado Islámico, por cuanto en las operaciones de dicha organización terrorista, no está el contacto y el combate directo con los soldados de Bachar. Salvo de forma episódica.
Por lo pronto, sigue la destrucción de las principales ciudades sirias y más refugiados llegando a Europa. Único cambio, la reapertura del juego diplomático. Moscú, quiere sacar ventaja, de la incertidumbre occidental.
Así se escenificó este pasado viernes en Viena, la cumbre internacional sobre la guerra en Siria. En total participaron 20 países, liderados por Rusia, Estados Unidos, Turquía y un nuevo invitado, Irán, principal aliado del régimen sirio. Sin duda unas negociaciones supremamente complicadas, en las que no participan ni el régimen de Bachar, ni sus oponentes.
El Irán chiíta apoyando al Hezbolá anti-Israel y pro-Bachar. Arabia Saudita
sunita apoyando la revuelta contra Bachar. Turquía cuyo principal problema son los Kurdos y Rusia que protege militarmente a Bachar y un Putin que quiere mostrarse ante el mundo como el gentil y honesto negociador.
Ante ese panorama es prácticamente imposible que los participantes logren un acuerdo.
Ocho horas duró el primer encuentro en Viena, del que resultaron más desacuerdos que avances. Pero las partes quedaron en reunirse nuevamente dentro de quince días.
Francia, Estados Unidos y los países del Golfo, ponen casi como condición prioritaria, que se discuta el futuro de Bachar. Consideran que el principal responsable de la muerte de más de 250.000 personas no puede seguir en el poder.
Por su parte, Rusia e Irán, principales apoyos de Bachar, no lo ven de esa forma.
El Ministro de Exteriores de Irán, evocó en Viena, que su gobierno era favorable a un período de transición de seis meses, seguido de unas elecciones, que permitirían determinar el futuro de Bachar Al-Assad.
Pero en Siria, un cambio, resulta complicado, casi imposible, en un país en el que no existe vida política.
Ni acuerdo entre protagonistas, ni victoria militar, ni intervención internacional. Ninguna de las tres formas de resolución de conflictos parecen adaptadas para el caso sirio.
Mercantilista, militar y monárquico es el sistema de los Bachar y parece que va a seguir siendo así.



